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martes, 25 de octubre de 2011

Libia: empezar de cero.

Un análisis de Mayte Carrasco by mundo negro digital


Libia: empezar de cero. Un análisis de Mayte Carrasco. from mundo negro digital on Vimeo.


Después de la muerte de Gadafi y la victoria de los “rebeldes” con ayuda de la OTAN, es momento de detenerse a observar la situación presente en Libia y sus posibles escenarios futuros. Hace unos días entrevistamos a Mayte Carrasco, reportera de guerra freelance y miembro de la junta directiva de Reporteros Sin Fronteras.

Lo que sigue es el vídeo de la entrevista y un resumen de los temas que en él se tratan. Puedes utilizar el código de tiempo para desplazarte a las partes que más te interesen.

Mayte Carrasco ha regresado hace unas semanas procedente de Libia. En la entrevista nos cuenta sus impresiones y analiza tanto la situación actual como las perspectivas de un país que está dejando atrás una dictadura después de más de 40 años. La periodista explica lo que está sucediendo en Libia y reflexiona sobre las amenazas y las oportunidades que surgen tras los vientos de cambio que llevan las revoluciones conocidas como "primavera árabe".

Mayte Carrasco es reportera de guerra freelance y miembro de la junta directiva de Reporteros Sin Fronteras.

La entrevista consta de los siguientes capítulos:

1- Llegada a Libia y situación general

2- Actores políticos para el nuevo gobierno. (A partir de 2:38)

3- La situación de las mujeres. (A partir de 8:18)

4- El Consejo Nacional de Transición. (A partir de 11:46)

5- Inmigrantes subsaharianos y refugiados. (A partir de 13:37)

6- Intervención de la OTAN. (A partir de 16:09)

7- La propaganda de Gadafi. (A partir de 17:54)

8- El futuro de las revoluciones: peligros y oportunidades. (A partir de 18:53)

9- El papel de Occidente. (A partir de 21:13)

10- Riesgos. (24:21)

Una entrevista de Gonzalo Gómez y Javier Sánchez Salcedo


Comisión de investigación, control y castigo en libia

Tras la caída del régimen Dictatorial de Gadafi una de las muchas tareas importantes que debería acometer el nuevo gobierno transitorio del CNT sería la de constituir una Comisión de investigación, control y castigo de todos los excesos, represalias, vulneraciones y violaciones de los derechos humanos y de la convención de Ginebra, que se hayan cometido durante la guerra civil que desato el tirano, torturado y asesino de Gadafi, controlando así día a día el presente para instalar la Paz, la estabilidad y la prosperidad para todo el pueblo libio, que tanto se merece, sin marginar a los defensores del antiguo régimen. 
Esta Comisión debería de estar integrada por las organizaciones libias de derechos humanos, la media luna roja, junto a los jueces populares independientes del anterior régimen, que sean elegidos por las organizaciones populares. 

La alegría por el derrocamiento del régimen dictatorial de Gadafi y la retirada de la asistencia militar de la OTAN deben dar paso de cara al futuro a una Libia democrática, libre, unida, soberana y garante de todas la libertades civiles y políticas para toda la ciudadanía, garante de los derechos humanos y sociales sin discriminación de ningún tipo. Una libia democrática, igualitaria y digna que pueda avanzar hacia una sociedad libre de toda explotación y opresión. 

¡Viva la primavera árabe! ¡Viva la lucha de los pueblos árabes contra las tiranías! ¡Indignados/as del mundo solidaridad!

Jerónimo

Pd.- El DEIA enfoca este drama con algo de humor negro, que nunca viene mal después de tantos sufrimientos del pueblo libio.





domingo, 16 de octubre de 2011

Libia: “En el Consejo Nacional falta el pueblo que se levantó en febrero”

Karlos Zurutuza, 14/10/2011

Foto: Demostración de fuerza de los bereberes en Trípoli, donde cubrieron la plaza de los Mártires con banderas amazigs.

Karlos Zurutuza fue de los primeros periodistas en comprender la importancia que estaba adquiriendo en la guerra de Libia el frente de los montes Nafusa, desde donde se desencadenó la ofensiva que terminó con la toma de Trípoli. Su opinión y también las referencias que realiza a otros trabajos sobre el conflicto permiten aproximarnos un poco más a lo que está ocurriendo en este país.

¿Qué impresión general has sacado de tu estancia en los montes Nafusa?

Fueron mi puerta a Libia. Según avanzábamos hacia Trípoli me daba cuenta de los distintos que eran tanto el paisaje como la gente. Se trata de un “plateau”, una especie de meseta árida sobre el desierto en la que se extienden tanto pueblos bereberes como árabes. Lo curioso es que, de entre las más de 20 aldeas en Nafusa sólo en una, en Rehibat, se mezclan ambas comunidades. Hablamos pues de una fortaleza de roca en la que árabes y bereberes han vivido juntos durante siglos, pero nunca “revueltos”.

¿Cómo era la organización administrativa en las zonas bajo control rebelde?

Cada localidad tenía su consejo local con sub-órganos que se encargaban de la defensa, los suministros, el transporte… Estos dependían a su vez de localidades más significativas como Zintan, Yefrén o Nalut. El mando rebelde del frente occidental (que correspondía a la antigua Tripolitana) estaba establecido en Zintan, localidad que se convertiría en uno de los centros neurálgicos en el avance hacia Trípoli.

Ciertos sectores han denunciado la presencia de mercenarios altamente equipados y miembros de al Qaeda sobre el terreno. ¿Cuál ha sido tu impresión?  

Si algo me llamó la atención en Nafusa era lo precario que era todo. La mayoría de los combatientes que conocí eran civiles sin instrucción militar; médicos, profesores, agricultores, administrativos… de un día para otro se habían tenido que “reinventar” ante la nueva coyuntura. Respecto al armamento que usaban, los mejor equipados contaban con un FAL (rifle de asalto belga de los años 50) o, en el mejor de los casos, con un kalashnikov. Recuerdo ver a más de uno en el frente con fusiles de cerrojo, o incluso sin armas. Respecto al perfil de aquellos que combatían en Bengasi, recomiendo leer lo recogido por el periodista de Iruñea, Alberto Pradilla .

¿Había organizaciones políticas? ¿Qué ideología tienen?

En Nafusa la preocupación principal eran los suministros. Todo lo que comíamos, bebíamos; las armas que usaban los rebeldes, la gasolina, etc llegaban a través de la frontera de Túnez. Si a eso le añades la preocupación por los cohetes GRAD que Gadafi lanzaba desde el valle, y el tener que ir al frente con muy pocos medios, enseguida te das cuenta que formar un partido político dejaba de ser una prioridad. No obstante, en Nalut, Yefrén y en otras aldeas me encontré con bereberes que parecían obsesionados con recuperar en pocos días lo que se les había prohibido en cuatro décadas: publicaban periódicos y emitían programas de radio en lengua amazig… incluso tuve la oportunidad de visitar la primera escuela en esa lengua para los niños de Yefrén. Ya en Trípoli me los volví a encontrar y allí empezaban a hablar de sentar las bases de un partido político.

