Mostrando entradas con la etiqueta Elecciones autonómicas Vascas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Elecciones autonómicas Vascas. Mostrar todas las entradas

sábado, 18 de abril de 2009

Golpe de estado judicial (sobre el tablero electoral)


Joxe Iriarte, Bikila.

 

DEMOCRACIAS CONSTREÑIDAS. Las llamadas democracias liberales poco tienen que ver con la idea de “un gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo” inscrito en los programas de los primeros demócratas republicanos. Apenas hay mecanismos que permitan la participación ciudadana en la vida política, y mucho menos en sus centros de decisión. En lo fundamental, dicha participación se reduce a unas cuantas convocatorias periódicas (convertidas en meros “ritos que perpetúan el poder”, al decir de Javier Sádaba), y su resultado apenas afecta a lo sustancial de la dirección y gestión de la economía –capitalista- (incontrolable para una ciudadanía convertida en mero consumidor de productos en su mayoría inútiles y perjudiciales para el medio ambiente); en las mismas domina la mercadotecnia, que exige a los partidos ingentes cantidades de dinero (que les convierten en dependientes de los prestamos bancarios, lo que, en parte, permite entender su presteza a devolver favores); no hay mecanismos de defensa frente la manipulación y añadiríamos, además, que determinadas leyes, como las electorales y la llamada Ley de Partidos terminan acogotando más todavía los ya de por sí estrechos márgenes de la democracia en el capitalismo. No es de extrañar que una parte de la ciudadanía se convierta en abstencionista crónico.

     

Y, además, ETA. En un reciente artículo de opinión publicado en El País se analizaba el terrible efecto que ejerce el miedo (a ETA) en las filas constitucionalistas (eufemismo para referirse a los defensores de una Constitución a todas luces, nacionalista española) a la hora de dar a conocer sus preferencias políticas durante las encuestas, como a la de actuar a favor de las mismas. Justo es reconocer ese nefasto condicionante que, de una forma u otra, también afecta a fuerzas del arco nacionalista vasco (ataques a batzokis, presiones y amenazas a Aralar, etc).

      ¿Qué peso tiene todo ello en el resultado electoral? Difícil de cuantificar y calificar, pero no forzosamente negativo para los afectados. Me explico: las amenazas, los asesinatos aterrorizan y, a veces, paralizan; pero también, superados los efectos paralizantes de los primeros tiempos, pueden y de hecho ejercen (por fortuna) en mucha gente una función aleccionadora (como ocurre también a efectos de la represión del estado, ya que a veces paraliza y otras alecciona), o sea, de acicate y rebelión. Las amenazas de ETA, sin duda, impiden a unos a presentarse como candidatos, pero a otros les impelen y empujan a lo contrario. La amenaza puede retrotraer a la hora de ir a un mitin, pero no a la hora de votar (ya que la discrecionalidad del voto esta garantizado). Es más, puede estimular a hacerlo a favor de los amenazados.

      Mas difícil es cuantificar el alcance numérico de los que han tenido que emigrar a consecuencia de las amenazas (pues las cifras que dan las organizaciones de víctimas mezclan demasiados factores e inflan el número de los afectados), que algún efecto tienen en el número de votos, aunque subsanable en buena parte mediante el voto por correo u otras formulas ya en vigor.

      Por otra parte, las opciones amenazadas gozan de garantías legales y policiales para poder presentarse y llevar a cabo su campaña sin grandes contratiempos, máxime, teniendo en cuenta que lo fundamental de la misma se realiza a través de los medios de comunicación (muy favorable al arco constitucionalista; basta analizar cómo han tratado a los diferentes candidatos), ámbito sobre el cual incide poco la campaña de ETA y, en todo caso, de forma favorable a los perjudicados, convertidos en noticia.

      Prueba de ello es el salto cualitativo dado, gracias a ETA (aunque no sólo), por el campo constitucionalista (antes para el PP y ahora para el PSE) tras el asesinato del concejal del PP de Ermua.

 

LAS ILEGALIZACIONES. El terror, además de infligir miedo y producir dolor, es antidemocrático. También lo es la llamada Ley de Partidos. No criticar a ETA puede considerarse éticamente deleznable y políticamente reprobable, pero no debería ser delito, y menos razón para ilegalizar partidos y detener a sus militantes.

