lunes, 10 de julio de 2017

Un poeta en la antesala del Gulag



Francisco Carvajal - Trasversales 41-Junio 2017

Francisco Carvajal ha coordinado la edición del libro de poemas Resistencia: una hoguera en el desierto, El perro malo 2017.

Victor Serge (1890-1947) es conocido fundamentalmente como novelista, cronista de la Revolución Rusa y autor de unas imprescindibles Memorias. Desde hace unos años su figura, uno de los mejores ejemplos de lucha contra cualquier tipo de totalitarismo, y su obra, objeto de numerosas y cuidadas reediciones, no dejan de crecer.

Su obra poética es menos conocida y, hasta ahora, únicamente se disponía en castellano de la traducción de algunos de sus poemas aparecidos en diversas revistas. Sin embargo, Victor Serge siempre concedió a la poesía una importancia fundamental en su formación política y literaria. ya en las primeras páginas de sus Memorias, al rememorar sus años juveniles, nos lo indica claramente: “He pensado a menudo desde entonces que la poesía sustituía para nosotros la oración, hasta tal punto nos exaltaba, hasta tal punto respondía en nosotros a una constante necesidad de elevación”. Serge fue siempre un lector voraz de poesía, especialmente de los poetas naturalistas y simbolistas franceses y belgas, que convivían sin ningún problema con su gusto por la poesía popular y las canciones revolucionarias. destaca su admiración por la obra del francés Charles Pegue (1873-1914), “cristiano sin iglesia”, con cuya figura intransigente y radical y con sus versos líricos, apasionados, rotundos y polémicos, debido sentir una fuerte identificación. tras su marcha en 1919 a la Rusia revolucionaria, conoció personalmente a los poetas soviéticos del momento (Esenin, Maiakovski, Pasternak…) de quienes traza unos magníficos perfiles en sus Memorias y a quienes leyó y le influyeron. Cuenta en sus Memorias: “El gran lirismo, hasta entonces confinado en los circulos literarios, buscaba para sí mismo nuevas vías en las plazas públicas. Los poetas aprendían a declamar o salmodiar sus versos ante grandes auditorios venidos de la calle. Su acento quedaba renovado por ello, las cursilerías cedían su lugar al poder y al ardor”

Posiblemente Victor Serge escribió poesía toda su vida, pero no es hasta 1918 cuando aparecen algunos poemas sueltos publicados en revistas, de manera intermitente y con carácter esporádico. Serge estaba consagrado a la acción política y la mayor parte de su obra consistía en artículos periodísticos.

Tras su llegada a Rusia, y a pesar de sus convicciones anarquistas, se afilió al Partido Bolchevique donde desempeñó importantes tareas como agente de la Internacional Comunista, lo que le obligó a viajar, desde Petrogrado donde se había establecido con su esposa Liuba, por numerosos países europeos. Su adhesión al comunismo no adormeció su espíritu crítico ni le llevo a renunciar a sus convicciones libertarias ni a renunciar a la defensa de la libertad de pensamiento, propia y ajena. Su choque con un régimen soviético en el que el estalinismo iba ocupando mayores áreas de poder, limitando la capacidad de crítica y aplastando cada vez con mayor violencia cualquier opinión, hizo que a partir de 1924 se adhiriera a la Oposición de Izquierda seguidora de la tesis de León Trotsky, lo que motivó hacia su persona un acoso político y personal que se extendió a su familia. En 1927 fue expulsado del Partido Bolchevique y en 1928 fue encarcelado en condiciones muy duras durante dos meses. Esa forzada inactividad política sirvió, paradójicamente, para que surgiera el Serge escritor que conocemos hoy. A partir de estos años comienza a escribir sus novelas con un fuerte fondo biográfico (Los hombres en la cárcel, El nacimiento de nuestra fuerza…) y sus libros de crónicas y análisis del proceso revolucionario (Historia del año I de la Revolución Rusa…) publicadas en Francia donde Victor Serge había vivido la mayor parte de su vida. También, casi de manera simultánea, aparecieron en España, gracias a su amistad en Rusia con Andreu Nin y la relación de éste con los oposicionistas españoles (Juan Andrade y Julian Gorkin), que en aquel momento tenían un papel central en las editoriales de “avanzada” existentes en España.

A principios de marzo de 1993, Victor Serge fue detenido por la GPU, trasladado a Moscú, juzgado y condenado a ser deportado a Oremburgo, una ciudad situada en la frontera sur de Rusia con Kazakistan. Serge llegó a la ciudad en junio de ese mismo año en compañía de su hijo Vlady de 13 años de edad.

Oremburgo era una ciudad de 150.000 habitantes, situada entre inmensas estepas de Asia central y punto de encuentro de tártaros, kazajo, kirguises… La guerra y la revolución habían llevado a la ciudad a un estado de miseria donde el hambre, las enfermedades, el alcoholismo y los niños abandonados formaban el paisaje de la ciudad. Una parte importante de la población eran deportados políticos opositores que sobrevivían como podían ante el acoso de las autoridades locales (que les proporcionaban trabajos con cuentagotas) y la policía. A pesar de todo esto, Oremburgo era un destino suave en el sistema del Gulag y no se podía comparar a otros destinos como Kolima y el Mar Blanco.

