jueves, 28 de junio de 2018

¿Porque exigimos un “cambio de rumbo”?

Marcelino Fraile - Antikapitalistak

Por que al final, a decir verdad, sacar al PP del gobierno mediante una votación, una moción de censura, ha resultado bastante fácil. A muchas personas nos ha costado mucho entender por qué estos corruptos han gobernado durante prácticamente toda una legislatura con el apoyo recibido del PSOE, de Ciudadanos, y en nuestro caso, especialmente del PNV. 

Antes de que empezara a gobernar el PP, ya estaba claro quién era el jefe del Clan corrupto. En el mismo instante en que M. Rajoy le dijo a Bárcenas “se fuerte” se acabaron las incertidumbres. Solo la acomodación lucrativa a nuestro régimen monárquico parlamentario explica porque estos tres partidos han apoyado y tardado tanto en sacarlos del gobierno. 

Esta Moción de censura y cambio de gobierno llegan tarde. Porque de haber actuado antes, quizás nos habríamos podido librar de sufrir toda la enorme batería de políticas de recorte económico, de derechos y libertades, ya desplegada por el PP y su muleta C´s.

No hay nada de “progresismo” en el voto del PNV a favor de la Moción de Pedro Sánchez. No podemos olvidarnos que los jetzales salvan los presupuestos antisociales 2018 del PP. Justo cuando se esta produciendo el mayor ataque a las aspiraciones democráticas de la sociedad catalana, con la aplicación autoritaria del 155. E incluso cuando la corrupción del PNV (caso De Miguel) aparece como una mota de polvo, en comparación a la tormenta de casos de corrupción que le llovían a todo el PP. La politica del PNV ha sido salvar al PP estando contra las cuerdas.

Veamos. ¿Donde esta la voluntad de cambio y progreso del PNV? No nos confundamos. Son colaboradores interesados y necesarios para aplicar enormes recortes a las necesidades de la mayoría social (Educación, sanidad, cuidados,…) Su moral jesuítica “el fin justifica los medios” les lleva incluso a venden sus “principios nacionalistas” a cambio de 540 millones de euros. Eso sí, una cantidad destinada a potenciar los beneficios de sus amigos empresarios, que se lucran de las grandes infraestructuras. Mientras se disminuyen las cuantías a las prestaciones sociales o se le niegan aumentos a las personas asalariados y pensionistas, etc. 

No cabe duda que el PNV es un habilidoso trilero, en el juego de esta limitada “democracia representativa” española. Dados los pasos que ya han avanzado Pedro Sanchez y Urkullu, por mas comisiones conjuntas y negociaciones que establezcan, ambos han declarado que comparten:

Por un lado, el respeto a los Presupuestos Generales 2018 del PP, C´s y PNV. Jugada redonda, pues ahora con el PSOE coinciden en lo esencial.  Es decir, quieren contentar a las elites empresariales, militares o eclesiásticas de sus respectivos territorios. Haciendo pagar el peso de sus políticas procapitalistas a las personas asalariadas y a las mas desfavorecidas. Lo demás que presentan en los medios, son ligeros cambios formales, no muy costosos, y sobre todo muchas falsas y engañosa intenciones de propuestas, confeccionadas por expertos en marketing y propaganda electoral.

Y por el otro lado, también coinciden en seguir conduciendo la economía española y vasca, con los dictámenes e imposiciones de los poderes europeos. Es decir, continuar con la contención salarial, los recortes de  gastos sociales, el aumento de las cargas impositivas, más trabajo precario y mas aumento del paro. En definitiva, destinar el dinero a pagar eficazmente  las deudas ilegitimas, defender los intereses financieros y de las elites multinacionales. Por eso “Necesitamos hacer frente a la Europa del Capital”, pero ese es otro tema. 

En algunos sectores sociales, ambos gobiernos, han despertado algunas ilusiones de rectificación de las anteriores políticas antisociales y reaccionarias del PP y C´s. Sin embargo, para otros sectores, dada la mala situación económica, las injusticias y las desigualdades crecientes, no es así. Nos provocan que las preocupaciones y desconfianzas, sean superiores a las esperanzas creadas por los tímidos cambios.

Hay un exceso de propaganda y electoralismo en todos los partidos, incluso de Podemos. Sin confrontación y lucha con las anteriores políticas del PP, del PSOE y el PNV no habrá respuesta a nuestras necesidades, ni al retroceso creado en las condiciones de vida, ni al deterioro creciente del entorno natural. 