      Está resultando además terriblemente efectiva, sobre todo en lo electoral-institucional (en otros terrenos no me atrevo a aventurar una única hipótesis, pues aquí también puede jugar un efecto aleccionador; ya lo hizo en el pasado y se ha dado puntualmente cada vez que logra superar el cerco y presentarse). La contundencia con que se está aplicando, está logrando la expulsión del mundo de Batasuna del ámbito institucional. Por primera vez desde que decidieron participar en las diferentes instituciones autonómicas, van a quedar fuera del Parlamento Vasco (ya lo están del Navarro y de las Juntas Generales y, en breve, si la cosa no cambia, de los ayuntamientos).

      Además, la represión derivada de dicha Ley de Partidos empieza a afectar directamente a las personas que forman parte del mundo de Batasuna, así como al funcionamiento de sus estructuras organizativas, resentidas por el encarcelamiento y la retirada de la escena de decenas de dirigentes y cuadros, cortocircuitando además su aparición pública. Todavía no hace muchos años, dar la cara a favor de la izquierda abertzale no costaba más que ser fichado y, en todo caso, ser ilegalizado como opción. Hoy, aparecer en una rueda de prensa de una candidatura señalada como tapadera de Batasuna, puede costar la cárcel bajo la acusación de pertenencia a ETA, aunque la imputación nada tenga que ver con la realidad (tenemos el caso de Arantxa Urkaregi, que dejó Zutik por la Izquierda Abertzale, pero nunca de ser crítica con ETA), y su paso por comisaría, siempre traumático, incluso aunque no sufra tortura o malos tratos.

      Por último, además de colocar fuera de la ley y de toda participación electoral a una fuerza política importante, la ilegalización afecta negativamente al conjunto del nacionalismo vasco y su correlación de fuerzas en el terreno institucional. Así de claro.

 

SOBRE EL CAMBIO Y OTROS CAMELOS. El PSE es víctima y victimario. Sufre el flagelo de ETA, pero es corresponsable (con el PP) de la Ley de Partidos, y últimamente, de su esmerada aplicación en beneficio propio. Uno se pregunta, aunque sólo sea por esta razón, cómo es posible que gentes de izquierda que no son del PSE hagan entusiástica campaña por Patxi López (quien afirma con descaro que a nadie se encarcela por sus ideas, ergo, que todo acusado de pertenecer a Batasuna o D3M es miembro de ETA y, encima, se presenta como apóstol de la integración y la convivencia) propagando que con él habrá un cambio a mejor. Máxime sabiendo que no podrá gobernar si no es con el apoyo del PP, con todo lo que ello supone.

      La misma reflexión cabe, respecto a esos abertzales, euskaltzales y progresistas –que no izquierdistas, lo cual tiene su importancia- que se mojan por Ibarretxe.

      La pregunta es: ¿por qué tenemos que elegir entre quienes, en lo fundamental, coinciden en la gestion del sistema imperante, –en un momento de crisis aguda- aunque disientan en lo relativo al tema nacional? ¿Es ese segundo tema lo fundamental a decidir? De ser así, no creo que la balanza debamos inclinarla del lado psocialista, como lo veremos más adelante.

      No diré, como aquel revolucionario decimonónico, que, para la clase trabajadora, la democracia burguesa o formal –ó sea la nuestra- solo nos ofrece la libertad de elegir a nuestro opresor y explotador. Mediante duras luchas trasladadas al terreno electoral se han logrado conquistas importantes imbricadas en el Estado del Bienestar (hoy en franco desmoronamiento) y, en determinadas circunstancias, gobiernos favorables a los trabajadores, aunque se muevan dentro del límite impuesto por el sistema. Asimismo merece la pena votar a candidaturas de lucha –en el caso de que las haya- que sirvan de referente y altavoz para los movimientos populares. Por tanto, el abstencionismo o el voto en blanco sólo son recomendable cuando no se puede optar por alguna de las dos variantes: gobierno de izquierda verdadera –aunque sea reformista- u opciones opositoras de lucha.

