domingo, 22 de marzo de 2009

In memorian del blog Irrintzia


En este post estaba escrita una explicación sincera y clara del agravio que a una de sus partes le ha supuesto la liquidación del blog Irrintzia. Pero in memorian de los buenos momentos que pasamos juntos y en la creencia inocente de que el dolor sufrido será pasajero y de que nunca es buen punto de partida para explicar razones he retirado el texto.

Aun así no puedo retirar la expresión de mis sentimientos:

"Cuando los más cercanos a ti, te rechazan y te excluyen, por ser en algo diferente.
Se esta manifestando lo más vil, cruel y mezquino del ser humano.
Provocando en la víctima un dolor tan profundo, que le lleva a desconfiar en la posibilidad de que mediante la comunicación la naturaleza humana sea capaz de encontarse a si misma.
La exclusión y el rechazo duele más que la soledad o las rupturas, porque siempre se han basado en alguna injusticia y siempre han sido la mayor fuente de todas ellas."

Mis compañeros de blog no han sido valientes, me han rechazado y excluido y eso duele, me duele mucho...

Marce

Pase lo que pase, yo no voto a ICV

Esta es la respuesta policial encargada por el señor Saura de ICV contra l@s estudiantes catalanes que se manifestaban con libros y lapiceros.

Dentro de dos meses estos mismos represores y gestores de los intereses del estado y del capital junto con los Mikel Arana, Madrazo y Ezker Batua te van a pedir el voto para ser nuestros representantes de "izquierda" en el parlamento Europeo. Yo no les pienso votar, que no te engañen.

La juventud, estudiantes, mileuristas, feministas, despedid@s, parad@s, ecologistas, trabajador@s tenemos alternativa, tenemos que luchar, tenemos que plantar cara sus medidas, tenemos que construir una herramienta de Anticapitalista, las gentes de Ezker Alternatiboa podremos todos nuestros esfuerzos al servicio de esa lucha y de enfrentar a la Europa de los mercaderes capitalistas.

Jerónimo

La rabia del pueblo



viernes, 20 de marzo de 2009

Más de un millón de personas se manifiestan en Francia contra Sarkozy

"Si queremos no seguir pagando la crisis de los capitalistas deberemos seguir el ejemplo de los franceses, debemos movilizarnos por nuestras reivindicaciones y necesidades. Por eso, exijamos desde nuestros centros de trabajo, de estudio, desde nuestros barrios y asociaciones, que los sindicatos ELA, CCOO, UGT, LAB, ESK, STEE-EILAS vayan preparando la movilización, la concienciación y la organización de una HUELGA GENERAL y de todas la movilizaciones necesarias para combatir los despidos y el paro"

"El pueblo antes que los banqueros"

Jerónimo






El éxito de la huelga general se midió en la calle con 200 marchas de protesta, aunque no paralizó el país

ANTONIO JIMÉNEZ BARCA - París - 19/03/2009

El Gobierno francés se lo temía, lo reconocía y tragaba saliva ante lo que se avecinaba. Un ministro, incluso, lo ha avisó la víspera: "Ojo que hace buen tiempo". Este jueves, en una tarde deliciosamente primaveral, más de un millón largo de franceses (tres millones, según los sindicatos) salieron a la calle a gritarle a Nicolas Sarkozy, presidente de la República, que rechazan sus medidas contra la crisis, encaminadas, a su juicio, a reflotar grandes empresas y bancos en apuros pero no a proteger ni a los trabajadores ni a los parados. La policía contabilizó 1,2 millones de manifestantes. En cualquier caso, más que en la anterior convocatoria, celebrada el 29 de enero. Es decir, la protesta crece en Francia.

La jornada era de huelga general. Los trenes funcionaron a la mitad. Los autobuses y el metro, dependiendo de la ciudad. En Burdeos y Marsella, con paros. En París, casi como cualquier otro día. Los profesores pararon en un 35%, otros funcionarios, en un 20%. Resumen: la llamada de los sindicatos no paralizó Francia.

