viernes, 14 de junio de 2019

¿Por qué Podemos dejó de ser Podemos?

Jesús Jaén Urueña es miembro del Movimiento Asambleario de Trabajadoras-es de la Sanidad

Cuenta Christian Rakovski, revolucionario ruso y amigo de Trotsky, en su memorable ensayo sobre los Problemas profesionales del poder que "Robespierre puso repentinamente en guardia a sus partidarios ante las consecuencias que podía comportar la intoxicación del poder. Les advirtió que, al detentar el poder, no debían hacerse demasiado presuntuosos, o como diríamos ahora, estar infectados de vanidad jacobina".

Francoise Babeuf, líder del movimiento revolucionario de 1796, opinaba también que, entre otros motivos, la caída de los jacobinos "estuvo facilitada por las damas nobles de las que tanto se habían encaprichado. Y se dirigía a los jacobinos en estos términos: ¿Qué estáis haciendo, plebeyos pusilánimes? ¡Hoy os estrechan en sus brazos, mañana os estrangularán!".

Hemos traído estas citas para reflexionar, una vez más, sobre la enésima crisis de Podemos; no para que se interpreten al pie de la letra pues no son situaciones iguales ni, como veremos más tarde, los dirigentes de Podemos incurrieron en esas formas de vida, sino para ampliar desde una perspectiva más histórica aquello que nos sucede ahora. Decía también Rakovski que la situación de una clase no es la misma cuando llega al poder que cuando se encuentra luchando desde abajo contra las clases dominantes. Por la misma ecuación, tampoco es igual la situación de un partido cuando acaba de nacer y trae el impulso de la calle que cuando asume la participación e integración en un sistema (tomando ese concepto en su globalidad) que le es hostil. El mismo partido bolchevique ruso pagó el más alto precio cuando comenzó su tarea de construir un nuevo Estado, sus principales protagonistas, a excepción de unos cuantos cientos, fueron arrasados por el ciclón de la historia. La falta de recursos materiales pero también los privilegios materiales de una nueva élite (Rakovski se refería entre otras cosas a la utilización por parte de algunos miembros del partido y los soviets de las limusinas) acabaron por transformar el partido en un aparato burocrático.

Podemos no se puede comparar ni a los jacobinos ni a los bolcheviques. El grupo dirigente de Podemos no estaba formado por curtidos revolucionarios, ni líderes obreros que habían dirigido una insurrección; incluso a nivel intelectual cualquier comparación entre aquella generación y ésta es completamente ridícula. Por eso toda analogía tiene sus límites. Pero sitúa los problemas más a nuestro favor. Entre los factores que han influido en la transformación de un Podemos a otro, es decir, del Podemos que nace en la onda larga del 15M al Podemos que se convierte en un campo de batalla de intereses, egos, vanidades y arrogancias, nos gustaría destacar esencialmente dos: el proyecto político que encabezaron principalmente Pablo Iglesias e Íñigo Errejón; y, en segundo término, las propias limitaciones de un contexto internacional y nacional que ha empujado en una dirección conservadora.

Situar como hace mucha gente la causa última de las sucesivas crisis en problemas personales, psicológicos o a egos (sin menospreciar la importancia que estas cosas puedan tener en momentos concretos) es tomar el rábano por las hojas. ¡Qué fácil sería psicoanalizarse! Pero no es así. El proyecto de Pablo e Íñigo fue, desde el primer momento, un proyecto cesarista (personalista y autoritario); no democrático sino plebiscitario (que es muy diferente); elitista en cuanto a que prescindió de la mayoría para apoyarse en grupos de amigos y conocidos de la universidad y tomó como rehenes a miles y miles de gentes entusiastas a los que se les pedía fidelidad ("yo o el caos").

En lugar de abrirse a otros grupos sociales, al mundo laboral, a las mujeres, lo que vivimos fue una sucesión de experiencias endogámicas entre los llamados núcleos irradiadores y sus incondicionales. Es imperdonable que ese proyecto político interviniera para destituir y nombrar cuando la relación de fuerzas se lo permitía. Todo esto no son errores personales de Pablo y Errejón sino la esencia de su proyecto. En un caso es la perpetuación del tic estalinista; en el otro, el verdadero contenido de un populismo que apuesta por el líder del "partido de los significantes vacíos". En resumidas cuentas, un proyecto que aspiraba a ser la alternativa al bipartidismo y conseguir la hegemonía de una mayoría social, sucumbió a la cultura política dominante, a sus hábitos no democráticos y a unos medios de comunicación que te acogen y te abrazan como las damas de la Corte de las que hablaba Babeuf.

Quizá si la situación que se hubiera vivido a nivel internacional o nacional no fuera de una gran ofensiva conservadora, si se hubiera mantenido el aliento del 15M y de las mareas, si la primavera griega no hubiera terminado en tragedia, quizá entonces es posible que fuerzas sociales poderosas hubieran empujado en una dirección progresista. Pero no fue así y no vale la pena especular.

Ahora queda volver a arrancar desde abajo. La historia no se detiene. La onda larga del 15M y de las mareas se desvaneció, pero ahí están las mujeres; millones de ellas se están poniendo en marcha aquí y en todo el mundo. Ellas nos arrastran en una revolución de largo alcance que no sólo combate la desigualdad de género, sino que impugna el orden social que está en el origen de una sociedad machista y patriarcal. Desde abajo -como ellas están proponiendo- es desde donde se puede volver a jugar una nueva partida.

Hasta aquí, como decía Rakovski al finalizar su ensayo, he razonado mediante abstracciones y algunos hechos. Estos hechos han dado seguramente un carácter unilateral a este artículo. Pero se comprenderá que las personas que estuvimos involucradas en Podemos nos podamos permitir cierta parcialidad.

Trasversales 46 / febrero 2019

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