¿Crees que Libia tendrá realmente un sistema democrático?

martes, 27 de septiembre de 2011

Libia, rebeliones y regímenes



Luis M. Sáenz
Revista Trasversales número 23,  septiembre 2011

Textos del autor en Trasversales

Ahora, cuando todo indica que estamos ante la derrota definitiva de la tiranía gadafista, aunque aún quede quede algún foco ocupado por sus partidarios, me parece el momento oportuno para hacer algunas reflexiones generales sobre la actitud a tomar ante las rebeliones sociales y ante los regímenes que puedan sucederlas.
Simplificando un poco, entre lo que, por usar algún término reconocible, pero cada vez menos operativo, podríamos llamar "las izquierdas", ha habido tres posturas (con muchos matices):
a) Quienes han apoyado a Gadafi y han planteado que la prioridad era oponerse a la "guerra imperialista".
b) Quienes han apoyado la rebelión popular pero han dicho que había que oponerse también a la intervención de la OTAN.
c) Quienes hemos apoyado la rebelión popular y hemos defendido su derecho a establecer las alianzas que fuesen necesarias para impedir que fuese masacrada y aplastada.

Gadafi ha sido derrotado. En líneas generales, desde la posición (a) se lamenta y se apoya una supuesta "resistencia" gadafista, desde la (b) se felicitan de la derrota de Gadafi pero se sigue considerando que había que oponerse a la intervención de la OTAN, y desde la posición (c) también nos felicitamos de la victoria popular y seguimos pensando que, lamentablemente, sin la intervención Gadafi habría masacrado al pueblo rebelde, lo que a su vez habría tenido muy malas consecuencias para las rebeliones sociales en toda la zona. Los hechos no pueden deshacer el embrollo, pues, obviando la postura (a) que, pura y simplemente, se sitúa en un bando distinto a (b) y (c), ni quienes pensamos (c) podemos demostrar irrefutablemente que si no hubiese habido intervención Gadafi habría arrasado Bengasi y los territorios liberados, ni quienes piensan (b) pueden demostrar que la rebelión podría haber ganado sin intervención. Tampoco podemos tirarnos de forma oportunista los muertos a la cara, porque tanto la intervención como la no-intervención causaban muertos (salvo que se piense que dejar que maten a alguien pudiéndolo impedir no es una forma de causar muertes). A mi entender, la diferencia esencial entre (b) y (c) residía en prioridades: ¿qué era más importante en esas circunstancias, que el pueblo libio derrotase a Gadafi o mantener una postura contraria a cualquier intervención de las potencias capitalistas? Pero de ese tema ya he tratado en otros artículos.
Así que quiero adoptar otra perspectiva, más vinculada a lo que viene que a lo ya pasado, diferenciando la postura ante una rebelión popular contra un "viejo régimen" y la postura ante el "nuevo régimen" que puede sustituir al antiguo. Son dos problemas diferentes.

jueves, 22 de septiembre de 2011

Libia, el caos y nosotros



Santiago Alba Rico|Gara

La última semana de agosto, tras la entrada de los rebeldes en Trípoli, el mundo árabe estalló en un grito de alivio y júbilo. En Yemen y Siria las manifestaciones contra las dictaduras de Ali Saleh y Bachar Al-Assad multiplicaron su número e intensidad al calor de esta victoria que todos los pueblos de la región vivieron como propia. En Túnez, el 22 y 23 de agosto, refugiados libios y ciudadanos tunecinos lo celebraron en la capital, pero también en Sfax, Gabes y Jerba, la caída de Gadafi.

Los propios partidos de izquierda se sumaron a la celebración. El Partido Comunista Obrero de Túnez, de Hama Hamami, uno de los opositores más perseguidos por el régimen de Ben Ali, difundía el 24 de agosto un comunicado en el que felicitaba «al hermano pueblo de Libia por su victoria sobre el despótico y corrupto régimen de Gadafi, confiando en que ahora el pueblo libio pueda decidir su destino, recuperar sus libertades y derechos y construir un sistema político basado en la soberanía que le permita regenerar su país, movilizar sus riquezas en favor de todos los ciudadanos y establecer profundas relaciones de hermandad con los pueblos vecinos».

En los últimos seis meses, en todas las capitales árabes donde la gente protestaba contra los dictadores locales, a menudo jugándose la vida, se han celebrado manifestaciones de solidaridad con el pueblo libio; nos guste o no, aún siendo una de las zonas más anti-imperialistas del mundo, no ha habido ninguna protesta contra la intervención de la OTAN.

Estos últimos meses he tenido a veces la impresión de que mientras la derecha coloniza y bombardea el mundo árabe, la izquierda (parte de la izquierda europea y latinoamericana) le indica cuándo, cómo y de quién debe liberarse. No voy a entrar en una polémica muy pugnaz que ha fracturado el campo anti-imperialista; sólo quiero dejar constancia de que el único lugar donde esa polémica no ha existido ha sido curiosamente donde se producían los acontecimientos. Mientras la izquierda occidental se intercambiaba bofetadas en torno a la intervención de la OTAN, los pueblos árabes, acompañados por una izquierda regional a la que ni en Europa ni en América Latina se escuchaba, se dedicaban y se dedican a combatir las dictaduras con medios y en condiciones que ningún análisis marxista habría previsto y probablemente tampoco deseado. El caso es que tampoco las potencias occidentales habían previsto ni deseado lo ocurrido y el resultado de su improvisación chapucera, tan hipócrita como diligente, es aún una incógnita. Uno de los errores del esquemático análisis de un sector de la izquierda occidental (tan occidental en esto como occidentales son las bombas de la OTAN) es el de llamar la atención sobre los intereses euro-estadounidenses en Libia, como si esos intereses no hubieran estado asegurados bajo Gadafi y como si, en cualquier caso, de una enumeración de intereses se desprendiese necesariamente una intervención. No se interviene donde y cuando se quiere sino donde y cuando se puede. Los intereses interesan, sin duda, pero no hacen posible una intervención militar.

lunes, 12 de septiembre de 2011

Libia Después de Gadafi .Gilbert Achcar

 
En esta entrevista, David Wearing, de New Left Project (NLP), formula algunas preguntas sobre las críticas de que ha sido objeto en los últimos meses la posición de Gilbert Achcar en relación con la intervención de la OTAN en Libia y acerca de la nueva situación en este país.]

