jueves, 9 de noviembre de 2017

Nuevas formas de violencias machistas

Teresa Mollá Castells

Los nuevos tiempos conllevan nuevas tecnologías y con ellas surgen nuevos lenguajes y nuevas formas de violencias machistas.

Como ya he dicho en numerosas ocasiones, los lenguajes no inclusivos (y los son casi todos) son el mejor aliado del patriarcado para mantener su sistema opresor.

Durante la adolescencia, y sin ninguna formación en educación emocional ni afectivo sexual, nuestros jóvenes tienden a confundir el deseo sexual con el amor. Y, como sabemos, no es lo mismo. Y de ese desconocimiento y/o confusión, potenciada por toda la parafernalia de películas Disney y demás, se alimenta la opresiva idea del amor romántico.

Una idea que esencialmente busca la renuncia de las chicas a su propia vida y a sus propias necesidades y deseos en aras a complacer los deseos de su chico. Y eso, además de generar una dependencia emocional que las puede anular, puede resultar incluso peligroso para ellas.

El primer síntoma es la negación de esa renuncia y/o dependencia por parte de ella ante alguna pregunta de las amigas o familiares. Su autoafirmación como igual dentro de la relación tóxica puede llevar implícito un terrible miedo a la perdida de quien la ha “elegido” para que este a su lado. Y, en demasiadas ocasiones, para mantenerse al lado de él, que le insiste que la quiere y que el amor es sexo, se cede a una relaciones quizás no deseadas, pero necesarias para que él no la abandone. Ese es el orden patriarcal. La satisfacción del deseo sexual a tres del chantaje emocional del amor romántico.

Y esto puede empeorar si en algún momento ha habido alguna grabación de video o fotos de carácter sexual puesto que se pueden utilizar para aumentar la intensidad de ese chantaje sobre la chica con la amenaza de divulgarlas. Así ella queda más atrapada dentro de esa relación tóxica. Y asó, también aumenta el orden poder-sumisión que busca el patriarcado, siempre ávido de un mayor poder y dominio sobre las mujeres.

La violencia machista estructural que ha supuesto el desmantelamiento de los recursos para la sensibilización y prevención de las violencias de género, así como el adoctrinamiento patriarcal que ha supuesto la implantación de la LOMCE, no ha hecho más que dar alas a estos nuevos modos de violencia contra las mujeres. Sin recursos económicos ni educativos adecuados, la prevención de estas violencias desde las aulas se complica bastante. Y si además le sumamos que la negación de que este tipo de violencias se produzca en las aulas por parte de casi toda la comunidad educativa, tendremos nuevos focos de preocupación por la falta de detección.

Nadie dijo que detectar las violencias machistas entre la población joven fuera fácil. Ni mucho menos que la salida a esa situación fuera un camino de rosas. Pero creo que no se está prestando la atención necesaria a estos primeros síntomas que tienden a darse entre nuestras chicas jóvenes en sus primeras relaciones.

Los micro machismos naturalizados en todos los ámbitos de la vida no ayudan en nada e insisto en que sin recursos no se pueden desmontar mitos, creencias, situaciones perversas, etc., para evitar nuevas situaciones de violencias machistas en nuestras mujeres jóvenes.

Con esto no quiero decir que todos los chicos jóvenes sean maltratadores  potenciales, pero sí que son víctimas potenciales todas las chicas jóvenes, puesto que es en ellas, en las mujeres en general en quien se ceba el patriarcado.

No basta con la voluntariedad de parte del personal docente por detectar e intervenir ante la más mínima sospecha. Las administraciones educativas deben intervenir haciendo prevención desde el minuto cero. Los pactos están muy bien como referentes políticos, pero se han de desarrollar para llevarlos a los terrenos de los patios de las escuelas, a las aulas de todo el sistema educativo. No podemos quedarnos sólo con las intenciones reflejadas en dicho pacto, porque entonces no avanzamos nada.