"El pueblo antes que los banqueros"

Eso era lo esperado. Tanto los sindicatos como el Gobierno sabían que el éxito o el fracaso de la convocatoria se jugaba en la calle, en las más de 200 manifestaciones previstas en toda Francia. En París la marcha arrancó a las dos de la tarde, desde la Place de la Republique. Una pancarta enorme avisaba del contenido central: El pueblo antes que los banqueros. Una señora mayor, de más de 70 años, caminaba despacio enarbolando un cartelito confeccionado a base de cartón y madera. Pintada con rotulador, sólo una frase: Los financieros destruyen nuestra civilización. Al lado, una charanga simultaneaba La Internacional y después la María de Ricky Martin.

Tras las pancartas marchaban los sindicalistas, los trabajadores y los hombres y mujeres que se han quedado parados recientemente, los que reclaman más dinero público para los asalariados, la subida de los sueldos o, al menos, del Salario Mínimo Interprofesional, que en Francia asciende a 1.300 euros. También los que exigen que Sarkozy anule el denominado escudo fiscal, una de las primeras medidas impositivas adoptadas por el Gobierno francés y que a, juicio de la izquierda, protege a los que más tienen. También los que se sienten indignados (y estafados) por casos como el de la empresa petrolera Total, que ha anunciado casi simultáneamente la desaparición de 550 empleos en Francia y unos beneficios de 13.800 millones de euros en 2008.

Pero no sólo iban ellos. También se manifestaron los profesores que critican el desmantelamiento de la escuela pública francesa; los médicos y enfermeras que denuncian la, a su juicio, cada vez peor situación de la sanidad; los estudiantes de instituto y los universitarios acompañados de miembros de asociaciones de inmigrantes sin papeles o de defensores de las personas sin techo. Un grupo mestizo, multitudinario y heterogéneo que, sin embargo, compartían un blanco claro y común: Nicolas Sarkozy.

Jornada exitosa, según los sindicatos

Los sindicatos, al término de las diferentes manifestaciones y tras contabilizar más de tres millones de asistentes, declararon un éxito la jornada y aseguraron que habrá más protestas masivas a menos que el Gobierno haga "un gesto".

Sarkozy se encontraba en ese mismo momento lejos, en Bruselas, en una reunión del Consejo Europeo. Esta vez no iba a contestar a los manifestantes, a diferencia de lo ocurrido en enero, cuando emplazó a los sindicatos a una "cumbre social", celebrada el 19 de febrero, y que a la postre no sirvió para enterrar la protesta. Esta vez, de dar la cara se iba a encargar el primer ministro, François Fillon, que compareció a las ocho de la tarde en televisión para asegurar que no habrá nuevas medidas a las ya tomadas en la "cumbre social" de febrero, consideradas ya entonces insuficientes por los sindicatos.

Fillon era consciente de que sus palabras, a pocas horas de que terminara la protesta en la calle, significaban la guerra. Y añadió: "Las movilizaciones no solucionan las crisis mundiales".

Xenofobiaren aurka - Contra el racismo


resumen

RESPECTO A ETA Y LA SOBERANÍA DESDE MARX

"Este artículo del joven compañero Gorka Ramos nos señala unos importantes principios que deberían sostener todas a aquellas gentes que se consideran revolucionari@s. Lamentablemente, se empiezan oír voces de viejos troskistas, fracasados de la experiencia de Euskal herritarrok, que quieren resucitarla sin fundamento, claudicando a los cantos de sirena de la izquierda abertzale oficial, que pone los acentos en la importancia de la utilización de las vías políticas., allá ellos y sus acolitos. Menos mal, que lo viejo terminará muriendo en el frente populismo abertzale y lo nuevo brota con principios claros y firmes de izquierda revolucionaria."

Jerónimo.


RESPECTO A ETA Y LA SOBERANÍA DESDE MARX


Normalmente solemos rechazar las acciones armadas de ETA desde un punto de vista ético o humanitario y nos solemos olvidar de exponer los motivos por los que, como marxistas, nos parece un error su estrategia. Tampoco podemos olvidar que la lucha por la soberanía no es algo exclusivo de los nacionalistas sino algo que también nos atañe a los marxistas.

