jueves, 22 de mayo de 2014

QUÉ APORTA PODEMOS-AHAL DUGU A LA SITUACIÓN DE EUSKAL HERRIA?

MARCELINO FRAILE, NESKUTZ RODRÍGUEZ (*)
MIEMBROS DE DIFERENTES CÍRCULOS DE PODEMOS-AHAL DUGU EN BIZKAIA
mural_ríonegro(2)En esta situación de retroceso social y democrático, la ciudadanía vasca queremos convertir nuestra indignación, rabia y desesperación en lucha contra los poderes políticos y económicos. Estos nos condenan al empobrecimiento y a la pérdida de derechos y libertades. Y ya ha llegado la hora de que podamos decidir sobre nuestras vidas, nuestra tierra y nuestro futuro.
2014/05/19
Por eso, hemos constituido Podemos-Ahal dugu como un instrumento político nuevo, democrático, horizontal, incluyente y participativo, para que toda la ciudadanía vasca nos organicemos libre y solidariamente. Lo hacemos en apoyo a todas las luchas y reivindicaciones de todas las personas, pues la mayoría social está siendo agredida por un sistema capitalista injusto y depredador, por un régimen político basado en la corrupción y en la involución de derechos democráticos y por unos gobiernos como los de Rajoy, Urkullu y Barcina que los sostienen, con un asombroso desprecio hacia todas las necesidades de la mayoría de la sociedad.
Euskal Herria no es una isla en el Atlántico, estamos en alerta roja y no solo por los temporales que han arrasado toda la cornisa cantábrica. Todas las alertas se han disparado en nuestras vidas, porque los poderosos capitanes del capitalismo financiero y las castas políticas gobernantes han desatado el más gigantesco de los tsunamis contra las condiciones de vida y trabajo de todas las personas asalariadas y empobrecidas, que vivimos en los pueblos de la periferia europea.
El enriquecimiento escandaloso de una minoría social de capitalistas, financieros y políticos a su servicio viene acompañada de un gravísimo crecimiento de la desigualdad, de la injusticia y de la pobreza. El paro crónico ha venido para instalarse (el FMI pronostica que en el 2018 seguirán 6 millones de personas paradas en el estado español). Despidos, cierres, EREs y recortes salariales son las medidas que nos imponen las patronales, con los instrumentos legales que les han facilitado los gobernantes (reforma laboral, pensiones, salario mínimo,…).
El deterioro de los servicios públicos (Educación, Sanidad, Justicia,..) y sus continuas privatizaciones son las decisiones políticas reales que adoptan las élites y castas gobernantes. Y los presupuestos sociales se reducen sistemáticamente para satisfacer las avaricias de los capitales especulativos, a través del pago de las deudas ilegítimas y abusivas de los bancos. Mientras la pobreza se extiende y se ensaña con la infancia, las mujeres, las prestaciones asistenciales, o con las actuales pensiones miserables.
Esta catástrofe social a la que nos están sometiendo no es una fatalidad natural. Responde a un plan agresivo de una minoría social, que defiende sus intereses con todos los instrumentos institucionales, legislativos, mediáticos y represivos de los que dispone. Sin embargo, la mayoría social ya hemos demostrado a través de múltiples y masivas manifestaciones de lucha y de resistencia, que no vamos a resignarnos, que se pueden adoptar otras medidas económicas, ecológicas, sociales y políticas mucho más justas, igualitarias y solidarias. Que tenemos alternativas, medidas y propuestas políticas que responden a las necesidades de la mayoría de las personas, a la vez que se dirigen a evitar la catástrofe ecológica, a la que nos conduce el capitalismo.
En esta situación de Emergencia Social el Cambio Político es necesario y posible. Eso sí, si la ciudadanía actuamos y tomamos en nuestras propias manos las decisiones que nos afectan, disputando a las castas políticas el poder que ellos utilizan al servicio de una minoría.
La situación nos obliga a no delegar, a no dejar en manos de las élites políticas las decisiones fundamentales que condicionan nuestras vidas.
En muy pocos días más de 100.000 personas nos hemos unido en torno a 10 medidas y un programa de urgencia, que responden a las necesidades fundamentales que han planteado los distintos movimientos sociales en lucha actuales, contra las agresiones que estamos sufriendo y con él nos presentamos a estas elecciones europeas.
Somos una agrupación de miles de personas, que estamos elaborando un proyecto, un método y una nueva forma de hacer política, que va más allá de estas Elecciones Europeas. Nuestro programa y nuestros representantes se han establecido de forma participativa y abierta a la ciudadanía, donde cualquier persona ha podido y puede proponer, participar y votar, sobre lo que necesitamos y lo que nos esperanza, para salir favorablemente de esta situación nefasta.
Nos merecemos un futuro democrático y social justo, igualitario, solidario y libre. Y pensamos que es alcanzable pronto, si la mayoría de la ciudadanía lo pelemos juntos y juntas.
La ciudadanía de Euskal Herria queremos profundizar en nuestras libertades democráticas. Por eso, exigimos la retirada por parte del gobierno del PP de todas las medidas y leyes de excepción antidemocráticas que pesan sobre nuestras libertades y derechos humanos (Ley de Partidos, Dispersión, Ley de Seguridad Ciudadana, etc.).
Sostenemos que la ciudadanía tenemos derecho a decidir sobre todas las cuestiones que afectan a nuestras vidas y a la naturaleza.
Tenemos derecho a decidir sobre el modelo de Estado, las relaciones con el resto de nacionalidades y pueblos del Estado Español. Y por ello, queremos aportar la bilateralidad de nuestra lucha con el conjunto de los pueblos de la península, junto a catalanes, castellanos, andaluces, etc… Luchamos por conseguir cambiarlo todo, ganar la Democracia para nuestros pueblos.
Tenemos derecho a decidir sobre nuestros propios cuerpos, por ello peleamos para que se dé marcha atrás en la propuesta de modificación de la Ley del Aborto que está preparando el Partido Popular, no permitiremos que nos quiten uno de los logros más importantes que con tanto esfuerzo ha conquistado el feminismo.
Con mucha ilusión, las personas que nos estamos agrupado en Podemos-Ahal dugu aportamos nuestra disposición a luchar denodadamente en EH y en Europa hasta conseguir estos objetivos.
¡Porque todas y todos juntos Podemos Ahal dugu!
(*) Firman este artículo también: Lander Martínez,Vanesa Baños, Unai Arraiza, Itxaso Cabrera