David Wearing: Tal como yo la entiendo, tu posición es que mientras debemos oponernos al intento de la OTAN de secuestrar la revolución libia para sus propios fines, esta oposición no debía manifestarse en la fase inicial de la acción militar, que probablemente salvó a Bengasi de graves atrocidades a manos de las fuerzas gadafistas. Después, habría que dar preferencia a la entrega de armas a los rebeldes en vez de la continuación de la intervención de la OTAN con el propósito de cambiar el régimen (a la que hay que oponerse por motivos antiimperialistas). En primer lugar, ¿es esta una descripción correcta de tu posición, y si no lo es, podrías aclararnos en qué consiste? En segundo lugar, ¿es realista apoyar una acción militar limitada de la OTAN, o no oponerse a ella, porque habría protegido a la población de Bengasi, pero estar en contra de la ulterior implicación de la OTAN, dado que era muy probable que esta última fuera la consecuencia lógica de la primera? ¿Acaso no era desde el principio muy poco probable que la intervención de la OTAN se circunscribiera a la defensa de Bengasi?

Gilbert Achcar: Son dos preguntas en una y contestaré a ambas al mismo tiempo. Permíteme, sin embargo, empezar con un comentario sobre el debate provocado en torno a mi posición en círculos de la izquierda radical en Europa y América. (Delimito la región porque en el mundo de lengua árabe, al que pertenezco, no ha habido nada ni remotamente similar, pese a que mi posición se expuso tanto en árabe, si no más, como en las lenguas europeas.)

Como destacaron muchos militantes razonables de la izquierda radical, la cuestión libia era, y sigue siendo, un asunto complicado en el que los antiimperialistas se ven confrontados con una situación sin precedentes en la que la OTAN afirma que interviene en nombre de un verdadero levantamiento popular democrático. Para aquellos cuyo antiimperialismo viene acompañado de una fascinación por los “caudillos”, la cuestión estaba clara desde el principio: Gadafi es un “gran líder revolucionario” y los insurgentes libios son el equivalente de la “contra” nicaragüense. Ante estos argumentos es sumamente difícil mantener un debate fructífero. Sin embargo, en lo que respecta a la izquierda antiestalinista, era de esperar o deseable que hubiera un debate con un grado de sofisticación acorde con la complejidad de la cuestión. Salvo algunas excepciones, por desgracia, este no ha sido el caso, ni mucho menos.

viernes, 9 de septiembre de 2011

LIBIA: Dictadura 0 / Oposición 1


Acacio Puig / Comisión de Oriente Medio de Izquierda Anticapitalista

El 21 de agosto el poder de Gadafi se derrumbó en Libia. El 22, la prensa internacional difundió la entrada en Trípoli de las fuerzas con vocación de sucederle y el inicio de una transición incierta. Si el 30 de agosto la ONU proponía elecciones en 9 meses, tres días después el gobierno provisional, ejercido por el CNT, las aplazaba 20 meses con objeto de preparar una transición ordenada en que la convocatoria de Asamblea Constituyente y el desarme de los civiles armados se pudieran combinar con nuevas aperturas a la inversión económica extranjera (eufemísticamente bautizadas como reformas económicas). Así, a la opacidad de 42 años de dictadura acompañados de retórica, primero tercermundista y después patriotera-neoliberal, sucede la opacidad de una oposición amalgamada durante los seis meses de guerra que se adoba con verborrea democrático-proneoliberal.

La caída del régimen gadafista es, en cualquier caso, una buena noticia para la militancia internacionalista. Cuando una dictadura se hunde, el espacio socio-político se oxigena y las posibilidades de agrupamientos, creación de nuevas organizaciones y por tanto, emergencia de nuevos combates, propuestas y avances encuentran oportunidades hasta ayer inexistentes.

martes, 30 de agosto de 2011

"La importancia de la caída del régimen de Muamar el Gadafi"



Marcelino Fraile

Pocas veces las personas que luchamos contra la opresión y la injusticia tenemos motivos para estar contentos, o para poder celebrar la caída de un dictador. Hoy gracias a la rebeldía y a las heroicas luchas de las masas árabes y beréberes, que se vienen desatando desde el pasado febrero de este año, podemos celebrar la caída de un tercer tirano del norte de Africa.

Solo por el valor, la dignidad, la generosidad, la sangre derramada y la abnegación de las masas tunecinas, egipcias y libias en su lucha contra la injusticia, el autoritarismo y la represión, podemos disfrutar de la victoria, del ejemplo y de la felicidad de ver derrocados a Ben Ali, Mubarak y por fin al criminal Muamar el Gadafi.

El derrocamiento del régimen de Gadafi tiene una enorme importancia para todas las personas que luchamos contra el actual sistema capitalista, tanto en Oriente como en Occidente. Esta victoria es un golpe decisivo no solo contra el régimen dictatorial de  Gadafi, sino contra todos los regímenes autoritarios y represivos como el de Siria, Yemen, ..., o el Israel que han decidido combatir la rebeldía de sus pueblos con mas represión, asesinatos, torturas, detenciones, bombardeos y persecuciones.

La victoria de las masas y de la juventud rebelde libia nos esta mostrando: que a los tiranos se les puede derrocar, que las vías represivas que emprenden los gobiernos para aplastar la lucha política y social se pueden derrotar. Incluso, por encima de los engaños o de la ayuda interesada, hipócrita y condicionada de la OTAN.

La “conspiración” de la OTAN contra la revolución libia


VS 0 | | sección: web | 21/08/2011
Gilbert Achcar (Jadaliyya)

En un editorial publicado en el Wall Street Journal (19/07/2011), Max Boot –autor e historiador militar neoconservador, conocido por su apoyo al “fomento de la democracia” a punta de pistola y ardiente defensor de la plena implicación militar de EE UU en Libia– se refirió a un artículo aparecido en el Financial Times (15/06/2011) que comparaba la actual campaña de bombardeos aéreos sobre Libia con la guerra aérea sobre Kosovo en 1999 para subrayar “la falta de potencia de fuego en la operación libia”. Boot comenta, abundando en la misma comparación con detalles adicionales:

“La guerra anterior apenas llegó a ‘Apocalypse Now’: estaba estrictamente delimitada por derecho propio. Sin embargo, al cabo de 78 días en Kosovo, los aliados de la OTAN habían aportado 1.100 aviones y realizado 38.004 misiones. Por el contrario, en Libia la OTAN sólo ha enviado 250 aviones y efectuado 11.107 incursiones. No es extraño, entonces, que al cabo de 78 días Slobodan Milosevic decidiera entregar Kosovo, mientras que después de 124 días, por ahora, Gadafi sigue aferrado al poder.”

