martes, 27 de junio de 2017

La llave para derrotar al PP son las clases trabajadoras y los más jóvenes

Jesús Jaén.

Vivimos tiempos de confusión. La acumulación de datos contradictorios hace que todo análisis sea complejo y condicionado.

 Aumenta la desigualdad social entre las élites y las clases trabajadoras (86 a 1 es la diferencia salarial entre un consejero del IBEX y un trabajador medio). Sin embargo la economía crece a un ritmo más fuerte que en la UE que pronostica un crecimiento alrededor del 3 por ciento. La reforma laboral, los recortes y la enorme destrucción de Capital ha dado confianza a los Mercados para invertir en España; ello ha ido generando un subempleo precario, una mayor contratación y un aumento de los beneficios de las empresas que se verifica en el consumo. Es la economía liberal en estado casi puro.

El gobierno de Rajoy vive una situación de equilibrio inestable. Por un lado ha logrado sacar adelante los presupuestos, pero sufre el mayor descrédito por la corrupción política tras el estallido de los últimos escándalos. Como diría Pablo Iglesias, gobierna el PP pero su muleta son Ciudadanos. Podríamos hablar –perfectamente- del gobierno de la “coalición neoliberal”.

La crisis catalana está a punto de vivir un momento decisivo tras la convocatoria el 1 de octubre del referéndum. Se trata de un factor con enorme potencial desestabilizador en un conflicto político entre el Estado centralista y los nacionalistas catalanes. El problema para estos últimos es que no tendrán el apoyo de la Unión Europea y que, a medida que pasa el tiempo, disminuye el apoyo social a la independencia. Tampoco el gobierno central lo tendrá fácil. Debe enfrentarse al mayor reto expresado en una crisis institucional sin precedentes.

Tras su congreso, en el PSOE asistimos a un giro a la izquierda de la mano de Pedro Sánchez. Esto agrega mayor inestabilidad a la situación ya que condicionará más aún al gobierno corrupto y debilitado del PP. Sin embargo, la suma de PSOE y Podemos no da para formar alternativa de gobierno ni siquiera con los votos de Bildu y ERC. Hacen falta otros socios. Los nacionalismos burgueses catalán y vasco no están por la labor. Mucho menos los de Ciudadanos (incompatibles con Podemos, Bildu o ERC).

En síntesis: estamos en un escenario complejo con fuertes corrientes contrarias pero intercomunicadas a través de vasos comunicantes. Unas y otras no paran de soltar agua y reabsorberla, sin que se produzca, de momento, un hecho definitivo. Pero las crisis tienen fecha en el calendario.

 En este momento no hay una alternativa de gobierno a Rajoy. Se equivoca Pedro Sánchez volviendo a intentar de nuevo una coalición entre PSOE, Podemos y Ciudadanos. La verdadera coalición es la que ya forman PP, Ciudadanos y PNV. Aquella que ha sacado adelante los Presupuestos Generales del Estado; la que aplica los planes de austeridad y los recortes. La que niega voz a la ciudadanía catalana. Esta coalición está apoyada por un crisol de grupos sociales que van desde las élites financieras a los sectores más conservadores de las clases medias, pasando por los aparatos del Estado y las empresas que controlan los medios de comunicación. Es el bloque histórico que domina; que mantiene la fortaleza del discurso en amplios territorios y entre los mayores de sesenta años.
Para derrotarla no caben atajos como la propuesta de Pedro Sánchez hacia Podemos y Ciudadanos. Un gobierno tripartito sería contraproducente en el terreno social y para Cataluña; desarmaría el discurso de la izquierda y crearía un foso entre Podemos y las clases trabajadoras. Debemos partir desde más abajo. Es necesario articular los movimientos de resistencia; apoyar las luchas de los estibadores y en la negociación de los convenios; los movimientos contra la corrupción y a favor de los servicios públicos (sanidad y educación). Hay que construir una alternativa pero desde abajo.

Aprendamos también de la reciente experiencia en el Reino Unido con la campaña del Laborismo y su líder Jeremy Corbyn. Ellos supieron enlazar con las reivindicaciones de las clases trabajadoras y de los más jóvenes: la nacionalización de sectores estratégicos de la economía y de los servicios esenciales o la supresión de las tasas universitarias para los estudiantes. Un ejemplo de audacia política que no se han visto en los programas electorales de Podemos ni mucho menos del PSOE.

Es ahí donde una izquierda política puede arrasar a las derechas liberales. A través de unas prácticas coherentes pero sobre todo, mediante la propuesta de cambios políticos y sociales de fondo. Los desafíos al menos son cuatro: vivienda, empleo, corrupción y Cataluña. Para estos grandes problemas… soluciones. Vivienda pública y barata para los más jóvenes. Redistribución de la renta nacional desde las élites económicas hacia las clases trabajadoras asalariadas. Transparencia en la gestión pública y democracia para que Cataluña decida. He aquí cuatro premisas para un cambio social y político.
Jesús Jaén.