Dos errores de ETA

Sabemos que “el estado es un conjunto de cuerpos armados que protegen los intereses de la clase dominante”. Estos cuerpos armados están obviamente integrados por individuos. La eliminación física estos individuos parece un camino fácil para ir destruyendo estos cuerpos armados y por ende el estado. Sin embargo la clase dominante tiene grandes reservas de individuos con los que sustituir las bajas. Ciertas acciones (Carrero Blanco por ejemplo) pueden provocar una gran conmoción y dar una sensación de avance hacia el objetivo último de destrucción del estado. Pero pronto aparecerá un sustituto en la maquinaria estatal que realizará el mismo trabajo. Por lo tanto, no podemos acabar con estos cuerpos centrándonos en los individuos, sino que hay que eliminar el conjunto. Para ello será necesario un proceso revolucionario amplio cuyas formas son objeto de otro debate.

Otro error es la estrategia de tipo “menchevique” de revolución en dos etapas. En una primera etapa, se busca la independencia (revolución democrática) y la construcción socialista se deja para después. Para esa primera etapa, ETA no ha tenido reparos en buscar alianzas con la burguesía vasca. El PNV, aunque pretenda pasar por interclasista, es el partido de la burguesía, y ésta jamás apostará por una ruptura revolucionaria con el estado si están en juego sus intereses económicos. Ahí tenemos el ejemplo de Lizarra-Garazi. Si bien tuvo aspectos positivos, como el hecho de aglutinar a las fuerzas soberanistas, en el momento que se pretendió construir una herramienta de doble poder como era Udalbiltza el PNV se echo atrás, escindiéndose en Udalbide. El culmen de esta colaboración de clases fue el pacto de gobierno PNV/EA-Euskal Herritarrok.

Tampoco estamos al otro lado de la barricada

Que rechacemos los métodos armados individuales, tanto éticamente como por considerarlo una estrategia errónea desde el punto de vista de la lucha de clases, tampoco nos debe hacer cometer el error de hacer el juego al estado y plegarnos a las exigencias de condenas y demás. Algunas izquierdas han acabado por plegarse al estado. Debemos tomar ejemplo de la postura digna de los concejales de EB-Zutik en Arrasate, que mantuvieron firmes sus principios en una situación tan difícil.

La Ley de partidos ha sido el recorte de libertades más brutal desde la transición. Una oposición frontal a esta ley debería ser una de nuestras ideas-fuerza.

Defensa de la soberanía nacional

Si queremos ser consecuentes con nuestras declaraciones de intenciones y luchar contra todo tipo de opresión, discriminación y explotación, no podemos dejar de lado la lucha contra la opresión de los derechos de nuestro pueblo. No desde un punto de vista histórico, étnico o cultural (aunque por supuesto, hay que proteger y mimar los rasgos culturales propios) sino desde el punto de vista de clase. Ha sido un error dejar, casi exclusivamente, esta lucha en manos de los sectores nacionalistas. Hay que trabajar porque el conjunto de los trabajadores y sus organizaciones asuman la defensa de la soberanía (en Catalunya nos llevan una gran ventaja en ese terreno).Una soberanía ejercitada en la forma que el pueblo vasco decida, ya sea en forma de autonomía, federación, confederación, independencia…

Gorka Ramos

jueves, 19 de marzo de 2009

Homenaje a Quintín Cabrera



Si no conoces su obra aquí tienes una aproximación a su figura y su obra:

http://www.espacioalternativo.org/node/3598

Las linces responden a los obispos


SUMATE A LA CAMPAÑA Y AÑADE EL LOGO DE LAS LINCES A TU BLOG, TU WEB, TU PERFIL EN LA RED SOCIAL, ETC.

Esta es una convocatoria para que en nuestros blogs, perfiles de facebook, twitter, etc. nos sumemos y demos una respuesta contundente a los obispos.