Como formadora de personal docente en esta materia me he encontrado de todo. Incluso con algún profesor hombre que incluso llegó a sugerir la justificación de dichas violencias en los patios como forma de socialización entre niñas y niños. Afortunadamente el resto del grupo y yo misma reaccionamos y le hicimos ver su error. Pero sigue habiendo una cierta resistencia de algunos profesores hombres hacia, por ejemplo, la definición que hace la Ley Orgánica 1/2004 sobre Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género que en su Preámbulo y en su primer párrafo afirma:

“La violencia de género no es un problema que afecte al ámbito privado. Al contrario, se manifiesta como el símbolo más brutal de la desigualdad existente en nuestra sociedad. Se trata de una violencia que se dirige sobre las mujeres por el hecho mismo de serlo, por ser consideradas, por sus agresores, carentes de los derechos mínimos de libertad, respeto y capacidad de decisión”

Si son capaces de tener resistencia a esta definición, y de afirmar que por qué solo se considera violencia de género cuando la ejerce un hombre sobre una mujer y no cuando la ejerce una mujer hacia un hombre, yo me pregunto si su función docente en valores como la igualdad, equidad, solidaridad, etc., ¿no queda sesgada?

Afortunadamente estas situaciones son aisladas y el conjunto de la profesión docente está implicada no sólo en estos valores sino también en la detección y prevención de este tipo de violencia y de actitudes que se pueden dar entre el alumnado y de una forma u otra buscan soluciones. Pero no podemos dejarlo a su voluntariedad. Hemos de darles herramientas para proteger a las víctimas y para aislar a los maltratadores mostrando que esas conductas son reprochables desde cualquier punto de vista.

Y sobre todo hemos de dotar a las mujeres jóvenes de herramientas de autoprotección para saber decir NO a determinadas conductas, porque las nuevas (aunque algunas son ya muy viejas) formas que toma el patriarcado para ejercer la violencia contra las mujeres puede destruir no sólo su presente, sino también su futuro por las secuelas que estas situaciones acarrean.

Esperemos que los recursos para combatir estas violencias no tarden en llegar a las aulas y que nuestras mujeres jóvenes dejen de estar potencialmente expuestas a sufrir cualquier tipo de violencia machista en esa maravillosa y complicada etapa de la vida.

1 de octubre de 2017

miércoles, 8 de noviembre de 2017

MÁS “MUROS DE LA VERGÜENZA” EN EUROPA

Marisa Tercilla | Bilbao, a través de su superpuerto en Santurzi, tiene el dudoso honor de haber ingresado, en el grupo de ciudades fronterizas con vallas o muros que impiden la movilidad de las personas.

Un grupo de hombres jóvenes, llegó hace unos meses a Euskadi, concretamente se “instalaron” en Zierbena, pequeña localidad costera y pesquera junto a  Santurzi. Se cree y la plataforma Ongi Etorri Errefuxiatuak lo ha confirmado, proceden en buen número del desmantelado campo de Calais de triste recuerdo. Aunque alejados por muchos kilómetros de su ansiado destino, buscan los atraques del ferry para poder acceder a él. Su objetivo llegar a Gran Bretaña.

En el tiempo transcurrido han sufrido detenciones, “amagos” de repatriación, agresiones en las calles y rechazo de algunas comerciantes donde transcurre su día a día, que no les permiten ni de cargar sus móviles aunque gastan lo poco que tienen en sus establecimientos. Todo esto en una sociedad que se dice “no racista” y pretende ser más solidaria que su entorno. Hasta ahora, solo la Plataforma Ongi Etorri Errefuxituak les presta auxilio en lo posible.