Las paradojas libias de la OTAN

En la operación “Tormenta del Desierto”, lanzada por la coalición encabezada por EE UU contra Irak en 1991, no se necesitaron más que once días para igualar el número antes indicado de incursiones aéreas realizadas en Libia en 78 días. El número total de misiones alcanzó en 43 días de “Tormenta del Desierto” un promedio de 2.555 diarias. Tras la devastación provocada por esa “tormenta” y las ulteriores campañas de bombardeos a lo largo de los doce años de embargo entre 1991 y 2003, durante las primeras cuatro semanas de la llamada operación “Libertad iraquí” se efectuaron 41.850 misiones, de las que 15.825 fueron incursiones de ataque, con un promedio de 565 diarias. Andrew Gilligan ha podido escribir por tanto en The Spectator (4/06/2011) sobre el caso libio:

“Pese a todas las invocaciones rituales de unos supuestos ataques ‘intensificados’ y de los ‘bombardeos más fuertes hasta la fecha’, los bombardeos son y han sido siempre relativamente débiles. A lo largo de toda la operación, el número de misiones de ataque de la OTAN –de las que sólo una parte dan lugar a un ataque aéreo efectivo– no asciende en promedio más que a 57 por día, menos de la mitad que en la operación muy similar de la Alianza en Kosovo, y una mera fracción de lo que hicieron EE UU y el Reino Unido en Irak.”

lunes, 25 de julio de 2011

Silenciando la Revolución


Yasmin Elhamdi

CASA LIBIA

La intervención de la OTAN en Libia es hoy por hoy uno de los hechos más controvertidos del panorama global. Cierto es que la controversia la generan más las opiniones al respecto de la misma que se producen casi a diario en diversos medios de comunicación que la intervención en sí.

Si bien existen (existimos) numerosas voces que afirman que la zona de exclusión aérea ha sido y es la única vía efectiva, aunque no desinteresada, de salvaguardar la vida de la población libia también hay otras que claman en su contra por considerarla la mayoría de las veces, una injerencia contra un Estado soberano motivada por el afán de expoliar el petróleo libio.

Este debate tiene la virtud de alejar del espectro mediático la existencia en Libia de una sociedad capaz de luchar hasta la muerte por enterrar a un régimen dictatorial, cleptócrata, corrupto y sanguinario y  de relegar al olvido, por ende, sus demandas.

Sobra decir que tantas opiniones a favor y en contra no son siempre ruido. Hay personas críticas con la intervención capaces de sostener un debate serio pero que, en última instancia, se ve motivado por su particular rechazo a la OTAN (algo legítimo por otra parte) y que una vez más, no tiene en cuenta la aprobación de la intervención por parte del único órgano que representa de manera legítima a la sociedad libia en su conjunto, el Consejo Nacional Transitorio.

 Además, lo que subyace al grueso de los discursos anti intervención es el acallamiento de la voz del pueblo libio, que se ha manifestado desde el primer momento de la Revolución a favor de la creación de un Estado de Derecho democrático, libre y  soberano, al que le exigen ser capaz de garantizar de forma efectiva los derechos y libertades civiles y políticos que la ciudadanía debe (quiere) detentar, en ausencia de coacción, coerción y violencia.

Sin embargo son much@s los que nos alertan en diversos artículos, blogs y un sinfín de espacios, de los terribles peligros y amenazas que acechan a los habitantes de este país africano que, hasta hace no mucho, se hallaba relegado al ostracismo mediático e informativo (incluso académico, literario…etc) Este ostracismo acabó provocando un desconocimiento sobre Libia, una suerte de vacío,  que es aprovechado por much@s para sustentar sus opiniones sobre lo que consideran una guerra por petróleo.

Para ello su estrategia suele consistir en hablarnos de la bonanza económica en la que la ciudadanía libia se encontraba felizmente sumergida y en lo excelentes que eran el sistema educativo y sanitario. Y ello porque se hallaban gobernados por uno de los pocos regímenes del mundo que reconocía que el petróleo no le pertenecía a él sino a la población.

Nos presentan así la conversión de la ficción socialista y antiimperialista del régimen de Gaddafi en mito, pero situando, curiosamente, todo análisis dentro de parámetros economicistas y midiendo el bienestar de manera cuantitativa. Bienestar que  gira siempre alrededor del sacrosanto petróleo.

sábado, 16 de julio de 2011

Occidente trata de cerrar a toda costa la guerra en Libia


Nota del editor del Blog.- "Adjunto esta noticia, para aportar al menos una información de prensa de la evolución de la guerra civil desatada contra su pueblo por el coronel Gadafi, del sufrimiento actual del pueblo libio por parte de este dictador y de las dificultades por las que atraviesa la insurrección rebelde. 
Así como, para desenmascarar los intereses que mueven a la intervención de las fuerzas de la OTAN y también, para poder hacer visible la escasa o nula solidaridad que recibe la rebeldía libia, por parte del las organizaciones de izquierda, de todo tipo, de Europa y del mundo". 
Jerónimo.

 

El cansancio por el estancamiento militar fuerza una solución incluso pactando con Gadafi

TRINIDAD DEIROS - PUBLICO - 15/07/2011

El día que empezaron los bombardeos sobre Libia, el 19 de marzo, pocos daban algo más que unos días al régimen de Muamar Gadafi. Hoy, cuatro meses después, lo que en palabras del presidente francés, Nicolas Sarkozy, y del primer ministro británico, David Cameron, sonaba a paseo militar se ha convertido en una guerra en toda regla, cuyo curso no termina de definirse.

El estancamiento del conflicto, la incapacidad de los sublevados libios de afianzar sus frágiles avances militares y el coste económico de la guerra están poniendo a prueba no sólo la capacidad militar de los países que participan en la coalición coordinada por la OTAN, sino también el crédito político de quienes promovieron la operación militar. 

Aunque no hay datos oficiales del conjunto de las operaciones en Libia, se conocen cifras como que, en junio, EEUU había gastado 505 millones de euros; Reino Unido, 228; Francia, 160; Italia, 142 y España, 43.
El cansancio de una guerra que ejércitos de países como EEUU, Francia y Reino Unido (los más implicados) y otros como España deben compaginar con la de Afganistán, está llevando a Occidente a forzar la máquina para lograr una solución política. El martes, el primer ministro francés, Alain Juppé, confirmó que "países de la OTAN" han mantenido contactos con emisarios de Gadafi y que una solución política "está tomando forma".

lunes, 9 de mayo de 2011

El silencio de la doctora Sergewa


 

Esta médico ha logrado que cientos de libias confíen en ella y confiesen las violaciones sufridas por tropas de Gadafi


Lo más cerca que se puede llegar a las mujeres presuntamente violadas por las tropas de Muamar Gadafi en Libia es la doctora Seham Sergewa. Ella pasa por ser la única que ha podido documentar una barbarie que cifra con exactitud en «259 casos en el este del país», controlado por los rebeldes, más otros 50 registrados entre las huidas a Túnez, de donde la médico regresaba el viernes tras visitar los campos de refugiados fronterizos, que albergan 24.000 familias.