Si tienes un blog o una web coloca el logo, escribe una nota de respuesta a la campaña de la iglesia junto al logo de Las Linces que hay junto a este texto ... si tienes algún perfil de alguna red social, sustituye tu foto con el logo de LAS LINCES.

Ellos pueden pagar vallas publicitarias, pero nosotras y nosotros tenemos la red.
Si te sumas a la campaña, envia un mensaje con la dirección de tu blog, o de tu web a laslinces@gmail.com

Tenemos mucho que decir, en defensa de los derechos de ciudadanía, y nos haremos escuchar. ;-)

¿Aires de revuelta?


Sandra Ezquerra / Interseccion[e]s

Aún sobrevuelan los helicópteros la ciudad. Ha sido un día intenso para el movimiento estudiantil y para la izquierda barcelonesa en general. Los estudiantes ocupando el rectorado de la UB desde hace cuatro meses eran despertados por los gritos y golpes de los Mossos d’Esquadra que llegaban para asestar un duro golpe al centro neurálgico del movimiento estudiantil catalán.

Los gritos, los golpes y la confusión se han prolongado a lo largo de la mañana, en la que los estudiantes veían como las fuerzas del “orden” cerraban la universidad y se llevaban a muchos detenidos. Las cámaras han mostrado de sobras la brutalidad que se ha utilizado para efectuar el desalojo. Lo que no sabemos aún es lo que ha pasado en los furgones: allí no hay cámaras ni ojo público. Pero amigos de detenidos han ido explicando a lo largo de la tarde que éstos han sido golpeados y torturados al llegar a las comisarías.

Tras varias acciones durante la primera mitad del día, el movimiento ha convocado una concentración en Plaça Universitat a las 8 de la tarde. Allá nos hemos juntado unas cinco mil personas pidiendo a gritos la dimisión de Saura y exigiendo la salida de los mossos de la universidad. Estábamos convencidos de que la manifestación sería “tranquila”. Bastante en evidencia se había puesto el Govern d’Entesa con la represión de la mañana como para volver a la carga en el puro centro de la ciudad y con una mobilización de miles de personas. Pero hoy nada ha cuadrado y las cuentas nos han salido todas mal. Los Mossos han rodeado la manifestación y nos han impedido bajar por La Rambla. Allí ha habido la primera carga. Hemos virado entonces en Plaça Catalunya y nos hemos dirigido hacia Via Laietana pasando por el Carrer Fontanella. Se ha avanzado con rabia, con fuerza, con combatividad… La presencia de Mossos ha ido aumentando a medida que bajábamos hacia Plaça Sant Jaume y, un poco antes de Jaume I ha empezado la carga directa. Los Mossos, docenas y docenas, estaban fuera de sí. Han golpeado sin mirar a quién ni a dónde. Los porrazos se han multiplicado y han forzado a la mayoría de los manifestantes a meternos por los callejones del Born y del Gòtic. Una compañera de Revolta ha sido golpeada en la barriga y en la pierna.

A partir de entonces hemos estado donde ellos nos querían, ya que el escenario del juego se ha convertido en una ratonera y, a pesar de que cientos de personas, ya desperdigadas, hemos intentado avanzar hasta Pla de Palau, los furgones han recorrido las calles estrechas y han seguido golpeando. Cuando llegas ahí estás perdida, porque en esas calles no hay cámaras, ni testigos ni pruebas. Muchos negocios han comenzado a bajar sus persianas y algún que otro comerciante nos ha abierto la puerta para que pudiéramos protegernos. Mis compañeros y yo hemos acabado en un restaurante con varios estudiantes y, mientras nos sentábamos un momento, una joven ha empezado a gritar con rabia, casi con histeria, preguntando a todos y a nadie “si no nos dábamos cuenta de lo que está pasando en esta ciudad. Están torturando a estudiantes!”

