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miércoles, 30 de diciembre de 2009

Amistad y compañerismo invisible


El último día de clase de este año, en la escuela, mientras terminaba de recoger mis papeles. Una excelente compañera, andereño de Infantil, me entrego un obsequio. Llevaba una nota, que decía: “Tenía ganas de tener un detalle contigo, que siempre me has demostrado ser un estupendo compañero y como nunca me toca tu nombre en el amigo invisible…”

El regalo era una pluma roja clásica como la que uso de símbolo en este blog y la nota terminaba diciendo: “…solo pretendo que este objeto te anime a seguir escribiendo. Un abrazo y hasta siempre”


Mi sorpresa fue enorme, porque en el trabajo disponemos de muy poco tiempo para establecer buenas relaciones personales, fuera del trabajo apenas nos conocemos y nuestras relaciones laborales son muy limitas y complicadas, debido al clima instaurado en el centro, que es muy poco propicio al compañerismo.


Visto este gesto y obsequio, sin más, podría haber pasado como algo típico de estas fechas navideñas, pero no fue así. Pocos minutos después, cuando le agradecía el detalle, la andereño me contó en privado, que el próximo año 2010 no podría seguir dando clases, porque le habían detectado una grave enfermedad, que requiere operación y tratamiento largo, al menos de un año.


Ella, que es una chica joven, me contó que esta enfermedad la ha pillado por sorpresa y de repente. Por desgracia en un buen momento personal, familiar y profesional, pero que sin duda, le obliga sin más remedio, a replantearse y cambiar muchas cosas en su vida.


Ella es una mujer, que como muchas otras mujeres, tiene mucho carácter, con iniciativa, con energía, con decisión, … Y no tengo ninguna duda de que lo que me dijo lo hará. Se que peleará con todas sus fuerzas por salir de este proceso lo mejor posible y se que se replanteará las cosas de su vida con mucha claridad, coherencia y profundidad. Y que todo esto lo hará muy bien, porque se como actúa siempre desde que la conozco.


A los demás, los que estamos cerca de ella. Creo, que nos toca una vez más, aprender. Para mí ha sido y es hoy una punzada muy dolorosa en el corazón, que mi amiga invisible tenga que pasar por todo este trauma sobrevenido e imprevisto. Pero además siento un gran vacío debilitante, pues no es fácil encontrar y tratar en el trabajo con personas, que estén por encima de la competitividad y el individualismo. Así que su ausencia la voy a notar mucho y la vamos a notar más en el centro.


Mi compañera de trabajo, mi amiga invisible, es muy especial no para nunca de enseñarte y de hacerte ver las cosas más claras. Así que me ha tocado otra vez a mí, con este regalo aprender otra lección. Una lección que me obliga también a mí a replantearme las cosas que hago, tanto el trabajo o como en mi vida.


La verdad es que hasta que no hable con mi amiga invisible, no fui consciente de que algunas de mis acciones en el trabajo o que algunas de las cosas que escribo para cambiar este mundo les podría importar a alguna de mis compañeras o compañeros.


Veo que a mi amiga invisible sí le importa, que escriba. Aunque solo sea por ti, escribiré.


Mis mejores deseos para ti y para las invisibles personas con las quiero compartir sentimientos de amistad y compañerismo.