A lo que el Premio Princesa de Asturias llama concordia

El diario.es - Olga Rodriguez

El Princesa de Asturias  ha premiado con el galardón de la Concordia a una Unión Europea que impone rutas mortales a las personas que migran huyendo de la pobreza o de la guerra. Solo en 2016, según cifras oficiales, murieron 5.096 personas en las aguas del Mediterráneo, la mayor fosa común del mundo en la que en los últimos 15 años han perdido la vida más de 25.000 personas.
Quienes deberían tener derecho al asilo pagan incluso más de 6.000 euros para cruzar seis países y un mar por rutas cada vez más peligrosas, porque la Unión Europea cierra los caminos más seguros y externaliza fronteras para que la gente muera cada vez más lejos de nuestras conciencias.
La Unión y sus Estados miembros han firmado acuerdos con países como Libia, Marruecos, Turquía,  Egipto, Eritrea,  Afganistán y Sudán del Sur, para que, entre otras cosas, controlen y frenen el paso de migrantes o readmitan a sus nacionales. 
Muchos refugiados disponen de dinero para pagarse un billete de avión a Europa pero no pueden, por el simple hecho de ser iraquíes, sirios o afganos, por ejemplo. Están condenados a sortear controles militares, a recorrer sendas peligrosas, a enfrentarse a mafias que trafican con sus cuerpos, a sufrir robos o violaciones, a desafiar el riesgo de ahogarse si vuelcan las precarias embarcaciones con las que cruzan el mar. Los Estados europeos son diseñadores intelectuales de estas tétricasyinkanas que imponen como únicas rutas posibles. Podrían salvar la vida de miles de personas. Pero no quieren.
El Princesa de Asturias premia a una Unión Europea que invierte cada vez más dinero en vallas, muros, concertinas e infraestructuras a las que llama "de seguridad", desde las que se ha disparado a gente que no ha cometido delito alguno. Ahí tenemos el ejemplo del Tarajal: 15 muertos, ningún condenado.
La Unión Europea expulsa de su propio territorio a personas que tendrían derecho a quedarse o permite que se las encierre en cárceles a las que llama eufemísticamente centros de internamiento para extranjeros, donde se han registrado maltratos y ausencia sistemática de la atención médica necesaria, lo que ha llevado a la muerte de personas como Samba Martine, muerta en el CIE de Aluche en 2011.
En territorio europeo hay gente encarcelada por el simple hecho de no tener papeles. En Dinamarca se confiscan las riquezas de las personas que piden derecho de asilo y se encarcela a las que mendigan. En países como España se ha llegado a agitar desde las instituciones el temor a los refugiados, afirmando que entre ellos se infiltran yihadistas.
La Unión Europea impulsa un  sorteo de personas –"tú sí, tú no"– con el que acepta a tan solo un mínimo porcentaje de los refugiados, mientras fuera de ella solo diez de los países más pobres del mundo acogen a casi la mitad de los 65 millones de refugiados que hay en el planeta, un máximo histórico.
Y aunque Alemania ha asumido una acogida de más de un millón de refugiados, el porcentaje sigue siendo inferior comparado con lo que acogen países mucho más pobres fuera de Europa. La Unión Europa ni siquiera cumple con sus propios objetivos al estar lejos de reubicar y reasentar a las personas con las que se comprometió para septiembre de este año. España destaca por su insolidaridad, con solo 1.304 refugiados reubicados y reasentados de un total (también tristemente ínfimo) de 17.337. 
Desde la Unión Europea se exportan armas a países en guerra de los que huyen los refugiados. Las personas refugiadas intentan venir a Europa mientras las armaseuropeas van a los países de los que los refugiados huyen y en los que se viola de forma sistemática los derechos humanos más básicos. A pesar de ello, las naciones europeas mantienen acuerdos preferenciales y alianzas con gobiernos dictatoriales, con monarquías absolutistas o con potencias ocupantes que violan de forma sistemática la ley internacional.
A la Unión Europea hoy premiada Naciones Unidas la ha acusado de violar derechos humanos y la ley internacional con el cierre de fronteras y las expulsiones colectivas. En ella están algunos de los mayores exportadores de armas –Francia o Alemania– y en ella hay naciones que apuestan por un crecimiento mayor de su gasto militar. En ella se registra un recorte de derechos y libertades, con leyes mordaza, decretos de estados de excepción y participación habitual en bombardeos a terceros países en nombre de la paz y la seguridad.
Desde la Unión Europea diversos Estados defienden la apuesta unilateral de la vía militar para conflictos que tienen su origen en la desigualdad económica, en la injusticia social, en el recorte de inversión en servicios públicos, en la precariedad. En esta nueva etapa de multipolaridad la Unión Europea coquetea con aumentar su independencia y hegemonía militar a base de más aventuras bélicas propias, como la intervención en Mali, donde Francia busca más participación de otras naciones europeas como España.
Las razones de la concesión del Premio Princesa de Asturias de la Concordia a la UE son frágiles y endebles. La segunda década de este siglo XXI será estudiada por los historiadores del futuro como una época de recorte de derechos y libertades, de crecimiento de la xenofobia y de carrera armamentística.
Por todo ello urge más que nunca una Europa comprometida con la lucha por la paz y los derechos humanos. Pero de momento presenciamos una Europa que acepta la desigualdad como algo natural e inevitable, condenando a los otros a la muerte o a la clandestinidad. Y con ello condenándose a sí misma. 

viernes, 19 de mayo de 2017

Obreras del cariño, las ‘kellys’ de los cuidados

Llevan un año en huelga, la más larga del sector en años. Son gerocultoras de las residencias de mayores de Bizkaia, con más de 10.000 personas usuarias y cuya gestión ha sido privatizada por Diputación. Reivindican un doble abuso: la precariedad laboral y el mal cuidado a las personas dependientes.


Publicado por Pikara Magazine
“Somos psicólogas, enfermeras, fisioterapeutas”. “Miramos si tienen fiebre o heridas, somos las que estamos con ellos”. “Te llaman y tienes que decir, espera, ahora voy, no puedo. Sin hacer descansos”. “En mi residencia hay 150 abuelos y tres auxiliares de noche para seis plantas”. “Acabo con moratones de lo rápido que voy, pegándome con todo”. “He llegado a dar de comer a tres a la vez”. “Siempre piensas si mañana te dará tiempo a hacerlo mejor. Eso no te deja dormir”. “Sufrimos estrés, he visto a compañeras llorar por lo que nos exigen. Sabes que no están bien atendidos. No es tu culpa, pero eres la que está ahí”.
Prefieren no decir sus nombres, algunas han sido represaliadas; como A, de UGT, despedida tras varias suspensiones de empleo y s­­­ueldo por señalar fallos en la medicación o falta de pañales. “¿Cuánto tardas en levantarte, ducharte, echarte crema y vestirte? Nosotras tenemos siete minutos por residente. ¿Eso es dignidad?”, comenta una. Dicen que la dirección de las residencias se ha deshumanizado. “Antes eran abuelos, luego residentes y ahora me obligan a llamarles clientes”, cuenta otra. Por eso comenzaron la huelga el 17 de marzo de 2016, para luchar por un convenio digno y visibilizar una crisis de cuidados.
Piden aumento de personal, 1200 euros netos de salario y reducción de horas; de las 1698 anuales a las 1592 del sector público. Suelen trabajar en turnos de 7 horas y media, mañana, tarde o noche, siete días seguidos, librando dos y con un domingo libre al mes. En los últimos años se ha extendido la contratación para refuerzo en desayuno, comida y cena. Conciliar o compaginar con otro empleo es imposible. Su salario es de 1158,34 euros, hasta un 60% menos que en las públicas y 800 euros por debajo del de dirección del mismo convenio.
El ratio por ley es de 29 trabajadoras por cada 100 personas usuarias, pero incluye a personal de recepción o jardinería. “¿Por qué meten en atención directa a todos y cuando hablan de los servicios mínimos en la huelga, sólo a gerocultoras y celadoras de noche?”, pregunta Soraya García, gerocultora y de ELA, sindicato que representa al 70% del sector. “No permite que alguien esté en la cama si está mal, supone una auxiliar más”, señala A. “Necesitamos más personal para que puedan hacer bien su trabajo y también la parte humana”, dice Juani Céspedes, de Babestu, asociación de familiares de usuarios que nació para defender la calidad en el cuidado. “A mi padre le levantan, le dan de comer, le acuestan. ¿Cómo no voy a estar con ellas?”.
Las familias cuentan que a veces los ancianos están orinados, que esperan horas para ir al baño. Si no hay pañales, se arreglan con esparadrapo. En algunas residencias pasan el día frente al televisor. Caerse de la cama por la noche y pasar horas hasta que les recojan es habitual. Se reutilizan las gasas de limpiar los ojos o las jeringuillas de nutrición. Sillas geriátricas viejas, camillas de ducha poco seguras, grúas obsoletas. “Hace años se hacían juegos o disfraces. Ya no, es perder dinero. Les dan un papel de un pollo y están horas con una pintura amarilla”, lamenta A. “Es inhumano. Son un número en la ropa”, confiesa Céspedes. “Se estropean física y emocionalmente”, añade Mari Paz, de Babestu. Los usuarios cofinancian su plaza con hasta un 80% de su pensión, pero hay servicios que se pagan aparte. “La mayoría de las residentes son mujeres -el 85%-. Viven más pero, ¿con qué calidad de vida? Sus pensiones son bajas y no pueden pagar los analgésicos que necesitan”, asegura Carlos Ruiz, de la plataforma por los derechos sociales Pentsionistak Martxan.