Miembros de la plataforma con gran disposición y voluntad se han ido organizando para crear grupos de apoyo para tratar de cubrir sus necesidades: recogida ciudadana de tiendas, aislantes térmicos, prendas de vestir y calzado adecuados, algunas comidas calientes… El frio y la humedad que llegan imponen más retos. Ya no podrán asearse en las duchas al “aire libre” o podrán pero con riesgo de enfermar

Todas las personas tenemos derecho a unas condicionas mínimas de vida y dignidad y en esta “nuestra Euskadi orgullosa” de su renta de garantía de ingresos que aun “conservamos” aunque minorizada, las instituciones solo contemplan “proteger” las instalaciones portuarias. ¿A disposición de quien están? ¿Que influye en sus decisiones? ¿Ceden fácilmente a lobbys y grupos empresariales?

El invierno pasado un acto de desobediencia del bombero Ignacio Robles que  se negó a escoltar explosivos hasta el puerto para embarcarlos con destino a Arabia Saudita, nos dio a conocer que Santurzi está en el entramado mundial de la exportación de armas. Desde octubre de 2016, en el Puerto de Bilbao se han cargado más de 300 contenedores de explosivos con destino a Arabia Saudí.  Euskal Herria es territorio  productor de  armas. El Estado Español en el período 2012-2016 fue el séptimo exportador mundial.

Pues bien, en este contexto y en torno al nuevo muro de hormigón que, la Consejera de Desarrollo Económico y Competitividad del Gobierno Vasco, Arantxa Tapia, defiende que la construcción del muro en el “Puerto de Bilbao” se lleva a cabo “Por seguridad” aseverando al mismo tiempo que el Gobierno de Gasteiz garantiza los DDHH de todas la personas. En enero,  el lehendakari Urkullu nos sorprendía con este titular en prensa, “El lehendakari, Iñigo Urkullu, viajará el próximo jueves a Roma para profundizar en el conocimiento del modelo de ayuda a los refugiados de la Comunidad de San Egidio, conocido como “corredores humanitarios” de acogida e integración en Italia de refugiados”.

Poco después, Ajuriaenea hizo un llamamiento a todas las fuerzas políticas del arco parlamentario  y a la plataforma Ongi Etorri Errefuxiatuak, para acudir a una “foto unitaria” en pro de la acogida y de apoyo a las personas refugiadas. Foto porque eso fue, nada se hizo después, ninguna acción o política activa en favor de la acogida o integración de las personas refugiadas. Todos los partidos políticos acudieron, pero no la plataforma, porque así lo decidió en asamblea. No es que las personas allí integradas sean más listas que nadie… simplemente se impuso la inteligencia colectiva  y los años de lucha en lo social de muchas personas integrantes de la misma

Esta idea de Urkullu y Ajuriaenea también surgió después de un acto de desobediencia que llevaron dos activistas de la plataforma. Begoña y Mikelon se fueron a Grecia en sus vacaciones navideñas para intentar traerse a las refugiadas que pudieran y más lo necesitasen. Su acción  tuvo gran apoyo y repercusión en prensa y medios de comunicación. Se evidenció la nula voluntad de los partidos políticos para encontrar soluciones consensuadas a cualquier nivel para la mayor crisis migratoria  en sus diversas vertientes, del siglo XXI.

La Plataforma tiene como objetivo sensibilizar y concienciar a su entorno y exigir pasaje seguro para las personas que buscan refugio por las causas que sea. Porque la UE paga a la Turquía de Erdogán  3.000 millones de euros para que impida el acceso de refugiados a territorio europeo.  La misma UE a  la que se le concede un premio a la Concordia.

Aseguran que prentenden lograr todo eso y que no se conformaran con menos, el muro que  ahora levantan “no tapa nada” “no protege nada” solo los intereses de los más poderosos defensores del más feroz neoliberalismo.

Marisa Tercilla (@mirenkold) es activista en Ongi Etorri Errefuxiatuak Bizkaia y militante de Antikapitalistak.