      Ninguna de esas dos opciones tiene que ver, repito, con la candidatura de Patxi López. El cambio de Patxi Lopez, sabemos por experiencia lo que va dar de sí. El PSE compartió gobierno con el PNV, hasta el golpe de timón de Redondo Terreros. Ambos partidos, apechugaron juntos la época del GAL (eran tiempos donde la contaminación por terrorismo no parecía impedir acuerdos) y de la reconversión industrial (¡esa sí que produjo maletas!). Y en la CFN sus máximos dirigentes protagonizaron tales corruptelas que todavía las sufre toda la sociedad navarra.

      Lo que nos ofrece el PSE es mera alternancia –que no alternativa- en la gestión del Gobierno Vasco, con plena coincidencia en lo fundamental con el actual (de hecho, han coincidido en los presupuestos y los proyectos fundamentales como el TAV, el Puerto Exterior de Pasaia, etc.), salvo en lo relativo a la calidad del autogobierno. Y en esto, desde luego no a mejor.

      El PSE, se le ponga el adjetivo que se le ponga, se orienta siempre por la armonización (o supeditación) de intereses en beneficio, sobre todo, del el gobierno central. No me imagino al PSE disintiendo, aunque sea en lo mínimo, al modo catalan, sino acomodándose al modo navarro, y siempre según lo que se dictamine el centro. Lo cual, en teoría, no tiene por qué ser forzosamente malo (si lo que llega de allí es mejor que lo de aquí); pero la experiencia nos dice, en lo que a Euskadi se refiere, y en lo relativo a la cuestión nacional, lleven chuzos de punta. La prueba del algodón la tuvimos en el rechazo del Parlamento central al Estatut catalán, aprobado con apoyo del PSC y por mayoría absoluta en Cataluña. En la controversia, el PSE se alineó con el PSOE, no con el PSC. Maragall fue decapitado por Zapatero.

 

Y EL TAN CACAREADO PLURALISMO. ¿Es el proyecto de Patxi López más pluralista que el de Ibarretxe? Un pluralismo cuyos límites los marca la actual Constitución, la Ley de Partidos y la Ley de Extranjería. ¿Y la política exterior? Afganistán, Sahara... La obsesión por acabar con el hegemonismo del PNV ciega a quienes creen encontrar en el PSE alguna esperanza de cambio a mejor.

      ¿A santo de qué debemos lavar la cara a quien, además de no solucionarnos los problemas –sea Ibarretxe o López-, nos dará caña siempre que así lo estime? Por ejemplo, a los opositores al TAV. El PSE, al igual que el PNV, es nuestro adversario en prácticamente todos los temas en litigio. Sus proyectos energéticos, sus planes de infraestructuras, en definitiva, su modelo de desarrollo es insostenible, (los hemos citado tantas veces), y sus propuestas económicas (tras años defendiendo la privatización de las ganancias (¿nos acordamos del ¡enriqueceos! de Solchaga?) van en la línea de socializar las pérdidas. Su oferta lingüística (¿se atreverían a demandar a el PSC “castellano en libertad”, o sea, no impuesto, como parecen querer decir cuando se refieren al euskara?) no favorece a quien tiene que hacerlo -el idioma hoy por hoy minorizado-; su voluntad de pacificación y mejora de la democracia, siempre interesada y en función de los cálculos electorales. El PSN, además, ha permitido que UPN siga gobernando en Navarra.

      El cambio que necesitamos vendrá por otros derroteros. Por la movilización social y política contra el sistema en prácticamente todos los ámbitos, al tiempo de que ello se refleje electoralmente en algo diferente.

      Mientras tanto, no perdamos el sentido crítico y el horizonte de izquierda marcado hoy por la necesidad de enfrentarse a la crisis del sistema capitalista.

 

POST. Si la crisis económica (de alcance sistémico) requiere, de las fuerzas comprometidas en su defensa, unidad y colaboración, una vez más la confrontación nacional(ista) y la derivada de los intereses partidarios lo van a impedir o dificultar al máximo. Pues si algo queda claro del resultado electoral es que nada se ha resuelto, y todo se ha complicado a más no poder. Salga el gobierno que salga, y salvo un giro copernicano (por ejemplo, una alianza entre los dos partidos mayoritarios) su trayectoria será corta y problemática. Y, por desgracia, no va haber una alternativa de izquierdas que saque provecho de la situación en beneficio de los más desfavorecidos. Veamos.

