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lunes, 10 de septiembre de 2012

PEREZA vs. DEMOCRACIA

"Tiene bastante interes político conocer las opiniones y reflexiones de algunos militantes de la izquierda abertzale ante el curso gestor del sistema y las instituciones y la organización verticalista, profesional y autoritaria que vienen practicando no solo la dirigencia de la Izquierda Abertzale, sino sus organizaciones coaligadas en EH Bildu: EA, Alternatiba y Aralar. No hay mejor testimonio de la realidad que el que vive en su propia casa" Jerónimo.

 Kepa Gordejuela y Rakel Peña (miembros de la izquierda abertzale)
La situación de Euskal Herria y de Europa es tan grave y complicada que nos exige un esfuerzo personal y colectivo para encontrar nuevas formas de actuación y alternativas políticas que consoliden los objetivos de la lucha histórica de la izquierda abertzale.   
A nuestro entender, el último giro estratégico de la izquierda abertzale, y la consiguiente revisión de las formas de lucha, no tenía como único objetivo superar el accionar armado, sino que también se trataba de un punto de partida para implementar nuevas formas de hacer política, más acordes con los tiempos, más democráticas, más pegadas al suelo, abiertas y eficaces. La evolución desde el modelo político-militar de la transición al nuevo modelo definido en “Zutik Euskal Herria” a primeros de 2010 debía suponer un punto de inflexión en la refundación de la izquierda abertzale, tanto en sus planteamientos político-ideológicos, como en su modelo de dirección y en la política de alianzas para conseguir sus objetivos estratégicos, que es, al fin y al cabo, en lo que consiste la política.
Buscar la máxima adhesión social se convirtió pues en una prioridad a la que había que hacer frente con nuevos instrumentos, planteamientos y esquemas mentales. Sin embargo, en estos casi tres años se ha ido dando un deterioro en el que, cada día más, prima la verticalidad, la improvisación, y la falta de participación de las bases, que son las que pueden y deben sustentar un proceso de este calibre; falta de participación en las decisiones de más envergadura, y en las de menos también.
Paradójicamente, el “factor sorpresa”, que a corto plazo y en el plano mediático puede tener su efecto, se ha presentado como un valor en positivo, cuando lo único que evidencia es que son sólo unas cuantas manos, muy pocas, las que entran en la cocina y deciden el plato del día. Al resto del cuerpo social de la izquierda abertzale sólo le queda comer lo que toque y, si no le gusta, dejarlo, como las lentejas.
Los ejemplos que obvian los mínimos principios de un funcionamiento democrático formal, son innumerables. A corto plazo se nos presentarán pública y mediáticamente las listas al  Parlamento de Gasteiz, para las que nadie ha podido, siquiera, presentar propuestas, y mucho menos elegir a las personas que considere más convenientes. Previsiblemente esa patente falta de democracia interna tratará de suplirse con un mero acto de ratificación en el que, de nuevo, se nos presentará el menú de las lentejas
Dar a conocer un futurible “Gobierno de Gasteiz”, y la decisión implícita de que, si se ganan las elecciones, se va a asumir de cabo a rabo la gestión de la institución, podría ser un paso de gigante si respondiese a una demanda interna y social verificada y, sobre todo, si estuviera contrastada con sus posibles alternativas. Porque la pura gestión, si no está combinada con niveles de confrontación y desobediencia, y además sin disponer de los instrumentos necesarios, nos puede constreñir a tener que seguir las pautas del sistema, desviándonos de los objetivos de profundo cambio social y político que necesita este país.
Hay muchas formas de hacer política. Siguiendo con el ejemplo, habría que decidir no sólo quién, sino más bien qué se va a hacer ante una hipotética victoria electoral el 21 de octubre: ¿gestionar lo que hay cambiando de nombre a los departamentos?; ¿o quizá olvidarnos de los nombres y centrarnos en los contenidos? ¿Y si eso nos lleva a poner patas arriba el modelo policial, o a la desobediencia civil y a la confrontación interinstitucional? ¿Y si nos lleva a evitar que el Estado nos siga atracando y dejar de pagarle el cupo, o a responder de la forma más contundente para negarnos a apuntalar un modelo social cada vez más injusto y desigual? Y es indudable que estas reflexiones sirven tanto para la labor de gestión como para una tarea de oposición.
Cierto es que, vista la gestión institucional adoptada en otros ámbitos, poco hace presagiar que la presencia de la izquierda abertzale vaya a ser sinónimo de un cuestionamiento del status quo, como cabría esperar. Pero quizá peor que lo que se está haciendo es lo que no se está dejando hacer: debates donde todas las posibilidades estén abiertas para que toda la fuerza social acaudalada por la izquierda abertzale a través de su historia quede expresada, contrastada y democráticamente plasmada en cada decisión. La izquierda abertzale no puede renunciar al debate interno, a la confrontación y disparidad de ideas, porque precisamente esa riqueza y esa pluralidad han hecho de ella una referencia social y política de primera magnitud en su entorno.
La pereza intelectual se ha apoderado de la izquierda abertzale. La saludable batalla de las ideas que siempre le ha caracterizado ha ido dejando paso a una especie de apatía en la que casi nada se discute y nada se cuestiona. Decisiones políticas, ideológicas y organizativas de primera magnitud quedan en manos de un reducido grupo, mientras la mayoría se ve resignada al papel de agente pasivo y acrítico. Si aciertan, bien y, si no, también.
Otra forma de hacer política es posible pero, para ello, muchos nos tenemos que despojar de nuestra pereza intelectual, y otros, aunque también les de pereza, tendrán que acostumbrarse a pensar que nadie está facultado -excepto delegación expresa- para tomar decisiones por todos y todas; porque, precisamente, decidir en nombre de los demás fue uno de los grandes males de la etapa anterior que el espíritu de Zutik Euskal Herria trataba de superar.
Sólo desperezándonos, y con la activación de todo el capital humano acumulado por la izquierda abertzale, más el que venga a sumarse, tendremos la garantía de que nuestro proyecto se convierta en una realidad asumida por la mayoría social.
Kepa Gordejuela y Rakel Peña (miembros de la izquierda abertzale)