Hay que seguir ocupando las calles continuamente como lo hacen a diario las movilizaciones de las trabajadoras y trabajadores por un trabajo y salarios dignos, o contra el paro y los recortes. Como las mujeres el pasado 8 de marzo y todos los días contra la violencia machista. Como las personas pensionistas todos los lunes en las plazas. Como cuando ocupamos 200Km, para pedir que el derecho a decidir sea una realidad (y no un símbolo como dice el PNV). Como cuando pedimos una y otra vez libertad para los jóvenes de Altsasu. O como cuando exigimos que la solidaridad y la acogida, rompa la xenofobia institucional, contra todas las personas que huyen de las guerras y del hambre. 



Hoy los dirigentes de los sindicatos y de los partidos que dicen defender los intereses de las personas mas necesitadas se han olvidado de las calles preocupados por los cargos en las elecciones, sean estas sindicales o políticas. Y entre los sectores y movimientos que luchamos, existe un triste sentimiento de orfandad, de falta de apoyos, de conexión y de instrumentos validos para avanzar en nuestras reivindicaciones.

No todo esta por hacer, y aunque aun son incipientes las fuerzas que trabajan por la unidad y la articulación de la respuesta social existente de los distintos movimientos sociales, sindicales y activistas anticapitalistas. Solo por este camino, del incremento coordinado de las movilizaciones en la calle conseguiremos  “cambiar de rumbo las políticas del actual gobierno”, es decir, para que respondan a las necesidades de la mayoría. Solo la constitución de un gran bloque de unidad popular, que organice un buen plan de movilización general puede proveer “políticas de cambio” 

La verdad es que no hay mucho tiempo que perder. Estamos ante una guerra social del sistema. Poderosos enemigos la sostienen, las instituciones y muchos partidos políticos la acompañan o se aprovechan de ella. Por eso exigimos un cambio el rumbo político, económico y social para no pagar esta maldita crisis crónica, “La lucha es el único camino” Lo tenemos claro: “No es una crisis es una gran estafa”

miércoles, 28 de marzo de 2018

Ya no hay marcha atrás: autoritarismo o República

Luis M. Sáenz
Revista Trasversales número 43 marzo 2018

"A la vuelta de la esquina, un poco más allá de la Constitución está la anti-Constitución"

"(...) cuando la Constitución real y la escrita no concuerdan, cuando son diferentes, surge un conflicto irremediable; hay un malestar permanente; chocan las formas sociales y las fórmulas jurídicas. Es un período de falso constitucionalismo, peor aún que el mismo absolutismo. Ese es el caso presente de España. La Constitución ha sido negada por las leyes posteriores. La Constitución es abstracta. Lo concreto y lo temible, por lo tanto, es su negación: la Ley de Orden Público (...)  Las libertades democráticas pueden dejar de existir constitucionalmente"

Joaquín Maurín
Por descontado, soy antimonárquico, pues una vez justificada la extremista y arcaica idea de que la Jefatura del Estado puede ser propiedad privada de una sola familia ya quedan exentas de cuestionamiento todas las demás jerarquías presentes en una sociedad, a las que es más fácil encontrar pretextos por tener algunas facetas "funcionales". No obstante, no me gusta decirme "republicano" porque todo Estado, sea cual sea su forma, es una máquina de opresión sobre la mayoría de la sociedad; me siento socialista o libertario o demócrata en ciertos sentidos peculiares, pero "republicano" no.

Sin embargo, en determinadas circunstancias determinados términos pueden asumir un sentido específico que les hace decir más de lo indica el diccionario. Así, por ejemplo, República, bajo un sistema monárquico, puede representar no tanto una forma más de Estado sino el resumen de las aspiraciones sociales que han llevado a gran parte de la población a alzarse, al menos, contra los modos de dominar utilizados por quienes dominan, como por ejemplo ha ocurrido en Cataluña.