      1. Victoria convertida en derrota para el PNV. Ha conseguido una clara mayoría aglutinando en torno a Ibarretxe el sentimiento patrimonialista y nacionalista en defensa de la Casa del Padre, pero a costa de su socio principal, EA, que, de ahora en adelante, poco le podrá ofrecer. Además, contando todos los votos emitidos, se mantendría la mayoría nacionalista, pero la eliminación de la izquierda abertzale del Parlamento Vasco (en realidad un golpe –de Estado- judicial) ha desequilibrado la correlación de fuerzas parlamentarias de tal forma que va posibilitar al PSE la conquista de la Lehendakaritza.

      Perder la Lehendakaritza, y posiblemente ser descabalgados del Gobierno Vasco. En efecto, Ibarretxe es por hoy el máximo capital político del PNV, y el más apto de sus dirigentes para abanderar la futura reconquista de la Lehendakaritza; pero es también un gran obstáculo en el caso de que optaran, aunque no parece probable, por el acuerdo con el PSE. Parafraseando la canción, “ni contigo, ni sin tí”: ese es el dilema de un PNV bicéfalo, cuyo aparato lo dirige Urkullu, pero cuyo electorado tiene por líder a Ibarretexe.

      2. Por la boca muere el pez. Los paladines de la integración se aprovechan sin ningún pudor de la exclusión de la izquierda abertzale y del apoyo de la derecha revanchista para acceder al Gobierno Vasco. Con tal opción, su discurso a favor del transversalismo, el no frentismo y la gobernabilidad quedará en aguas de borrajas, por partida doble: por su dependencia del sectarismo de los populares para poder gobernar –sea en solitario o en coalición-, y por la previsible radicalización nacionalista vasca. Y, además, perderá el apoyo del PNV, adversario en la CAV y aliado en Madrid, en beneficio de quienes aquí les van a ayudar pero en Madrid pretenden darle la puntilla.

      Como reflexión queda, preguntarse, por qué en Navarra, siendo segundones, prefirieron ser oposición a ser cabeza de gobierno con apoyo nacionalista, y en la CAV, siendo igualmente los segundos, rabian por dirigir o formar gobierno con el apoyo de la derecha española. La respuesta la encontraremos en los editoriales de la prensa constitucionalista, que claman por acabar ya con la hegemonía del PNV, hasta no hace muchos años aliado preferencial, cuando el enemigo a batir era la izquierda abertzale.

      3. El PP, fiel a la doctrina de aquel Calvo Sotelo, famoso por su sentencia “España, antes roja que rota” (y aunque lo de roja y rota no sea más que pura metáfora que poco tiene que ver con un PSOE cuya rojez esta más que desteñida, y un PNV, que en su máxima radicalización, el famoso Plan y la famosa consulta, nunca ha pasado de ofrecer un nuevo pacto de Euskadi dentro de España, o sea, ninguna ruptura), pero también buscando su propio beneficio inmediato, aprovechará la ambición del PSE por la Lehendakaritza para ofrecerle el abrazo del oso y estrujarle al máximo. Cambios en Interior, Educación-política lingüística, y Economía, las tres preferidas del PP. ¿Por qué será?

      4. Batasuna, o la extrema soledad. Aunque lejos de los doscientos y pico mil de EH, los actuales cien mil votos demuestran su capacidad de aguante ante la adversidad, pero también sus grietas y debilidades, cada vez más visibles. Es difícil saber cuántos de los votos perdidos han ido a la abstención y cuántos a otras opciones, pero reflejan un desgaste y cierta rebelión interna. Si no hay un brusco giro, y nada nos indica que vaya a haberlo, pronto estará fuera de todas las instituciones (ya solo le queda lo municipal), y con ETA en plena fuga hacia adelante que, de seguro, le traerá más represión y más aislamiento político y social. Si la única respuesta que se le ocurre es la dada por sus portavoces al poco de conocerse los resultados, consistente en la formación de un bloque soberanista-independentista bajo su dirección política, sin la mínima valoración crítica sobre el papel de ETA (el mayor obstáculo, aunque no único), no es difícil predecir que su recorrido sea más que corto. Nulo.

