Sobre los límites del populismo bolivariano, con motivo del apoyo implícito de Chávez a la tiranía de Qaddafî, ante el estallido de la revolución árabe en Libia, y el bombardeo de la población civil.
Hrod Mérida | 2-3-2011 a las 5:02 | 733 lecturas | 61 comentarios
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Ha hecho falta una revolución real en el tercer mundo para que la mayor parte de la izquierda antes fascinada con Chávez, un presidente que no se hizo marxista hasta su 6º año en el poder, se dé cuenta de los límites reales del populismo.
Que no puede haber socialismo si el control de la economía, si la toma de decisiones políticas, y todas las grandes decisiones del país no recaen directamente en manos de los ciudadanos.
Que el socialismo no es compatible con la concentración de poder por parte de un gobierno, ni con los intentos de supeditación de las organizaciones sindicales y obreras al Estado.
Dicho en palabras sencillas, y parafraseando al marxista egipcio Samîr Amîn:
Si el fascismo es un régimen en el que una clase media se alía con las clases altas para destruir las organizaciones obreras y aplastar la resistencia de las clases populares;
El populismo es un régimen en el que una clase media que llega al poder se alía con las clases populares para aplastar la resistencia de las clases altas, pero impidiendo a las bajas emanciparse, supeditando las organizaciones obreras a su control.
Esto es lo que ha venido pasando en los últimos años en Venezuela, Bolivia, Ecuador y Nicaragua, el llamado bloque del ALBA, donde una serie de procesos electorales han llevado a una serie de gobiernos de marcada conciencia social, nacionalista y antiimperialista al poder.
Ellos han elevado en estas décadas el salario, han reducido la jornada laboral, han aumentado los impuestos sobre las petroleras, y han emprendido un importante proceso de nacionalizaciones, reparto de tierras, etc., pero, a la misma vez, no han acabado con el poder que ostentan en el país estas mismas multinacionales. En Bolivia y Ecuador las petroleras siguen devastando grandes regiones selváticas, bajo concesión del Estado, privando a las poblaciones indígenas de sus recursos y modos de vida. Sólo que ahora el Estado se lleva el 80% del beneficio y la multinacional un 20%, y antes, era al revés.
Y es que hoy por hoy, y a pesar de tantas expropiaciones, muchas de ellas en concepto de "compra a precio de acción", dos tercios de la economía venezolana siguen en manos de los grandes empresarios y terratenientes.
Son estos los límites del populismo.
Todos sabemos que aquellas huelgas, protestas, y ocupaciones de fábricas que no convienen a los gobiernos del ALBA son reprimidas por la misma policía del gobierno, y en ocasiones, incluso por el ejército. Pongo el ejemplo de la revuelta de indígenas en Perú, contra el gobierno neoliberal de Alan García y las petroleras, y su decreto de privatización de áreas selváticas donde vivía asentada la población indígena. ¿Sabíais que esta revuelta también afectó a Ecuador? Allí los indígenas, asaltaron y destruyeron un barco cargado de máquinas para las instalaciones petroleras que devastaban sus tierras, y en lugar de apoyarles, ¿cuál fue la respuesta del gobierno de Rafael Correas, el "bolivariano", y amigo de Chávez, "el socialista"? Mandar al ejército a reprimirles.
Ahora, de repente, un día, estalla la revuelta en el mundo árabe, cae el dictador Tunecino, y después de varias semanas, el Egipcio. La Internacional "Socialista" a la que pertenecen el PSOE, el SPD de Schroeder y el Partido Laborista Británico de Tony Blair, descubren un día, como por arte de magia, que Mubarak pertenecía a su internacional, y deciden expulsarlo, sin darle mayor publicidad al asunto. En medio de unas protestas cada vez más radicalizadas, donde las bases del ejército simpatizan con la población, los gobiernos de U.E. y EE.UU. poco a poco pasan de apoyar y defender al dictador a pedir una transición "pacífica", y el fin de las protestas, para finalmente, en algunos casos, apoyarlas sólo de boca, pero no de hechos. Cae Mubârak y lo sustituye una Junta Militar, en medio de una oleada de huelgas revolucionarias. La Junta pide el fin de las huelgas, pero se resiste a reprimir a la población por miedo a insubordinación por parte de los soldados del ejército. Continúan las protestas en Yemen, Siria, y luego Jordania, donde poco a poco vemos a los gobiernos ir retractándose, cambiando el consejo de ministros, anunciando el fin de su reelección, y en Bahrayn, un pequeñísimo emirato, una monarquía absoluta enriquecida por el petróleo, con dinero de sobra para acabar con la precariedad y la pobreza de la población pero sin voluntad política para hacerlo, donde la población pide la retirada de las bases militares yanquis y pasa, de pedir una monarquía parlamentaria, a pedir la cabeza del rey.