miércoles, 28 de diciembre de 2011

Alianza o subordinación en política fiscal

Mikel Noval

 El 23 de diciembre se ha aprobado en las Juntas Generales de Gipuzkoa la reforma fiscal para 2012. La Diputación ha acordado con el PSOE una rebaja de su ya escasa propuesta inicial. Esta reforma, al igual que la del resto de territorios, es consecuencia de un debate que se ha cerrado sin participación social. ELA ha reclamado en los últimos años la necesidad de un amplio debate sobre la fiscalidad. No es eso lo que se ha producido. En realidad, al rebufo de lo ocurrido en el Estado español, el debate se ha tratado de circunscribir a si había que reponer o no el Impuesto sobre el Patrimonio, y poco más. Las instituciones (en la CAPV el Gobierno Vasco y las 3 Diputaciones Forales) no han querido abordar el debate de fondo. Las sucesivas reformas fiscales aprobadas en las últimas décadas han supuesto una impresionante rebaja de los impuestos que pagan las empresas, el capital y quienes tienen rentas altas. Además, los datos muestran que no se ha corregido en absoluto el enorme fraude fiscal existente en las rentas de trabajo.

Por ejemplo, hace 15 años el tipo real que pagaban las empresas por su beneficio era del 21%. Ahora es del 13%. Esto es consecuencia de la fuerte rebaja aplicada en el tipo nominal y del aumento de las deducciones. Otro ejemplo. El IRPF se ha convertido en un impuesto en el que la progresividad solo se aplica a las rentas de trabajo, ya que rentas de capital que antes tenían una tributación igual que la de la nómina, han pasado a tener un tipo único. Además, la progresividad se ha reducido enormemente. Se ha reducido el tipo máximo del 56 al 45%. Último ejemplo. La renta media declarada en el IRPF por quienes tienen rentas de trabajo es mucho mayor que la de quienes tienen actividades empresariales y profesionales, y la distancia ha crecido notablemente en los últimos años.

El injusto sistema fiscal que se ha construido supone dejar de recaudar al año miles de millones de euros. A ello habría que añadir lo que se pierde por el fraude fiscal. Si se traduce esto a Gipuzkoa, esto supone unos 2.000 millones de euros al año (la suma de los efectos de todas las reformas más una estimación muy prudente del fraude fiscal).

La reforma aprobada en las Juntas Generales de Gipuzkoa (al igual que las de Araba, Bizkaia o Nafarroa) no realiza cambios sustanciales en todos estos temas. Estas reformas son una gota de agua en el mar. Se puede discutir si alguna es un poco más grande que otra, pero no que son una gota. Lo aprobado en Gipuzkoa va a suponer unos 50 millones de euros de recaudación (el 21 de octubre en la comparecencia en Juntas los responsables de la Diputación dijeron que su propuesta se cuantificaba en 75 millones de euros, a los que hay que restar los 23 millones de merma por el acuerdo Bidu-PSOE, según sus propias estimaciones recogidas en GARA). La reforma de Bizkaia recaudará 53 millones más. La reposición del Impuesto sobre el Patrimonio, que no es igual en todos los territorios, tiene en común que en todos los casos tiene menor capacidad recaudatoria que antes. Lo aprobado para las EPSVs apenas tiene diferencias entre haciendas.

Lo diferente en Gipuzkoa es la subida del tipo marginal máximo del IRPF, de hasta 4 puntos, pero que se aplica solo al 1,2% de los contribuyentes.

ELA ha puesto encima de la mesa sus propuestas de reforma fiscal. La Diputación de Gipuzkoa se ha negado a debatirlas, al igual que lo han hecho el resto de diputaciones. En lugar de ello hay responsables de esa Diputación que parece que prefieren debatir estas cuestiones a través de los medios de comunicación. ELA está dispuesta a ello, está a favor del debate, pero no nos parece que una vía sustituya a la otra.

ELA va a seguir defendiendo sus propuestas, explicándolas y movilizándose a su favor. Mantener la actual política fiscal, que es lo que hacen las reformas actuales, es, a nuestro entender, una apuesta por seguir manteniendo nuestros niveles de protección social a la cola de los de la Unión Europea. No es causalidad, en absoluto, que la protección social sea en Hego Euskal Herria del 19% del PIB, frente al 27% de media de la Unión Europea. No es casualidad que para alcanzar la media europea el Gobierno Vasco tendría que destinar el año que viene 1.200 millones de euros más a sanidad y 800 millones más a educación. Y no es casualidad que el enorme déficit en protección social sea equivalente al diferencial existente en presión fiscal. Esta situación no se corrige con 50 millones de euros más. Se necesitan cambios sustanciales, radicales, de la política fiscal. La actual reforma fiscal no da respuesta, ni de lejos, a la grave situación que vivimos en Euskal Herria.

