martes, 29 de noviembre de 2011

Balances y escenarios tras el cese definitivo de ETA y las elecciones del 20-N

VS 0 | | sección: web | 23/11/2011 Ramón Zallo


A Kepa Mallea, muerto en Santutxu:
por su generosidad,
por el valor que siempre le dio a la palabra
y por compartir ideas, sentimientos y movimientos

La declaración de cese definitivo de la actividad armada de ETA del 20-10- 2011 ha causado un auténtico terremoto político y social que invita a lecturas de pasado y presente y a pensar el futuro político inmediato. Las elecciones generales celebradas un mes después, el 20-N, apuntan también a un nuevo escenario institucional.

1. Reacciones
* Hay quienes no han aceptado el cese definitivo de las acciones de ETA porque ya no ofrece la oportunidad del exterminio y derrota total del supuesto complejo ETA-Izquierda Abertzale (IA) ni, de paso, la marginación del nacionalismo en su conjunto. En este caso la mirada es desde las claves de una España única y de un Estado que dice defenderse sólo del terrorismo, ninguneando la reivindicación nacional vasca y sacrificando rasgos bastante sustanciales de un estado de Derecho.

Se va el sparring cómodo que justificaba todas las tropelías imaginables del Estado... y le echan de menos. Era una pelea, ciertamente con daños dolorosos, pero en un cuadrilátero controlado que tapaba el otro cuadrilátero, el que le importa más al Poder con mayúsculas y que sí tiene patria: la unidad de Estado. No acepta que se plantee no ya una consulta sobre la independencia sino tampoco sobre los modelos federal o confederal. En esta tesitura se mueven buena parte de las huestes del PP, UPyD, foros de la venganza diversos, los Torquemada de papel y onda o la mayoría de asociaciones políticas de víctimas.
* Hay quienes, con más visión de Estado, respiran aliviados. Un problema enquistado menos; y lo celebran. Por el momento sólo dicen que se aplicará la ley en relación a las “consecuencias del conflicto”. No se comprometen a eliminar toda la legislación de excepción generada estos años a la que atribuyen lo que llaman “la derrota de ETA”.

Se están apresurando a reescribir la historia e interpretación de este periodo y son amnésicosrespecto a los abusos del Estado, las legislaciones antidemocráticas, las impunidades policiales, la crueldad penitenciaria, los crímenes sin explicar… Pactaron la desmemoria de la Transiciónentregando a la clase dirigente del antiguo régimen el Poder y la palabra y, ahora, reclaman que la recuperación de la memoria posterior sea selectiva, sólo sobre ETA, dejando en la sombra la otra parte de la historia: crímenes de Estado, torturas sistemáticas, penas sin medida, estrategias de castigo, degeneración democrática….
* Más abundantes por Euskal Herria son quienes, con visión vasca -y hablo de buena parte de la sociedad civil y una parte significativa de la clase política- respiran, respiramos, aliviados porque se acaba una historia que tenía que haber estado acabada hace muchos años y no se sabía ultimar. Hace años que se denunciaban crímenes y tropelías de un lado y del otro, y ahora, tras el anuncio de cese de ETA, ha surgido la oportunidad de que una parte -la que ha matado más- se vaya, y la otra, el Estado embrutecido e impune, tenga que disolver, por presión, sus perfiles más duros e ilegítimos.
* Finalmente, en el mundo de la izquierda abertzale hay una gran alegría, pero también un cierto horror al vacío a la hora de pensar y asimilar lo ocurrido en los últimos 40 años. Un final que ha sido más fruto de la necesidad que de la virtud, más de los datos del presente que de las convicciones, más de la lectura política que de la moral, incluso emancipatoria.
En este contexto ¿cabe un solo relato? No. Relatos. Al menos, uno de Estado y para consumo mayoritario español, en el que se pondrán de acuerdo PP y PSOE y sus cohortes mediáticas, a pesar de los matices. En Euskal Herria un sector (PSE y PP) tendrá el mismo relato pero lo adornarán ensalzando a la sociedad vasca, no darán mérito alguno a la Izquierda Abertzale política (IA) y hasta se sostendrá que ya no hay problema político alguno (López lo ha dicho): sólo una dulce sucesión de alternancias en el timón del Estado.

El resto de sectores –personas de mente abierta y memoria, vasquismos, nacionalismos de izquierda o no, izquierdas varias…- ¿podríamos construir nuestro doloroso relato, sin apaños ni desmemoria y que, a buen seguro, sería el hegemónico aquí? Es un reto posible.