lunes, 12 de mayo de 2014

Ni UE, ni EEUU, ni fascismo. Paz y libertad para el pueblo de Ucrania


Comunicado de Izquierda Anticapitalista www.anticapitalistas.org

La actual situación de caos y violencia que se vive en Ucrania viene atravesada por varios conflictos subyacentes desde hace décadas. En el origen de la crisis se encuentra la legítima revuelta popular del pueblo ucraniano contra un régimen oligárquico y corrupto que fue posteriormente instrumentalizada por organizaciones de la extrema derecha de cuño neonazi con el apoyo de EEUU y la Unión Europea. La situación ha derivado en un caos interno que puede acabar en un drama para el pueblo ucraniano en forma de guerra civil.

La voluntad de hegemonizar un proyecto neoliberal por parte de la Unión Europea que trascienda sus límites geográficos actuales con una expansión hacia el Este viene provocando una pugna entre las nuevas fuerzas imperialistas que configuran el actual escenario multipolar, protagonizado por Rusia, China y las potencias de Occidente (UE, EEUU y OTAN). En este complejo escenario, EEUU sigue siendo la principal potencia económica y militar que desea por encima de todo decidir sobre los juegos estratégicos de zonas que aún escapan a su control. Su intervención en el escenario actual para incorporar Ucrania y plegarla al control de la OTAN sigue la línea iniciada con éxito en Polonia y los Países Bálticos. Con su actuación, el Pentágono tiene como objetivo debilitar a las potencias que amenazan su hegemonía, con China como gran rival y con la Rusia de Putin tendente a una estrategia de soberanía nacional que pretende construirse sin someterse a los designios de EEUU, a la par que despliega una política intervencionista y ultranacionalista. EEUU y el FMI, por su lado, manipulan con operaciones desestabilizadoras a una parte de la población ucraniana -descontenta con el último gobierno corrupto, acaparador de riqueza y soberanía- con el fin de convertir a Ucrania en una colonia de la UE bajo un régimen abiertamente autoritario y xenófobo. El cambio de régimen auspiciado por Estados Unidos y la UE que se produjo tras ser derrocado Yanukovich -el presidente electo en febrero de 2010, corrupto y desprestigiado- ha dado lugar a un gobierno oligárquico, prooccidental y con gran influencia de la extrema derecha. Todo ello ha provocado respuestas en el Este del país que deben ser comprendidas y analizadas dentro de este marco.