Creo que no estábamos preparados para esto. Mentalmente quiero decir. A pesar de que la tensión ha ido subiendo durante los últimos meses, nunca pensé que el govern decidiría atajar por lo sano, por lo bruto, por lo fascista. Pensaba mientras buscábamos un bar alejado de los furgones que hay que ser gilipollas para repartir porrazos entre estudiantes jóvenes y gente no tan joven en el mero centro de Barcelona en un día como éste. ¿Realmente el govern había agotado todas sus posibilidades para llegar a una “solución” tan deslegitimadora? ¿para ponerse (de nuevo) en evidencia de esta manera? Mientras intentaba animarme pensando, recordando vagamente a Gramsi, que quizás estén desesperados, un compañero me ha replicado que “lo hacen porque se lo pueden permitir: no tienen a nadie a la izquierda”.

Pero si que tienen a alguien. Nos tienen a nosotros. A los miles de personas que estábamos hoy en la calle. A los muchos que nos estamos organizando y trabajando duro para construir una alternativa política a la izquierda institucional: que sea combativa, que sea radical, que mire al sistema de frente, que lo sacuda, que lo cambie de arriba abajo. Y nos tienen para rato. Somos pocos y pequeños, pero mañana volveremos y seguiremos estando al lado de l@s estudiantes, de las trabajadoras, de todas las personas que están cargando sobre sus espaldas no sólo esta crisis sino el peso entero del sistema desde hace demasiado tiempo. Quizás la crisis y los mossos estén imparables… pero también nosotros. Huelo aires de revuelta y no creo que el olfato me traicione esta vez.

El movimiento de solidaridad con los estudiantes apalizado en las calles de Barcelona por la policía de la Generalitat


El movimiento de solidaridad con los estudiantes apalizado en las calles de Barcelona por la policía de la Generalitat.

Pablo F. ( foroanticapitalista.blogspot.com)

Hay reacciones que en ocasiones se repiten de manera mimética. Hoy se me volvieron a reproducir los mecanismos orgánicos que aparecieron 10 o 12 años atrás. Era Madrid, era el PP, y era Francisco Ansuátegui el Delegado de Gobierno (o jefe de la Policía) en aquella época. En la manifestación antifascista del 20-N nos hicieron “la ratonera”. Cerraron la calle Atocha allí cuando se estrechaba, nos rodearon completamente, por delante y por detrás, sin escapatoria, porrazos a diestro y siniestro. Terror, sí, terror, generado por la policía.
Esta noche se ha repetido la historia. No era Madrid por la mañana, era Barcelona cuando la tarde se hace noche, en vez de la calle Atocha, era la Via Laietana. No era la derecha de toda la vida, era la izquierda “ecosocialista” del tripartit: PSC-ERC-IC. Y el Conseller de Interior (el jefe de la policía)…el Conseller de Interior es un tal Joan Saura, un tipo curiosísimo que pasa por progresista, que trabaja en Iniciativa per Catalunya en alianza con Esquerra Unida i Alternativa.
Pero ha sido igualito. Aquellos más casposos, estos más “alternativos” y cosmopolitas, los porrazos duelen igual. Cordones de antidisturbios de los Mossos de Esquadra cerraron arriba y abajo el cortejo de la manifestación. Cargan, la gente corre, huye de la manifestación, deberían parar, pero no, siguen zurrando, máquinas de pegar.

Cada uno puede sacar sus conclusiones sobre lo que ha pasado hoy. Aquí va la mía: están fuertes, confiados. Se saben sin competencia por la izquierda. Estos del PSC, ERC, Iniciativa, EUiA, no van a pagar a corto plazo un precio político por la macarrada de esta noche. No creo que se echen atrás con esto del Plan Bolonia. No lo hizo el PP con el 95% de la opinión pública contra la guerra. Sólo hay algo que si les puede hacer cambiar sus planes, pagar un precio político, perder cargos, sueldos, prebendas, privilegios. Eso le pasó al PP con Irak. Pero la alternativa hoy a este simulacro de izquierda es la derecha de siempre. Y estos privatizarán más rápido y pegarán más porrazos.
Tenemos por delante la tarea de construir una izquierda a la izquierda de “Saura y cía”. La privatización de la enseñanza universitaria es sólo el prefacio, los porrazos de hoy el primer episodio, pero el libro será “doloroso o extremadamente doloroso” (dijo la semana pasada Krugman, premio Nobel de Economía) . A lo que iba, en países colindantes ya están construyendo nuevos partidos anticapitalistas (http://www.gara.net/paperezkoa/20090318/127788/es/La-apuesta-nuevo-partido-anticapitalista).
Aquí, ¿por qué no?.