Precariedad: "organizar lo imposible"

La vía de empobrecimiento y precariedad en que estamos llama al apo­yo mutuo. Ahí están grupos vecinales por el derecho a la vivienda, contra la exclusión, huertos urbanos, despensas solidarias, centros autogestionados, grupos feministas, plataformas de Afectados por la Hipoteca o por Hepatitis C, o Yo sí Sanidad Universal y muchos otros nacidos antes o después del 15M. Un tejido social importante, aunque inconexo.
La amenaza de los despidos, la situación de muchas empresas y el desconcierto del sindicalismo organizado ante una marejada que no había previsto ni preparado causaron cierta "hibernación" en el ámbito laboral, aunque se han realizado experiencias valiosas en ciertas empresas y han surgido espacios sindicales que, partiendo de poco, han demostrado ser efectivos “desde abajo”, con democracia y dando alcance social a la acción sindical.
La precariedad y la inseguridad urgen al fortalecimiento del apoyo mutuo, con participación de la legión de personas en precario, pero son también máquinas de sufrimiento y desesperación que aíslan, que agotan fuerzas y tiempo, que enferman. Es una precariedad en la que están millones de personas: la población desempleada que sobrevive de prestaciones escasas o "chapuzas"; mayores sin más ingreso que la pensión no contributiva que no da para pagar un alquiler modesto; trabajadores temporales o a tiempo parcial; muchas familias unimarentales; quienes trabajan en sectores muy desregulados, hipermodernos ("economía colaborativa", "economía digital", "capitalismo de plataformas") o tradicionales (hostelería, limpieza), "en negro", como asalariados, como autónomos o trade (autónomos con un solo pagador) o en "emprendimientos" de auto-subempleo. Además, la precariedad es una espada que cuelga sobre el cuello de casi toda la población porque hoy es la norma del sistema, que tiende a anular toda seguridad y a generar condiciones materiales y simbólicas en las que nos sintamos impotentes e incapaces de unirnos.
Por si faltaba poco, empresas depredadoras e influyentes en las administraciones públicas instauran una competencia desleal que obliga a otras menos potentes a seguir el mismo camino o desaparecer. La lógica de la acumulación ininterrumpida de capital es despiadada, más cuando no se la limita políticamente, y destructora de ética social.
En este clima, puede pensarse que es imposible "organizarse desde la precariedad". Pero hay muchas experiencias de organización y encuentro en condiciones extremas de precariedad y dispersión, como las de CNT en el primer tercio del siglo XX organizando jornaleros andaluces o inquilinos pobres catalanes, o la IWW en Estados Unidos en la segunda década de ese siglo organizando a los trabajadores-golondrina agrícolas.
Hoy no existen, con tal capacidad, aquellas CNT o IWW, pero hay síntomas de emergencia de lucha y organización desde la precariedad. Indicios de que algo se mueve. Tal vez sean pequeñas oscilaciones que serán absorbidas o tal vez los primeros brotes de algo importante. Profetizar es estéril, pero regar y dar cuidado a esos brotes será útil.
En el ámbito laboral tradicional se viven luchas parciales defensivas con fuerte repercusión pública: espartan@s de Coca Cola o estibadores de toda España... Y ha saltado la liebre en sectores en los que parecía que la fragmentación y precariedad bloquearían la resistencia. Luchas que han tomado caminos no tradicionales: trabajadores de Eulen en El Prat, repartidores de Deliveroo implicados en una movilización europea o camareras de piso que nos animan a "organizar lo imposible". 
Empresas-Plataforma como Deliveroo o Uber rompen las relaciones laborales con la ficción de mediar entre demandantes de servicio y "autónomos" que ponen los "medios de producción" (bicicletas, motos, coches) -minimizando el capital fijo a invertir por esas empresas- y asumen los gastos asociados a ello, sin sueldo fijo y con ingresos que no dan para vivir y mantienen en la precariedad. Deliveroo no despide: te borra; y Uber llama socios a los conductores ocasionales. Otras ocasionan graves problemas sociales, pagando muy pocos impuestos; Airbnb, "mediadora" en alojamientos, favorece los irregulares que crean problemas de inseguridad y convivencia.
Pues bien, esos jóvenes en bicicleta con la caja verde de Deliveroo, en principio sin víncu­los y compitiendo por los encargos, han sido capaces de iniciar un pro­ceso de organización, de hacer asambleas y huelgas, de coordinarse entre diversas ciudades e incluso con ciclomensajeros de Alemania, Francia, Reino Unido, Suecia, ­Po­lonia, Italia y Bélgica, en torno a reivindicaciones como la retribución mínima por hora o el seguro de accidente. Quizá no crean en el sindicalismo, pero hacen nuevo sindicalismo. Lo que empezó en 2016 con huelgas en Inglaterra ha tomado dimensión transnacional. 
Las Kellys son camareras de piso y limpian las habitaciones de los hoteles. Se han organizado "desde abajo" en un sector precario e invisibilizado, muy mal retribuido y subvalorado. Los hoteles -con dignas excepciones- se desembarazan laboralmente de ellas me­diante empresas multiservicios que rebajan salarios y categoría profesional. Ellas, sa­liéndose de cauces tradicionales, han logrado un gran impacto social y están ya en va­rias ciudades. Interesantes y reveladores son los vínculos establecidos con trabajadoras de las residencias de Vizcaya, que llevan más de 300 días en huelga.