En este ambiente, Victor Serge y su familia (su esposa Luiba le acompaño durante una breve temporada hasta que sus problemas psiquiátricos la hicieron regresar a Petrogrado) sobrevivieron como pudieron gracias a los derechos de autor de sus libros publicados en Francia y España y a la solidaridad de los otros deportados. Victor Serge no paró de escribir: “Escribo, escribo. Crear, trabajar para no enloquecer, para llenar su tarea aquí, ser útil, dejar atrás de sí un poco de emoción o de pensamiento”. Prosiguió con su ciclo de novelas, escribió relatos breves y un gran número de poemas, algunas de las cuales hizo llegar a Francia donde fueron publicadas en algunas revistas literarias o de izquierda antiestalinista. En ese mismo país se desató una importante campaña pidiendo la liberación de Victor Serge. Finalmente, gracias a la intervención personal ante Stalin de Romain Rolland, auténtica vaca sagrada de la literatura francesa, pudo en abril de 1936 partir con su familia hacia Bélgica, no sin antes haber sido despojado de la nacionalidad soviética y de confiscarle todos los manuscritos que había elaborado en Oremburgo. Unos meses más tarde se desataron las grades purgas estalinistas, el Gran Terror, en la que fueron juzgadas 1.300.000 personas y ejecutadas de manera inmediata más de la mitad, entre los que se contaban la mayor parte de deportación en Oremburgo. Victor Serge ya en Francia, fue de los pocos que denunció de manera sistemática estos crímenes en numerosos artículos y publicaciones. El Gran Terror y sus mediáticos “Procesos de Moscú” fueron apoyados por los partidos comunistas y, salvo honrosas excepciones, se mantuvieron en silencio los partidos socialistas, los liberales y la mayor parte de los intelectuales. El terror estalinista salió fuera de Rusia y afectó a varios amigos de Serge, entre ellos a su amigo español Andreu Nin, dirigente del POUM (Partido Obrero de Unificación Marxista), uno de los pocos partidos que denunciaron los Procesos de Moscú y en cuyo periódico “La Batalla” publicó Serge diversos artículos. Las experiencias de su estancia en Oremburgo le sirvieron para elaborar una de sus novelas fundamentales, Medianoche en el siglo, publicada en París en 1939 y dedicada a sus camaradas del POUM, calumniados, perseguidos y asesinados en España por el terror estalinista. Siempre estuvieron presentes en su memoria.

Resistencia. Una hoguera en el desierto

En ese ambiente, Victor Serge publicó en 1938 su único libro de poemas, Résistance. Fue publicado por su amigo Mauricio Wullens en su revista Les Humbles, como una manera de aliviar la siempre apurada situación económica de Victor Serge, por lo que, además de los 1000 ejemplares de la modesta edición, se imprimieron un pequeño número en edición de lujo. El libro no volvió a editarse hasta 1972 por la editorial Maspéro, con el título Pour un brasier en el desert. En 1988, Jean Rière realizó la edición más hermosa, completa y anotada de la obra completa de de Victor Serge en el que se incluyó Resistance. Fue traducido al inglés en 1989 y a principios de 2017 ha aparecido la edición de la mayor parte de la obra poética de Serge bajo el título A Blaze in a Desert, en cuidada edición a cargo de James Brook y Richard Greeman.

La mayoría de los poemas de Resistencia fueron escritos durante el periodo de deportación en Oremburgo (1933-1936). Para la composición del libro Serge recopiló algunos de los que había remitido a sus amigos franceses, incluyó otros escritos antes o después de su período de deportación, y reconstruyó de memoria otros de los escritos en Oremburgo pero que habían sido confiscados por las autoridades soviéticas junto con el resto de sus manuscritos en el momento de atravesar la frontera.

El mejor resumen del libro es su propio título, Resistencia. Serge, siendo consciente del carácter precario de su día a día y del camino totalitario que estaba tomando la revolución, no se resigna ni se abandona al desánimo. Utiliza sus poemas como cápsulas para preservar su mundo, que no es sólo personal sino que abarca al de sus compañeros vivos o muertos a los que la escritura da continuidad y permanencia. No es un intento de escapar de la realidad, sino de perpetuarla. Asimismo, los poemas fueron una liberación para sus emociones más personales e íntimas que sus novelas o libros de análisis histórico no le permitieron expresar. La utilización del verso libre y la extensión de muchos de ellos contribuyen a aumentar, sin llegar a lo solemne, la trascendencia de la voz del poeta.