«Algunas dicen que han sido raptadas y violadas varias veces por entre seis y quince hombres, en el desierto; otras que en sus casas, ante sus padres y hermanos... o sus hijos», relata esta psiquiatra del hospital de salud mental de Bengasi. Sergewa detalla que las víctimas tienen entre 14 y 54 años y algunas «quieren suicidarse o han pedido a sus familiares que las maten» y que los autores son «africanos» -como comúnmente se denomina a los mercenarios a sueldo del coronel-, y «también libios».

viernes, 29 de abril de 2011

La insurrección libia entre el martillo de Gadafi, el yunque de la OTAN y la confusión de la izquierda



Resultados y perspectivas
VS 0 | | sección: web | 28/04/2011
Gilbert Achcar

Ha pasado más de un mes desde que la coalición encabezada por la OTAN inició su intervención militar en Libia, después de que el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (CSNU) adoptara, el 17 de marzo, su resolución n.º 1973 autorizando el establecimiento de una zona de exclusión aérea y la adopción de “todas las medidas necesarias” para “proteger a los civiles y las zonas habitadas por civiles”.

Esta resolución y la consiguiente intervención militar habían sido reclamadas con urgencia por fuentes relacionadas con la insurrección libia que comenzó a cobrar impulso a mediados de febrero, inspirada por el éxito del levantamiento egipcio que logró derrocar a Hosni Mubarak. Además de la enorme multitud de personas ajenas a la política que estaban lógicamente hartas después de más de 40 años de dictadura de un psicópata, la insurrección reunió el mismo abanico de fuerzas políticas que impulsan la mayoría de levantamientos en curso en el norte de África y Oriente Medio: demócratas liberales, diversas corrientes islámicas moderadas o extremistas, exmiembros del régimen (en Túnez incluso el ejército se puso del lado de los manifestantes) y grupos y personas de izquierda, probablemente también en Libia /1.

Nada más iniciarse la revuelta masiva, la represión por parte de las fuerzas leales a la familia de Gadafi fue más sangrienta que la que experimentó cualquier otra protesta multitudinaria contra otros déspotas árabes desde que comenzaron las manifestaciones a principios de año. El régimen de Trípoli contaba con dos importantes bazas frente a los insurgentes, a pesar de la deserción de unos cuantos oficiales y unidades militares que se unieron a la insurrección. Gadafi, sus hijos y sus compinches controlaban las brigadas armadas hasta los dientes y la fuerza aérea, así como la notable cantidad de dinero y oro que tenían a su disposición en las arcas del Estado libio. Para compensar el impacto inicial del levantamiento sobre su fuerza militar, procedieron a reclutar a numerosos mercenarios de otros países africanos pobres (según diversas fuentes, este reclutamiento corrió a cargo de una empresa israelí que percibía 200 dólares por persona y día, de los que únicamente la mitad se pagaba a los soldados de fortuna). También emplearon la fuerza y el dinero para tratar de dar la impresión de que la dictadura gozaba del apoyo masivo de la población (refugiados procedentes de Trípoli en Túnez, donde he estado recientemente, confirman que les ofrecieron dinero para manifestarse en las calles a favor de Gadafi).

miércoles, 20 de abril de 2011

¿Por qué no debemos condenar la intervención en Libia?



Sean Matgamna

Revista Trasversales número 21 marzo 2011

Artículo traducido a partir de su versión original en inglés, publicado en Workers'Liberty

"Un individuo, un grupo, un partido o una clase que "objetivamente" mira para otro lado  mientras hombres ebrios de sangre masacran a personas indefensas está condenado por la historia a la putrefacción y a ser pasto de los gusanos aún en vida" (León Trotsky)

Un supuesto izquierdismo se ha enredado de nuevo en un falso dilema político: la creencia de que para no dar un apoyo total a la "intervención liberal" francobritánica en Libia, debe oponerse  estridentemente a ésta y a cada cosa específica que hagan ambos Estados. Al menos, a todas las acciones militares. De hecho, ese dilema se lo han inventado ellos mismos.


Por supuesto, los socialistas no deben dar apoyo político positivo a los gobiernos y a los capitalistas que dominan en Gran Bretaña, Francia, EEUU, la ONU, Libia o en cualquier otro lugar. Incluso cuando parece que lo que están haciendo puede tener, o es probable que tenga, resultados deseables, siempre actúan por sus propias razones, no por las nuestras.

Por supuesto, su preocupación "humanitaria" para evitar que Gadafi asesine a los rebeldes libios no es ajena a su preocupación por el petróleo libio. Por supuesto que son hipócritas. Por supuesto que usan dobles raseros. Por supuesto, no debemos darles crédito político o  aprobar cualquier cosa que hagan. Por supuesto,  no podemos confiar en que hagan lo que dicen estar haciendo y en que sólo hagan eso.

Por supuesto, también, que la zona de exclusión aérea aplicada al régimen de Gadafi podría, en determinadas condiciones, convertirse en  invasión y ocupación. Cuando se produce una escalada bélica, los combatientes se encuentran ante situaciones que no previeron. Por supuesto, se despliega una lógica política entre sus propias necesidades y los intereses de las grandes potencias.

En 1882 el gobierno liberal de Gladstone ocupó Egipto "temporalmente", pero Gran Bretaña se mantuvo allí durante 70 años, hasta 1952.  Darles apoyo sería repetir la experiencia de aquellos que, respecto a Irak, dieron ardiente apoyo a EEUU. En otras palabras, sería una estupidez y, para los socialistas revolucionarios, políticamente autodestructivo.

Sin embargo, tenemos que observar la situación tal como es. La ONU, con Gran Bretaña y Francia como instrumentos, se ha fijado objetivos muy limitados en Libia. No hay razón alguna para pensar que las "grandes potencias" quieren ocupar Libia o están haciendo algo distinto a una limitada operación de policial internacional en lo que ven como "frontera sur" de Europa. Aún tienen muy frescas las amargas lecciones de sus torpezas en Irak.

Lo que están haciendo ha impedido, al menos hasta el momento, la inmediata masacre a gran escala con la que el coronel Gadafi amenazó a sus adversarios, a los que prometió un trato "sin piedad". ¿En nombre de qué, entonces, podríamos oponernos a lo que en este momento están haciendo en Libia? ¿En nombre de qué alternativa deberíamos pedirles que detengan el uso de su fuerza aérea cuando ésta ha evitado que Gadafi masacre a un número incalculable de personas de su propio pueblo? Esa es la pregunta decisiva en todas estas situaciones.

Sí, ¿por qué? ¿Les decimos que dejen que Gadafi mate su propio pueblo porque pensamos que está bien que lo haga? ¿Porque somos pacifistas, pura y simplemente, y nos oponemos a una acción militar de cualquier tipo en cualquier situación? ¿Porque queremos que Gadafi recupere el control sobre toda Libia? ¿Porque acciones que en sí mismas pueden parecer adecuadas no lo son realmente si las llevan a cabo aquellos de los que, con razón, desconfiamos, aquellos a los que querríamos derrocar? ¿Porque defendemos, por principios y en toda circunstancia la autodeterminación de cualquier Estado frente a la intervención de Estados más poderosos? ¿Porque manejamos como un fetiche consignas del tipo "fuera tropas" (de donde sea). sostenidas más allá de la historia y de las circunstancias?