ELA trabaja para cambiar las políticas. Y está convencida de la necesidad de alianzas. Pero una cosa es alianza y otra subordinación. Si la Diputación de Gipuzkoa decide sin dar participación social, no busca alianzas sociales (es su decisión, su responsabilidad). Tampoco se busca alianza si se pretende callar a quienes defendemos, de manera argumentada, una posición que, por otra parte, no es nueva. Querer llevar a cabo una política progresista, que confronte con el poder económico, requiere necesariamente de la movilización social. Quienes no aceptan esta dialéctica no buscan la alianza, buscan la subordinación. Y ELA no está ahí, ni va a estar.

Mikel Noval es responsable de Estudios de ELA

http://www.gara.net/paperezkoa/20111226/311743/es/Alianza-o-subordinacion-politica-fiscal

martes, 29 de noviembre de 2011

Balances y escenarios tras el cese definitivo de ETA y las elecciones del 20-N

VS 0 | | sección: web | 23/11/2011 Ramón Zallo


A Kepa Mallea, muerto en Santutxu:
por su generosidad,
por el valor que siempre le dio a la palabra
y por compartir ideas, sentimientos y movimientos

La declaración de cese definitivo de la actividad armada de ETA del 20-10- 2011 ha causado un auténtico terremoto político y social que invita a lecturas de pasado y presente y a pensar el futuro político inmediato. Las elecciones generales celebradas un mes después, el 20-N, apuntan también a un nuevo escenario institucional.

1. Reacciones
* Hay quienes no han aceptado el cese definitivo de las acciones de ETA porque ya no ofrece la oportunidad del exterminio y derrota total del supuesto complejo ETA-Izquierda Abertzale (IA) ni, de paso, la marginación del nacionalismo en su conjunto. En este caso la mirada es desde las claves de una España única y de un Estado que dice defenderse sólo del terrorismo, ninguneando la reivindicación nacional vasca y sacrificando rasgos bastante sustanciales de un estado de Derecho.

Se va el sparring cómodo que justificaba todas las tropelías imaginables del Estado... y le echan de menos. Era una pelea, ciertamente con daños dolorosos, pero en un cuadrilátero controlado que tapaba el otro cuadrilátero, el que le importa más al Poder con mayúsculas y que sí tiene patria: la unidad de Estado. No acepta que se plantee no ya una consulta sobre la independencia sino tampoco sobre los modelos federal o confederal. En esta tesitura se mueven buena parte de las huestes del PP, UPyD, foros de la venganza diversos, los Torquemada de papel y onda o la mayoría de asociaciones políticas de víctimas.
* Hay quienes, con más visión de Estado, respiran aliviados. Un problema enquistado menos; y lo celebran. Por el momento sólo dicen que se aplicará la ley en relación a las “consecuencias del conflicto”. No se comprometen a eliminar toda la legislación de excepción generada estos años a la que atribuyen lo que llaman “la derrota de ETA”.

Se están apresurando a reescribir la historia e interpretación de este periodo y son amnésicosrespecto a los abusos del Estado, las legislaciones antidemocráticas, las impunidades policiales, la crueldad penitenciaria, los crímenes sin explicar… Pactaron la desmemoria de la Transiciónentregando a la clase dirigente del antiguo régimen el Poder y la palabra y, ahora, reclaman que la recuperación de la memoria posterior sea selectiva, sólo sobre ETA, dejando en la sombra la otra parte de la historia: crímenes de Estado, torturas sistemáticas, penas sin medida, estrategias de castigo, degeneración democrática….
* Más abundantes por Euskal Herria son quienes, con visión vasca -y hablo de buena parte de la sociedad civil y una parte significativa de la clase política- respiran, respiramos, aliviados porque se acaba una historia que tenía que haber estado acabada hace muchos años y no se sabía ultimar. Hace años que se denunciaban crímenes y tropelías de un lado y del otro, y ahora, tras el anuncio de cese de ETA, ha surgido la oportunidad de que una parte -la que ha matado más- se vaya, y la otra, el Estado embrutecido e impune, tenga que disolver, por presión, sus perfiles más duros e ilegítimos.
* Finalmente, en el mundo de la izquierda abertzale hay una gran alegría, pero también un cierto horror al vacío a la hora de pensar y asimilar lo ocurrido en los últimos 40 años. Un final que ha sido más fruto de la necesidad que de la virtud, más de los datos del presente que de las convicciones, más de la lectura política que de la moral, incluso emancipatoria.
En este contexto ¿cabe un solo relato? No. Relatos. Al menos, uno de Estado y para consumo mayoritario español, en el que se pondrán de acuerdo PP y PSOE y sus cohortes mediáticas, a pesar de los matices. En Euskal Herria un sector (PSE y PP) tendrá el mismo relato pero lo adornarán ensalzando a la sociedad vasca, no darán mérito alguno a la Izquierda Abertzale política (IA) y hasta se sostendrá que ya no hay problema político alguno (López lo ha dicho): sólo una dulce sucesión de alternancias en el timón del Estado.