¡Cuánto se agradecería un Memorial de agravios fehacientes que, de no recogerse, sólo quedará en la mirada herida de quienes los padecieron! La sensatez con que ARGITUZ está recogiendo esa información está alejada de quienes, en los dos bandos más enfrentados, hinchan cifras de crímenes ajenos, reales o supuestos, mientras minimizan los próximos y las responsabilidades consiguientes.

La Primavera Arabe, Siria y la contrarrevolución neocolonial


Martes 29 de noviembre de 2011, por Mar

Santiago Alba Rico y Carlos Varea/Rebelión

Cuando está a punto de cumplirse un año del comienzo de la llamada Primavera Árabe, es necesario afirmar dos hechos al mismo tiempo: que la revolución sigue sacudiendo la zona, con retrocesos y recidivas, y que la contrarrevolución está más activa que nunca. Como dice el escritor egipcio Ezzat Al-Qamhawi, la revolución surge de un fondo de cólera inagotable y homogéneo frente a regímenes igualmente tiránicos; todos los árabes sin excepción reclaman dignidad y democracia y sólo la “pereza intelectual” o la fidelidad a “viejos diccionarios” -por tomar la palabra ahora al libanés Elias Khoury- pueden llevar a ignorar, negar o despreciar una irrupción popular que pone en dificultad a todos los actores en la región. Los imperialistas han conspirado siempre; pero los pueblos también conspiran y sus conspiraciones se llaman “revolución”. Si no queremos impedirnos cualquier posibilidad de intervención en la historia, debemos conceder que los pueblos árabes están también conspirando contra los conspiradores, en favor de su libertad, con los medios que les son propios y a partir de su propia historia de humillaciones y represión.

Las diferencias no están del lado de la conspiración popular: marroquíes, argelinos, libios, tunecinos, egipcios, sirios, bahreiníes, yemeníes, tienen motivos parecidos para rebelarse y buscan objetivos similares. La diferencia está del lado de la contrarrevolución. Los intereses de las muchas fuerzas implicadas en la conspiración imperialista, así como la diferencia geoestratégica de los países en los que intervienen, determinan diferentes procedimientos, tiempos e intensidades de intervención. Túnez puede recibir presiones sólo diplomáticas y permitirse un poco más de democracia -y hasta servir de laboratorio controlado para un nuevo orden regional- porque puede dañar escasamente los intereses de la UE y de EEUU y favorecer mucho, en cambio, los de Qatar y Turquía. Egipto ha visto cómo su revolución se transformaba en golpe de Estado -al que han respondido y responderán nuevas intifadas- porque la democracia en Egipto podría voltear todos los enfermizos equilibrios en la región. Bahrein, protectorado saudí de mayoría chií, tenía que ser aplastado antes de que la revuelta amenazase a la propia familia Saud y a la V Flota estadounidense, fondeada en el archipiélago para proteger los intereses energéticos de EEUU en el Golfo. Yemen, un hervidero de tribus y armas donde una revolución pacífica y heroica ha mantenido contra las cuerdas al dictador local durante ocho meses, ha visto la intervención del reaccionario Consejo de Cooperación del Golfo, obligado a hacer concesiones pragmáticas a la oposición -mientras mandaba tanques a Ali Saleh- para evitar la radicalización de las protestas. En Marruecos, Jordania o Argelia, la contrarrevolución apoya pequeñas reformas formales tratando de desactivar el malestar o de legitimar su represión. En Libia, al contrario, la OTAN apoyó militarmente la revolución como la forma más segura de destruirla, incluso con el riesgo, como se está viendo, de no controlar la situación tras el derrocamiento e infame asesinato del dictador Gadafi.

La plural y selectiva intervención imperialista -con una UE en bancarrota, unos EEUU debilitados y nuevas fuerzas rampantes abriéndose a codazos un hueco en la región- contempla planes ajustados a distintas eventualidades y muchas veces improvisados, cuando no adoptados a regañadientes. Los que llaman la atención sobre la previsible cooperación entre las potencias occidentales y los llamados islamismos “moderados” no deben olvidar que EEUU y la UE preferían apoyar, como así lo hicieron, a sus dictadores y que -como subraya Abdelbari Atwan, editorialista del diario Al-Quds Al-Arabi- el choque inevitable con esos partidos no se producirá a causa de diferencias económicas inexistentes sino por la cuestión palestina. La democracia en el mundo árabe -ya sea islámica o laica- amenaza radicalmente a Israel (quien, por ejemplo, acaba de pedir a los gobernantes europeos y a Obama que sostengan a la Junta Militar egipcia frente a los manifestantes de Tahrir). Palestina es de algún modo la garantía de que las revoluciones árabes mantendrán siempre su beligerancia antiimperialista.