      La reflexión reclamada por sus sectores más lúcidos (quienes afirman que “hoy, resistir ya no es vencer, sino que para vencer hay que convencer”) llama a las puertas de Batasuna. Que lo vayan a hacer es harina de otro costal y, si a la experiencia hay que remitirse, es de temer que se impongan los de “mantenerse en sus trece”.

      5. EA, o la debacle anunciada. Su pretensión de ser independientes (del PNV) y convertirse en referente de los independentistas ha fracasado por partida doble. La mayoría gipuzkoana ya había avisado: hay que volver a cobijarse en la casa del padre y abandonar toda veleidad con la izquierda abertzale. Todas las hipótesis están abiertas, incluidas la de la escisión y posterior defunción del proyecto, pero también la de su readecuación a su nueva condición de casi extra‑parlamentario.

      6. Al igual que en todo el estado, EB-IU sufre una grave crisis de identidad (agudizada en Euskadi por su participación en el tripartito -segunda vuelta-). A pesar de su eslogan (“el orgullo de ser izquierdas”), sus rasgos izquierdistas están cada vez más debilitados, -imposibles de restaurar con intentos fallidos como el de magnificar sus magros logros sociales como un éxito de gestión de izquierdas-; sus lazos con los debilitados movimientos sociales cada vez más escasos –sus cuadros son fagocitados por las instituciones-; y, para remate, su situación interna extremamente delicada -agravada por la burocrática gestión de la dirección, como lo han manifestado sus críticos, los que siguen en su interior y los recién salidos- Si todo ello resulta fatal para cualquier tipo de partido, resulta letal para uno de izquierdas, que se supone de izquierdas y militante.

      7. Aralar, los más beneficiados. Ibarretxe se despidió de sus partidarios diciendo que en política la gloria dura un instante, y las fatigas todo lo demás. Sin duda, tenía ya la mirada puesta en lo que se le viene encima. Para Aralar es un momento dulce, de cierta y merecida euforia. Que lo aprovechen, pues pronto vendrá lo demás.

      Es de reconocer que, en la CAV, ha sabido aguantar una larga travesía del desierto, en condiciones precarias y difíciles, sin renunciar a sus señas independentistas y de izquierda, poniendo el acento en las vías políticas y sociales. Su hora ha llegado merced a que las tres opciones que le disputan ese espacio (de izquierda, abertzale o izquierda abertzale), por las razones antes expuestas, han entrado en crisis (EA y EB), o se han visto con dificultades apara agarrar a todo su electorado (Batasuna). En política, nunca está garantizado premio alguno por mantenerse más o menos coherente, pero sin tal condición difícil es lograrlo, por lo menos, para los que predican el cambio de sociedad. Para los grandes partidos del sistema, la lógica es otra.

      Es difícil saber de dónde le han venido los votos, y en qué cantidad (de EA, de EB, del mundo de Batasuna, o de huérfanos de opción lectoral, o de todos un poco), pero es evidente que ha sabido suscitar en dichos sectores un mínimo de atracción; lo que no es poco, dados los precarios medios con que ha contado.

      El resultado le vendrá bien para lograr el empujón que necesitaban para salir del gheto. Pero no lo tienen fácil, y dependerá de diferentes factores (algunos externos, relacionados con Batasuna) y otros internos relativos su nueva singladura, ya fuerza parlamentaria de cierto peso político. De entrada, va a llamar a sus puertas gente nueva, y gente resabiada que desde hace tiempo espera un lugar donde guarecerse y, por qué no, también beneficiarse. Va a tener que elegir entre la tentación de entrar a gestionar o cogestionar áreas de poder (de hecho, ya lo hacen en la Diputación de Araba y en el ayuntamiento donostiarra), o ser un referente de lucha desde “abajo y por la izquierda” (la formula “partido de lucha y de gobierno”, auspiciada por EB y otras opciones europeas, hasta la fecha, ha terminado mal).

      Y, por último, va a tener que mejorar su implantación social militante; asimismo, su estructura organizativa todavía débil en comparación al su tirón electoral. Si no equilibra lo social y lo político, lo electoral y lo militante, puede tener problemas. Lo institucional chupa muchas fuerzas, y empuja hacia electoralismo, a la vez que agudiza las tentaciones más politiqueras. La experiencia de Nafarroa Bai no es la más edificante.