Lo que ha ocurrido ahora en Cataluña no había pasado -ni aún pasa- en otros lugares de España desde la formación del régimen de 1978. Y no había pasado porque el sistema de dominación de las élites giró durante un poco más de treinta años en torno a una especie de compromiso que daba estabilidad al régimen, un compromiso por el que la sociedad aceptaba los privilegios y el dominio de esas élites en la medida de que hubiese expectativa para la mayoría de la población de un lento avance en bienestar, derechos civiles y autogobierno de determinados territorios. El conflicto entre las élites y la gente común quedaba ocultado y apaciguado por un seudoconflicto ideológico y una alternancia entre "izquierdas" y "derechas" así como por logros efectivos de la presión social, como los alcanzados en cuanto a pensiones, sistema sanitario, acceso más amplio a la universidad, vivienda (pese a lo desastroso del modelo aplicado), derechos civiles, descentralización, etc.

Eso se ha acabado, en Cataluña y en España. Se ha acabado tanto que ya ni siquiera tiene sentido decir que seguimos en el régimen de 1978: en los últimos diez años se ha formado un nuevo régimen político, una nueva manera de dominar, socialmente caracterizada por el desmantelamiento de todo aquello que favorecía el bienestar y políticamente caracterizado por un presidencialismo coronado despótico y autoritario, así como una recentralización de España, no sólo a costa de las competencias autonómicas y sobre todo contra Cataluña, sino también contra la democracia local y la capacidad de acción política y social de los ayuntamientos

La conciencia de ese hecho alcanzada por gran parte de la población catalana ha sido el detonante de la formación, en los cinco años que han ido desde septiembre de 2012 hasta octubre de 2017, de un potente movimiento social republicano catalán. En el resto de España, sin embargo, aunque hay una gran indignación con el comportamiento de las élites políticas, todavía no ha cuajado una corriente social impugnadora de la manera de dominar de las élites en su conjunto; tal vez el mayor desafío en ese sentido está saliendo desde dentro del movimiento de las mujeres, como en parte también lo expresó parcialmente el 15M. Parte de ese "retraso" respecto a Cataluña se debe a que una parte de la "izquierda" actúa como pieza subalterna del nuevo régimen autoritario -en los mejores casos creyendo que están defendiendo un "régimen de 1978" que ya no existe-, y otra sigue empeñada en combatir a un "régimen de 1978" que ya no existe y al que una parte importante de la población añora con la esperanza de que aún pueda volver... lo que es comprensible pero no ocurrirá. Así que cierta izquierda parece un pelele o un barquito de juguete llevado de acá para allá por los vientos de los poderosos, hasta el punto escandaloso a que se ha llegado con su sumiso apoyo a la represión sobre el mayoritario movimiento republicano catalán, y otra izquierda, pese a que sus posturas son con frecuencia justas, oscila entre sus días gruñones, vocingleros, de gesto tenso y altanería, y aquellos otros en los que le da un ataque de "respetabilidad" al levantarse.

Por tanto, en España hay un camino por hacer, y sólo puede hacerse a través de nuevas oleadas de luchas sociales y de procesos de construcción popular, antes de que República pueda ser un resumen provisional de las aspiraciones sociales y una alternativa al actual modo de dominar quienes dominan, una alternativa que no significa el fin de la dominación pero sí podría significar un escenario de conflicto social y de institucionalidad más favorable a las clases populares y menos favorable a la oligarquía dominante.

Ahora bien, dicho esto para evitar ataques de "tricolorismo" que olviden que hoy por hoy hay que construir unidad de lucha y complicidad social en defensa de las pensiones, por el derecho a la vivienda, por los derechos laborales, por el derecho a la protesta, tampoco hay que mirar sólo al corto plazo: la reforma del régimen de 1978 ya no es alternativa, porque ya no estamos en el régimen de 1978; y la vuelta al régimen de 1978 tampoco es posible, pues se han destruido las bases consensuales y generacionales en que se basaba (apenas el 30% del censo electoral actual pudo votar la Constitución).

