lunes, 4 de abril de 2011

Ni dictaduras ni guerras imperialistas: Túnez, Egipto, Libia… Acto público en Madrid con Gilbert Achcar.










El pasado 1 de abril se celebró en Madrid, en el Club de Amigos de la UNESCO (CAUM), el acto público de solidaridad con las revoluciones en el mundo árabe convocado por Izquierda Anticapitalista. Bajo el lema “Túnez, Egipto, Libia... Viva la revolución” contamos con la presencia del profesor libanés Gilbert Achcar, uno de los intelectuales de izquierdas más reputados internacionalmente por sus análisis sobre la región. Desgraciadamente no pudimos contar también con la aportación de la sindicalista y activista feminista tunecina, Wasila Ayachi, por problemas de visado.

El acto, al que acudieron decenas de personas, llenó la sala del CAUM hasta superar las 130 personas. Intervino en primer lugar para presentar el acto Miguel Urbán, en nombre de Izquierda Anticapitalista, que formó parte de la delegación que visitó Túnez hace unas semanas, reivindicando la actualidad del proceso revolucionario que se vive en aquél país y el ambiente, conciencia y organización que se están desarrollando. Una situación abierta, en la que las fuerzas de la izquierda están jugando un papel fundamental, a la hora de vincular las demandas democráticas a las reivindicaciones de transformación social.

Gilbert Achcar ofreció una rica exposición introductoria al tema, en la cual repasó el contexto histórico de la formación de los regímenes dictatoriales que han caído o están amenazados por el movimiento de masas en Túnez, Libia, Egipto, Yemen, Bahrein o Siria. En el caso de Túnez, un régimen apoyado en una mafia capitalista liderada por Ben Alí con el apoyo de Francia, que fue derribado en un país con un fuerte movimiento obrero organizado en la UGTT, donde las fuerzas armadas le abandonaron ante el empuje de las movilizaciones populares, precisando que es el país donde más se ha avanzado, como pone de manifiesto la conquista de las libertades democráticas y la construcción de espacios de autoorganización de la población, alternativos al Estado en crisis. Respecto a Egipto, la caída del sátrapa Mubarak (durante años bastión de EEUU en la zona) también es protagonizada por la organización de las masas y un contexto previo de fuertes huelgas obreras (en sectores como el textil) pero donde el poder sigue detentado por su fuente original: el Ejército; el movimiento sindical no es la principal fuerza de oposición al estar todavía en los inicios de su recomposición independiente, y el partido del poder sigue detentando capacidad política. Por otro lado, la principal organización opositora, los islamistas reaccionarios de los Hermanos Musulmanes, no han sido capaces de jugar un papel dirigente sino que se han visto obligados a acompañar el proceso. No obstante, los partidos laicos liberales o de izquierdas se encuentran con una fuerza muy débil aún y no han conseguido pasar a la ofensiva mientras la iniciativa, como se constató en el referéndum constitucional, la conserva el Ejército, apoyado tácticamente por los islamistas, que quiere acabar con la oleada huelguística desatada por los trabajadores egipcios que reivindican la mejora radical de sus condiciones sociales. En Libia presenciamos un levantamiento popular que ha sobrevenido en guerra civil, al atrincherarse un régimen corrupto y patrimonial que ha utilizado una represión feroz contra la población, mientras ésta se armaba y le hacía frente. El régimen de Gadafi, que durante años usó la renta petrolera para subsidiar y mantener bajo control a ciertas capas sociales, ha intentado aplastar a sangre y fuego un movimiento que de ser derrotado, supondría un grave punto de inflexión negativo para el proceso que vive el conjunto del mundo árabe.



Achcar también ilustró la comparación con el contexto internacional que se vivió en los años 70, donde la influencia de la izquierda y la crisis del capitalismo fomentó el desarrollo de procesos claramente progresistas; aunque manifestó que en la región no había sido una total “sorpresa” el estallido de estos levantamientos, tras años de depauperización económica, aumento drástico de la carestía de la vida, etc. Asimismo destacó el papel de la juventud como catalizadora de las aspiraciones de cambio, el rol clave jugado por el movimiento obrero organizado o la utilidad accesoria de las redes sociales o algunos medios de comunicación en la vinculación internacional y la rapidez de la extensión de la situación que se vive desde el comienzo de este año 2011. Como eje reivindicó la reconstrucción de “una izquierda de izquierdas” con un programa anticapitalista y laico, que sirva para unir a las distintas corrientes revolucionarias y también a reformistas o nacionalistas de izquierda, así como ser capaz de integrar a sectores musulmanes pero defensores de las libertades, los derechos humanos y los derechos de la mujer.

Respecto al caso libio, el proceso ha vivido la intervención de las fuerzas imperialistas de la OTAN tras la resolución del Consejo de Seguridad de la ONU, en el momento en el que las tropas mercenarias de Gadafi se encontraban a las puertas de Bengasi, amenazando con perpetrar una masacre de incalculables víctimas. Achcar la comparó con la perpetrada por el régimen sirio en la localidad de Hama en 1982, con menos de un tercio de la población de la capital oriental libia, y que causó más de 25.000 muertos. Por tanto, incidió en la hipocresía de unas potencias occidentales que miran a otro lado ante masacres de manifestantes como las vividas en Bahrein o Yemen, mientras tenían la necesidad de intervenir en Libia ante la presión de sus propias poblaciones y el peligro de tener que decretar un embargo petrolero a una de sus principales fuentes de crudo, que hasta febrero de este año estaba privatizado y gestionado por las grandes petroleras occidentales como la ENI italiana, la BP británica, la Repsol española, Total o GDF francesas o las norteamericanas ConocoPhillips, Hess u Occidental.

Ante esta situación, Achcar manifestó su opinión, analizada en diversos artículos y entrevistas publicados en Viento Sur, favorable al establecimiento de la zona de exclusión aérea pedida por la insurgencia libia como única salida plausible para frenar a las fuerzas de Gadafi, evitar la masacre en Bengasi y que los rebeldes puedan contraatacar con garantías. Respecto a este punto destacó la convicción general de los pueblos árabes contraria a cualquier presencia militar terrestre que desembocara en una ocupación y la ausencia de movilizaciones contrarias al establecimiento de la zona de exclusión aérea. En cualquier caso hizo hincapié en reivindicar actualmente el cese de los bombardeos de la OTAN y en la exigencia de armamento incondicional de los revolucionarios libios para derrotar a la dictadura.

A continuación se abrieron varios turnos de palabras para abarcar las numerosas preguntas, críticas o intervenciones de los asistentes al acto. En éstas se hizo hincapié, lógicamente, en la cuestión de cómo analizar la intervención imperialista y oponerse a ella, algo que la izquierda alternativa ha debatido con intensidad en Europa en las últimas semanas.

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