También hay experiencias de organización y lucha desde la precariedad social en torno al derecho a la vivienda, contra los desahucios sin alternativa habitacional y por una nueva legislación. Ahora están surgiendo sindicatos de inquilinos, al me­nos en Barcelona y Madrid, donde en los últimos 24 meses el alquiler por m2 ha subido un 38% y un 25%. Y hay experiencias de organización de personas desempleadas o sin techo, y de grupos contra la exclusión, con menos visibilidad pero que a veces ponen en un brete a gobernantes acostumbrados a actuar en la sombra y a mentir sin desmentidos ante la atonía de su "oposición". Queda mucho por hacer, con paciencia y persistencia. 
Sin embargo, el reto planteado no es sólo la auto-organización social desde la precariedad, que es vital, sino también la construcción popular de un tejido social muy inclusivo. El reto es romper el espinazo al proyecto que quiere abandonar a su suerte a un tercio de la población y neutralizar al resto de las clases populares en la resignación y el miedo, en el marco de una inseguridad generalizada.
Las problemáticas laborales y sociales se entrelazan, porque afectan a casi toda la población, como trabajadores y/o vecinos, figuras hoy indisociables; por ello, la defensa de la libertad y la igualdad tiende a tomar aspecto de sindicalismo social. Necesitamos tejer una alianza social muy amplia, sin esperar a que se tejan alianzas políticas, aunque bienvenidas sean éstas si se dan en un sentido positivo. 
Ese sindicalismo social incluyente es decisivo para acumular las fuerzas necesarias que derroten o detengan el plan oligárquico de consolidación de un régimen autoritario y sin compromisos sociales. Un puzzle complejo, con espacios de larga tradición y otros recientes, con puntos de vista y prácticas diferentes, pero eso no es debilidad, sino fuerza.
¿Podrán fortalecerse y expandirse esos espacios? ¿Podrán dar más amplia dimensión a su actividad vinculándola con otras similares? ¿Se podrá vincular la lucha contra la pobreza con la cuestión del empleo y la garantía de ingresos mínimos? ¿Se decidirán las organizaciones sindicales a crear secciones de acción barrial/municipal/social, dando cauces de actuación a sus afiliados sin empleo o con pocas posibilidades de intervención laboral? ¿La gente de los barrios y pueblos se comprometerá en la defensa del tejido productivo, de los empleos y de los servicios públicos de su zona? ¿En qué medida lograremos construir un "vínculo ético" y un compromiso de solidaridad en el sindicalismo social y dotarle de medios de expresión en un lenguaje riguroso pero claro y sencillo, sin "politiqueo"? 
Esas preguntas no son adivinanzas, son tareas.

Revista Trasversales número 42, octubre 2017