domingo, 4 de mayo de 2014

Declaración sobre Ucrania

(Declaración aprobada por el Comité Internacional de la Cuarta Internacional el pasado 25 de febrero de 2014.)
ukrania

1. La crisis política en Ucrania comenzó en noviembre de 2013 cuando el presidente Yanukovich, bajo una fuerte presión de Rusia, decidió no firmar el Tratado de Libre Comercio con la UE. El Partido de las Regiones realizó durante algunos meses una campaña oficial en favor de un acuerdo de esta naturaleza. Todo esto se produjo en el contexto de una profunda crisis social y de deuda que situó al país bajo la presión del FMI. La forma en que fue adoptada la decisión, por el poder personal del presidente, aumentó el temor popular de que se estaba fraguando una nueva integración de Ucrania en un gran proyecto regional de Rusia y que podrían aumentar las tendencias represivas oligárquica y presidencial del régimen, evidentes desde 2010.
Por lo tanto, dentro de la crisis no había dos bandos bien definidos o programas opuestos entre sí, sino más bien divisiones y vacilaciones de los oligarcas y élites, incluso dentro del Partido de las Regiones. Y -a pesar de las diferencias culturales, sociales y políticas entre las regiones históricas del país- la aparición de las masas como un factor independiente expresa la “indignación” y la desconfianza en los partidos políticos- ya sea a través de la participación directa en el movimientoMaidan (más en el oeste y centro) o a través de la pasividad (dominadora de la parte oriental de habla rusa del país).
Una semana de violencia sangrienta impuso la opinión de los manifestantes sobre la salida inmediata del presidenteYanukovich.  No ha sido derrocado por un “golpe de Estado”: su creciente impopularidad se convirtió en rechazo absoluto después del horror de unas 80 muertes, víctimas de los disparos con balas de verdad de sus francotiradores a los manifestantes. La vacilación del presidente entre la represión y el diálogo condujo a su profundo aislamiento dentro de su propio bando – el Parlamento votó por su cese, mientras que una parte de la policía y, probablemente del ejército, declaró en Kiev, al igual que en otras regiones, que estaban “en el lado de la gente”, y su huida a Rusia fue detenida en Donetsk, en el corazón mismo de su bastión.

Decidir sí, siempre, sobre todo. Conquistar la soberanía popular


Teresa Rodríguez | Público
Docente, sindicalista y activista social

“En todo aquello que les atañe los españoles tienen derecho a intervenir y, como es natural, ni quieren ni deben quedarse callados, ni nosotros podríamos discutir semejante privación de tan fundamental derecho”. Estas fueron las palabras con las que, el pasado 8 de abril, Mariano Rajoy respondía a la petición de la celebración de un Referéndum sobre el futuro político de Catalunya. No le preocuparon al Presidente del Gobierno las opiniones de “los españoles” cuando apoyó al PSOE en su reforma del artículo 135 de la Constitución para instaurar un sometimiento servil al pago de la deuda. Tampoco parecen importarle las opiniones de “los españoles” cada vez que acepta las recomendaciones del Fondo Monetario Internacional o de la Comisión Europea, o cuando se atribuye la capacidad de decidir sobre la maternidad y los cuerpos de las mujeres.

Que el gobierno ha perdido su capacidad para gobernar sobre nada, y que quienes deciden en la política española no han sido elegidos en ninguna urna, es algo que sabemos hace tiempo. El riesgo es que de tanto saber y tanto repetirnos que estamos intervenidos por la Troika, que no tenemos soberanía, acabemos por considerarlo algo normal. Si esto ocurriese sería una victoria irreversible del “no hay alternativa” que tantas veces hemos escuchado. Afortunadamente, entre las y los de abajo todavía no ha triunfado la resignación. Las movilizaciones de los últimos años, desde el 15-M hasta las Marchas de la Dignidad, son una prueba palpable de que no nos creemos las mentiras de los de arriba. Pero el riesgo sigue ahí, y por eso, frente al mantra del “no hay alternativa” y a las imposiciones políticas y económicas de “los mercados”, es cada vez más urgente erigir un proyecto popular de conquista de la soberanía y de expropiación democrática de las capacidades para decidir sobre todo lo que nos afecte.