Para entender esto es necesario tomar nota de algo relevante: salvo algunas excepciones, las élites del poder y del dinero en España, esa "alta sociedad", todo ese entramado que "corta el bacalao" en la Casa Real, en el gobierno, en los parlamentos, en la judicatura y otras instituciones del Estado, en las universidades, en el mundo de los negocios, en las instituciones clericales, en el mundillo de la tecnocracia, en los grandes medios de comunicación,en las revistas, incluyendo sus franjas "presuntamente progresistas", ha hecho piña y ha entrado a "hacer política" directamente, no sólo ya a través del partido gobernante de turno. Y lo está haciendo desde opciones sutilmente o abiertamente reaccionarias, con excepciones como ya he dicho. Desde opciones fervorosamente partidarias de la desigualdad y de la jerarquía. Desde una apología de la "excelencia" que no es esfuerzo por mejorar la calidad de lo que hacemos, sino mera retórica para justificar los privilegios de los privilegiados, de cuya ineptitud e incompetencia profesional tenemos todos los días noticias. Desde un descarado odio a las y los pobres y a quienes no se someten. Esa es la "moderna" ideología de un partido del privilegio en remodelación, en el que ya se notan también los efectos del cambio generacional, capaz por ejemplo de dejar de lado algunos oscurantismos que estuvieron muy afianzados en el PP y jugar a lo "progre" en ciertos ámbitos, pero desde una lógica crecientemente cínica y mercenaria. No deberíamos menospreciar el papel de Ciudadanos en esto ni confundirnos al considerarle "enemigo pequeño" o potencial "aliado coyuntural". De hecho, Ciudadanos es quien mejor está jugando hoy la carta de la fragmentación popular, de enfrentar a las clases populares entre sí. Y lo está haciendo para sostener los aspectos claves de la trinidad que articula la teología del privilegio: Capital, Patriarcado, Estado.

El partido del privilegio, y Ciudadanos lo hace mejor que nadie, quiere enfrentar a las claaes populares que van tirando con mucha estrechez (la "clase media" que gana ¡menos de mil euro!, dice Rivera) con las clases populares que no van tirando y no sacan ni para techo y comida.

El partido del privilegio, y Ciudadanos lo hace mejor que nadie, quiere rearmar ideológicamente a los hombres para que defendamos nuestros privilegios contra las mujeres; una de las facetas de esa política es su esfuerzo por atraerse a los hombres gays y debilitar las afinidades (relativas) que las cirscunstancias crearon con las lesbianas y el feminismo en general.

El partido del privilegio, y Ciudadanos lo hace mejor que nadie, quiere más Estado, mucho más Estado; lo que no quiere son los logros sociales que la sociedad consiguió imponer a los privilegiados y a su Estado, pero Estado, lo que se dice Estado, quiere que sea mucho y muy despótico. Menos personal sanitario, claro, pero más policía. Menos prestaciones sociales, pero más subvenciones y regalos fiscales a los más ricos; menos gasto en pensiones, pero más gasto militar. Menos equilibrio de poderes a través de la proliferación de focos de gobernanza y la división de competencias sobre la base del principio de subsidariedad (háganse las cosas allá donde puedan hacerse eficazmente con mayor cercanía a la gente) y más centralización en un poder estatal único. Y sí, nadie como Ciudadanos, mejor aún que el PP, para atizar el enfrentamiento entre Cataluña y el resto de territorios.

En esas estamos. Sin embargo, el nuevo régimen, precisamente por ser nuevo y por no haber logrado aplastar la resistencia social, no está consolidado, es un avión despegando pero que aún no ha elevado vuelo. Digamos que aún hay tiempo para cortarle el paso. No será fácil pero es posible.

De momento, aunque en realidad siempre es así, el motor social contra la degradación y la precarización en marcha sólo puede ser la propia sociedad, que retoma caminos de movilización, cuya indignación vuelve a alzarse tras el bajón que supuso la decepción política causada por la incapacidad de PSOE y Podemos para fraguar una alternativa, por razones diferentes. Para empezar, por pensar cada cual que la podría construir sin contar con la otra fuerza política, lo que da para mucha demagogia política y mucho "¡venceremos!" pero es totalmente irreal como sabe casi toda la sociedad menos algunos fans. Y, claro, no es ahora cuando va a poderse recuperar esa vía precisamente, con el PSOE apoyando descaradamente la represión sobre el movimiento republicano catalán, pese a los matices de Iceta.

