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miércoles, 20 de julio de 2011

LECCIÓN DE ESPAÑA: ÚLTIMA ADVERTENCIA











































































































Nota del editor del Blog: "El pasado 18 de julio se publicaron muchas notas para condenar el golpe militar fascista del General Franco. Hoy en día seguimos la lucha para rehacer la Memoria histórica de las personas caídas y represaliadas durante los 40 años de la dictadura e ignoradas otros 30 años por esta Monarquía española. También se han dado muchas versiones falsas y engañosas de los hechos históricos y de como se desarrollaron las fuerzas de la revolución y la contrarevolución durante la confrontanción. 
Creo que este articulo de Trotsky aporta mucha luz sobre los actores de este golpe militar, la guerra civil y la revolución. Las personas que vemos la necesidad de la revolución para superar el sistema capitalista debemos leer este texto reflexivamente para enriquecernos y para abordar desde este enfoque revolucionario los diversos libros y materiales recopilados de Trostsky y de otros numerosos autores que trataron profundizar en el porque de la derrotada la revolución española". Jerónimo.


Escrito por León Trotsky (Escritos sobre España)

17 de diciembre de 1937

Mencheviques y bolcheviques en España

Las  operaciones militares de Abisinia y Extremo Oriente son cuidadosamente  estudiadas por los estados mayores que preparan la futura guerra mundial.  Los combates del proletariado español, chispas de la futura revolución  mundial, deben ser estudiados con no menos atención por los estados mayores  revolucionarios. Esta es la única condición para que los acontecimientos  que se aproximan no nos cojan de improviso.

En  el llamado campo republicano se han enfrentado con fuerzas desiguales, tres  concepciones: el menchevismo, el bolchevismo y el anarquismo. En lo que se  refiere a los partidos republicanos burgueses, no tienen ni ideas ni  importancia política independiente, y no han hecho nada mas que adaptarse  a los reformistas y a los anarquistas. Además no seria en absoluto una exageración decir que los  dirigentes del anarcosindicalismo español han hecho todo lo posible para  traicionar su doctrina, y reducir, en la práctica, su importancia a cero. De hecho en el campo republicano se han enfrentado dos  doctrinas: el menchevismo y el bolchevismo.

Según  las concepciones de los socialistas y de los estalinistas, es decir, de los  mencheviques de la primera y segunda hornada, la revolución española no  iba a resolver más que tareas democráticas; ésta era la razón por la que  era necesario construir un frente único con la burguesía "democrática".  Desde este punto de vista, toda tentativa del proletariado de salir de los  cauces de la democracia burguesa, era, no sólo prematura, sino incluso  funesta. Por otra parte, lo que estaba al orden  del día no era la revolución, sino la lucha contra Franco. El fascismo es la reacción, no feudal, sino burguesa, y contra  esta reacción no se puede luchar con éxito más que con los métodos de la  revolución proletaria, y esta tesis es algo que el menchevismo  -ramificación de la ideología burguesa- no quiere ni puede hacer suya.

El  punto de vista bolchevique, expresado hoy día únicamente por la joven  sección de la IV Internacional, procede de la teoría de la revolución  permanente, es decir, que incluso las tareas puramente democráticas, tales  como la liquidación de la propiedad semifeudal de la tierra, no pueden ser  resueltas sin la conquista del poder  por el proletariado; esto, a su vez, pone a la orden del día, la  revolución socialista. Por lo demás, los obreros españoles, desde los  primeros pasos de la revolución, se asignaron en la práctica, no sólo  tareas democráticas, sino incluso puramente socialistas. Exigirles  que no se salieran de los límites de la democracia burguesa es, de hecho,  no sólo no hacer la revolución democrática, sino incluso renunciar a  ella. El  profundo cambio de las relaciones sociales en el campo es el único medio de  hacer del campesinado, principal masa de la población, una firme muralla  contra el fascismo. Pero los terratenientes están indisolublemente ligados  a la burguesía financiera, industrial y comercial, y a la intelligentsia burguesa que depende de ella. El partido del  proletariado se encontraba así en la necesidad de elegir: con las masas  campesinas o con la burguesía liberal. Incluir en una misma coalición a  los campesinos y a la burguesía liberal no podía tener sino una única  meta: ayudar a la burguesía a engañar a los campesinos y a aislar a los  obreros. La revolución agraria no podía realizarse más que contra la  burguesía, y por consiguiente, únicamente por medio de la dictadura del  proletariado. No hay régimen -intermedio alguno.