El montón de disparates de una guerra que deja a Sarkozy y a Cameron bien solos

VS 0 | | sección: web | 15/04/2011 François Bonnet (Mediapart)

¿Un cierto sabor a Suez 1956? ¿Una reedición de aquella expedición franco-británica que acabó en una lamentable descomposición hace más de medio siglo? Todavía no hemos llegado a esa situación. Pero cuando la guerra de Libia va a entrar en su quinta semana, todos buscan con urgencia una puerta de salida. Y dos hombres parecen particularmente solos, bajo las críticas crecientes de sus aliados: Nicolas Sarkozy y David Cameron, el primer ministro británico.

Se han reunido el miércoles por la noche en París. Para hacer olvidar la calamitosa jornada que acababa de terminar en Doha, en Qatar, en la que el "grupo de contacto", supuesta instancia de "pilotaje" de la guerra, según Alain Juppé, pero que no pilota nada de nada, se ha dividido en todos los sentidos. Y para encuadrar los dos días de reunión de los ministros de asuntos exteriores de los países miembros de la OTAN, en los que las diferenciaciones se han hecho más fuertes cada vez.

Pues nada funciona en esta guerra iniciada por Nicolas Sarkozy, con un sobreactivismo marcado por los golpes mediáticos (y telefónicos) de Bernard-henri Lévy. ¿Hay "atasco", como afirma en su portada el periódico Libération al comienzo de la semana tras haber aplaudido con fuerza, como la casi totalidad de los medios franceses, el desencadenamiento de las operaciones militares, el 19 de marzo? Sería absurdo pretenderlo: la campaña de bombardeos en Serbia y Kosovo, en 1999, duró once semanas. Y ninguna guerra, hasta hoy, ha sido rápidamente ganada solo mediante operaciones aéreas.

La situación no es la de un atasco: es la de un engranaje no controlado y de una confusión en aumento. Hasta tal punto que, mientras Sarkozy y Cameron piden a la OTAN "intensificar sus operaciones", el secretario general de la OTAN afirma, por su parte, que "la solución no será militar" y que el "grupo de contacto" llama a una "¡solución política"! Mientras los rebeldes demandan armas y las obtienen contra la opinión de algunos aliados, Turquía y la Unión Africana negocian con los emisarios del dictador Gadafi, con la bendición de otros países miembros de la OTAN.

¡Que lo entienda el que pueda!

El levantamiento y la situación en Misrata


VS 0 | | sección: web | 15/04/2011 setrouver.wordpress.com

[Reportaje realizado el 4 de abril de 2011, publicado en la página web Setrouver (Setrouver.wordpress.com). Mientras los periodistas occidentales han huido de Misrata, nuestros amigos, que están aún en la ciudad, nos envían el fruto de sus investigaciones y constataciones de los últimos días].

[Mas abajo también pego un articulo sobre Bengasi:
Impresiones de un luchador argentino en Bengasi]

Este texto está dividido en 3 partes distintas. Una, a fin de contextualización, recuerda algunas informaciones generales sobre Libia. La segunda analiza el levantamiento del 20 de febrero en Misrata. Finalmente la última (y más larga) de las partes, dibuja un informe de la situación actual en la ciudad. Se describe en ella el posicionamiento de las fuerzas en presencia, y luego la forma en que se organizan los insurgentes.

(La ciudad de Misrata, situada a 200 km al este de Trípoli, es la tercera ciudad de Libia por su población (400.000 habitantes en 2005). Desde el 18 de febrero de 2011 está en manos de los rebeldes. Las fuerzas armadas de Gadafi intentan recuperar su control desde finales de febrero).

1.- Consideraciones generales sobre Libia

El texto que sigue intenta ser una breve descripción del país, desde el punto de vista económico, histórico, social. Esta ampliamente limitado por nuestra falta de conocimientos del país. Sin embargo, estas consideraciones permiten comprender los acontecimientos en una visión menos estrecha que la se ha escrito hasta ahora.

Libia no es un país pobre. Las riquezas del petróleo irradian a toda la economía, desde los sectores producto de esta industria a los que le están indirectamente ligados. Los cuadros, los ingenieros, los enseñantes, contribuyen ampliamente a la insurrección. El trabajo obrero (construcción, soldadura, oficios, etc) está principalmente efectuado por la población proveniente de la inmigración africana. La vida libia funciona sobre el modelo de la metrópoli occidental. En su conjunto, los libios no viven de sus propias producciones y dependen de los intercambios comerciales. La casi totalidad de lo que se consume tiene que ver con las importaciones. Estas se han detenido desde el comienzo de la guerra. Algunos recursos (medicamentos, alimentación…) transitan aún por la frontera egipcia pero en cuentagotas y según iniciativas personales.El conjunto del país vive actualmente de sus stocks y es difícil saber cuanto tiempo podrán aún atender a sus necesidades. Como nos recordaba un viejo, esta revolución no ha comenzado porque los libios tuvieran hambre. En su opinión, el pueblo se ha levantado por la dignidad, el honor. Por más que los libios fueran ricos y estuvieran bien educados, tenían la impresión de vivir como ganado, a saber, no hacer sino "comer y mear". Ahora que la guerra ha trastocado ciertos aspectos de la vida cotidiana, es difícil comprender lo que una vuelta a la normalidad implicaría. Han ganado ya el honor y la libertad en el proceso mismo de la guerra.

sábado, 9 de abril de 2011

Países árabes: Acerca de complots y manipulados


Rolando Astarita [Blog]

Vuelvo a la rebelión en el mundo árabe. Gente amiga me ha preguntado por qué estoy tan obsesionado con el tema. La respuesta es simple. Porque considero que estamos ante un movimiento de proporciones gigantescas, ante uno de esos pasos que dan los explotados y oprimidos, que marcan época. Millones se han levantado en muchos países, enfrentando a regímenes dictatoriales, brutales. Me dirán que luchan por reivindicaciones burguesas (libertad de opinión, de reunión, elecciones y parlamento, derecho a defensa en juicio, etc.) y que continúa la explotación del capital, y no puedo menos que acordar. Pero también he explicado en otras notas que no es lo mismo una dictadura que una democracia burguesa. Pero por sobre todas las cosas, es inmensamente progresivo lo que se está dando en el mundo árabe desde la perspectiva de la lucha por el socialismo. Es que incluso en Rusia, donde existió la experiencia revolucionaria más profunda y extendida (formación de soviets), hubo que pasar por la democracia (¿qué fue si no el llamado a la Asamblea Constituyente por los soviets?). Esto le parecerá inaceptable al sectario, pero es el camino que siguen las masas cuando quieren tomar sus destinos en sus propias manos.