Por eso, quienes tienen toda su mente puesta en las elecciones de 2019 se equivocan. La única manera de preparar esas elecciones, quien quiera prepararlas, es dar todo al presente, a las luchas sociales en marcha y a las que vendrán o deberían venir. Usando las instituciones para apoyar esa reconstrucción social y, allá donde se gobierne, mejorar la vida de la gente sin resignarse ante la "herencia recibida". En alianza entre quienes ya queremos otro régimen político, republicano, y quienes sólo quieren recuperar los logros perdidos desde 2008 hasta ahora. Pero sin callar que, en verdad, los logros sociales que nos han quitado y aquellos que ahora nos quieren quitar sólo podrán recuperarse o conservarse plenamente saliendo del actual régimen, porque el actual régimen es incompatible con un "pacto" del tipo del de 1978. Para empezar, porque las élites no quieren tal pacto en ningún caso, y también porque ya no hay partidos ni sindicatos que gocen de la suficiente confianza popular como para ocupar en tal pacto las sillas supuestamente reservadas a las clases subalternas. Digo esto con un margen de incertidumbre, porque algunos también decíamos hace más de 40 años que la salida del franquismo no podría hacerse a través de un proceso evolutivo y que se requiría una ruptura, confundiendo una aspiración justa con una certidumbre.

El camino no es llenar la calle de tricolores, sino que las llenemos las gentes por una y por mil reivindicaciones. Que no nos dejemos engañar y dividir. Que construyamos apoyo mutuo y unidad de acción en la diversidad. Pero creo que no habrá un nuevo 1978. Entonces, la salida del franquismo era inevitable y sólo podía ser a mejor; de hecho, el mismo franquismo de los últimos años, con ser nefasto y sanguinario, era menos malo que el de las primeras décadas; hoy, el régimen político ha evolucionado a peor, hoy hay menos libertad de expresión que en 1977, y las élites piensan que pueden empeorarlo aún bastante más en beneficio de sus privilegios. Por ello es altamente improbable que se pueda salir de este autoritarismo sin República.

República, para seguir luchando contra la oligarquía, que bajo ella seguirá dominando, pero se luchará en mejores condiciones. Autoritarismo o República, aunque no sea de forma inmediata. Lo que sí me parece que debe ser inmediato es tomar nota de que ya no se puede articular una política coherente sobre la única base de denunciar al PP y la herencia del franquismo, o condenar a la "derecha" sin más; todas las fracciones del privilegio se han amalgamado y avanzan en la misma dirección. Ya no es posible compatibilizar un moderado reformismo social con gritos de "viva el rey" o absteniéndose de criticar resoluciones judiciales que son criticables. Ni ignorando que la política de Rajoy, ciertas resoluciones de ciertos tribunales o ciertos discursos del rey pueden estar muy interrelacionados sin que necesariamente medie mandato ni prevaricación alguna, conciencia de hacer algo injusto, ya que el vínculo puede ser un universo mental común, un "espíritu de los tiempos" en la alta sociedad. Para darnos cuenta de ello basta que recordemos el convencimiento con el que las gentes "de izquierda" hemos hecho algunos disparates. Y darnos cuenta es importante, porque una política basada en simples conceptos de "casta" o de "corrupción" o de "superioridad moral" tiene poco alcance si no entendemos por qué las cosas son como son y por qué el sistema funciona como funciona. Por eso mismo, el cambio real no se producirá por un recambio en las élites políticas, sino a través de la construcción colectiva de un "espíritu de los tiempos" plural propio de la gente común, popular, siguiendo la tarea empezada por el 15M. República sin nostalgias. No serán unas u otras banderas las que conduzcan hacia ella, sino las luchas por la igualdad, las pensiones, por techo y comida, por la libertad. Y con República habrá que seguir luchando porque ningún Estado "representará" nunca los intereses de las clases populares ni la libertad plena para todas y todos.

sábado, 24 de marzo de 2018

Washington relanza la escalada nuclear


(Notas tomadas de LE MONDE diplomatique - marzo 2018)

Por Michael Klare *

Durante cerca de medio siglo, desde la destrucción de Hiroshima, el 6 de agosto de 1945, hasta el hundimiento de la Unión Soviética, el 25 de diciembre de 1991, una parte importante de la población mundial vivió con el temor a una catástrofe nuclear. (…)

Sin embargo, desde hace algunos meses, el peligro nuclear parece haber regresado. Recientemente, las principales potencias poseedoras del arma atómica -Estados Unidos, Rusia y China- han emprendido un proceso de modernización de sus equipamientos, y Washington no vacila ya en contemplar su utilización. Es lo que revela el informe de la “evaluación de la postura nuclear” de Estados Unidos (Nuclear Posture Review, NPR) publicado por el Pentágono el 2 de febrero de 2018. (…)