El negocio del siglo

Las concesiones de gestión privada de las residencias se han dado a partir de 2004, coincidiendo con los recortes y la caída de la construcción. Bizkaia cuenta con 147 centros, 10.140 plazas. 5056 son gestionadas por Diputación entre residencias públicas –según el Instituto Foral de Asistencia Social sólo quedan 4–, públicas de gestión privada o privadas con plazas concertadas. El precio que paga Diputación de 81 euros por residente al día ha subido un 11% desde 2009, mientras que los salarios de las gerocultoras han caído un 0,26%. Según auditorías consultadas para este reportaje, ninguna residencia privatizada ha dado pérdidas en 2015; la rentabilidad en algunas supera el 16%. Los beneficios totales son de más de 7,5 millones. El 87% de estas plazas está controlado por tres grandes grupos relacionados con constructoras. Destacan Igurco, que según ELA obtuvo 3.100.000 euros de beneficio entre 2014 y 2015, y Vitalitas. Ambos gestionan también residencias con plazas concertadas.
De Igurco formaba parte la constructora Urazca, de la que fue apoderado el diputado de Hacienda José María Iruarrizaga. Ésta vendió su parte a Adeslas, que forma Igurco con IMQ y Cosimet, uno de los principales holdings industriales de Euskadi. El actual director de Promoción de Autonomía Personal en Acción Social de Diputación, Sergio Murillo, dirigía una de las residencias del grupo. En Vitalitas es paradigmático el caso de Juan Carlos del Campo Bidaurrazaga, que según el Registro Mercantil acumula más de una veintena de cargos en distintas sociedades, muchas de ellas del grupo Vitalitas, que pertenece al grupo constructor Promega, de la familia Gorostiza Ezquerra. Miembros de esta familia ostentan cargos en Beurko Residencial Vitalitas. Del Campo es apoderado de Aztertzen Asistenciales, que presidió hasta 2015, y que da el servicio de ayuda a domicilio del Ayuntamiento de Bilbao. Es apoderado de Babesten y apoderado y consejero de Mainatzen, empresas de asistencia del Grupo Urgatzi. Urgatzi desarrolla parte de su trabajo con Vitalitas, como demuestra su página, en la que aparecen centros de ambos. En esa misma web aparece una residencia de la empresa Egoitz Alai, Del Campo es apoderado, consejero y secretario. Egoitz Alai es, a su vez, propiedad de la constructora Katillotxu, presidida por los hijos del exconsejero del Interior Juan María Atutxa; Iskander y Asier Atutxa Zalduegi, éste, presidente del Puerto de Bilbao.

Mujer y cuidados: la huelga interminable

Desde que empezó el conflicto, las 5000 huelguistas han sido criticadas por Diputación. “Quieren hacer creer que estamos pidiendo más dinero”, señala M, gerocultora desde hace 14 años. “Como usuarios y potenciales usuarios hicimos una interpelación en las Juntas Generales. La diputada de Acción Social dijo que se iba si se hablaba de residencias. Desde PNV y PSE tuvieron desprecios bastante potentes”, cuenta Carlos. La misma diputada no se ha sentado nunca con ELA y un juntero del PNV espetó a las trabajadoras que él también querría cobrar más por menos. Unai Rementería, máxima autoridad de Diputación, advirtió de que la dignidad de los mayores está por encima de cualquier huelga, pero olvidó que debía haberse garantizado antes de precarizarse hasta el extremo, justo lo que reivindican las huelguistas.

La guinda fue su artículo en El Correo, ‘Mi versión’, en el que definía el conflicto como un negocio del sindicato, utilizando el “miedo” de las mujeres a un “mercado laboral inestable”. Ellas lo tachan de insulto: “Parece que no tenemos pensamientos propios”. “ELA hace huelga porque las mujeres lo decidimos. No somos marionetas”. “Nos hemos sindicado nosotras. Muchas se han empoderado al ver a las demás”, relata Soraya. “Diputación ha abandonado a nuestros familiares”, sostiene Juani. La relación con la patronal no ha sido mejor: “En la mesa ves la lucha de clases en directo”, dice Jone Bengoetxea, encargada de Igualdad en ELA. “Son muy educados, pero te las van tirando como si fuéramos gilipollas. Yo dije mal una cifra y uno me dijo, hay que venir con la información aprendida. No sé qué me entró que me puse a llorar”, recuerda Juani. La mesa también desprende machismo. Cuentan que un miembro de la patronal llegó a afirmar “esto lo vais a conseguir por mis cojones”, agarrándose los genitales. “El de Igurco nos dijo que nuestro sueldo era complemento al de nuestros maridos. Y perdona, pero no”, relata M.
El conflicto está enquistado y familiares, usuarias y trabajadoras creen que es por ser un sector feminizado y no productivo. Con un 95% de mujeres en plantilla dedicadas a cuidados, los paros no provocan pérdidas sino beneficios. Para Isabel Otxoa, profesora de Derecho del Trabajo en la UPV/EHU, especializada en economía de cuidados, “no es sólo que si fueran hombres el conflicto estaría resuelto, es que nunca habría existido. La inversión privada se interesó en el sector basándose en la financiación pública y en muy bajos salarios”. Reconocer la profesionalidad de las trabajadoras supondría subir sueldos.

La Ley de Dependencia de 2006 que regula la ayuda asistencial, coloca en el centro la rentabilidad y el ahorro, no la calidad, a costa de trabajadoras y personas usuarias. Más del 50% de las ayudas se dan al cuidado en el entorno familiar, porque es más barato. Esa la labor la realizan en su mayoría mujeres, invirtiendo casi todo su tiempo por una compensación mínima y sin cotizar ni acceder a una pensión. Así, la lucha de las gerocultoras por mejorar sus condiciones laborales va más allá de un conflicto laboral: implica blindar unas condiciones dignas para todas las mujeres y poner en alza los cuidados. De hecho, algunas son un antes y un después de la huelga, han tomado su sitio en casa y han dicho a su familia, “tenéis que colaborar porque ahora voy a estar en la calle, luchando por mis derechos”. Ellas, obreras del cariño, son un ejemplo de lucha frente a un modelo de bienestar y unas políticas públicas que perjudican sistemáticamente a las mujeres y a la sociedad. Una crisis de cuidados que pugna entre dos extremos: los beneficios y la vida vivible.
Los cuidados, básicos para la sostenibilidad de la vida, están precarizados. La externalización de los servicios prima los beneficios entre unos pocos a costa de las trabajadoras. Ellas, lejos de amedrentarse, han abrazado el sindicalismo y la lucha colectiva. Al tiempo que mantienen su duro y poco reconocido trabajo, cogen el megáfono y salen a la calle haciendo malabares para conciliar. Un sacrificio personal y económico de un año en huelga. Les han dejado de temblar las piernas cuando la dirección les llama al despacho. El empoderamiento que han experimentado va más allá de los logros conseguidos; emocionarse en una sentada de 400 mujeres y decir “es que me siento tan fuerte entre todas”.