Desde  el punto de vista teórico, lo que sorprende sobre todo de la política  española de Stalin, es el completo olvido del ABC del leninismo. Con un  retraso de algunas decenas de años -¡y qué años!-, la Internacional  Comunista ha restablecido completamente la doctrina del menchevismo. Más  aún, se ha esforzado en dar a esta doctrina una expresión más "consecuente"  y por tanto, más absurda. En la Rusia zarista, a comienzos de 1905, la  fórmula de la "revolución puramente democrática" tenía a su favor, en  cualquier caso, infinitos argumentos más que en España en 1937. Nada hay  de sorprendente, por lo tanto, que en la España contemporánea, la  política "obrero-liberal" del menchevismo se haya convertido en la  política antiobrera y reaccionaria de Stalin. El menchevismo -caricatura  del marxismo- ha sido caricaturizado a su vez.

martes, 5 de abril de 2011

El “profeta mudo”: Trotsky hoy


Enzo Traverso

La revolución es para él ese momento breve pero cargado de sentido en el que los humildes y los oprimidos tienen finalmente la palabra y, a sus ojos, ese momento compensa siglas de opresión.

Isaac Deutscher, El profeta desterrado.
Siguiendo los pasos de Isaac Deutscher, una abundante literatura sobre la Revolución Rusa nos ha acostumbrado a ver a Trotsky corno un profeta primeramente «armado», después «desarmado» y por último «exiliado» /1.
A fines de los años veinte, la figura del revolucionario ruso ya había inspirado una novela del gran escritor austriaco Joseph Roth, quien presentaba a su héroe como una especie de «profeta mudo» /2. Esta definición parece describir bien el destino paradójico de Trotsky en este final del siglo XX marcado por la sepultura definitiva del estalinismo al cabo de su larga declinación. El derrumbe del sistema soviético parece arrastrar consigo a Marx, Lenin y a un trozo no despreciable de la historia del movimiento obrero: el fin del «socialismo real» es percibido como el fin de la idea misma de comunismo. La paradoja consiste en que, al derrumbarse, la dominación burocrática tiende también a sumergir a los que siempre la combatieron y fueron sus primeras víctimas. La muerte del estalinismo no es seguida por la resurrección de Trotsky sino más bien por el desencanto -en el sentido weberiano- por la idea de socialismo. Ante un paisaje lleno de escombros, la obra de Trotsky, que en el seno del campo marxista fue el primero y el más penetrante de los críticos del «socialismo real», parece olvidada o todavía debe ser descubierta.

lunes, 5 de julio de 2010

70 años después La victoria de Trotsky


Por Antonio Liz

El 21 de agosto a las 19,25 se cumplirán 70 años de la muerte de Liev Davídovich Bronstein, conocido en la Historia como Trotsky. La muerte le sobrevino por el atentado que sufrió en su casa de Coyoacán (México) el 20 de agosto de 1940 de la mano del sicario stalinista Ramón Mercader, que le propinó un golpe en la frente con un pico de montaña, un piolet.

Al reflexionar sobre Trotsky lo podemos hacer en el sentido historiográfico, del ayer, o desde el punto de vista de la actualidad política, del hoy. El Trotsky histórico es bien conocido en la izquierda social en sus líneas generales. Sus pioneras reflexiones sobre el carácter de la sociedad rusa, después de la fallida revolución de 1905, le llevarán a ser el primero en afirmar que la próxima revolución rusa será socialista porque la encabezará políticamente la clase trabajadora, dada la incapacidad de la burguesía para hacer la revolución burguesa. Sus reflexiones quedarán bajo la denominación de “teoría de la revolución permanente”, que completará a lo largo de los años y que se convertirá en la antítesis de la “teoría del socialismo en un solo país” de Stalin, continuada luego en “la coexistencia pacifica” de la burocracia soviética, que llevó al derrumbe de la Unión Soviética.