miércoles, 18 de marzo de 2009

Proyección documental Decrecimiento y simplicidad voluntaria Martes 24 marzo


El próximo martes 24 de marzo, a las 19:30 horas se llevará a cabo la proyección del documental Decrecimiento y simplicidad voluntaria, con posterior debate, en el Hikaateneo de Bilbao organizado por el Comité de apoyo a la candidatura de Ezker Alternatiboa - Izquierda Anticapitalista de Bilbao.

Datorren asteartean, martxoak 24, arratsaldeko 19:30etan "Decrecimiento y simplicidad voluntaria" dokumentalalen erakusketa izango da Bilboko Hikaateneon, Ezker Alternatibo - Izquierda Antikapitalista Bilboko laguntza komitetik antolatua.




Crisis, izquierda y cuestión nacional


Luis Rabel VIENTO SUR Número 100/Enero 2009
Desde siempre, la cuestión nacional ha sido una de las problemáticas más complejas y controvertidas entre las corrientes marxistas. Y, por lo que respecta al Estado español, ha representado uno de los mayores escollos para el movimiento obrero y la izquierda en general: éste ha sido el teatro de las mayores torpezas y las peores renuncias a la independencia política. El período de convulsiones sociales hacia el que nos precipita la crisis del capitalismo globalizado, lejos de diluir o rebasar las cuestiones nacionales pendientes, tenderá a agudizar su conflictividad. Sin embargo, ésta se desarrollará bajo nuevos parámetros, en medio de un colapso del modelo económico neoliberal español que tornará insoportables para millones de hombres y mujeres las consecuencias de los desequilibrios y agravios inherentes a la arquitectura política heredada de la transición. La cuestión nacional se teñirá de problemática social. Y, a su vez – mal que pese a quienes creen que la lucha entre las clases podría desenvolverse como un enfrentamiento de límpidos contornos, desprovisto de “interferencias”, entre el capital y el mundo del trabajo –, la problemáticas sociales se entrelazarán, se conjugarán o incluso aparecerán mediatizadas por las cuestiones nacionales.

Es pues necesario que la izquierda vuelva a estudiar y a debatir en profundidad acerca de todo ello. Y es que el inicio de esta nueva etapa viene marcado también por el agotamiento del proyecto político que agrupó durante los últimos veinte años al grueso de las corrientes que se situaban a la izquierda del PSOE. El final de IU como marco apto para el desarrollo de las fuerzas contestatarias del sistema –así lo consideramos no pocas y pocos de quienes hemos militado en sus filas–, poniendo a la orden del día la construcción de una nueva izquierda anticapitalista, obliga también a hacer balance e inventario de las experiencias y nociones que han tenido curso hasta ahora. Nos obliga, como diría nuestro buen compañero Daniel Bensaïd, a “considerar cuidadosamente lo que llevaremos en nuestros bagajes al iniciar esa singladura”.