El resto de sectores –personas de mente abierta y memoria, vasquismos, nacionalismos de izquierda o no, izquierdas varias…- ¿podríamos construir nuestro doloroso relato, sin apaños ni desmemoria y que, a buen seguro, sería el hegemónico aquí? Es un reto posible.

¡Cuánto se agradecería un Memorial de agravios fehacientes que, de no recogerse, sólo quedará en la mirada herida de quienes los padecieron! La sensatez con que ARGITUZ está recogiendo esa información está alejada de quienes, en los dos bandos más enfrentados, hinchan cifras de crímenes ajenos, reales o supuestos, mientras minimizan los próximos y las responsabilidades consiguientes.

martes, 30 de marzo de 2010

La última oportunidad



Si ETA no responde a la petición de los expertos en procesos de paz para que proclame un alto el fuego constatable y la izquierda abertzale ilegalizada no le interpela claramente para que lo haga , no contarán con la mediación internacional

Martes, 30 de Marzo de 2010 - Editorial del DEIA

LA declaración presentada ayer en la sede del Parlamento Europeo en Bruselas por el mediador Brian Currin, con el apoyo de una veintena de personalidades internacionales entre los que se incluyen cuatro premios Nobel de la Paz -el ex presidente sudafricano Frederick de Klerk, el arzobispo Desmond Tutu, John Hume y Betty Williams, ex miembro del IRA que rehusó a la violencia e inició, en la década de los 70, el movimiento pacifista norirlandés- y en la que se insta a ETA a declarar "un alto el fuego permanente y plenamente supervisado" por una comisión internacional, es un exigencia directa a ETA que conllevaría un riesgo excesivo si previamente no se hubieran explorado posibilidades razonables de éxito. De hecho, no se trata de un llamamiento compartido, a ETA y al Gobierno español, sino sólo a ETA, a quien se reclama el paso unilateral. Al Gobierno español se le propone que, en ese caso, responda "apropiadamente" al alto el fuego, lo que "permitiría nuevos esfuerzos políticos y democráticos para avanzar, resolver diferencias y conseguir una paz duradera". Currin, aunque matizó que lo hacía a título personal y aclaró que en la elaboración del texto no se había llegado tan al detalle, situó esa respuesta "apropiada" en dos cuestiones más relacionadas con los derechos humanos que con las concesiones políticas: el fin de la dispersión de los presos y la posibilidad de que la izquierda abertzale radical ejerza sin cortapisas su actividad. El documento ni siquiera pide el inicio de conversaciones que, evidentemente, el Gobierno español no está en disposición de entablar, pero es un impulso a los pasos que la izquierda abertzale ilegalizada está dando y la calidad de los firmantes hace suponer que existe alguna garantía de que su llamamiento pueda ser escuchado. Los mediadores internacionales, incluyendo a la Fundación Nelson Mandela, a Jonathan Powell, ex jefe de gabinete de Tony Blair, la ex presidenta irlandesa y ex Alta Comisionada para los DD.HH. de la ONU, Mary Robinson, o el ex secretario general de Interpol, Raymond Kendall, firman con su prestigio internacional y su reputación y no parece lógico suponer que los expongan al riesgo de no ser escuchados por ETA o por la izquierda abertzale, a quien corresponde ahora interpelar urgentemente a ETA para que atienda esta exigencia de alto el fuego y plantarle cara si comete un atentado. Los mediadores internacionales están transmitiendo a Batasuna que, si quieren seguir contando con ellos, ésta es la coyuntura definitiva. Si esa interpelación a ETA se produce, se repetiría el modelo irlandés en el que el Sinn Féin dejó claro al IRA que el liderazgo político estaba en sus manos para impulsar un proceso de paz. Si, por contra, la izquierda abertzale ilegalizada no aprovecha esta situación con coraje y de modo diáfano, habrá perdido la que quizás sea su última oportunidad.

domingo, 21 de febrero de 2010

Dos articulos para entender que pasa en la Izquierda Abertzale


En este enlace se puede leer la síntesis del debate sobre estrategia que se ha producido en las filas de la izquierda abertzale:

http://www.ezkerabertzalea.info/doku/zutikeuskalherria-cas.pdf

Una lectura de "Zutik Euskal Herria" de la Izquierda Abertzale

Ramón Zallo

Se trata sólo de una lectura textual, contextual y comparativa.

*En primer lugar, y es un mérito con la que le está cayendo a la Izquierda Abertzale histórica, el texto es continuista en su apuesta por las vías exclusivamente políticas. Ya se expresó en el Acuerdo de Lizarra (1998), fue ratificada dos años después de su ilegalización en la Declaración de Anoeta (2004) y se plasmó en el preacuerdo de Loiola (2006). Están bajando del monte a pesar del empeño de Rubalcaba, Ares y Rajoy. El texto contiene tanto una determinada metodología ad hoc para abordar el proceso de cambio (“proceso democrático”) como un espíritu compartido y definitivo para el conjunto de la corriente.

Recordemos que tras el desconcierto por el desmantelamiento, Batasuna aprobó en octubre de 2009 el informe de debate “Clarificando la fase política y la estrategia”, que es el documento base para comprender su nueva estrategia del periodo, y que ha dado lugar a dos breves declaraciones para el público en general: la de Altsasu (noviembre 2009) -que se remite explícitamente a los principios Mitchell para un “proceso democrático”- y ahora, cuatro meses después, el “Zutik Euskal Herria”con alguna concreción sobre las “estaciones” del “proceso democrático”.

