viernes, 14 de junio de 2019

FRENTE A LA NUEVA EXTREMA DERECHA NEOLIBERAL Y PATRIARCAL

Consejo editorial Trasversales

La expansión de la nueva extrema derecha es un fenómeno mundial. Las victorias de Trump y Duterte en 2016 y de Bolsonaro en 2018 son hitos fundamentales. En Europa la extrema derecha gobierna Hungría y Polonia y forma parte de gobiernos de coalición en Italia, Austria, Eslovaquia y Bulgaria. En Francia, Marine Le Pen fue la adversaria de Macron en las elecciones presidenciales de 2017. En la mayor parte de Europa hay formaciones que han roto los límites electorales y políticos que tenían las organizaciones neofascistas. Este cambio se ha desencadenado en poco tempo, aunque el régimen de Putin es antecedente y modelo importante de este ascenso de la extrema derecha. Es comprensible la desazón ante esta irrupción del extremismo derechista que, con nota­bles singularidades nacionales, forma parte de un proceso global. Pero la reflexión sobre cómo ac­tuar debe ir acompañada de una comprensión de la naturaleza del peligro que acecha.

Tras la crisis económica de 2008 las políticas de austeridad y de regresión social han disparado los niveles de desigualdad a niveles desconocidos desde hace un siglo, lo que ha contribuido a crear climas de deslegitimación y desafección social en las "democracias electorales", favorecien­do el desarrollo de la nueva extrema derecha.

La nueva extrema derecha tene diferencias esenciales con el viejo fascismo de los años treinta. No es corporatvista ni estatalista sino plenamente neoliberal, promoviendo la desregulación y preca­rización laboral, la regresividad fscal radical, nuevas privatzaciones, desprotección social, rechazo de los derechos de las mujeres, oposición a las medidas ambientales, ecológicas y de protección de los consumidores. No es producto de un movimiento de masas ni de la movilización social. No aspira, al menos en esta fase, a destruir el régimen de las "democracias electorales" y a instaurar un sistema totalitario, aunque sí a recortar notablemente los derechos democrátcos. Su retórica nacionalista tiene como uno de sus objetivos fundamentales debilitar las instituciones políticas su­ paranacionales, particularmente las de la Unión Europea, pero no es un enemigo auténtico de la globalización capitalista.

La nueva extrema derecha representa un proyecto con componentes autoritarios y reaccionarios que se mueve dentro de las coordenadas propias del neoliberalismo y promueve el enfrenta­ miento de unos sectores populares con otros. Una parte de las élites sociales la concibe como un instrumento para reforzar el disciplinamiento social. Su éxito reside en haber sabido conectar esa preocupación de las élites con el miedo de las clases medias a la pérdida del estatus alcanzado, que pensaban transmitir a sus hijos, expectativas que en el mundo neoliberal se han degradado ra­dicalmente.

La extrema derecha emergente es un movimiento reaccionario, neoliberal y patriarcal cuyo princi­pal objetvo de ataque directo, en la actualidad, no son las organizaciones tradicionales del movi­ miento obrero también en crisis­ como lo fueron en los años treinta. Su reacción se dirige con es­pecial agresividad contra los derechos de las mujeres, intentando capitalizar el resentmiento de los varones que sienten amenazado su rol familiar y social patriarcal. Otro componente esencial de su retórica reaccionaria son las y los inmigrantes, convertidos en el enemigo que cumple el papel del antsemitsmo del viejo fascismo. En el compendio reaccionario también está presente la ho­mofobia, la defensa de la religión, el rechazo al ecologismo, etc. Todas esas retóricas reaccionarias son transversales y al atravesar distntos grupos permiten a la extrema derecha sumar los apoyos de los diversos resentmientos sociales que fomenta.

Los éxitos electorales de estas corrientes no signifcan automáticamente el establecimiento de regímenes fascistas. Las luchas decisivas no están por detrás sino por delante. No hay que confun­ dir una ofensiva derechista con su triunfo definitvo. Es un tempo para la resistencia social, la lucha por los derechos de las mujeres, la defensa de las libertades públicas y la construcción de al­ternativas al neoliberalismo a escala global.

Sería un gravísimo error de perspectva no comprender que la lucha contra la nueva derecha es inseparable del combate contra el neoliberalismo y sus efectos sobre la degradación laboral y social de la mayoría de la población. Es una lucha mundial. Aunque las luchas tenen un importan­te ámbito local y nacional, no es posible dar marchas atrás a la mundialización para la reconstruc­ción de las viejas polítcas proteccionistas y keynesianas. Nada de eso es viable. El único combate posible frente a los retos sociales y ecológicos se desarrolla en la esfera mundializada, a través del cambio de correlaciones globales de fuerzas entre la oligarquía y las mayorías de la población, a través del establecimiento de alianzas e instrumentos que, junto a lo local y lo nacional, requieren poderosas herramientas sociales y polítcas supranacionales. En esa clave debe entenderse el sur­gimiento en la última década de movimientos como el 15M, Ocuppy Wall Street, las primaveras árabes, el movimiento mundial de las mujeres y su huelga mundial...

Desde esa perspectva hay que comprender también la situación española. Hasta las elecciones autonómicas de Andalucía de diciembre de 2018, España constituía una de las excepciones al crecimiento generalizado de la extrema derecha. El movimiento 15M y la primera etapa de Podemos actuaron como cortafuegos para ese desarrollo. Pero ese escudo protector ya ha desaparecido y las tendencias generales se hacen presentes.

La aparición de VOX es muy preocupante. Se une al giro hacia posiciones cercanas a la extrema derecha por parte del Partdo Popular con Pablo Casado y, en parte, también de Ciudadanos. Las posiciones sobre la inmigración, sobre los derechos laborales, sobre la violencia de género y los derechos de las mujeres o sobre la situación en Cataluña, con la defensa de un articulo 155 permanente, estable­cen zonas colindantes. El peligro inmediato no es el par­tido de Santiago Abascal sino la proximidad de PP y Ciudadanos a posiciones de extrema derecha.

La victoria de la derecha en Andalucía no puede ser ex­trapolada automátcamente. Las derechas crecieron en 280.000 votos mientras las izquierdas perdieron 700.000. El elemento determinante parece ser el can­sancio ante el gobierno del PSOE y las políticas social-­li­berales que Susana Díaz desarrolló tras el pacto con Ciu­dadanos, así como el desgaste de Podemos. No se perci­be un giro importante hacia la derecha sino un gran abs­tencionismo entre los votantes de izquierda y de los sectores populares. En la evolución de ese amplio espacio de desencanto social es donde, en Andalucía y en el res­to de España, se juega el futuro, no sólo electoral sino, sobre todo, la posibilidad de revertr los efectos de las polítcas de austeridad y de frenar a la derecha.

La actual etapa polítca no requiere un antfascismo abstracto. El desarrollo de las luchas de las mujeres y de los jubilados son, a corto plazo, el cortafuegos más potente contra la derecha y la extrema derecha. El desarrollo de la movilización y la auto­organización social y de instrumentos polítcos para la defensa de las mayorías sociales son el único camino. No hay atajos.

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