Un componente fundamental de Resistencia es la fraternidad no sólo con los hombres y mujeres que conviven en la deportación, sino también con los propios habitantes de Oremburgo y su dura vida por sobrevivir, pero también con la alegría que les proporciona su sencilla existencia. Fraternidad que recorre, en forma de elegías, diversos poemas del libro e incluso dedica uno de ellos, “Constelación de los hermanos muertos” a recordar a todos sus compañeros de lucha, dese sus tiempos de anarquista en Francia, asesinados o muertos. Una de las elegías más conmovedoras es la dedicada al novelista rumano-francés Panaït Istrati, fallecido en 1935 y que ayudó a Serge en el momento en que empezaron las persecuciones contra él y su familia. En el largo poema además de rememorar a su amigo, arremete violentamente contra los escritores hipócritas y acomodaticios que no querían ver la degeneración del ideal revolucionario de la Unión Soviética. Y finaliza con esa fraternidad de ultratumba tan querida por Serge: 

“La tormenta fresca de tu muerte me atormenta y me apacigua. / 
Todo esto es una tumba y será la mía y será la nuestra, / 
nuestra vida continúa. / 
Escucho por ti / 
Qué radiante silencio cae sobre los clamores”.

En otros poemas, esa fraternidad se amplia, hasta hacerse comunión, con todo el universo, el firmamento, la tierra con el paisaje solitario, grandioso y duro de las estepas, sus animales… Serge, acostumbrado al cosmopolitismo de ciudades como París, Barcelona, Berlín o Leningrado se sintió fascinado por la naturaleza en estado puro que rodeaba Oremburgo y desde el primer poema nos los transmiten sus versos:

“la arcilla primigenia tiene tonalidades de coral /
el sol hunde en ella espantosos clavos rojos”,

“divino planeta giratorio /
tus Eurasias tus mares cantarines, /
La Osa Mayor brilla delante de mi ventana; /
y detrás de la casa se extiende la llanura, /
tan vasta y desnuda que es como el fin de la tierra”…

Mientras permaneció en Oremburgo, Serge continuó militando en la Oposición de Izquierdas y formaba parte de una célula constituida por antiguos bolcheviques que también habían sido deportados. A ellos va dedicado el libro como consta en la primera página del mismo. Aprovechando sus paseos por los alrededores de la ciudad, mantenían sus reuniones para discutir sobre la realidad soviética y como intentar cambiarla. En un hermoso poema. “Barca sobre el Ural” rememora aquellas excursiones de deportados y no puede evitar sustraerse al sentimiento de hermandad y belleza que les embriagaba:

“Rema, Vassili, rema, rememos /
con un solo impulso, somos hermanos /
en la derrota y en la miseria. /
Más valerosa y grande nuestra derrota /
que su victoria embustera…”

Sin embargo, el poema remarca la amistad y el lector no tiene porqué saber que sus compañeros de viaje eran deportados.
Aunque la poesía de Serge no es en modo alguno moralizante, didáctica o partidista, en Resistencia dedica un extenso poema, “Historia de Rusia” a varios episodios del pasado de su país en que es fácil descubrir analogías con la situación de la Unión Soviética en ese momento. Desde la autocracia del zar Alejo I, y la rebelión cosaca de Stenka Razin. La tercera parte del poema “Confesión”, escrita ya en París después de su liberación, está directamente inspirada en los Procesos de Moscú en que la contrarrevolución, con ademanes de revolución, devoró a los revolucionarios, que en muchos casos creían necesario su sacrificio. Son estremecedores algunos de sus versos:

“¿Qué más podemos hacer sino arrodillarnos ante ti /
en esta vergüenza y esta angustia, /
si, al servirte, hemos convocado sobre ti tales tinieblas?”

La traducción

El estilo literario de Serge es muy directo, muy duro, en algunos momentos casi lapidario. Por eso, en algunos de sus libros el lenguaje y la sintaxis nos llaman la atención y nos pueden hacer creer que estamos ante una mala traducción. No es verdad. En general Victor Serge ha tenido buenos traductores. La Resistencia ha tenido la suerte de haber sido realizada por Luis Martínez de Serlo, uno de los mejores traductores españoles y además poeta. En su “Advertencia del traductor”, además de descubrirnos su fascinación por Victor Serge, quien desconocía casi completamente, nos hace una disección de su trabajo en el libro de Serge y su poética: “Basada la poesía de Serge en el verso libre, de amplio aliento vesicular, con sus estribillos, sus reiteraciones, sus síncopas, sus anáforas, sus apóstrofes, sus enumeraciones, etc. y siendo sus herramientas una lengua casi en su “grado cero” de austeridad, claridad y simplicidad, en la tradición de estos poemas de Residencia, creo haber logrado, en cierto sentido, el desiderátum de mi idea de la traducción: la literalidad, la equivalencia casi completa entre ambos textos paralelos, el francés y el español”. Con este enfoque nos encontramos  con una traducción ejemplar, que ha conservado todo el estilo de Serge sin ablandar el texto ni cambiar su propio discurso y conservando “su poderosa entonación declamatoria, entre vanguardia y tradición bíblica, entre salmodia y aullido, quejumbroso y protesta, manifiesto y lamentación”.


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