      A Aralar también le ha llegado la hora de la verdad, máxime si aspira a ser un eje y referente para la refundación de la izquierda abertzale sin ETA. Ahora que tiene más, más se le exigirá.

      8. La abstención. Lo hemos mentado antes. Por diferentes razones, que van desde la apatía o desinterés hasta el convencimiento de que votar no sirve para nada, el llamado abstencionismo pasivo expresa un fenómeno ligado a la naturaleza de la democracia liberal. El llamado abstencionismo activo es de otra naturaleza. Y en nuestro caso, ha venido produciéndose al llamado de una orientación política, la de Batasuna. Según dicha formación haya llamado a votar o a abstenerse, los datos han variado sustancialmente.

      Esta vez hay un cambio. A pesar del llamamiento al voto de oro, nulo pero constatable, la abstención ha alcanzado el 34%, claro indicativo de que una parte de la izquierda abertzale o de sus votantes ha decidido no secundar la llamada a dejar constancia de su existencia mediante el voto, y optado por la abstención como forma de protesta. Sin duda, contra la Ley de Partidos, pero también ante la opción tomada por Batasuna. Otra cosa es saber si tal protesta es sólo contra el llamamiento electoral, o si detrás hay más cosas. ¿Se mantendrá o ha sido circunstancial?


domingo, 1 de marzo de 2009

Dos articulos sobre las Elecciones vascas muy similares, pero no iguales



Una izquierda anticapitalista vasca, ¿por qué no?

por M. Fraile, G. Ramos, D. Calvo, M. Arizmendiarrieta e I. Usabiaga


Esta
convocatoria electoral debería de servirnos para, en lugar de guiarnos por el último lema del marketing electoral y emitir un voto rutinario o, como mal menor, para realizar una reflexión y evaluación de la situación en que vivimos, la actuación de los partidos políticos y las propuestas de futuro que dicen defender.

La clave es cómo piensan actuar las fuerzas políticas que se presentan y qué respuestas se aplican ya ante la evidente crisis de sistema capitalista y la involución progresiva de las libertades democráticas y civiles.

El pasado enero 110.000 personas se registraban en el paro, (cantidad que sólo acaba de empezar), más de un 20% sin recibir prestaciones. El indicador de riesgo por ausencia de bienestar de la población en el 2008 era del 23,1 por ciento, un total de 184.237 hogares, con unas 454.089 personas implicadas (según GV). Se calcula que 900.000 personas carentes de trabajo subsisten con ingresos inferiores al nivel de pobreza. Y mientras las rentas del capital suben más de 2,6 puntos del PIB, y las del trabajo bajan en más de 5 puntos.

En la campaña, los candidatos son ajenos a esta realidad y pretenden aturdirnos con proclamas mediáticas sobre la alternancia, el cambio o el pacto. Pero el gobierno tripartito (PNV, EA, EB-IU) y el PSE han venido aprobando conjuntamente los presupuestos económicos actuales; que en relación al gasto social, no sólo nos mantienen 8,3 puntos por debajo de la media Europea o a 2 puntos de la media del Estado español, sino que sistemáticamente se han venido recortando contra el aumento de las necesidades.

Hoy en día es escandalosa la política de reducción del Impuesto de Sociedades al 28%, la supresión del Impuesto de Patrimonio, la aprobación de cientos de expedientes de regulación ERE, las subvenciones a la enseñanza, a la sanidad privada y a las grandes empresas.

Los banqueros, empresarios y partidos políticos que nos gobiernan desde el Estado español o desde el gobierno tripartito tienen bastante responsabilidad ante este panorama social y vital tan poco halagüeño, que han creado. Zapatero e Ibarretxe han adoptado como medida de solución a la crisis la transferencia de los fondos públicos para sostener los intereses bancarios y de las cajas. Mientras estos obtienen beneficios, esto luego no se revierte en créditos a las familias, ni a las empresas que no prometan aumentar al doble sus beneficios.

Esta amenazadora extensión de la pobreza, la creciente injusticia y desigualdad social y la destructiva e ilimitada expoliación natural con las grandes infraestructuras TAV, Supersur, etc… que están en marcha, hacen temblar la estabilidad social, el equilibrio ecológico y las expectativas de una vida digna para la mayoría de la población en Euskal Herria.