En el informe se sostenía la idea de que el “proceso democrático” es la columna de la estrategia independentista. En la Declaración de Altsasu ya se apostaba por una disposición unilateral a abrir un "proceso democrático mediante vías políticas" y “en ausencia total de violencia y sin injerencias”.

Es positivo. Pero todo ello indica, también, una lentísima adaptación estratégica, más atenta a los equilibrios internos que a las necesidades objetivas del país. En cualquier caso supone un avance de la voz política que, con un discurso propio, se le va imponiendo a una ETA cada vez más sonada que, por el momento, consigue que no le reprueben públicamente.

*En segundo lugar, en la declaración hay también alguna de arena.

En Lizarra se decía que en la “fase preliminar” del proceso de diálogo y de negociación no ha de haber condiciones previas (o sea, no eran obstáculo insalvable que continuaran la violencia o la represión) y que, en cambio, en la fase resolutoria se daría una ausencia permanente de la violencia y de respeto de la igualdad de condiciones de todos los proyectos. Fue un paso conceptual, aunque de poco sirvió, porque una ETA tramposa se quedó con la llave de la segunda fase.

En Anoeta -y previamente en la “Alternativa Democrática”- se distinguían dos marcos de acuerdo: entre las fuerzas vascas en lo político, y entre el Gobierno y ETA para la desmilitarización. Esa fue la pauta en la última tregua (mesa ETA- Gobierno; mesa de Loiola de PSE-Batasuna-PNV) que acabó en diciembre del 2006, en la T-4 con una patada brutal en todos los tableros.

Esa diferenciación se mantiene pero, lamentablemente -como se pudo comprobar en la última tregua- son dos mesas condicionadas (se dice en el informe que sería “una sola negociación que transcurre por dos carriles”). Así se arruinarán mutuamente. No se ha asimilado la experiencia.

*En tercer lugar, el documento refleja una hoja de ruta genérica para las propias bases de Batasuna. Las anima éticamente (“no somos como ellos” desmarcándose de la imposición y la injusticia de los Estados), las arenga desde la convicción “de que hemos traído el proceso de liberación a la fase del cambio político” y les propone una fase de acumulación de fuerzas con otros y con un norte: “la opción de la independencia está abierta”.

El documento se sitúa en un plano doble: en la propuesta de una metodología que serviría doblemente para que la Izquierda Abertzale oficial salga del propio laberinto político en el que se encuentra desde una acumulación de fuerzas independentista; y en el de la alternativa política (la apertura del “proceso democrático” hacia la independencia) en la que la Izquierda Abertzale histórica sería protagonista imprescindible y dirigente del futuro –ya que no lo puede ser del presente-. O sea una propuesta vinculada a si misma y a su espacio político.

En mi opinión establece un poco afinado hilo multifuncional entre independencia, proceso democrático, negociación, ausencia de violencia, construcción nacional, cambio social, acumulación de fuerzas, liderazgo y legalización de la izquierda abertzale.

*En cuarto lugar, se dicen varias cosas de interés pero alguna inquietante. Se dice que “iniciar el proceso democrático supone una decisión unilateral de la Izquierda Abertzale” y, algo después, define las tres estaciones del “proceso democrático que ya se está poniendo en marcha en Hego Euskal Herria”. La primera estación es de “mínimos democráticos”, que constituyen “la base necesaria para poder desarrollar el proceso democrático”, y que –creo- cabe identificar con la legalización de las candidaturas y del quehacer político de la Izquierda Abertzale histórica. La segunda es un “Acuerdo democrático” que cabe interpretar como el desarrollo de los preacuerdos de Loiola. La tercera es el “Marco democrático”, como materialización jurídico política del acuerdo democrático (autonomía política conjunta de la CAV y Navarra).

Esta secuencia de estaciones, que esperemos no sean de Vía Crucis, es nueva. Por un lado, las fases son de contenido (mínimos, acuerdo y marco) y no de tiempo político (preliminar y resolutivo) e interioriza que “la desactivación de las medidas de excepción” (legalización de candidaturas, por ejemplo) es un “mínimo democrático”.

Pero, por otro lado, al calificarla como “base necesaria” para poder desarrollar el proceso, puede entenderse, de forma inquietante, que mientras ese mínimo no se produzca, ETA se puede dar un plus de continuidad, o sea que no se produciría el final de la lucha armada (otra cosa sería una tregua táctica) hasta que se abra la segunda estación ni que quepa esperar una condena o crítica pública desde quien se encuentra excluido del sistema. Recordemos que los principios Mitchell son para una negociación y no para la fase previa de un conflicto armado.

*En quinto lugar, aunque el documento provoque cierta decepción, forma parte del lento proceso de lucha de líneas en el interior de la Izquierda Abertzale oficial y en la que van ganando las posiciones partidarias del cambio político y del fin a corto de la lucha armada. No se sitúa en la expectativa que se le reclama social y políticamente de una propuesta política general (proyecto y fin de la violencia) ni anuncia giros copernicanos que nos sitúen ya en un marco de paz. Es más, ni es nombrada ETA pero la “Innombrable” aletea en la atmósfera de las ambigüedades semánticas del texto.

Cabe interpretar que en el equilibrio imposible entre una organización armada autónoma y un movimiento popular al que vampiriza, el documento ofrece una metodología transitoria en la pelea entre ambos. Pero para esta sociedad castigada hasta el límite por parte de quienes la quieren salvar de si misma es promesa de continuidad armada.