Ante la convocatoria de la Consulta catalana para el próximo 9 de noviembre, los apologetas de la Transición utilizan la Constitución de 1978 como arma arrojadiza. Aunque en estas últimas semanas hemos recibido una nueva oleada mediática sobre las bondades de la Transición, no debemos olvidar que la Constitución se presentó a Referéndum hace más de 30 años cual plato de lentejas, negando cualquier posibilidad de decisión sobre sus aspectos concretos. La democracia venía en un pack, y para votar a favor había que tragar también con la Monarquía, “la indisoluble unidad de la Nación española” y la existencia de un solo pueblo en el Reino de España, entre otras muchas cosas. Y no hubo más: o lo tomas, o lo dejas. Sin embargo, el tiempo demuestra que los fundamentos de aquella carta magna tenían escaso recorrido posible, y la movilización popular en Catalunya es un ejemplo de ello. La reivindicación masiva y sostenida en el tiempo de catalanes y catalanas por el derecho a decidir su futuro es, seguramente, incompatible con el marco constitucional vigente, pero eso ni puede ni debe ser un límite para que los y las demócratas la apoyemos.

El avance del movimiento popular en Catalunya está tensionando los límites del marco político creado en la Transición, y su avance puede provocar brechas importantes en él. Un marco político que tras la reforma del 135 ha sumado a su carácter de camisa de fuerza tanto territorial como cultural un nuevo ingrediente de camisa de fuerza económica y social. Desde el conjunto de pueblos que forman el actual Estado español no podemos permanecer inmóviles ante esta situación, ni aceptar y asimilar por acción u omisión la hostilidad con la que la clase política y la mayoría de medios de comunicación se enfrentan a ella.

Por una parte, es necesario denunciar a quienes intentan aprovechar la movilización popular para perpetuarse en el gobierno e implementar su proyecto político neoliberal; también a los que utilizan la reivindicación nacional para enfrentar a las clases populares de los distintos pueblos del Estado español y del resto del mundo. Pero por otro lado, si queremos construir soberanía popular, es imprescindible solidarizarnos con la mayoría social catalana que reivindica su derecho democrático a votar, a que su opinión sea expresada y tenida en cuenta en una consulta el próximo 9 de noviembre. No con el objetivo de que Catalunya se separe del resto de pueblos al sur del Ebro, no para dividir ni enfrentar; muy al contrario, el avance del movimiento popular en Catalunya debe ser una palanca más de la necesaria ruptura democrática, un primer paso en la toma de decisiones entre todos y todas,

Catalunya, una oportunidad para España



Santiago Alba Rico⎮cuartopoder⎮10/4/2014

Para abordar el debate sobre Catalunya celebrado el martes pasado en el Parlamento español me gustaría recordar por extenso las palabras de un diputado:
“Una de las maneras de agraviar a Cataluña es precisamente entenderla mal; es precisamente no querer entenderla. Lo digo porque para muchos este problema es una mera simulación; para otros este problema catalán no es más que un pleito de codicia: la una y la otra son actitudes perfectamente injustas y perfectamente torpes. Cataluña es muchas cosas, mucho más profundamente que un pueblo mercantil; Cataluña es un pueblo profundamente sentimental; el problema de Cataluña no es un problema de importación y exportación; es un problema dificilísimo de sentimientos. Pero también es torpe la actitud de querer resolver el problema de Cataluña reputándolo de artificial. Yo no conozco manera más candorosa, y aun más estúpida, de ocultar la cabeza bajo el ala que la de sostener, como hay quienes sostienen, que ni Cataluña tiene lengua propia, ni tiene costumbres propias, ni tiene historia propia, ni tiene nada. Si esto fuera así, naturalmente, no habría problema de Cataluña y no tendríamos que molestarnos ni en estudiarlo ni en resolverlo; pero no es eso lo que ocurre, señores, y todos lo sabemos muy bien. Cataluña existe con toda su individualidad (…) y si queremos conocer cómo es España, y si queremos dar una estructura a España, tenemos que arrancar de lo que España en realidad ofrece; y precisamente el negarlo, además de la torpeza que antes os decía, envuelve la de plantear el problema en el terreno más desfavorable para quienes pretenden defender la unidad de España, porque si nos obstinamos en negar que Cataluña tiene características propias, es porque tácitamente reconocemos que en esas características se justifica la nacionalidad, y entonces tenemos el pleito perdido si se demuestra, como es evidentemente demostrable, que muchos pueblos de España tienen esas características”.