La izquierda sobrevivirá si toma partido por las clases trabajadoras

Jesús Jaén. Activista del MATS


“La izquierda necesita desesperadamente volver a enfocarse en la clase. Desde los años 80 en adelante -cuando el movimiento laborista fue aplastado, las viejas industrias destrozadas y la guerra fría terminó- la clase ocupó el último asiento. El género, la raza y la sexualidad parecían más importantes y relevantes. En realidad, nunca debería haber sido una cosa o la otra: ¿Cómo se puede entender el género sin la clase y viceversa dada, por ejemplo, la desproporcionada concentración de mujeres mal remuneradas y con inseguridad laboral?” Owen Jones (escritor y periodista inglés)


1.- El mundo en el que nos adentramos parece haber entrado en una etapa en la que la disputa por la hegemonía política se da entre dos polos claramente capitalistas: una derecha liberal versus una ultraderecha populista. El proyecto social que, en otros tiempos, representara el socialismo entró en crisis. La socialdemocracia se ha convertido en un segundo proyecto liberal. Los populismos latinoamericanos han empezado a retroceder. Una de las grandes esperanzas en el sur de Europa que era el gobierno de Syriza, se ha adentrado por el camino del liberalismo aceptando la austeridad y los recortes de la Troika.
Pese a todo se ha mantenido un alto grado de movilización social y democrática; y, no han faltado nuevas alternativas políticas como Podemos, el Bloco de Portugal, la victoria de Corbyn en el Partido Laborista y el éxito de Bernie Sanders en las primarias del Partido Demócrata. Un resultado positivo pero extremadamente escaso si tenemos en cuenta la situación histórica que hemos vivido: la mayor recesión económica desde 1929; y, la onda larga de las revoluciones árabes o sus réplicas (15M, Occupy Wall Sreet…) en los países del centro.
A partir de la gran recesión del 2007-8 y del cambio de signo de las movilizaciones sociales hacia una mayor estabilización política, hemos vivido el ascenso de la ultraderecha populista. No toda la ultraderecha es lo mismo, pero es un hecho que se trata de un fenómeno similar que se produce por los efectos de la crisis y el vacío político que sienten millones de trabajadores y sectores populares. El chauvinismo, el racismo, el conservadurismo ideológico, el populismo frente a las élites financieras y políticas; todas ellas, son las propuestas que han alzado a Donald Trump con la presidencia de los Estados Unidos, a los partidarios del Brexit, al Frente Nacional de Le Pen en Francia que aparece primero en las encuestas, y a los demás partidos de la extrema derecha europeos a un poderoso auge. La frase que podría resumir sus discursos nacionalistas y xenófobos es ¡Primero la Nación! ¡Primero América! ¡Primero Francia! …
Pero el mayor problema para la izquierda social y política es que ese relato de la ultraderecha populista ha calado, tanto entre los sectores de la pequeña burguesía y de las clases medias con un nivel social alto; como también entre los más pobres; es decir, los trabajadores de baja cualificación blancos y los granjeros en Estados Unidos; entre los desempleados y la clase obrera golpeada por la crisis o la deslocalización industrial en Gran Bretaña o Francia; entre la pequeña burguesía radicalizada por la llegada de los inmigrantes en otros países como Holanda, Noruega o Austria, etc. Los datos estadísticos en este sentido son abrumadores. En conclusión, han saltado las alarmas, la izquierda tiene ahora un nuevo competidor que le está arrebatando en algunas ciudades y pueblos, la hegemonía política entre las clases trabajadoras y populares.Ese competidor no es el liberalismo “democrático”, sino la ultraderecha populista, autoritaria y racista. Sería bueno que los europeos no nos olvidáramos de nuestra historia con la llegada del Partido Nazi al poder en 1933.
El “consenso neoliberal”
¿Cómo se ha llegado hasta aquí para evitar cometer los mismos errores? Esa es una de las preguntas que nos gustaría responder. Durante los últimos cuarenta años el neoliberalismo ha sido el régimen dominante elegido por las élites financieras y políticas. Un régimen construido sobre la violencia social y política pero disimulado (sobre todo en las últimas décadas), por un decoroso intento de moderar las formas políticas mediante el llamado “consenso liberal”. Ese consenso tenía –y sigue teniendo- una base sólida tanto en lo cultural como en lo económico. De ahí la durabilidad y éxito de su propuesta.
Lo que el neoliberalismo ha venido a proponer es una “sociedad civil” donde la economía es el puro “sentido común”tal y como lo explicaba Gramsci en los Cuadernos de la cárcel. Es decir, algo arraigado en la conciencia de la gente (entre la tradición y la costumbre), que se produce de forma natural como el día y la noche, el frío y el calor o el crecimiento del niño en adulto. La economía de mercado es lo único que no se toca. La economía liberal es el resultado definitivo de la crisis conjunta del socialismo estatista y del Estado de bienestar colapsados por éxito del capitalismo liberal. No está por lo tanto en discusión.
Si queremos desarrollo del país tiene que haber ganancia para unos pocos; instituciones supranacionales que nos digan lo que tenemos que hacer (Banco Mundial, Consejo europeo o FMI) y la acumulación de más riqueza para los ricos que son los únicos que pueden dar confianza a los fondos de inversión y a la economía en general. El “sentido común” aconseja que no traspasemos una décima el déficit público o que haya que subir impuestos y ajustar los salarios a los beneficios empresariales. Este mantra que se ha repetido machaconamente durante los últimos veinte años, es la piedra angular del neoliberalismo integrista.
A esta lógica del “sentido común” económico, los liberales de derechas suman cuatro nuevos conceptos políticos que han dado lustre y basamento a su proyecto: la integración de las clases medias urbanas nacidas sobre todo de las nuevas tecnologías o profesiones; la incorporación de toda la socialdemocracia a este consenso económico; la asimilación a la nueva cultura de las reivindicaciones de igualdad de género (mujeres, gays, lesbianas…) e incluso la utilización de un ecologismo capitalista.
Finalmente, para dar cobertura a ese relato pseudoprogresista, fue necesario encontrar un chivo expiatorio: ahí apareció el movimiento sindical; el estado de bienestar social; la clase obrera industrial o los nuevos mileuristas que accedieron por millones al mercado laboral; en definitiva, todos los aliados de los proyectos vinculados a la emancipación del trabajo y el socialismo. Es curioso que, entre los muchos relatos que se han contado, uno de los que más nos hayan impactado es una cena en donde unos “pijos-progres” tratan respetuosamente toda diferencia étnica o de género, pero cuando llegan a la parte de los chistes de las “chonis o los chavs” los comentarios se exceden a cualquier tipo de autocontrol. Es lo que se ha conocido como la demonización de las clases trabajadoras.
La hibridación entre una idea fuerte económica al servicio de una clase oligárquica, con formas políticas versátiles o sutiles es lo que ha convertido al neoliberalismo en un proyecto históricamente poderoso. Pero la gran recesión del 2007-8 provocó la mayor crisis social desde la gran depresión. Eso, lo cambió casi todo.
El precio que pagó la izquierda