Luego esta misma protesta se extiende a Libia, donde, escarmentado por la lección, el dictador Qaddafî opta por la vía más radical que abrir fuego y empezar a disparar y bombardear directamente a la población, declarando en su discurso, medio "volado", en un alarde de lógica aplastante, perdiendo ya todo contacto con la realidad y aferrado con uñas y dientes al poder que "él es la revolución, y quien está contra él, está contra la revolución, con lo cual merece morir". El mismo Qaddafî que en los últimos años ha pasado de ser un líder populista de la zona, comprometido con las causas imperialistas (mas sin por ello ceder el poder a las clases populares) y hostigado por el imperialismo, a convertirse en amiguito de Aznar y de Berlusconi, ir a la boda de la Infanta y del Príncipe, y dar carta blanca a las multinacionales italianas para invertir y disponer de los recursos del país.
Vemos a Berlusconi defender primero al dictador, y luego exponer leves críticas formales, ante los asesinatos en masa contra la población, para finalmente mantenerse en su bando, al tiempo que el gobierno de Qaddafî pierde el control del Este y del Oeste, en manos de milicias populares y sectores del ejército raso unidos a los rebeldes, llegando a controlar el gobierno poco más que la capital, Trípoli, y alrededores. Y nuevamente vemos a U.E. y EE.UU., a fin de salvar su imagen de "demócratas", criticar esa actitud despótica del tirano y pedir "transiciones pacíficas", el "cese de las revueltas", y que "el gobierno proceda a las necesarias reformas democráticas".
Mas, por razones geopolíticas, los populistas Chávez y Daniel Ortega, lejos de identificarse con unas protestas populares que lo que buscan es conseguir derechos, mejoras económicas y libertades, y también comienzan a afectar a su socio iraní, y movido por una falsa lógica campista de "lo que es aplaudido por el imperio es enemigo de la causa antiimperialista y beneficia al imperio", o "lo que es criticado por el imperio es mi amigo", que termina anteponiendo la independencia de los gobiernos del tercermundo con respecto a las potencias frente a la independencia de sus clases explotadas frente a sus tiranías, terminan apoyando el falso discurso del dictador de que "una masa manipulada por los europeos y los yanquis amenaza con destruir las conquistas de la revolución y derrocar a su líder revolucionario".
Así, demostrando una pésima capacidad de análisis de la situación sociopolítica que se cierne allí donde, en medio de las protestas, amplias áreas del país caen bajo control de las masas armadas, apoyadas por sectores rasos del ejército y en guerra abierta contra una dictadura títere, y olvidando que las condenas de las potencias al gobierno libio son sólo formales, en tanto el "Pentágono reubica fuerzas navales y aéreas en la región del Mediterráneo y el norte de África para estar preparado ante cualquier opción u orden que pueda tener que llevar a cabo de manera rápida por la rebelión en Libia, de acuerdo con la agencia EFE" (Kaos en la Red - Internacional, 28-II-2011, "La invasión imperialista cobra fuerza: EEUU anuncia la movilización de su ejército criminal en torno a Libia" [http://www.kaosenlared.net/noticia/invasion-imperialista-cobra-fuerza-eeuu-anuncia-movilizacion-ejercito-]), Hugo Chávez declaraba el 1 de Febrero, en un discurso en la televisión pública, "No voy a condenar a Gadafi. Sería de cobardes actuar así con alguien que ha sido mi amigo, amigo de Venezuela, durante mucho tiempo, sin conocer antes lo que está pasando en Libia. No soy un cobarde", y apelando a "una comisión que vaya a Libia a hablar con el Gobierno y con los líderes de la oposición" (La Patilla, "Chávez-Qadafi", [http://www.youtube.com/watch?v=pnDcIYJEbdg]), con lo que termina, inexplecablemente, sumándose a las posturas conciliadoras de la mayoría de gobiernos capitalistas europeos, olvidando que las posturas que enfrentan hoy a la cleptocracia neoliberal libia y su población son ya irreconciliables, bajo el peso del bombardeo, por medio de misiles, contra una población civil hasta entonces, en su mayoría, desarmada. Y termina, de esta forma, y aun sin quererlo, haciendo causa común con el resto de gobiernos del mundo, asustando por la rabia emancipadora desatada durante las protestas, que inevitablemente terminará transformando el statu quo en Oriente Medio y afectando a los intereses geoestratégicos de los imperialismos europeos y yanqui, y su perro lacayo, el actual régimen colonialista y militarista de Israel.