Sin embargo, no es esto lo que me ha movido a escribir todas estas notas sobre los procesos en el mundo árabe, sino el rechazo que me genera la postura que adoptaron muchos sectores de la izquierda. Es que desde la izquierda estamos asistiendo a un ataque ideológico y político contra las movilizaciones, y particularmente contra las que enfrentan a Khadafy. Por todos lados aparece el mismo discurso: “se trata de un complot imperialista”; “son manipulados y títeres”, “las sublevaciones son organizadas por las potencias extranjeras”, etc., etc. El argumento es viejo. Recuerdo que en 1968 el PC argentino justificaba la invasión a Checoslovaquia diciendo que “hay pruebas irrefutables de que el descontento está organizado por EEUU para atacar al socialismo”. En 1969 la dictadura argentina explicaba que el Cordobazo había sido organizado por un pequeño grupo de subversivos “indudablemente” manejados desde el extranjero (esta vez Cuba y similares). Y así ante cada movilización. Por eso Khadafy, ante las primeras manifestaciones en su contra, dijo que se trataba de “ratas, drogadictos, agentes de Al Qaeda y de las potencias extranjeras”. Luego la izquierda nacional (bajo guía espiritual de Chávez y Fidel) dio por “probado” que todo se debe a una conjura organizada por el imperialismo (era mejor olvidarse de Al Qaeda). Aunque la conjura solo parece existir cuando las masas enfrentan a los gobiernos que esta izquierda nacionalista (incluye marxistas que se pasaron al bando nacional) ya ha establecido que son “nacionales y progresistas”. Si miles arriesgan sus vidas por sacarse de encima a la dictadura de Mubarak, se trata de “luchadores por sus libertades”. Pero si otros miles hacen lo mismo en Siria o Libia, no pueden ser menos que “manipulados”, o “títeres a sueldo” de las potencias. En el fondo, lo que odia esta izquierda es la movilización. Tiene miedo de que la gente cuestione a sus “líderes sacrosantos”, y a los burócratas que los rodean, y que abra espacios para la crítica y la reflexión, para la organización y la actividad política. Es por este motivo que se organizó un “frente unido” de hecho, ideológico y político para vilipendiar a las masas movilizadas, y en especial a los sublevados en Libia. A este “frente unido” se han incorporado recientemente algunas organizaciones que en un principio manifestaron su apoyo a la rebelión, pero que a partir de la intervención de la OTAN pasaron a considerar que los rebeldes de Libia constituyen una avanzada colonialista en la región.

En todo esto, por supuesto, permanece la misma cuestión que nunca pudieron responder los defensores de la tesis “complot y masas manipuladas”. ¿Cómo es posible que cientos de miles no estén manipulados cuando aceptan seguir con sus vidas cotidianas bajo un régimen político determinado, pero pasan a ser “manipulados” cuando se lanzan a las calles, arriesgando todo en ello? Veamos la cuestión bajo este aspecto. En todo el mundo árabe existe un profundo y extendido sentimiento antiimperialista. La tesis “nacional y popular” dice que los sublevados son agentes de la neocolonización de Libia. Si esto fuera así, afectaría a todo el mundo árabe, y debería generar una ola de repudio y rechazo a los sublevados libios. Sin embargo, hay una llamativa ausencia de manifestaciones con eje en el antiimperialismo en las principales ciudades árabes. ¿Por qué no vimos movilizaciones de miles de personas en Egipto, Túnez, Líbano, Jordania, Siria, agitando como consigna “Hay que aplastar a la sublevación en Libia, porque se pasó del lado del imperialismo”, o algo parecido? El caso de Líbano es importante, porque llegó a copatrocinar la resolución de la ONU que autorizaba el uso de la fuerza. En este país existe una larga tradición de lucha contra las injerencias extranjeras y el imperialismo. ¿Por qué no hubo manifestaciones de alguna importancia contra los sublevados, y pidiendo que se diera vía libre para que Khadafy los aplastara, ya que se habrían pasado al bando imperialista? ¿También van a decir que les “lavaron el cerebro”? ¿No hay límite para la soberbia de algunos intelectuales de izquierda? ¿Es posible que sus dogmas o pequeños intereses “de partido”, prevalezcan por sobre los impulsos vitales de los seres humanos embarcados en acciones colectivas? Para colmo, en el caso de Libia, hay que encajar la tesis “los sublevados son manipulados”, con el hecho de que el régimen de Khadafy está enviando mercenarios extranjeros a reprimir al pueblo libio. ¿No hay límites para las incoherencias?

Las explicaciones deberían tener alguna lógica. El problema de fondo con las tesis conspirativas, y con las explicaciones que se están adelantando por estos días en relación a los sucesos de los países árabes, es que no pueden ocultar el hecho principal: millones de seres humanos se han puesto en movimiento, y ponen en cuestionamiento no solo a burócratas y dictaduras, sino también a algunos esquemas que no pueden dar cuenta de lo que está sucediendo.

jueves, 7 de abril de 2011

¡Armas para Libia!

Enrique del Olmo

Yo no sé cuál será la sensación que tendrán aquellos que han estado en contra de la intervención aliada en Libia cuando ven al pueblo que se ha levantado contra Gadafi retroceder en el terreno por falta de medios y por el mutismo durante tres días de la acción militar contra las bases del tirano. Yo desde luego siento la intranquilidad y la angustia que provoca que no se acabe lo antes posible con el régimen gadafista prolongando la secuela de muerte y dolor que supone el enfrentamiento, en la misma medida que me alegraba los días donde los revolucionarios avanzaban hacia Tripoli y se iniciaba la descomposición de la tiranía.
 
Para estar en contra de la intervención se han aducido muchas razones, una gran parte ciertas: el soporte de occidente a los sátrapas del Mediterráneo, el interés exclusivo por la calma en los países árabes, el trato diferenciado en función de cuanto de amigo es el dictador de turno, la poca fiabilidad del rumbo posterior de las intervenciones militares como Afganistan e Irak; el miedo a la revolución árabe ; otras dudosas: guerra por petróleo (el petróleo ya lo tenían las multinacionales con Gadafi); otras vergonzosamente falsas: no hay pruebas de que Gadafi matase a los rebeldes. Pero sobre todo no apuntaban a los auténticos riesgos de la situación enfrascados en un imposible paralelismo con el NO a la Guerra, cuando Irak. 

El primer riesgo, el aniquilamiento del levantamiento y la masacre de las ciudades insurrectas, por ello era imprescindible la intervención, y nadie de los opuestos a la misma han podido contestar a la pregunta de ¿Cómo parar la ofensiva criminal de Gadafi? 