El caso más complicado es sin duda el de Siria. Al contrario que la de Gadafi, la dictadura de Al-Assad, una república hereditaria, no sólo no está aislada sino que se inscribe, en el corazón mismo de Oriente Próximo, en una sensibilísima red de alianzas y tensiones cuya sacudida podría generar un conflicto a gran escala de consecuencias inimaginables. La intifada siria, con sus miles de muertos, detenidos y torturados, ha restablecido sin querer una típica política de bloques de la que la revolución misma, digna de toda nuestra solidaridad y admiración, será sin duda la primera víctima. Durante muchos meses, todas las fuerzas presentes en la zona estuvieron de acuerdo en no tocar el régimen de Damasco; el eje Irán-Iraq-Hizbolá por razones obvias; Israel, quien considera a Al-Assad “el mejor enemigo que podemos tener”, por temor a una democracia realmente antisionista en Siria; los EEUU y la UE, en la estela de su aliado israelí, conscientes de que, en el contexto de la Primavera Árabe, cualquier alternativa podría desbaratar el trabajoso “equilibrio” en la zona. Pero el creciente aislamiento de Israel y la obcecación del régimen sirio, convencido de su impunidad, han obligado a revisar los planes: por una parte, detener la Primavera Árabe pasa ahora por quebrar la continuidad entre Irán y el Líbano (con un Iraq que fue invadido por EEUU pero que es gobernado por Ahmadineyad); por otra, la deriva armada de la intifada siria, con el riesgo real de una guerra civil, no permite ya a las potencias occidentales y a sus aliados del Golfo mantenerse al margen confiando en una solución negociada o en un aplastamiento de la rebelión. En este contexto, mientras la hipócrita Liga Árabe -muchos de cuyos miembros están reprimiendo brutalmente protestas y revueltas en sus propios países- toma medidas contra el régimen de Al-Assad, la decidida intervención de la Rusia de Putin, con bases militares y fuertes intereses económicos en Siria, “congela” de nuevo la situación, prolongando en cualquier caso la agonía.

Los peligros en Siria son enormes. Como dice Michel Kilo, viejo opositor cristiano encarcelado dos veces por la dinastía Al-Assad y dirigente del Comité para el Cambio Democrático, la “militarización” de la revolución sólo puede llevar a una “nueva tiranía” a través, entre otros factores, de una intervención exterior que, de manera indirecta, ya se está produciendo. Temores semejantes los expresa Ibrahim Al-Amin, redactor jefe del periódico libanés Al-Akhbar, para el cual la mayor responsabilidad del régimen sirio no debe llevarnos a ser comprensivos con un Consejo Nacional opositor complaciente o ambiguo con la posibilidad de una intervención, desastrosa para cualquier proyecto soberano en Oriente Próximo. En la misma dirección se expresan Elias Khoury, Abdelbari Atwan o Rashad Abu Shawer (con su elocuente metáfora de los cuervos y los alacranes): la intervención militar extranjera sería mortal para la revolución siria y absolutamente destructiva para la emancipación del mundo árabe, por no hablar del riesgo fundado de una guerra a gran escala de dimensiones apocalípticas.

Ezzat Al-Qamhawui, Elias Khoury, Abdelbari Atwan, Michel Kilo, Ibrahim Al-Amin, Rashad Abu Shawer, todos ellos árabes, todos ellos desde diferentes posiciones antiimperialistas, nos recuerdan dos cosas que hay que tener el valor de sostener al mismo tiempo sin ningún sonrojo o ambigüedad. La primera es que las revoluciones árabes, incluida la siria, han devuelto a la historia a unos pueblos humillados y despreciados cuya valiente reclamación de democracia y libertad merecen todo nuestro apoyo y solidaridad. La segunda es que la democracia y la libertad que esos pueblos reclaman está amenazada, sí, por los dictadores que desde hace décadas pisotean sus derechos, pero también por una contrarrevolución que, entre sus muy versátiles procedimientos conspirativos, no descarta la intervención militar. Por muy incierta que sea la salida, por poco que podamos hacer en una situación cada vez menos abierta a la acción política, sí podemos al menos declarar en voz muy alta dónde ciframos nuestras esperanzas: en el derrocamiento popular de Al-Assad sin ninguna intervención exterior.