En la Revolución de Octubre de 1917 en la Rusia democrática no sólo fue el compañero de Lenin en el liderazgo de la Revolución social, y su tribuno principal, sino que también fue el creador del Ejército Rojo, herramienta creada de la nada que le posibilitó a los bolcheviques ganar la guerra civil a los rusos blancos, que estaban apoyados por la flor y nata de las democracias occidentales, EEUU, Inglaterra y Francia.

La deformación del régimen soviético, a causa del aislamiento de la Revolución rusa, de su atraso político y económico de partida y de la ruina propiciada por la I Guerra Mundial y por la impuesta Guerra Civil, dará nacimiento en la Historia a un fenómeno político-social completamente novedoso, el stalinismo. Este fenómeno será analizado detenidamente por Trotsky, de tal forma que de él partirán las reflexiones para comprenderlo. La subida de Hitler al poder el 30 de enero de 1933 supuso el comienzo de la contrarrevolución nazi y el inicio del Tercer Reich (1933-1945). Con ello el nazismo se venía a sumar al fascismo, instalado en la Italia del rey Víctor Manuel III desde el 28 de octubre de 1922, liderado por Mussolini. El análisis del nazismo, al hilo de los acontecimientos, será otra de las grandes aportaciones analíticas, teóricas, de Trotsky.

Pero por todo esto, con ser importante, y en su momento histórico trascendente, Trotsky no sería actualidad, aunque sí ocuparía un lugar destacadísimo en la Historia del Movimiento Obrero y de las Revoluciones sociales contemporáneas. La actualidad inmediata de Trotsky reside en que preservó el ideario comunista, el programa socialista, ante las continuas deformaciones y falsificaciones del stalinismo. Los años finales de Trotsky pueden considerarse una lucha por el porvenir del programa comunista, además de intentar seguir siendo actuante a través de la IV Internacional, que se fundó bajo sus auspicios en una localidad cercana a París el 3 de septiembre de 1938. Para esto tuvo que mantener una pugna sin tregua con el Estado stalinista, que intentó sepultarlo con montañas de insultos y mentiras, además de asesinar en masa en los campos de exterminio de Kolyma, Vorkuta y Magadán a los compañeros de Lenin y a la generación de Octubre, que estaba llamada a profundizar la revolución social iniciada en 1917.

Hoy gracias al proceder reivindicativo y reflexivo de Trotsky el comunismo está limpio de los crímenes del stalinismo en la izquierda social. Mientras tanto, desde la derecha sociológica se pretende fundir el comunismo con el stalinismo. Los teóricos del capital lo hacen con la consciente intención de arrancar de cuajo las esperanzas liberadoras que el concepto comunismo conlleva en el imaginario de la clase trabajadora.

Hoy no sólo el capitalismo está en crisis económica sino que también está en crisis ideológica. Su escala de valores a estas alturas del proceso histórico está más que clara: el beneficio por encima de cualquier otra consideración. El robo, la corrupción y el no querer saber nada verdadero de la Historia son pautas comunes de comportamiento de social-liberales, conservadores y reaccionarios, demócratas de toda la vida. En este contexto la figura de Trotsky, como la de todos los revolucionarios sociales, Buenaventura Durruti y Andreu Nin, por citar a dos de la Revolución social española, alcanzan cotas inimaginables de honradez para burgueses y demócratas.

La victoria de Trotsky hoy es que su quehacer de ayer permite a la izquierda social levantar de nuevo impoluto el rompedor ideario comunista, libertario y marxista.

Madrid, 23, junio, 2010

lunes, 2 de noviembre de 2009

En qué consistía el marxismo de Trotsky

La única manera de que un país de desarrollo atrasado construyera el socialismo era contando con el apoyo de los trabajadores de los países más desarrollados.
Pepe Gutiérrez-Álvarez | Para Kaos en la Red | 1-11-2009 a las 20:14
El diario Público (re)edita La revolución permanente, de León Trotsky el próximo sábado 7-10,

Después de las ediciones de Bakunin, Susan George, y la última semana, de nuestro Manuel Sacristán, el diario Público ofrece esta reedición de uno de los libros más controvertidos de León Trotsky, La revolución permanente, considerado como la “clave de bóveda” de su pensamiento.