La vieja socialdemocracia y el laborismo, así como los grandes sindicatos han entrado al consenso neoliberal. Para integrarse al mismo, fueron abandonando todas las posiciones de clase. Millones de trabajadores de la industria o los servicios quedaron a la intemperie frente a la austeridad. Se generó un vacío de representación política que en algunos momentos se cubrió con partidos liberales, conservadores o nueva izquierda y, en otros, con una abrumadora abstención. En lugar de recomponer políticamente una alianza o bloque entre los nuevos y viejos trabajos del mundo laboral con las clases populares y medias más golpeadas, con las mujeres y los movimientos sociales, lo que se hizo fue adherirse al discurso neoliberal potsmoderno de que la clase obrera ha muerto.
Pero con esas políticas, aunque lograron éxitos efímeros que les llevaron al poder, (Nuevo Laborismo de Tony Blair; Zapatero en el PSOE; Hollande en Francia…) firmaron su sentencia de muerte en el momento del estallido de la crisis económica, comprometiéndose a llevar adelante los planes de ajuste y austeridad. La ruina económica de sectores de las clases medias europeas, ha significado también la ruina política para la socialdemocracia. Los gobiernos de Blair, Zapatero, Hollande, Obama, etc. son igualmente responsables de la austeridad como sus adversarios: los conservadores o republicanos. Peor aún, esta izquierda liberal, es doblemente culpable en la medida que desarticuló, igual que los grandes sindicatos obreros, la capacidad de respuesta ante la ofensiva reaccionaria que iniciaron Reagan y Thatcher.
Pero en el pecado llevaron la penitencia.
En el Estado español el voto al PSOE ha bajado del 43,9% de 2008 al 22,6% de 2016. En Grecia el PASOK pasó del 43,9% en 2009 al 6,3% en 2015. En Holanda el PvdA pasó del 24,8% en 2012 al 5,7% en el 2017. En Francia el PS pasó del 51,6% en el 2012 al 13% en el 2017. ¿Y en Alemania? El SPD navega –dentro del gobierno de Angela Merkel- entre el 25 y 30%. En el caso de los Estados Unidos el Partido Demócrata ha perdido más poder en las últimas elecciones que en toda su historia. Otro tanto viene ocurriendo en Gran Bretaña donde la figura debilitada de Corbyn va -nada menos- que 36 puntos por debajo de la nueva líder del Partido Conservador, Theresa May, que no solamente está barriendo al Partido Laborista, sino que está arrancando al UKIP los apoyos sociales y electorales que habían recibido durante la celebración del referendum de salida de la Unión.
Podemos: tres desafíos
La crisis económica no ha terminado, pero el ciclo social de ascenso en el sur de Europa es posible que sí. Esta es una de las contradicciones políticas más intensas. Esto es lo que da alas a una ultraderecha populista que se muestra –por primera vez desde los años 30- como una alternativa sólida y peligrosa. Mientras avance la crisis social y económica, pero se estanque la movilización de los últimos cinco años, estaremos jugando la partida en un escenario adverso. Ante la falta de lucha, muchos pueden caer en la desesperación. El caldo de cultivo del fanatismo ultraderechista.
¿Qué deberían hacer las nuevas formaciones políticas como Podemos que en estos momentos ya es una referencia internacional para millones de jóvenes y trabajadores de los cinco continentes? ¿Habremos aprendido algo de la crisis de los socialdemócratas y de la gravísima capitulación de la izquierda griega en julio del 2015? ¿Cómo podremos recomponer una nueva alternativa sobre un mundo que ha cambiado de forma sustancial en las últimas décadas?
En mi opinión, y aunque éste sería un tema para otro artículo, considero que básicamente hay tres grandes retos o desafíos que deberíamos abordar. Los señalaré muy suscintamente.
El primer desafío es lograr que Podemos se transforme en un auténtico partido de masas real y no meramente virtual. No vamos a plantear aquí las carencias democráticas que arrastra Podemos desde su fundación. El tema ahora es otro. Podemos no puede seguir siendo un partido que pivote sobre las consultas en la red y un aparato formado principalmente por profesores universitarios.
A pesar de las diferencias políticas que hemos mantenido con los viejos partidos socialdemócratas o comunistas, Podemos debería aprender de esa historia. La formación de los partidos socialistas, laboristas o comunistas; incluso la formación de otros movimientos políticos como el cartismo en el siglo XIX o el PT brasileño en el siglo XX, han venido acompañadas no solo de éxitos electorales efímeros, sino de un proceso de construcción paciente donde la clase como sujeto social y el partido como sujeto no iban por caminos distintos. Más bien todo lo contrario.
La rica experiencia de la formación del partido comunista italiano arraigado en lo más profundo de la sociedad civil italiana, y reconocido por todos los obreros como “el partido”, es un excelente ejemplo de unos caminos que Podemos no ha explorado. Así es como el PCI fue absolutamente hegemónico entre la clase trabajadora italiana y llegaría a obtener más de un 30% del electorado en los años setenta. Otra experiencia similar es la del PSOE entre 1976 y 1982 con la irrupción del primer gobierno de Felipe González y el apoyo de los grandes sindicatos UGT y CCOO. Podemos necesita hacerse carne entre los sectores populares, no solo entre los jóvenes sino también entre los mayores; no solo en las ciudades grandes sino en los pueblos donde PP y PSOE hunden sus raíces a través del clientelismo o las Casas del Pueblo. Podemos tiene que hacer un gran esfuerzo de estructuración social.
El segundo desafío para Podemos es encabezar una alternativa, al menos europea, ante la debacle de la izquierda griega. Para ello no puede dejar todo a la improvisación. Hablar de alternativa de gobierno sin definir un mínimo proyecto político para evitar un nuevo desastre (como el del gobierno de Tsipras) es una tremenda contradicción. ¿Qué hará Podemos para modificar la relación de fuerzas entre la Unión y un gobierno de cambio? ¿Cómo se puede compaginar la permanencia en la zona euro y el rechazo frontal de las políticas de austeridad? ¿Cómo situarse entre un ultraliberalismo económico y un ultraderechismo político? ¿Cuáles serían las propuestas para impulsar un movimiento de impugnación a esas políticas que sirva para acumular nuevas fuerzas y movimientos sociales así como aliados políticos?
El tercer desafío consiste en la construcción política de una mayoría social,si por eso se entiende no solamente una estrategia electoral sino global. Algunos lo han llamado “bloque histórico”. En mi opinión se trata de unir grupos sociales heterogéneos con un programa común basado en los puntos anteriormente expuestos.
¿Quiénes pueden formar esa mayoría agrupada en torno a un gran movimiento político llámese Podemos y todos los componentes del cambio nacidos tras el 15M? En primer lugar aquellos sectores que ya están integrados al proyecto, pero también muchos de los que se abstienen, o los que siguen votando a la derecha o la izquierda liberal. Nos referimos a los nuevos trabajadores pobres cuyos salarios no llegan ni a mil euros; a los millones de desocupados; a los pensionistas que tienen que repartir su pensión entre toda la familia; a las miles y miles de mujeres maltratadas o doblemente explotadas por el mero hecho de ser mujer; a los trabajadores más organizados en sus sindicatos tradicionales o nuevos; a los emigrantes; a los activistas de los movimientos sociales como los ecologistas, los gays, las lesbianas; a los profesionales o asalariados de una generación anterior que todavía siguen manteniendo un poder adquisitivo o de consumo; a los miles de jóvenes universitarios con un futuro dudoso, al trabajador autónomo que no tiene derechos como los demás… Esta sería la gran alianza o bloque histórico al que nos referimos.
Una nueva alianza de estos grupos sociales que impugne el “sentido común” de la economía liberal dominante y enfrente abiertamente el reto de la ultraderecha populista. Una alianza de los de abajo que mire de frente a las clases trabajadoras.
Jesús Jaén. Activista del MATS
Fuente: Viento Sur