(…) el nuevo NPR se muestra particularmente alarmista. Estados Unidos se enfrentaría a más amenazas que nunca, comenzando por la hostilidad y el belicismo de Rusia y China. (…)

(…) Obama el 5 de abril de 2009, (…) Presuponía que las relaciones entre grandes potencias podían mejorarse, que la perspectiva de una guerra nuclear se alejaba y que era posible reducir las reservas de armas con total seguridad. El informe publicado ocho años más tarde rechaza estas tres propuestas. (…)

Leyendo el informe casi se podría concluir que Estados Unidos sufre un retraso respecto de Rusia y China y que por lo tanto debe reforzar su Ejército. Ahora bien, en 2016, ocupaba, y de lejos, el primer puesto en el palmarés mundial de gastos militares. Con 611 000 millones de dólares, superaba la suma de los ocho países siguientes. (…)

POSTULADO DUDOSO

Todo el andamiaje del NPR descansa sobre una afirmación no demostrada: Rusia y China concederían un lugar creciente a lo nuclear en sus respectivas estrategias de defensa. (…)

(…) la doctrina militar de Moscú prevé efectivamente la utilización, en primer lugar, de las armas nucleares, pero solo en caso de un ataque contra el territorio ruso. (…)

Pero la NPR se apoya sobre este postulado dudoso para reclamar más “flexibilidad” en la politica de utilización de armas atómicas y más “diversidad” en la gama de sistemas de armamento. (…)


NUEVOS EQUIPAMIENTOS

El Congreso todavía debe asignar un presupuesto a todos estos programas y es posible que no se alcancen todos los objetivos del NPR. No obstante, la atmósfera antirusa que trastoca a la clase politica estadounidense hace enmudecer toda oposición a esta reactivación  de la carrera armamentística, como demuestra la aprobación casi unánime, por los parlamentarios de los dos partidos, de un aumento masivo del gasto militar en 2018. Los dirigentes rusos y chinos, entre otros, no dejarán de inspirarse en esta estrategia para reforzar sus propios arsenales, marcando así el principio de una nueva escalada nuclear.

sábado, 10 de marzo de 2018

Una huelga feminista internacional que haga frente al poder corporativo global

       Ha empezado una nueva fase de articulación feminista global
       que busca romper la fragmentación que nos ha impuesto
       el capitalismo y el neoliberalismo.
Jùlia Martí Comas, Paz con Dignidad–OMAL