El poso ideológico de IU

IU agota su impulso fundacional legando a la izquierda social algunas provechosas referencias, pero también un poso de confusión y no pocos prejuicios acerca de la cuestión nacional. El PCE dice ahora que “se acabó el pacto constitucional de 1978”. Es indiscutible el desgaste de los dispositivos políticos e institucionales surgidos de aquel acuerdo entre la oposición de izquierdas y los herederos del franquismo, empezando por la propia monarquía y siguiendo por unas “autonomías” varias veces remozadas y cada vez más incapaces de contener la problemática para la que fueron concebidas. Pero no es menos cierto que, si algo acabó con alguien, fue aquel “pacto constitucional” quien acabó con el PCE. Y su derrota ideológica ha pesado en toda la trayectoria de IU.
El pacto constitucional supuso, entre otras muchas frustraciones, cerrar en falso las aspiraciones democráticas que las sociedades vasca, gallega y catalana habían ido templando en su resistencia a la dictadura franquista. Decepción tanto más dolorosa cuanto que la misma Carta Magna que reconocía la existencia de esas “nacionalidades históricas” les negaba la soberanía y dejaba sus anhelos bajo la tutela del Rey… y la inquietante vigilancia de las Fuerzas Armadas. Así, se enquistó el conflicto vasco, con una secuela de dolor que se prolonga hasta hoy; se condenó Galicia a recorrer un penoso camino desde la pervivencia del caciquismo hasta la conquista de su dignidad como pueblo; se sumió a la sociedad catalana y a su potente movimiento obrero en un mar de contradicciones paralizantes que aún no ha superado.

Tradicionalmente, IU ha defendido el derecho a la autodeterminación de los pueblos ibéricos. Pero aquel pacto comportó que la comprensión más chata acerca de la cuestión nacional, que los prejuicios y recelos hacia los “nacionalismos periféricos” que anidaban en la cultura política del PCE se tornaran predominantes en su seno y acabasen vertiéndose en IU – generando a su vez reacciones no menos confusas, pero de signo contrario. A lo largo de estos años ha ido tomando cuerpo en esta izquierda una doctrina que ha pretendido certificar, justificar de algún modo a posteriori las vergüenzas y renuncias de la transición. ¿Derecho a la autodeterminación nacional? De acuerdo, pero a condición de no pretender seriamente ejercerlo. Es decir, ni por asomo se contemplaba la posibilidad de una secesión a partir de una expresión democrática de la voluntad popular. Cuando se situaba una perspectiva de progreso, invocando el objetivo de una República federal, el discurso del PCE ha puesto siempre en guardia contra cualquier tentación “confederalizante”. De hecho, la unidad indisoluble de esa República Federal parecía un remedo de la “unidad inquebrantable” de la nación española que proclama la Constitución. “¡Una buena República y no diecisiete!”, hemos oído mitinear a Paco Frutos en más de una ocasión.
Ese horizonte inequívocamente “unitario” ha servido para encubrir una práctica política repleta de inconsecuencias y adaptada al centralismo. Desde el PCE se ha ido construyendo un discurso que ha constituido en cierto modo un envoltorio de izquierdas, la coartada clasista e incluso internacionalista, de un nacionalismo español opresor y excluyente. (La persistencia de las acciones armadas de ETA ha sido durante tres décadas el pretexto recurrente para invocar una “unidad de los demócratas contra el terrorismo” que abrazaba a los testaferros del franquismo, y ha servido para enmascarar la violencia institucional del Estado. Este capítulo de nuestra reciente historia ha gangrenado la izquierda hasta la médula, acostumbrándola a “cuadrarse ante la bandera” en cuanto suena un disparo. Una experiencia así merecería sin duda una reflexión singular y pormenorizada. Pero eso nos alejaría de nuestro razonamiento principal.)

Perversión del discurso

Es característico de un nacionalismo dominante, asentado por la fuerza de las armas desde hace siglos, que no necesite afirmarse como tal. “Nacionalistas” son, por ejemplo, vascos y catalanes, que reivindican una lengua y una cultura distintas y que aspiran a instituciones propias. Frente a ellos, el nacionalismo español no se yergue como un nacionalismo, sino como “el orden natural de las cosas”. Proclama defender un “idioma común” –sojuzgando y marginando aquellos que, distintos del castellano, no serían patrimonio de toda la ciudadanía. Y, sobre todo, impone una “soberanía” en que las –amplias– minorías nacionales que se reconocen como tales quedan disueltas y subsumidas en la noción globalizadora de “pueblo español”, fuente suprema y última de cualquier ordenamiento jurídico. La perversión de la izquierda ha consistido justamente en dar un barniz progresista a semejante planteamiento antidemocrático. Aveces, acreditando la tesis de que “todos los nacionalismos son iguales” (es decir, de raíz burguesa), e incluso que los “periféricos” son peores o más sospechosos. Naturalmente, no se trata de comparar las “virtudes” –terriblemente semejantes entre sí– de las respectivas clases poseedoras de aquí y de allá, por otra parte imbricadas unas y otras en el mundo de los negocios. Pero sí cabe distinguir entre un nacionalismo que reivindica derechos democráticos –relativamente progresista– y un nacionalismo que tan sólo defiende privilegios. Una distinción decisiva desde el punto de vista de las relaciones de la izquierda con el pueblo.