Quien así hablaba era, en efecto, un diputado del Parlamento español, pero no el pasado martes 8 de abril de 2014 sino el… 30 de noviembre de 1934 (¡hace 80 años!) en la primera de las sesiones dedicadas ese año al estatuto de Catalunya. El diputado se llamaba José Antonio Primo de Rivera, hijo de general golpista, fundador de la Falange, pistolero y mártir del fascismo español. ¿En qué se diferenciaba de Rajoy, de Rubalcaba o de Rosa Díez? En que era más inteligente, se expresaba mejor y tenía mucho más coraje.
José Antonio lo veía así. Catalunya tiene su propia historia y su propia idiosincrasia nacional. Los que lo niegan están reconociendo “tácitamente” su derecho histórico y moral a la independencia; temen que el reconocimiento legal de su “diferencia” lleve inevitablemente a su “separación”, lo que significa que en realidad la dan ya por perdida y apuestan por mantenerla a la fuerza mediante la “negación” y la “represión”. José Antonio hace exactamente lo mismo que Rajoy, Rubalcaba y Rosa Díez, pero de manera mucho más brillante. No sólo reconoce sino que exalta la “diferencia catalana” y la “riqueza” que ella supone. Ahora bien, como Rajoy, Rubalcaba y Rosa Díez, el fundador de la Falange considera que esa “diferencia” sólo existe, sólo puede existir, en un proyecto común “español”: no hay ningún problema en conceder “autonomía” y “libertades para la auto-organización” a las “regiones” donde esté más arraigada la conciencia de este proyecto común; y de hecho -dice José Antonio- habría que conceder más “autonomía” a las “regiones más españolas” y menos a las que podrían utilizar esa “autonomía” para “deshispanizarse”. ¿Cuál es este proyecto común? José Antonio tiene la decencia de llamarlo por su nombre: “unidad de destino en lo universal”, “una gran empresa”, un “rumbo histórico”, “una vocación imperial de unir lenguas, razas, pueblos y costumbres”. España. Si a los catalanes, dice, les proponemos algo así se sumarán enfervorizadamente y, si se suman enfervorizadamente, podrán regir sus “asuntos internos” sin negaciones ni molestias, desde la “españolidad” matizada, coloreada, específica, que llamamos Catalunya. Contra los que no acepten lo natural, lo bueno, lo bonito, lo razonable, lo “universal”, será natural, buena, bonita, razonable y universal -ocurrió dos años después con los resultados conocidos- la intervención del ejército “español”.
Lo malo es cuando a esta “vocación imperial” -que el fascismo reivindica orgullosamente- la llamamos con pudor mercantil “marca” o, aún peor, con impudor liberal, “democracia”. Creo sinceramente que Rosa Díez tiene razón cuando dice que “en democracia las cuestiones esenciales no se discuten”. No se discute el derecho a la tortura ni el derecho a la esclavitud ni la igualdad ante la ley ni la condición ciudadana de los homosexuales o las mujeres; no se debería discutir tampoco el derecho a la autodeterminación de los pueblos. Que estos principios en democracia no se discuten quiere decir que  se han decidido ya y que no son revisables por ninguna asamblea ni, desde el exterior del espacio político, por ningún “ejército español”. Llamamos “constitución” a esas decisiones “de derecho” ya tomadas que “no se deben discutir”; y no se puede hablar de verdadera constitución si lo que se decide y se vuelve “indiscutible” es exactamente lo contrario: la inferioridad de los negros, como en la constitución sudafricana del Apartheid, la soberanía legislativa de Dios, como en la iraní, o la “supremacía del déficit” y la “unidad de la patria garantizada por el ejército”, como ocurre en la constitución española. Que Rajoy, Rubalcaba y Rosa Díez se amparen en la ley y la constitución sólo demuestra, en efecto, la necesidad de un nuevo proceso constituyente que revise de entrada -sin amenazas golpistas, como en 1936 y en 1978- el límite democrático de nuestra constitución: la inferioridad de los negros y las mujeres. Perdón: quiero decir “la unidad de España”, esa “España a la fuerza” que desde hace 500 años viene lastrando cualquier proyecto de convivencia entre los pueblos y de democracia en nuestro país.