Después de décadas de neoliberalismo, de ir perdiendo la capacidad de decidir sobre nuestras vidas mientras las grandes transnacionales acumulan más y más poder, vuelve a aparecer la necesidad de articular una respuesta global. Una vez más es el movimiento feminista quien da el paso, reapropiándose de la huelga para salir a las calles en diferentes partes del mundo.Esta convocatoria no parte de cero, sino que sigue la estela de la huelga feminista del pasado 8 de marzo, que sacó a millones de mujeres a la calle en más de 70 países. Y se hace eco del grito #NiUnaMenos de las compañeras argentinas, latinoamericanas e italianas; de la lucha de las mujeres polacas por el derecho al aborto; de la Women’s March contra la misoginia y el autoritarismo de Trump, o de las movilizaciones que tumbaron al ministro Gallardón.
Empieza así, como explica Montserrat Vila, una nueva fase de articulación feminista global que busca romper la fragmentación que nos ha impuesto el capitalismo y el neoliberalismo. Se trata de un paso más en la apuesta internacionalista del movimiento feminista, que desde las sufragistas hasta el feminismo de los años 70 y más recientemente la Marcha Mundial, siempre ha tenido un importante carácter internacional. Se abre la posibilidad, por fin, de una huelga que supere fronteras y que mire más allá de los marcos estatales. Una mirada global imprescindible, si queremos enfrentar el marco de competencia entre pueblos que nos impone el capitalismo. Frente a unas empresas transnacionales que operan con facilidad en una lógica global-local, no podemos seguir pretendiendo defender nuestros derechos solamente desde lo local, siempre amenazadas con la deslocalización, con la falta de competitividad o con la mercantilización de todo lo rentable para el capital.
Pero además de las fronteras territoriales, esta huelga feminista supera una frontera aún más importante, la de la supuesta división entre el ámbito productivo y el reproductivo. Las feministas sabemos desde hace tiempo que sin todos los trabajos reproductivos invisibilizados, este sistema no funciona. Por ello la necesidad de reapropiarse de la estrategia de la huelga para desbordarla, para ir más allá de la huelga laboral y visibilizar todos los trabajos que realizamos las mujeres. Una visibilización aún más urgente en el caso de las empleadas de hogar y de las mujeres migrantes, que conforman una cadena global de cuidados, dejando a sus familiares a cargo de otras mujeres en su país para venir a cuidar aquí. Todo para que las empresas, y el sistema en general, se puedan seguir beneficiando de un trabajo reproductivo por el que no pagan nada.
Recuperamos así una estrategia de lucha que ha sido clave en la conquista de derechos –en el ámbito laboral pero también en otros ámbitos como el derecho al aborto, que llevó a las mujeres polacas a la huelga para impedir que se restringiera más este derecho–. Y damos un paso más para incluir la huelga de cuidados, estudiantil y de consumo. Poniendo en práctica, de esta forma, la perspectiva interseccional, reconociendo y visibilizando que estamos atravesadas por desigualdades y precariedades que nos sitúan en lugares muy diversos frente al heteropatriarcado, el racismo, el trabajo asalariado y los cuidados. Otro elemento importante en la definición de esta huelga es el llamado a que las mujeres tomen el protagonismo, entendiendo la categoría mujer en un sentido amplio que supere el binarismo de género y reconozca la diversidad.
Además, la elección de la huelga como estrategia de lucha llega en un momento clave para el feminismo. Se trata de una forma de demostrar que las que movemos el mundo tenemos la capacidad de pararlo, que sin nuestros trabajos las cuentas de beneficios de las grandes empresas no seguirían creciendo. Por ello nos posiciona estratégicamente en un momento en el que toca combatir el rearme misógino, autoritario y conservador del capitalismo, pero también visibilizar los hilos de continuidad entre los discursos de las derechas populistas y los supuestos discursos feministas o igualitarios destinados a legitimar el neoliberalismo. Ya que, como afirma Nancy Fraser en las últimas décadas se ha configurado un “neoliberalismo progresista, amalgama de truncados ideales de emancipación y formas letales de financiarización”, que se ha servido para esconder las políticas neoliberales detrás de una imagen basada en los ideales de la diversidad y el empoderamiento.
Por tanto, podemos decir que tanto el neoliberalismo progresista y universalista como el populismo conservador, aunque se presenten como propuestas contrapuestas, profundizan la guerra del capital contra la vida. En un contexto de crisis sistémica y de rearticulación del proyecto hegemónico, en el que, como plantea Amaia Pérez, la violencia se sitúa en el centro de la disputa. Así vemos cómo no podemos aislar la lucha contra la violencia machista de la denuncia de un sistema que produce una ruptura del tejido social, una precarización de las vidas de las mujeres y una profundización del control sobre nuestros cuerpos. Además de tener en cuenta que en un contexto en el que se expande la “necropolítica”, es decir la gestión de la muerte y el miedo dentro del sistema capitalista global, los feminicidios se convierten en una pieza más de la expansión de la violencia patriarcal, como caldo de cultivo para la violencia corporativa.
Más concretamente vemos como frente a la crisis, las grandes corporaciones buscan nuevos nichos de negocio, a través de una intensificación de los procesos de mercantilización de la vida que conlleva enormes costes sociales y ecológicos. Al mismo tiempo, como explica Miriam García-Torres, el avance del poder corporativo también genera una “masculinización de las tomas de decisión, la conformación de estructuras laborales patriarcales, la responsabilidad feminizada de sostener la vida ante la ruptura de los ciclos de reproducción o la intensificación del control social de los cuerpos de las mujeres”; además de una masculinización de los territorios en los que se implantan y un reforzamiento de la masculinidad hegemónica.
Por todo ello el feminismo se convierte en un actor clave en la construcción de estrategias contrahegemónicas frente al poder corporativo global. Y la convocatoria de huelgas feministas internacionales es un paso fundamental y estratégico para poder seguir tejiendo redes de solidaridad internacional, que fortalezcan las resistencias y alternativas. Y que visibilicen las luchas de las mujeres que desde diferentes partes del mundo se están enfrentando al avance del poder corporativo, mientras ponen en marcha estrategias de defensa del territorio y la sostenibilidad de la vida.

Publicado en Pikara online Magazine