Si a esto le añadimos la desmoralización y frustración que arrastramos la población vasca en torno a la negación del derecho a decidir nuestro futuro, la indecente ilegalización de formaciones políticas como D3M y Askatasuna y la viciada espiral continua de represión y violencia armada de ETA. El panorama es más que sombrío.

Hoy a la ciudadanía de izquierdas, el sentido común nos dicta que lo que se impone es que impulsemos la organización, la participación y la movilización social para aplicar un conjunto de soluciones de emergencia en el terreno de las alternativas radicales al capitalismo y la democracia que nos permitan revertir esta situación.

Además cada días somos más los jóvenes y no tan jóvenes anticapitalistas que no nos sentimos representados por ninguna de las fuerzas políticas existentes, y al igual que en otros puntos de Europa y del Estado español estamos decididamente trabajando desde la base social, los movimientos y la izquierda por la formación de nuevas herramientas de acción política, democráticas y no institucionalizadas, que nos permitan superar este sistema capitalista decadente e irracional que nos avoca permanentemente a la destrucción y la barbarie.

* Militantes de Ezker Alternatiboa-Ezker antikapitalista

La política vasca debe girar a la izquierda

por Oskar Matute, Begoña Besga, Jose Luis Longarte, Alfonso Ríos, Jose Ramón Castaños, Mariano Gómez, Arturo Muñoz, Juan Hernández Zubizarreta, Carmen Garcia, José Enrique Pinto, Jonathan Martínez, Ander Rodríguez Lejarza, Marcelino Fraile

en época de elecciones parece obligado hablar del voto, pero las personas abajo firmantes no hablaremos de ello. Somos militantes de diversas organizaciones de izquierda política y social y queremos ser respetuosas con las opciones de voto que cada cual quiera hacer. No pediremos por tanto el voto para nadie ni contra nadie. Si tomamos la palabra en vísperas de las elecciones es para hablar de los problemas sociales y políticos que no encontrarán solución por medio de las urnas. Nuestra intención es ofrecer algunas ideas sobre el giro que debe dar la política vasca, y lo hacemos a sabiendas de la necesidad de abrir un diálogo con otras izquierdas que se plantean cuestiones similares.

1.- El rasgo más relevante de todas las elecciones es conocer quién gana porque de eso depende el color político del nuevo gobierno. Sin embargo, cuando los procesos electorales están viciados de raíz, como en el caso vasco, lo importante no es el color del ganador sino la calidad de la democracia que tenemos. La ilegalización de las candidaturas de la izquierda abertzale se ha convertido por ello mismo en el factor más relevante de la política vasca.

Este acto de exclusión política vulnera el principio fundamental de la democracia. Los argumentos utilizados para justificarlo no resisten la prueba de los hechos. Las candidaturas de la izquierda abertzale han sido acusadas de "connivencia" y "colaboración" con ETA; sus portavoces están en la cárcel y sus actividades políticas declaradas ilegales, perseguidas y condenadas. No existen pruebas de esa acusación. El Ministerio del Interior y los tribunales de Justicia alegan que no condenan la violencia de ETA en los términos que a ellos les gustaría, pero esto no es delito ni prueba de connivencia con la violencia sino una opinión que, aunque no guste, tiene derecho a expresarse igual que las demás.

2.- Más allá del vil cálculo electoral, hay quien justifica la ilegalización por su supuesta efectividad para aislar a ETA, aun cuando liquide los derechos políticos del 12% del electorado vasco. Esta tesis, además de suspender en democracia general básica, es una falacia. Está claro que ETA -vanguardia autoproclamada y autista- debe dejar las armas y respetar la voluntad de Euskal Herria. Pero el que no lo haga no da al Estado patente de corso para violar derechos individuales y colectivos. Por otra parte, llenar las cárceles de presos y presas de conciencia enquistará el conflicto, cuestionará la representatividad de las instituciones vascas y la ya de por sí frágil legitimidad de la democracia española.