No seré yo quien haga una apología de este diario, pero, consideraciones críticas apartes, lo cierto es que es el único que ofrece apartados de pensamiento libre y crítico en temas fundamentales, el único que escapa aunque sea parcialmente del engranaje del pensamiento único, ese lodazal en el que El País está cada vez más hasta el cuello. Por lo general, no es moco de pavo tampoco la parte paralela, las películas y los libros, y anoto que en el primer caso el viernes nos cae la adaptación que Milos Forman realizó de la celebrada y corrosiva novela de E. L. Doctorow, Ragtime, una evocación de los inicios del siglo XX en los estados Unidos con una trama antirracista que –de paso- nos alumbra sobre aquel momento. Anoto algo poco conocido: Doctorow es el autor de la novela en que se basó la película de Sidney Lumet, Daniel (USA, 1983), la única película dedicada a la tragedia de los Rosemberg, al menos que yo sepa.

Se podría hablar de la revolución permanente desde diversos puntos de miras. Por ejemplo desde su primera enunciación por parte de Marx y Engels en 1848, que ya convinieron en la mitad del siglo XIX en que la burguesía ya no era capaz de hacer su revolución, mientras que el proletariado no estaba todavía preparado para hacer la suya. En particular Marx, se refirió a la "revolución permanente en su célebre carta a la Liga de los comunistas durante los momentos más álgidos de la revolución europea de 1848: " La actitud del partido obrero revolucionario ante la democracia pequeñoburguesa es la siguiente: marcha con ella en la lucha por el derrocamiento de aquella fracción a cuya derrota aspira el partido obrero; marcha contra ella en todos los casos en que la democracia pequeñoburguesa quiere consolidar su posición en provecho propio [...]

Mientras que los pequeños burgueses democráticos quieren poner fin a la revoluciól1lo más rápidamente que se pueda [...], nuestros intereses y nuestras tareas consisten en hacer la revolución permanente hasta que sea descartada la dominación de las clases más o menos poseedoras, hasta que el proletariado conquiste el Poder del Estado, hasta que la asociación de los proletariados se desarrolle, y no sólo en un país, sino en todos los países predominantes del mundo, en proporciones tales, que cese la competencia entre los proletarios de estos países, y hasta que por lo menos las fuerzas productivas decisivas estén concentradas en manos del proletariado. Para nosotros no se trata de reformar la propiedad privada, sino de abolirla; no se trata de paliar los antagonismos de clase, sino de abolir las clases; no se trata de mejorar la sociedad existente, sino de establecer una nueva [...]

Es evidente que en los primeros momentos del movimiento no podrán proponer medidas puramente comunistas, pero sí pueden: 1. Obligar a los demócratas a irrumpir en todas las esferas posibles del régimen social existente, a perturbar su curso normal, forzarles a que se comprometan ellos mismos y concentrar el mayor número de fuerzas productivas, medios de transporte, fábricas, ferrocarriles, etc., en manos del Estado. 2. Los obreros deberán llevar al extremo las propuestas de los demócratas, que, como es natural, no actuarán como revolucionarios, sino como simples reformistas. Estas propuestas deberán ser convertidas en ataques directos contra la propiedad privada. Así, por ejemplo, sí los pequeños burgueses proponen el rescate de los ferrocarriles y de las fábricas, los obreros deben exigir que, como propiedad de los reaccionarios, estos ferrocarriles y estas fábricas sean simplemente confiscados por el Estado sin ninguna indemnización. Si los demócratas proponen impuestos proporcionales, los obreros deben exigir impuestos progresivos. Si los propios demócratas proponen impuestos progresivos moderados, los obreros deben regirse en todas partes por las concesiones y medidas de los demócratas.