domingo, 14 de mayo de 2017

David Harvey - 17 contradicciones y el fin del capitalismo





Esta conferencia es necesaria para la comprensión del capitalismo actual. Y se la dedico a todos mis amigos marxistas, especialmente a mi amigo Jesus J.

domingo, 26 de marzo de 2017

Solidaridad para ganar tod@s

Marcelino Fraile
"Este combate contra los recortes, las desigualdades y las injusticias crecientes necesita de la Unidad con mayúsculas de los diversos sectores de trabajadoras y trabajadores que nos vemos afectados por estos ataques y por la necesaria implicación de la ciudadanía en la pérdida de derechos"

La UE y el gobierno de Rajoy están poniendo en peligro los puestos de trabajo y los derechos de 6150 trabajador@s de los puertos de todo el estado. Las instituciones Europeas, bajo el chantaje de multas y sanciones han desatado una guerra de clase, que presumen ir ganando. El objetivo estratégico es la precarización, el empobrecimiento y la sumisión de los estibadores. Y según el estudio encargado a la consultora Pwc, (la misma que dio luz verde a la salida a bolsa de Bankia) los beneficios serían alrededor de unos 245 millones de euros anuales para las empresas.
Los medios de comunicación, en paralelo están creando una falsa opinión pública, que pretende aislar a este sector de los intereses comunes que tenemos las personas que dependemos de un salario. Todos hemos escuchado palabras como “liberalización”, “privilegios”, “mafiosos”, “casta trabajadora violenta”, y con estas mismas palabras, se han venido atacando uno tras otro muchos sectores estratégicos de la producción y los servicios. Así lo que los gobernantes y empresarios no han conseguido antes con las reformas laborales, ahora pretenden hacerlo eliminando los derechos laborales de los trabajadores/as, que todavía los conserven. Como ya hicieron antaño con los controladores aéreos, la metalurgia, la minería, los ferroviarios, correos, eléctricas, etc…
Sin embargo, bajo estas palabras se ocultan otras realidades. Por ejemplo, los “privilegios” son para las empresas que se embolsan el 51% del valor por contenedor, siendo el sueldo del estibador/a una ínfima cantidad de esta cuantía. “Democratizar los puertos” significa precariedad y sumisión en el trabajo, es decir, sustituir al personal con experiencia y contratos estables por personal no cualificado, eventual, ETTs, y con salarios de miseria. De hecho, la exigencia consiste en bajar los sueldos en un 60%, situándolos en 27.000 euros anuales; a la que tendríamos que añadir la bajada de 93 millones de euros por las cotizaciones de impuestos, que irían en detrimento de los gastos de mantenimiento de la sanidad, educación, etc. Estos términos en palabras llanas solo se traducen en nuevos y suculentos beneficios para empresas y multinacionales.
Estos días el gobierno del PP, a pesar de su debilidad institucional relativa, está recurriendo al decretazo, a las amenazas de represión, a la división y reducción de las plantillas vía prejubilaciones con dinero público, etc. Su empeño fundamental es someter a las empresas y los representantes de los trabajadores a una “negociación”, que en última instancia, le garantice que gradualmente irán desapareciendo los puestos de trabajo estables, los salarios por convenio y el desmantelamiento objetivo de todos los derechos laborales de negociación y contratación, que disponen los estibadores.
Este gobierno, los partidos que le sustentan, los medios de comunicación y algunas burocracias sindicales muy obsecuentes, no quieren oir mencionar que los puertos por su importancia en la economía deberían ser Públicos, y además, deberían garantizar e incrementar los puestos de trabajo existentes. Los de arriba “Solo se acuerdan de Santa Bárbara cuando truena”. Es decir, cuando los estibadores están dispuestos a defenderse mediante la huelga, nos tratan de asustar a la ciudadanía con las perjudiciales consecuencias económicas y sociales, que tendrían estas huelgas en el abastecimiento de energía, productos y mercancías para toda la población.
Claro está que la labor que realizan los estibadores es de vital importancia para toda la ciudadanía, y no solo para la economía, puesto que son las personas, que con su trabajo nos facilitan las mercancías y los productos, que necesitamos para vivir diariamente. Por eso su lucha no es solo un problema de ellos. Es un problema de todas aquellas personas, que hacemos que con nuestras manos funcionen la sociedad y la economía.
Muchos sectores, las y los trabajadores de la enseñanza, sanidad, teleoperadoras, etc, al igual que los estibadores estamos sometidos a recortes, reducciones de plantilla, pérdida de derechos, privatizaciones, etc. y cuando no hemos conseguido pararlos mediante nuestra resistencia, tampoco hemos visto a continuación ninguna de las  mejoras prometidas, por patronales, gobiernos o sindicatos. Sin embargo, siempre que hemos conseguido, por nuestras propias fuerzas, algún avance o conquista en el trabajo, aunque fueran parciales, hemos visto como confianza en nosotros mismos ha aumentado, y el ejemplo ha sido útil para la mayoría de la sociedad. Así pues “Ganar una lucha” significa: abrir nuevas vías para nuestra mejora económica y social, dar pasos para recuperar u obtener los derechos perdidos, y en definitiva abrir el camino abrir  de nuevas oportunidades para las personas necesitadas.
Desafortunadamente, solo estamos acostumbrados a escuchar la cantinela de la competencia y la competitividad, del egoísmo y el salvese quien pueda. Por eso, tenemos que reconstruir la solidaridad, aunque  no este de moda. Es una necesidad apremiante para apoyar a los estibadores y a otros sectores que van atravesando situaciones similares. Y por eso no basta con algunas declaraciones o comunicados de apoyo.
Debemos tener en cuenta que partimos de la desventaja y dificultad de la prohibición de hacer huelgas en solidaridad con otros sectores. Además, debemos contar con que a los dirigentes de las centrales sindicales mayoritarias no les preocupa la necesidad unificar y coordinar distintos conflictos, aunque hoy se estén dando en un mismo tiempo o en mismo territorio. Y que tampoco estamos acostumbrados a debatir en el trabajo planes de movilizaciones, que nos puedan ayudar a enfrentar estas situaciones. Estas tareas, solo pueden ser asumidas por las nuevas personas y agentes activos, que van apareciendo en todas estas luchas. Y deberían de partir desde el impulso de la construcción de un fuerte movimiento asambleario, en los centros de trabajo y con la ciudadanía; alentando la autoorganización y la coordinación entre sectores, hasta conseguir que el respeto a las decisiones que tomen las y los trabajadores en sus sectores y en asambleas sean la norma para resolver los conflictos. Hoy en día estos son los retos más inmediatos que tenemos por delante.
Con estos cometidos, ya están surgiendo Mareas por sectores, formas diversas de autoorganización y coordinaciones espontáneas entre sectores y movimientos sociales. También los nuevos sindicatos asamblearios o formas de movilización que van mas allá de los centros de trabajo, contando con usuarios y consumidores son un gran avance. En este terreno es donde debemos crear y extender de nuevo la Solidaridad intersectorial, ciudadana y de clase. Como bien dice el feminismo  “si nos tocan a unas o unos, nos tocan a todas”.
Este combate contra los recortes, las desigualdades y las injusticias crecientes necesita de la Unidad con mayúsculas de los diversos sectores de trabajadoras y trabajadores que nos vemos afectados por estos ataques y por la necesaria implicación de la ciudadanía en la pérdida de derechos. O de los contrario, iremos retrocediendo en nuestras condiciones un sector tras otro. Hoy son las y los estibadores, que necesitan la “Solidaridad para ganar”, no esperemos a ser nosotras o nosotros mañana. Si ellos y ellas ganan, ganaremos todas. “No somos mercancías en manos de políticos y banqueros”.