*En último lugar, el documento tiene una metodología interesante pero se realiza solo desde una hipótesis deseable de acontecimientos, desde una secuencia mental preconcebida que carece de Plan B. ¿Qué hacer si, como parece seguro, el Gobierno Zapatero no da ningún paso en esa dirección, y menos aún un hipotético Gobierno Rajoy que solo apostaría por la derrota dentro de un par de años? El texto no le prepara a la izquierda abertzale para esa situación aunque, eso sí, queda un espíritu general que pasa por liquidar cuanto antes la lucha armada para poder retomar la iniciativa política. ETA aun no se ha enterado que ya no le quieren ni los suyos.

Publicado en Deia el 20/2/2010



No puede ser lo mismo

Por Mariano Ferrer - Domingo, 21 de Febrero de 2010

A estas alturas sólo les queda el comodín del cambio real que abraza la política con su potencial y limitaciones; la política que excluye y rechaza la lucha armada

Es redundante insistir en las razones para el escepticismo ante el último documento de la izquierda abertzale. Se lo han ganado a pulso. Peor aún, Zutik Euskal Herria parte de un relato de 50 años de lucha que incluye a la lucha armada entre los factores que permiten hoy a la izquierda abertzale dar el gran salto.

El texto repite, si bien en tono menor, la escenificación del mitin de Anoeta en 2004 cuando, tras la exaltación de Itziar Aizpurua de la lucha "que nos había traído hasta aquí", subió al escenario Ion Idígoras a anunciar que se imponía un cambio de estrategia "para llevarnos hasta allí": la doble mesa de negociación que anunció Otegi con la rama de olivo en la mano. Entonces, como hoy, nos aseguraron que era una apuesta de largo recorrido. Tuvo recorrido, es cierto, pero sabemos cómo acabó.

Zutik Euskal Herria es un texto tan ordenado como reiterativo. Una lectura descuidada puede embarullarse en una reflexión que conjuga, en sucesión ininterrumpida de conceptos "marca de la casa" y palabras fetiche, procesos, fases, proyectos, ciclos, y marcos.

En síntesis minimalista, el guión parece ser éste: entramos en una nueva fase del proceso de liberación; una vez neutralizado el intento asimilacionista del ciclo estatutario, toca materializar el cambio político verdadero mediante un proceso democrático; fruto de ese proceso será un acuerdo resolutivo entre las fuerza políticas vascas que, superando la negación de derechos que padece Euskal Herria (marco democrático), ponga fin al ciclo de conflicto político y de confrontación armada, y permita realizar el camino hasta la constitución del Estado vasco

Cabría preguntarse qué permite a la izquierda abertzale histórica estar convencida de que ahora se dan las condiciones para el gran salto y para que ella lo lidere. Bien, cada cuál es libre de fijarse objetivos, imaginarlos realizables y diseñar estrategias para materializarlos. Tampoco es momento de discutir la potestad que se atribuye para definir los criterios de validez democrática del marco institucional. Lo nuevo, de haberlo, no es a qué aspira la izquierda abertzale, de sobra conocido, sino qué medios considera válidos y "eficaces" para ello, y si ese compromiso, ya otras veces proclamado, con los medios políticos y democráticos avanza sobre lo ya conocido e insuficiente. Para muchos es más de lo mismo.

Si nos ceñimos al texto de Zutik Euskal Herria, tienen argumentos. No hay condena ni desmarque de ETA, ni se excluye expresamente que la permanencia de ETA pueda discurrir en paralelo con el compromiso "político" de la izquierda abertzale. Queda así en el aire si la "ausencia total de violencia e injerencias" en que se ha de desarrollar el "proceso democrático" se cumple con una tregua, a la espera de nuevo de los resultados de un proceso tutelado, o exige el final de ETA, única garantía de la autonomía del proceso político.

Estas indefiniciones son relevantes, pero además del texto que, por cierto, no incluye a la lucha armada entre los medios "eficaces" en la nueva fase, está el contexto. De las conclusiones se podrá decir que son más de lo mismo; del debate que ha llevado a ellas, no.

No se trata del dictat de una estructura cerrada que define una estrategia que se transmite a la militancia; responde a una inquietud real en las bases que ven en peligro el proyecto político de la izquierda abertzale histórica y saben, como recoge el texto, que el objetivo de sus 50 años de lucha exige un cambio radical de estrategia para alcanzarlo.

Esta necesidad no es nueva, ya les llevó a Anoeta, pero es creciente e irresistible y ya han apurado todos los cambios cosméticos posibles. A estas alturas sólo les queda el comodín del cambio real que abraza la política con todo su potencial y todas sus limitaciones; la política que excluye y rechaza la lucha armada.

En un colectivo con sentido de la realidad, este debate, con sus conclusiones, debería ser la teorización que les pone ante la puerta que tienen que cruzar. Me resisto a creer que tantos se engañen tanto como para pensar que tienen crédito para decepcionar otra vez.

domingo, 24 de enero de 2010

¿Debate cerrado?