Aunque los obreros alemanes no puedan alcanzar el poder ni ver realizados sus intereses de clase sin haber pasado íntegramente por un prolongado desarrollo revolucionario, pueden por lo menos tener la seguridad de que esta vez el primer acto del drama revolucionario que se avecinda coincidirá con el triunfo directo de su propia clase en Francia, lo cual contribuirá a acelerarlo considerablemente.

Pero la máxima aportación a la historia final la harán los propios obreros alemanes cobrando conciencia de sus intereses de clase, ocupando cuanto antes una posición independiente de partido e impidiendo que las frases hipócritas de los demócratas pequeños-burgueses les aparten un solo momento de la tarea de organizar con toda independencia el partido del proletariado; Su grito de guerra ha de ser: La revolución permanente". En otro pasaje, Marx escribe que el socialismo revolucionario es la declaración de la revolución permanente, la instauración de clase del proletariado como paso necesario para la abolición de las condiciones de producción de que dependían las distinciones de clase, para la abolición de todas las relaciones sociales que dependen de estas condiciones de producción, para la subversión de todas las ideas, que emanan de estas relaciones sociales (ambas citas en Biografía del Manifiesto Comunista, ed. Ayuso, Madrid, 1972, p. 220), ver también, Fernando Claudín, Marx y la revolución de 1848 (Ed. siglo XXI, Madrid, 1976).

Otra sería contando la pequeña historia de sus ediciones, un detalle que también resulta apasionante. De hecho, Trotsky no tuvo que “justificar” su aporte a esta teoría hasta después de la muerte de Lenin. Anteriormente, nadie en el partido bolchevique ni en la Internacional Comunista se cuestionaba la “actualidad de la revolución socialista”, y en distinguir que en la época del imperialismo la burguesía ya había dejado de ser capaz de hacer “su” revolución”, y el caso ruso no había sido más que otro ejemplo. La coalición liberal-socialdemócrata que se había situado al frente de la revolución de febrero de 1917 no solamente se había negado a acabar con la guerra, es que también se había negado a llevar a cabo medidas fundamentales como la reforma agraria y en reconocer el derecho de autodeterminación de las nacionalidades. En el momento de la agonía de Lenin, algunos de los líderes del viejo partido bolchevique trataron de reforzar su legitimidad hablando en nombre del leninismo en oposición a lo que comenzaron a llamar “trotskismo”…

O sea se refugiaron en los debates del exilio, en los años oscuros que precedieron la revolución de febrero, y en los que el leninismo primitivo consideraba que Rusia estaba muy atrasada para abordar la revolución socialista, aunque también discrepaba radicalmente de Plejanov y demás que creían que antes Rusia tenía que tener su 1789, lo que fue un “frente popular” liderado por la burguesía radical-jacobina. Lenin creía que la burguesía rusa temía más a la clase obrera que al antiguo régimen, y por lo tanto abogaba por una fórmula intermedia de dictadura democrática de obreros y campesinos que llevaría adelante las tareas burguesas democráticas de 1789 hasta que las condiciones nacionales e internacionales permitieran abordar tareas socialistas. Esta percepción cambia con las Tesis de abril, que son recibidas muy mal por la “vieja guardia” bolchevique del interior que, con un tal Stalin como director de Pravda, aboga por un entendimiento con el Gobierno Provisional. Otro debate que enfrentaba a Lenin y a Trotsky se derivó de la persistencia de este último por reunificar la socialdemocracia. Lenin que no se cuestionaba internacionalmente el “centro ortodoxo” de Kautsky (lo que sí hacían Rosa y Trotsky), no creía que fuera posible dicha unificación en Rusia dada la evolución de Plejanov y cia hacia el “etapismo”, o sea al esquema de primero la revolución burguesa y con el tiempo, la socialista que don George Plejanov creía que vendría dada por la acumulación de condiciones objetivas.