Todo nuestro apoyo y solidaridad, por tanto, a los pueblos árabes en lucha; toda nuestra condena a la contrarrevolución puesta en marcha por la OTAN, los países del Golfo y Turquía. Sí a la intifada siria y a sus legítimas ambiciones de libertad y democracia; no a la intervención exterior y a sus bastardos intereses de dominio neocolonial.

Para adhesiones al texto: siriapoyo@gmail.com

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

ENTREVISTAS POSTELECTORALES LA CÁMARA: RAÚL CAMARGO (Portavoz Izquierda Anticapitalista)

martes 29 de noviembre de 2011

Diario La Cámara publica su tercera entrevista del especial Entrevistas postelectorales, hoy contamos con Raúl Camargo Fernández (Portavoz de Izquierda Anticapitalista). 
Partido de izquierdas que realizó su campaña para las elecciones generales bajo el lema Desobedece y contó en sus vídeos con personalidades como Guillermo Toledo, Olga Rodríguez y Javier Couso. Se presentaron en Almería, Barcelona, Burgos, Cádiz, Cantabria, Gerona, Granada, Guadalajara, Lérida, Madrid, Sevilla, Tarragona y Zamora.
"Para cambiar totalmente el modelo económico de este país necesitaríamos de un proceso revolucionario o cuasi revolucionario" 

¿Qué opinión le merecen los resultados de su partido? 

Nuestros resultados han sido muy modestos, por debajo de lo que sería necesario para abrir una pequeña brecha por la izquierda en el sistema político-electoral español. No obstante, hay que decir que solo nos presentábamos en 13 circunscripciones y que comparándolo con el resultad de las elecciones europeas de 2009, donde IA se presentó en solitario y en todas las circunscripciones, hay un ligero crecimiento, que se centra sobre todo en Catalunya, donde casi se triplican los votos que obtuvimos entonces.

En su programa dicen que la lucha no ha hecho más que empezar y hablan del 15M. ¿Son ustedes representantes del 15M? Y si no es así, ¿cree que deberían asociarse políticamente para conseguir más fuerza?

Ni nosotros ni ningún otro grupo político representa al 15-M. El 15-M es un movimiento que se representa a sí mismo y que tiene estructuras para expresar su opinión sobre todos los temas que le interesan, como de hecho hacen de forma constante. Los y las militantes de IA participan en el 15-M, junto con mucha otra gente de otras corrientes políticas y sociales, y creemos que este movimiento va a tener una importancia central en el periodo que se abre ahora tras la mayoría absoluta del PP. Dentro del movimiento 15-M nos asociamos con mucha gente, organizada previamente o no, pero la cuestión electoral es algo que de ninguna manera se nos ocurriría plantear en su seno, ya que respetamos profundamente el pluralismo del 15-M, donde convivimos gentes de muchas ideologías diferentes.

¿Cómo valora la situación actual en la que se encuentra el Congreso tras las elecciones?

El Congreso va a estar sometido a un rodillo parlamentario del PP, aunque probablemente busque la complicidad del PSOE , de CiU, de UPyD y de otros grupos de la derecha para contar con más apoyo ante la aprobación de sus medidas más impopulares.  La entrada de Amaiur  puede trastocar los planes recentralizadores del PP. Estaremos también muy atentos a la actividad del grupo de IU, que se ha comprometido a ser la “ voz de la calle” y a “no institucionalizarse”. Esperemos que sea así y no incurran en errores del pasado.

¿Le parece positivo el cambio de gobierno?
El cambio de gobierno va a traer una dosis aumentada de lo mismo que ya hacía el anterior en materia económica: recortes indiscriminados de derechos sociales y servicios públicos, más privilegios para los de arriba y menos derechos para los de abajo. Pero además, la llegada al Gobierno del PP va a traer consigo medidas regresivas en materia de derechos civiles y reproductivos. Ya se anuncia la derogación de la Ley del Aborto, no sabemos qué van a hacer con los matrimonios homosexuales. El peso del sector afín a la jerarquía de la Iglesia católica es fuerte en el PP y podemos retroceder mucho en estas materias. Por todo ello, este cambio de Gobierno va a empeorar todavía más la situación para las izquierdas.

¿Qué le habría dicho a Zapatero para solucionar la crisis y qué le diría a Rajoy?