3.- La propuesta del cambio socialista implica un giro a la derecha de la política vasca. El partido socialista llama cambio a poner a López en el lugar de Ibarretxe, y hay quien pretende hacernos creer que ese cambio de personas en la Lehendakaritza es positivo en sí mismo por el solo hecho de desalojar al PNV de ella. La confusión ha llegado incluso hasta sectores de la vieja extrema izquierda que participan activamente en las plataformas de apoyo a Patxi López. Ahora bien, si no se quiere vulgarizar el concepto de cambio, hay que hablar necesariamente de los acuerdos y de las diferencias entre los dos proyectos que aspiran a presidir el Gobierno Vasco. Si comparamos de ese modo lo que ambos proyectos dicen en el plano económico y social, apreciaremos que no hay diferencias entre ellos. El apoyo mutuo que se han dado en Madrid y en Vitoria a sus respectivos presupuestos económicos lo confirma. Ambos enfocan las "salidas" a la crisis del capitalismo de igual modo. La política económica y fiscal es la misma en ambos casos. Las prioridades del gasto público se orientan en la misma perspectiva: ambas se caracterizan por las ayudas al sector privado (banca y sectores industriales considerados "estratégicos"), en detrimento del gasto en políticas sociales (Educación y Cultura, Sanidad, coberturas al desempleo, etc.). Consideradas desde este punto de vista, la política del tripartito vasco y la política "socialista" se parecen como dos gotas de agua.

Las diferencias de proyecto se focalizan sin embargo en todas las cuestiones relativas al autogobierno y a la política antiterrorista. En estas materias, "el cambio socialista" es en realidad un giro a la derecha de la política vasca. En el capítulo anterior nos hemos referido al recorte de las libertades que implica la Ley de Partidos, la manipulación de los tribunales de Justicia y la baja calidad de la democracia resultante. De baja calidad es también el autogobierno que oferta el grupo socialista: autonomía otorgada por las Cortes supeditada al pueblo español, que es el único sujeto nacional y titular de soberanía que reconocen. Una eventual victoria de las fuerzas del tripartito vasco dejaría las cosas tal y como ahora están. La soberanía vasca y el derecho a decidir permanecerían bloqueadas entre la oposición del Estado y la timidez de las instituciones vascas, pero una eventual victoria "socialista" produciría una "congelación" del autogobierno, una exclusión de la izquierda abertzale y una profundización de las políticas social liberales. El cambio socialista resulta así una operación cosmética que encubre intenciones distintas a las que proclama, aunque en honor a la verdad hay que añadir que este hecho no valida el proyecto del tripartito vasco, pues tampoco él resuelve los problemas de la sociedad vasca en la hora presente.

4.- Para actuar sobre estos problemas es necesario cuestionar de raíz el modelo existente y plantear medidas que, más allá de meras reformas del capitalismo, avancen hacia la construcción de un sistema alternativo superador de todas las formas de explotación. Los primeros pasos están claros: política económica basada en la nacionalización de la banca, la inversión pública en modelos sostenibles de desarrollo y una mayor progresividad fiscal; política social dirigida a la consolidación y ampliación de los derechos sociales al trabajo, la educación, la salud, la vivienda, la cobertura por jubilación y desempleo y a los servicios sociales; política radicalmente democrática que derogue la Ley de Partidos, garantice la separación de poderes y reconozca los derechos de los pueblos; una política de construcción nacional que afirme la soberanía de las instituciones vascas desde el respeto a la pluralidad de identidades y proyectos políticos y que integre a las minorías en la gestión de lo público.

5.- Este cambio hacia la izquierda no se puede hacer desde la participación en gobiernos de la derecha, como pretenden hacernos creer los socios minoritarios del tripartito vasco. En primer lugar, porque los límites de la acción de ese gobierno los marca el socio mayoritario. En segundo lugar, porque toda coalición exige lealtad de la minoría con la acción de gobierno de la mayoría. Y, finalmente, porque no se puede ser gobierno y oposición a la vez. Para poner en práctica un programa de izquierda hacen falta alianzas de izquierda y movilización ciudadana. La tarea no será fácil porque hará falta reconstruir los puentes rotos de la unidad entre sindicatos, partidos y movimiento sociales. Hará falta recuperar la cultura de la desobediencia civil y de la lucha de clases, y afianzar confluencias capaces de aunar el marxismo con el feminismo, el ecologismo y el internacionalismo, para dar respuesta a los retos de la sociedad vasca y poner nuestro granito de arena en la solución de los problemas globales.