La riqueza de este debate resulta impresionante, basta comprobar que por estos lares ni se plantea a pesar de las diversas crisis sociales (julio de 1909, agosto de 1917, bienio bolchevista en Andalucía), y a pesar de que en todas estas situaciones sucede lo mismo que en Rusia: desde la Primera República la burguesía liberal muestra más miedo al movimiento obrero que a las antiguas castas. La Lliga de Cambó es una magnífica lustración de esta cobardía democrática, y de ahí que en 1936 la burguesía como clase se marcha en pleno al campo de los fascistas, dejando en el campo republicano la élite intelectual…

Así pues, no será hasta finales de los años veinte que Trotsky se sienta obligado a reordenar sus escritos sobre “la teoría de la revolución permanente” que había empezadazo a esbozar inmediatamente después de haber presidido el soviet de Petrogrado en 1905 (fase en la que Lenin confesó su plena coincidencia con su actuación), escritos de los que habrá una primera edición en castellana al compás del nacimiento de la República, en 1931, con traducción directa del ruso de Andreu Nin, y aparecerá en la prestigiosa editorial Cenit en la que trabaja su camarada Juan Andrade junto con un joven comunista asturiano llamado Wenceslao Roces que había traducido para la misma editorial otro libro capital de Trotsky: Mi vida. Esta traducción es la que servirá para todas las ediciones sudamericanas, para su reedición en la casi legendaria editorial Fontamara de 1977, la de Akal poco tiempo después, y en las sucesivas, comprendida la de la Fundación Engels, y será si no yerro, la que llegará el sábado 7 a kioscos y librerías en la que será sin ninguna duda, su mayor tirada.

Los lectores más jóvenes interesados en conocer más en detalle todo el entramado de este debate tienen a la mano trabajos sobre los que ya hemos hablado en estas páginas, el Trotsky y su tiempo (1879-1940), de Antonio Liz (Ed. Sepha ; Málaga, 2008), la antológica que Jaime Pastor ha hecho para Libros de la Catarata, León Trotsky. Defensa de la revolución, también resulta asequible la trilogía de Isaac Deutscher reeditada por Lum de Chile, distribuida por Txalaparta. Y espero que no tardemos mucho en poder editar la voluminosa y minuciosa biografía que le dedicó el finado Pierre Broué (Fayard, París, 1989), y que finalmente encontremos un editor amigo para el imprescindible estudio del amigo Gabriel Gacía Higueras, Trotsky en el espejo de la historia editada en el Perú…

De una entrevista que le hicieron a Gabriel extraigo esta sintética explicación:

“El principal aporte de Trotsky al marxismo fue la teoría de la “revolución permanente”, que en el 2005 cumple 100 años de formulada. A diferencia de la concepción clásica del marxismo, de acuerdo con la cual la revolución proletaria sólo podría estallar en los países de capitalismo avanzado, Trotsky defendió la idea de que los obreros, en un país atrasado como Rusia, podían tomar el poder. Él atribuía al proletariado la dirección de la revolución social y no a la burguesía, como sostenían los mencheviques. Consideraba Trotsky que el proletariado en el poder, contando con el apoyo del campesinado, llevaría a cabo la revolución burguesa y socialista. Por lo tanto, no es cierto lo que dijeron sus críticos estalinistas acerca de que su teoría revolucionaria pasaba por alto las tareas democráticas de la revolución. Tampoco es cierto de que subestimara al campesinado.

“La otra concepción fundamental de su teoría es entender que la única manera de que un país de desarrollo atrasado construyera el socialismo era contando con el apoyo de los trabajadores de los países más desarrollados. De ahí que Trotsky pusiera tanto interés en el triunfo de la revolución socialista en Europa occidental. Ello hubiera influido de manera significativa en la marcha socialista de Rusia, y, a la vez, favorecido la construcción de la federación de Estados socialistas en Europa, proyecto político que defendían en ese entonces los revolucionarios internacionalistas. Como marxista, Trotsky concebía el proyecto socialista sólo dentro de un marco internacional. A un tiempo, su concepción explica porque no fue posible el socialismo en la Unión Soviética”.

El mismo hecho de que después de haberle caído tantos perros muertos, se siga hablando todavía de la revolución permanente y de su autor, demuestra el alcance de su aporte, un aporte que, como todos, requerirá una puesta al día en un tiempo que histórico en el que, aunque sea más lentamente de lo que quisiéramos, todo se está moviendo.