domingo, 19 de marzo de 2017

El carril del Centro

"No podemos ir en el mismo carril que el PNV-PSE, que se pone de perfil ante los conflictos laborales y sociales, consintiendo condiciones de precariedad y situaciones de desamparo."

Neskutz Rodríguez / Mikel Labeaga

La última encuesta de EITB focus, difundida el pasado 9 de marzo, sobre intención de voto en unas hipotéticas elecciones autonómicas, anunciaba un descenso importante en los previsibles resultados para Elkarrekin Podemos.
La dirección de Euskadi atribuyó, entonces, el resultado a las pugnas internas dentro de Podemos a nivel estatal y admitía que había que asumir con humildad el dictamen ciudadano. Unidad y humildad (y verdad, que añadiría Teresa Rodríguez) para prepararnos para el 2020. Porque prepararnos para el 2020 significa ser útiles ya desde ahora a la gente en la defensa de sus derechos y ayudar con nuestra voz en las instituciones a las reivindicaciones que la ciudadanía pone en la calle. No debemos continuar con los debates en clave totalmente internas de dualidad de cargos.
Pero debemos, además, hacer autocrítica y achacar también el resultado al intento de ocupación del “carril central”  y la “transversalidad” por el que apostó la dirección de Podemos Euskadi, situando a Podemos junto con PNV y PSE en temas de gran calado, como la ponencia de autogobierno.
No existen carriles centrales, sino unos carriles con políticas de izquierda y unos carriles de políticas donde las personas benefactoras y beneficiarias son las élites políticas y económicas.
Por eso, no podemos ir en el mismo carril que el PNV-PSE, que se pone de perfil ante los conflictos laborales y sociales, las luchas obreras aún persistentes surgidos en el ámbito público (residencias, TMB, Guggenheim, etc.), consintiendo condiciones de precariedad y situaciones de desamparo.
No podemos ir en el mismo carril de los partidos del gobierno que permiten sobrecostes de más de 100 millones en la línea 3 de metro y lo argumentan diciendo que son cosas que pasan, mientras nos golpean con el tarifazo. (Esos 100 millones se podrían haber invertido en la construcción del hospital en Zalla, algo que llevan reivindicando los vecinos y vecinas, por ejemplo)
No podemos circular por el mismo carril que el PNV,  que tras tres sentencias perdidas obliga a todas las personas de Bizkaia a pagar la multa de 1,5 millones de euros por una recalificación ilegal en Barrika.
No podemos permanecer en el carril del PNV-PSE, que mientras se llena la boca vendiendo planes de desarrollo local y sostenible, se van de viaje para “seducir” a las transnacionales con ventajas y deducciones fiscales.
Y no podemos permitirnos estar en el carril del PNV-PSE, que apoyan a ultranza tratados como el CETA, engañándonos con los beneficios que traerán a las PYMES la eliminación de aranceles. Pero nos ocultan la verdad: el aumento de la impunidad de las transnacionales y la pérdida de soberanía.
Es más, nosotras vamos en carreteras de sentido contrario. Nosotras estamos en el carril de la PAH, de la pobreza energética, de las energías renovables, de la reforma fiscal, en el carril de los Derechos Humanos, en el del Tratado Internacional de los pueblos, en el de la lucha incansable en contra de los machismos y los racismos, en contra de los Paraísos Fiscales y el clientelismo tan anclado en nuestro territorio. 
Nosotras vamos en carreteras de sentido contrario. Nosotras estamos en el carril de la PAH, de la pobreza energética, de las energías renovables, de la reforma fiscal, en el carril de los Derechos Humanos.
Precisamente transitar por esos carriles diferentes fue el mandato del congreso de Vistalegre II y de una resolución aprobada en la asamblea de Euskadi de enero de 2017 en la que decía “En la Comunidad Autónoma Vasca, PNV y PSOE aspiran a reproducir a escala vasca el bipartidismo que en el Estado español representan PP y PSOE, alternancias en las que lo único que cambia es el papel asignado a cada figurante en la representación, y frecuentes acuerdos a la alemana “por el bien del país”
Sí, Vistalegre II debe llegar también a Euskadi como cambio de acción política, si no queremos que la herramienta que es Podemos Ahal Dugu quede marcada para siempre. Deberíamos retomar tareas y líneas abandonadas, recuperando su vocación rupturista, con la perspectiva estratégica de la construcción de un bloque plurinacional y contrahegemónico de los distintos pueblos que forman parte del Estado español.
Ayudar a hacer cada vez más fuerte el bloque de izquierda soberanista con unas relaciones leales entre las organizaciones, políticas, sindicales y sociales que lo conforman. Pero para conseguirlo se hace necesario refundar también un partido radicalmente democrático, vinculado a la reconstrucción de los movimientos sociales y al empoderamiento popular, única garantía de que cualquier avance en el terreno electoral y en las instituciones puede ir acompañado de conquistas y procesos de transformación radical de la sociedad. Esto es dedicarnos con todas nuestras fuerzas a ayudar a recomponer movimientos sociales, siendo los primeros en participar y animar las movilizaciones.
Democraticemos nuestra organización, pero fundamentalmente viremos hacia afuera y hagamos política. Como dice el documento salido de Vistalegre II: "No podemos permitir que nuestro pueblo se resigne y se acostumbre a vivir en estas condiciones. Para evitarlo es necesario abrir en nuestro país tres grandes procesos de cambio: económico, político y social, con el fin de dar respuesta a los graves problemas a los que hoy se enfrentan las grandes mayorías sociales.”
Está bien que se den direcciones más plurales e integradoras, siempre estaremos a favor; pero lo que realmente nos va a tener en primera fila es un Podemos útil para que las personas recuperemos nuestro carril,  el carril de la defensa de los intereses de la gente de abajo, de la justicia y de la verdad, de las luchas laborales, ecologistas, feministas…
Y ese no es el carril del PNV-PSOE

domingo, 5 de marzo de 2017

¡CONVIRTAMOS CADA TERRITORIO, CADA BARRIO, CADA PUEBLO, CADA CIUDAD... EN TIERRA DE ACOGIDA!