En segundo lugar: que los desacuerdos en la ONU, la OTAN y la Unión Europea dificulten una acción rápida que pare el conflicto con la derrota del tirano. 

En tercer lugar: un acuerdo para evitar la caída plena del régimen, ofreciendo una negociación que salve los mimbres de un régimen totalitario en ello están algunos personajes tan demócratas como Obiang desde la Unión Africana, pero también Alemania, Rusia,…

En cuarto la negativa a acelerar el fin del conflicto con todos los medios que están al alcance de los aliados. 

En quinto el no reconocimiento pleno del Consejo Nacional Libio, tal y como ha hecho Francia pero ni Estados Unidos, ni la Unión Europea ni España lo ha hecho, recientemente el Consejo Nacional Libio recriminaba a nuestro país la tibieza de su postura. 

En sexto; esperar una descomposición interna del régimen  como muestra la exaltación de la huida de Musa Kusa y una serie de diplomáticos a la vez que un debilitamiento de las fuerzas populares libias, facilitando una salida conservadora y controlada.

Esta parálisis de la actuación de los aliados está de nuevo llevando la situación a un rearme de Gadafi y sus fieles y a tres días de repliegue de los revolucionarios justo cuando estaban al borde de tomar la emblemática Sirte. Y hoy una de las claves de la situación es el apoyo firme y decidido a los rebeldes libios, y dentro de ellas el imprescindible armamento y apoyo logístico a las tropas insurrectas. Como acaba de decir Abdalá Fahmi, emisario del Consejo Nacional : “El pueblo libio no necesita ningún ejército extranjero, necesita los medios para vencer en esta guerra. Y somos capaces de librarnos del Gobierno de Gadafi, es nuestra responsabilidad”

La disyuntiva actual es o con los rebeldes o con Gadafi, cualquier política que impida la derrota del tirano es un desprecio a la valentía de los que se alzaron contra el, cualquier cálculo presente o futuro mientras se prolonga la sangría es complicidad con el régimen, cualquier equidistancia en aras de un "no a la guerra" es irresponsabilidad frente a las exigencias que hay que hacer a los gobiernos occidentales

Muchos de los que desde la izquierda y los movimientos sociales se han opuesto a la intervención occidental estoy convencido que quieren honestamente la caída de Gadafi, pues bien, hoy pueden apoyar un rumbo unitario alrededor del apoyo a los rebeldes y la necesidad de que se les apoye y arme.

Revista Trasversales número 21, abril 2011

Textos del autor
en Trasversales

Dossier Revolución árabe

¿Quién teme a la revolución?


Beatriz Gimeno

Revista Trasversales número 21, marzo 2011

Textos de la autora
en Trasversales

Blog de la autora

Dossier Revolución árabe

Me temo que la teme todo el mundo. Y si es cierto que sigo teniendo mis dudas respecto a la intervención armada en Libia, también tengo la borrosa sensación de que la izquierda, en la que creo y a la que espero, ha dejado pasar una buena oportunidad de ponerse al frente de la defensa de las revoluciones árabes, sin matices, y que ha dejado pasar también la oportunidad de demostrar que se ha librado de viejos lastres que son propios de otro mundo -no de este- y que ha llevado a mucha gente a la desafección, justo ahora, cuando la izquierda es más necesaria que nunca.

Aunque las potencias occidentales digan que apoyan la lucha por la democracia, ya sabemos que esto es según convenga, no hay que insistir en ello, es demasiado obvio. Por lo mismo es evidente que estas revoluciones no les gustan y que hubieran preferido que no se produjeran y las razones que tienen ahora para intervenir son de todo tipo: prevenir la llegada de inmigrantes, tomar posiciones ante el nuevo régimen, cálculos electorales (caso de Merkel y Sarkozy) y también cierta presión de sus opiniones públicas. Pero no me cabe duda de que hubieran preferido que las revueltas no se produjeran.

Para empezar porque el hecho de que estas revoluciones no tengan nada que ver con la religión deja a occidente sin la excusa del islamismo radical que tan útil ha sido para justificar cambios actuaciones contrarias a los derechos humanos. En segundo lugar, además, estas son sus dictaduras, apoyadas y mantenidas por ellos durante décadas. Con estas dictaduras amigas occidente se ha apropiado de los recursos naturales cuyos beneficios no han revertido en los pueblos que los poseen, sino en unas pocas familias. Además, les hemos vendido ingentes cantidades de armamento y han controlado la inmigración tal como queríamos. Y por último, y se está hablando muy poco de esto, gracias a estas dictaduras, EE.UU e Israel han podido mantener el estatu quo de la región respecto al estado israelí. Lo cierto es que la mayoría de estos gobiernos han sido cómplices, más o menos disimulados, de las políticas israelíes y norteamericanas.

lunes, 4 de abril de 2011

¡Gadafi un tumor cancerigeno en las revoluciones arabes!


Jerónimo Luma Gorria

Creo que deberíamos enfocar el debate sobre Libia en el seno de las izquierdas desde el planteamiento marxista básico de intentar "comprender la realidad para transformarla" porque a fin de cuentas como revolucionarias/os, ha de ser esta cuestión como diría Kant, nuestro imperativo categórico, o nuestra deontología como diría un medico.

Haré un intento, por explicar mi posición con una metáfora medica, solo con la intención de ayuda aclarar de qué estamos hablando. En la cuestión medica soy todo un ignorante (así que se me podrá perdona sin planteo observaciones incorrectas sobre las enfermedades, lo que quiero es aclarar la política, no explicar cuestiones de medicina)

El Capitalismo-imperialismo es el Cáncer de la humanidad, consiste en la degeneración, descomposición, destrucción de los tejidos y la células vivas, como hoy lo esta haciendo el imperialismo con la humanidad, las sociedades y la naturaleza. En determinadas zonas del planeta este Cáncer social, político y militar se manifiesta en la forma de tumor maligno, y aunque sabemos de muchos tumores malignos y benignos en el organismo humano o social, en este momento concreto, el que nos preocupa gravemente es el de Gadafi. Porque si bien el tumor Gadafi nació hace 40 años y empezó como una formación celular independiente, y con un comportamiento aberrante, este ha ido degenerando hasta ser un fibroma monstruoso trufado de muerte, represión, cleptocracia e injusticia.

Parece que en esta primavera en determinada parte de nuestro organismo (la zona árabe) se ha desarrollado un proceso febril, anárquico, orgánico y funcional, sangrante, en determinados tejidos, en combinación con células mutantes con elementos cancerígenos, pero que como un proceso natural esta muy extendido, es desigual, en marcha, permanente, popular, democrático, internacional y no sabemos por cuanto tiempo durará, ni que profundidad tendrá o si conseguirá erradicar, frenar, o sostener en una batalla de larga duración contra las zonas tumorales y los constantes progresos del cáncer capitalismo.