Como decía el ya mencionado economista marxista Samîr Amîn, en un artículo fechado el 7 de Febrero de 2011, publicado en el Mundo, sobre "El Movimiento Egipcio", semanas antes del estallido de las huelgas obreras revolucionarias que han terminado por barrer la presidencia vitalicia de Mubârak propiciando un cambio de dirección, en favor de la Junta Militar, aunque en el fondo no de régimen político, "Por supuesto, en la medida en que el sistema económico sea manejado de acuerdo con las reglas de la “globalización neoliberal”, ninguno de los problemas que dieron origen al actual movimiento de protesta contra Mubarak podrán ser realmente solucionados." El gobierno libio, puede llevarse el cuestionable mérito de cumplir hoy por hoy todas estas condiciones, al haber abierto el paso a las multinacionales italianas y europeas a la explotación de los recursos petroleros, y otras tantas riquezas del país, privatizando cada vez más amplios sectores de la economía, sin resolver por ello las demandas políticas y económicas de buena parte de la población y además, haber llegado mucho más lejos que ningún otro gobierno de la zona en su respuesta represiva frente a la oleada de protestas desatada entre las amplias masas del país, procediendo a la masacre indiscrimina de la población, y sin embargo, es valedor del beneficio de la duda por parte de un gobierno, el de Chávez, que, de momento, puede presumir de estar desarrollando una política, en materia social y económica, opuesta, en la medida en que ha comenzado a invertir, en la última década, el desarrollo de políticas neoliberales en la región, sin por ello haber sido capaz de expropiar, pese al empuje de las movilizaciones de masas, en su mayor parte, a la burguesía compradora, y al capitalismo inversor extranjero.
¿Qué pasaría, entonces, si mañana la protesta se extendiese a partes de Latinoamérica, afectando al territorio de Cuba, y viésemos a miles de trabajadores pedir la caída de la "dinastía republicana" de los Hnos. Castro, en medio de un proceso de reformas retrógradas que están destruyendo empleo y liberalizando (privatizando) amplios sectores de la economía de la isla (medidas éstas dignas del FMI y los organismos neoliberales), aumentando la polarización social entre la clase política y asalariada y empeorando aún más las condiciones laborales y de vida de la clase trabajadora, privada de derechos sindicales, y verdaderos derechos políticos, que se suman a las miserias de varias décadas de bloqueo yanqui?
¿Qué pasaría, veríamos al gobierno de Raúl Castro echar mano de la policía y los militares para reprimir a la población "en defensa de las conquistas de la revolución y los revolucionarios"?
¿De qué lado se posicionarían el resto de gobiernos del ALBA?
Según esta lógica campista de "quien no está conmigo está contra mí", "quien no está contra el imperio está con el imperio y contra quienes lo enfrentamos", las masas asalariadas cubanas que al igual que en la Plaza de Tiananmen clamasen por más derechos políticos, laborales y sindicales, por más libertades, y por más derechos económicos, pasarían a convertirse en "enemigas de la revolución y aliadas del imperialismo".
Semejante análisis maniqueo es cuanto menos un insulto a la inteligencia, y no puede ser tolerado por los revolucionarios.
Hay que decir alto y claro: La revolución bolivariana ha servido para ganar derechos económicos, políticos y sociales, ha servido para dar un enorme grado de conciencia y formación política a las masas, pero al mismo tiempo que aproxima el camino a su liberación, lo ha retrasado, supeditándolo, aunque sólo en parte, al control de un gobierno, y al poder de un Estado del que dos tercios de su economía siguen controlados por los grandes capitales empresariales y transnacionales, la banca y los terratenientes.
¿Debemos entonces, apoyarnos en el gobierno, o en el movimiento de masas?
¿Qué debe estar antes, para los socialistas revolucionarios, el salvar el tipo a un régimen, más o menos antiimperialista, más o menos populista de y más o menos de izquierdas o de derechas, o la sed de derechos, conquistas políticas, económicas y democráticas de toda una población, cuyas protestas afectan ya a todas las clases sociales, y con un nivel de radicalismo en la clase obrera sin precedentes, en pleno proceso de formación de milicias populares, de "shuras", o comités populares, de apoyo por parte de cada vez más soldados, y hasta de algún oficial, dentro del ejército? De aumento de conciencia y toma de poder, por parte de las clases populares, sometida durante décadas a un régimen títere de tiranía, corrupción, explotación, clientelismo político y servilismo a las prerrogativas geoestratégicas de los gobiernos yanquis, europeos e israelíes?
¿Qué está antes, el prestigio de un Castro, de un Chávez, o la liberación del pueblo?
¿Y en qué dirección debe ir tal liberación? ¿La de un capitalismo moderno, tecnócrata, sin fronteras? ¿La de una "transición a la española", en pleno proceso neoliberal de privatizaciones, de recortes laborales y salariales? ¿O la de una ruptura actual con el actual sistema, donde sean por primera vez las masas explotadas, los oprimidos, los protagonistas de la vida política, responsables de tomar las grandes decisiones, y en su beneficio propio?
Reforma o revolución. Populismo o gobierno del pueblo. Socialismo, o barbarie.
Tú decides.
Yo estoy con la revolución, y estoy con los intereses del pueblo, y no de uno u otro gobierno, en función de su "bando", o su banderola política.

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