En 1937 Gernika fue salvajemente bombardeada por el fascismo. Y desde que Picasso pintó el Guernica, este pueblo se ha convertido en un símbolo mundial de la Paz. En 2017, ochenta años después, es necesario mantener viva su memoria, y decir basta a la barbarie que está aconteciendo en esas otras Guernicas de las que huyen millones de personas. Lo que está ocurriendo en las fronteras de Europa es otro gran exterminio de la historia. Y no podemos quedarnos de brazos cruzados.
Desde la Plataforma Ongi Etorri Errefuxiatuak queremos ir más allá de la ayuda humanitaria, en la convicción de que la denuncia política es motor del cambio hacia la justicia y dignidad de todas las personas. No podemos consentir que las fronteras se conviertan en espacios de detención, deshumanización y muerte para millones de personas. Por ello, estamos organizando un acto que se celebrará en Gernika los días 29 y 30 de abril de 2017. Este evento reunirá a miles de personas de Euskal Herria, del Estado y de otros países, para expresar nuestra indignación y repulsa ante esta situación, contra la pasividad e indiferencia de nuestros gobiernos, y para plantear y construir alternativas. En este 80 aniversario del bombardeo de Gernika, os convocamos a una movilización multitudinaria para gritar “no a la guerra”, y para decir a las personas refugiadas y migrantes que son bienvenidas. Esta es nuestra propuesta:
  •   El sábado 29 las marchas de apoyo a las personas refugiadas, que partirán de varios puntos de Euskal Herria y llegarán en columnas hasta Gernika, donde celebraremos un emotivo acto en memoria de las Guernicas de ayer y de hoy. Está previsto que acudan diferentes referentes mundiales de los derechos humanos y la paz.
  •   El domingo 30 se organizarán distintos talleres temáticos y mesas de experiencias: derecho al refugio y al asilo; antimilitarismo; feminismo; no al fascismo y al racismo; anticapitalismo; experiencias de acogida; frontera Sur; desobediencia. Todos ellos con el propósito de visibilizar las distintas experiencias, compromisos y luchas sociales, y de continuar construyendo redes entre los diferentes movimientos y colectivos que se acerquen.
    Además, habrá actividades lúdico-culturales a lo largo de todo el encuentro. En el acto de despedida exigiremos respuestas efectivas e inmediatas ante esta situación que están padeciendo más de 65 millones de personas en el mundo.
    Más información (iremos actualizándola) e inscripciones: Web: https://ongietorrierrefuxiatuak.info/gernika2017 Mail: gernika2017@ongietorrierrefuxiatuak.info
    ¡NO TE LO PUEDES PERDER, VEN A GERNIKA 2017! ¡CONVIRTAMOS CADA TERRITORIO, CADA BARRIO, CADA PUEBLO, CADA CIUDAD... EN TIERRA DE ACOGIDA!

    Gracias por vuestra atención, os esperamos.
    Recibid un abrazo de la plataforma Ongi Etorri Errefuxiatuak 




    1937an, faxismoak Gernika bonbardatu zuen, ankerkeriaz, modu basatian. Picassok Guernica margotu zuenetik, herri bizkaitarra Bakearen ikur bilakatu da mundu osoan. 2017an, laurogei urte geroago, beharrezkoa da gertakari haren memoriari bizirik eustea, eta “aski da” esatea milioika lagunen ihesaldia eragiten ari diren beste Guernica anker horien aurrean. Europako mugetan gertatzen ari dena historiako beste sarraski handi bat da. Ezin gara besoak gurutzatuta geratu, ez horixe.
    Ongi Etorri Errefuxiatuak Plataforman, laguntza humanitarioaz harago joan nahi dugu, ziur baino ziurrago baikaude salaketa politikoa dela pertsona guztiontzako justizia eta duintasuna erdiesteko ezinbesteko aldaketaren motorra. Ezin dugu onartu mugak atxilotzeko, gizatasuna kentzeko eta heriotza eragiteko eremu bihurtzea milioika lagunentzat. Hori dela eta, ekitaldi bat antolatzen ari gara, Gernikan, 2017ko apirilaren 29an eta 30ean. Bertan, Euskal Herriko, Espainiako estatuko eta beste herrialde batzuetako milaka lagun bilduko gara, egoera honi dagokionez gure sumindura eta gaitzespena adierazteko, gure gobernuen pasibotasunaren kontrako jarrera agertzeko, bai eta aukerak planteatzeko eta eraikitzeko ere. Gernikako bonbardaketaren 80. urtemuga honetan, mobilizazio jendetsurako deia egiten dizuegu, “gerrarik ez” oihukatzeko eta migratzaile eta errefuxiatuei ongi etorriak direla esateko. Hauxe da gure proposamena:
    •   Apirilaren 29an, larunbatean, errefuxiatuei babesa agertzeko martxak egingo dira. Euskal Herriko hainbat tokitatik abiatuta, zutabetan iritsiko dira Gernikara, non ekitaldi hunkigarria egingo dugun atzoko eta gaurko Guernica horien oroimenez. Aurreikusita dago giza eskubideen eta bakearen arloko mundu-mailako zenbait erreferente etortzea.
    •   Apirilaren 30ean, igandean, gaien araberako tailerrak eta esperientzi mahaiak antolatuko dira: babes- eta asilo-eskubidea; antimilitarismoa; feminismoa; faxismorik eta arrazismorik ez; antikapitalismoa; harrera-esperientzia; Hegoaldeko muga; desobedientzia. Guztiak ere esperientzia, konpromiso eta borroka sozial ugariak ikusgai jartzeko xedez, hala nola gerturatzen diren mugimendu eta kolektiboen artean sareak eraikitzen jarraitzeko.
      Horrez gain, jarduera ludiko eta kulturalak izango dira topaketa osoan. Amaiera- ekitaldian, erantzun eraginkor eta berehalakoak eskatuko ditugu munduan 65 milioi lagun baino gehiago jasaten ari diren egoera hau konpontzeko.
      Informazio gehiago (etengabe eguneratuko dugu) eta izen-emateak: Webgunea: https://ongietorrierrefuxiatuak.info/gernika2017 E-Posta: gernika2017@ongietorrierrefuxiatuak.info
      EZ GALDU AUKERA, ZATOZ GERNIKA 2017ra! BIHUR DEZAGUN LURRALDE, AUZO, HERRI, HIRI... BAKOITZA HARRERA-LURRALDE!!
      Eskerrik asko zuen arretagatik, zain izango gaituzue. Jaso besarkada bat Ongi Etorri Errefuxiatuak Plataformatik.