Por Mariano Ferrer - Domingo, 24 de Enero de 2010

ETA habla sólo de borroka, lucha, pero en ningún momento deja entrever disposición alguna a dejar las armas

Esta semana he vuelto a leer despacio un comunicado de ETA. Había perdido la costumbre, hastiado de encontrarme con planteamientos que la inmensa mayoría estima superados hace tiempo. Esta vez, sin embargo, el titular de Gara ("ETA hace suyos los planteamientos expresados por la izquierda abertzale") me llevó al huerto y lo leí con diccionario y tomando notas. Conclusión preliminar: el comunicado no es, ni cabía esperar que lo fuera en este momento, el que llevamos tiempo deseando, pero tampoco lo será el debate actual de la izquierda abertzale histórica si su planteamiento de fondo no llega más allá que este texto de ETA.

El titular de Gara se basa en una frase del comunicado: "Ezker Abertzalea mintzatu du eta ETAK bere egiten ditu haren hitzak". Efectivamente, ETA recoge palabras y conceptos de los documentos dados a conocer con motivo del debate interno abertzale: apuesta por tomar la iniciativa, por la lucha política ("el punto débil de Estado y nuestra mayor fuerza"), por abrir un proceso sin injerencias para lograr por medios democráticos un acuerdo que haga respetar la voluntad política del pueblo vasco al que corresponde, y no a ETA, conseguir la libertad de Euskal Herria.

El comunicado subraya que ese proceso democrático "ez da soilik Herri honentzako aukerarik onena, baizik eta bakarra", pero su interpretación plantea un doble problema. El primero, de concepto, es la compatibilidad de ese proceso con la permanencia de ETA. Porque, si es cierto que bendice el esfuerzo político de la izquierda abertzale (euskal askapen prozesuaren erreferen-tzia nagusia), también precisa que no se basta para "crear las condiciones" que lo hagan posible dada la resistencia del Estado opresor ("borrokaz sortuko ditugu Prozesu Demokratikorako baldintzak"), lo que nos lleva al segundo problema, terminológico.

ETA no utiliza ni una sola vez en todo el comunicado la expresión lucha armada; ni siquiera se refiere al conflicto como "conflicto político y armado" a la manera como había venido haciéndolo últimamente el propio Otegi. Habla sólo de borroka, lucha, pero en ningún momento deja entrever disposición alguna a dejar las armas ni a delegar la resolución del conflicto en una izquierda abertzale que deje fuera a "la organización". ETA cita a Argala ("únicamente el pueblo trabajador vasco puede solucionarse sus problemas"), pero ese pueblo incluye a "todo el que esté de acuerdo con la lucha de ETA", y el comunicado nos recuerda que la lucha política "ha tenido diversas expresiones y herramientas" y nos previene contra la idea de que una tregua o alto el fuego vaya a traer como consecuencia el ansiado proceso. Esta advertencia, en su literalidad, significa sólo que dejar las armas no es suficiente, lo cual es obvio, pero pasa por alto la cuestión de si, pese a no ser suficiente, es, sin embargo, condición previa y necesaria. Al dejarlo en el aire, cabe deducir que de momento ETA prefiere no tomar posición sobre eso, lo que si, de acuerdo con el titular de Gara, responde al planteamiento de la izquierda abertzale, pone en cuestión el alcance del debate.

Nos encontraríamos así, en la peor hipótesis, con un comunicado que trata de encajar la permanencia de ETA -si no como vanguardia, al menos como retaguardia de la lucha política stricto sensu- en el molde de la estrategia nueva y eficaz que trata de articular estos días la izquierda aberzale histórica. Lo cual, a la vista de la posición inequívoca del resto de partidos nacionalistas vascos, llevaría a un callejón sin salida el intento de acumular fuerzas, esto sí condición necesaria reconocida.

¿Cabe otra hipótesis menos pesimista? Tal vez abrir un interrogante sobre la afirmación inicial de ETA cuando dice que la izquierda abertzale se ha pronunciado. Hasta publicarse el comunicado, el debate estaba abierto a la espera de formular las conclusiones. ¿Trata ETA de inducirlas de modo que no le aten las manos? ¿Ha cerrado el debate? Tiempo al tiempo. Eso sí, la izquierda abertzale sabe que su terreno de juego empieza un paso más allá de este comunicado de ETA.

sábado, 4 de julio de 2009

Un duro golpe contra las libertades y el pluralismo político

Ante las recientes sentencias del Tribunal de Estrasburgo


Las sentencias adoptadas por el Tribunal Europeo de Derechos Humanos en relación con la ilegalización de Batasuna y de listas de la izquierda abertzale por parte del poder judicial español son una lamentable demostración de que también esta Corte europea se adhiere a una interpretación cada vez más restrictiva de la Convención Europea de Derechos Humanos y, en particular, del ejercicio de los derechos de asociación, participación, representación y expresión, en nombre de la “lucha contra el terrorismo”.

En efecto, la caracterización por este Tribunal como “terroristas” de organizaciones que, pese a no ser responsables de haber cometido acciones armadas, realicen “actos y comportamientos” que puedan ser interpretados como “un compromiso con el terror y contra la coexistencia organizada en el marco de un Estado democrático” y una amenaza al “mantenimiento de la seguridad pública, la defensa del orden y la protección de los derechos del otro”, no sólo contribuye a dar cobertura a la Ley de Partidos y a las medidas adoptadas por los tribunales españoles sino que refuerza una concepción cada vez más restrictiva de la “democracia” y de la “seguridad”, convertida en instrumento para limitar cada vez más el pluralismo político y criminalizar el derecho al disenso a escala europea. Algunas de las formulaciones ambiguas utilizadas en estos fallos, como la que se refiere a un partido político que no respete “una o varias reglas de la democracia” para justificar su ilegalización, podrían ser motivo en el futuro para ilegalizar a otras organizaciones que cuestionen la “democracia” realmente existente, cada vez más oligárquica, autoritaria y corrupta.

Por todos esos motivos desde Izquierda Anticapitalista rechazamos rotundamente estas sentencias, nos reafirmamos en la exigencia de derogar la Ley de Partidos y consideramos necesario generar un amplio movimiento unitario en defensa de unos derechos y libertades básicas hoy amenazados y que fueron resultado de largas e intensas luchas por parte de los trabajadores y los pueblos de Europa.


Izquierda Anticapitalista

3 de julio de 2009



domingo, 22 de marzo de 2009

La izquierda abertzale guarda un comodín


Una reflexión necesaria e inteligente entre las palabras y los hechos de la izquierda abertzale oficial, por parte de:

Mariano Ferrer. DEIA

tres semanas han pasado desde las elecciones, cada una con su afán. La primera, dilucidar quien podía reclamar la victoria, el partido más votado o el que podía sumar los 38 parlamentarios. La segunda, elegir al socio de gobierno. La tercera, fijar el precio del PP. Resuelto el quién (López), casi por completo el cómo (con el PP sí o sí), se ha puesto en marcha el cuándo con la acreditación de los 25 parlamentarios que inicia el proceso de la investidura. Y cuando nos íbamos a ir de puente sin saber si el acuerdo PSE-PP iba a ser verbal o por escrito, de compromisos o sólo de intenciones, la izquierda abertzale histórica, muda desde el 1-M, ha dado señales de vida.

Que iba a dejarse oír estaba cantado. Encauzada la alternancia, el debate viraba ya hacia el escenario posinvestidura, con un doble dilema: el de un Gobierno-López con propósito transversal pero apariencia frentista, y el de un PNV entre el interés propio como oposición y su responsabilidad hacia el país como fuerza política mayoritaria. En este contexto, Otegi comparece para decirnos que no nos distraigamos con el juego político coyuntural. Las elecciones no han variado las constantes vitales: hay un marco político agotado, un conflicto político pendiente y una mayoría abertzale dispuesta a abrir un proceso democrático que haga posibles todos los proyectos políticos sin otra limitación que la voluntad popular expresada de forma libre y pacífica. Y a renglón seguido anuncia contactos con las formaciones políticas, sociales y sindicales que creen en Euskal Herria y aspiran a formar un Estado, para articular una estrategia independentista eficaz que abra el camino a la expresión de esa mayoría social.

Ninguna sorpresa. Ni en las palabras de Arnaldo Otegi, ni en el manifiesto escepticismo de la opinión publicada. Para la mayoría, ni ha dicho nada nuevo, ni ha dicho lo que tenía que decir. La sociedad vasca está harta de intentar leer entre líneas propósitos que a la hora de la verdad embarrancan en lo mismo, lo que decida ETA.

Pero si la intervención de Otegi puede considerarse más de lo mismo, la puesta en escena no. El interés de Gara en destacarlo nos devuelve a McLuhan: el medio es el mensaje. Últimamente Otegi había hablado a título personal, pero esta vez, dice Gara, lo ha hecho como portavoz de una representación plural y aglutinadora de distintas generaciones de la izquierda abertzale. ¿Quiere decir que frente a quienes hablan de una izquierda abertzale desorientada, fracturada por el debate entre la fidelidad al pasado y la eficacia política, se ha querido transmitir precisamente que el debate está cerrado y que en aras de una estrategia política eficaz se va a aparcar, por sus pasos, pero con todas las consecuencias, cuanto lo impida? A la luz de tantas esperanzas fallidas, parece ingenuo apresurarse a esa conclusión, pero ¿estamos obligados a excluirla?

La dirección política de la izquierda abertzale sabe que tiene agotado el cupo de "iniciativas democráticas" que no empiecen por un desmarque indubitable de la violencia política. Tiene que ser consciente de su precaria situación y que ésta no va a mejorar en el escenario político que se está configurando. Su fuerza electoral está en declive, el colapso de EA fractura el prefigurado proyecto de polo soberanista, y el afianzamiento de Aralar visibiliza una izquierda abertzale sin ETA que puede disputarle la hegemonía si se atrinchera en la fase de resistencia sin presencia institucional. La tendencia de la sociedad vasca a encauzar su futuro a partir del actual marco no tiene marcha atrás. Por mucho que ETA se empeñe, adiós al sueño de poner el contador a cero y volver a empezar. La izquierda aber-tzale tiene que coger un tren en marcha. A todo lo que puede aspirar es a reconducirlo.

Vista su actual situación, no parece fácil que pueda liderar esa "mayoría social" que quiere otra cosa. Pero la izquierda aber-tzale dispone de un comodín: tiene en su mano más que nadie dar cauce al impulso político que lo haga posible. Ya lo ha empleado otras veces, pero sin la convicción necesaria, a la manera de los concursos televisivos, con dudas y para salir de apuros: tras el encarcelamiento de la Mesa Nacional, Lizarra; tras la ilegalización, Loiola. Esta vez sabe que, si quiere jugar, es a todo o nada. Y antes de invitar a otros, tiene que ganar la partida en casa.