Otras veces, la negación práctica del derecho de autodeterminación ha tenido ciertas pretensiones teóricas: las naciones-Estado corresponderían al pasado y no tendrían sentido alguno en el siglo XXI, en la época de la globalización y en plena construcción europea. Semejantes argumentos, caros sobre todo al social-liberalismo, olvidan que la globalización –que representa ante todo la dictadura de las multinacionales y las grandes corporaciones financieras–, lejos de diluir los estados existentes, los utiliza como vector de organización de los mercados y de las relaciones sociales que permiten su explotación. Hoy asistimos al colapso del modelo económico español, basado en la especulación inmobiliaria, el desarrollo del sector terciario y del turismo, los bajos salarios y la transformación del país en pista de aterrizaje para las multinacionales –que hoy están deslocalizando a marchas forzadas. Ésos son el lugar y el papel asignados al Estado español y, en grado diverso, a sus distintos territorios en la arena mundial. La “España de las autonomías” ha permitido implementar esas transformaciones… al tiempo que las limitaciones en las competencias y recursos de las “comunidades irredentas”, que han visto fragilizada su estructura económica y social y se encuentran particularmente zarandeadas por la crisis, dejan en la mayor indefensión a su ciudadanía. En otras palabras: los procesos globalizadores han retirado importantes elementos de soberanía de manos de los Estados, desplazándolos hacia grandes centros internacionales de poder –y eso ha contribuido en cierto modo a poner “la miel en los labios” de las naciones sin Estado, que esperaban un debilitamiento del viejo centralismo o incluso ser convocadas a un nuevo concierto democrático de los pueblos. Pero tales procesos no han trasladado ni un ápice de soberanía a dichas naciones. La globalización ha significado una nueva frustración de las aspiraciones al pleno desarrollo del autogobierno y a la construcción nacional. El ciclo recesivo del capitalismo globalizado conjugará esa frustración con una rápida degradación de las condiciones de vida de amplias franjas de la población. La globalización no sólo no habrá atenuado las “viejas” cuestiones nacionales, sino que acabará exacerbándolas y confiriéndoles un papel aún más relevante en el desarrollo vivo de la lucha de clases durante los próximos años.

Anticapitalismo y libertad nacional

Finalmente, la izquierda ha recurrido a la invocación del “internacionalismo” y la “solidaridad de clase” para justificar el hecho de que miraba de soslayo las reivindicaciones nacionales. Ahí es donde la discusión se torna más delicada y donde una izquierda anticapitalista debe afinar sus conceptos. Una izquierda anticapitalista es, por definición, internacionalista: el capitalismo constituye un sistema mundial y sólo puede ser vencido y substituido por un nuevo orden social avanzado por la acción de un movimiento y de un proceso de transformación revolucionaria de carácter internacional. El primer deber de una izquierda combativa es, por lo tanto, favorecer la mayor unidad entre la clase trabajadora–por encima de su diversidad étnica, nacional o cultural–, así como la solidaridad entre los pueblos. Desde ese punto de vista debemos abordar en toda su complejidad las cuestiones nacionales. Si defendemos el derecho a la libre autodeterminación –incluido el derecho a la separación– no es porque propugnemos separatismo
alguno, ni porque exaltemos ningún sentimiento nacional. Es, en primer lugar, porque aquella unidad no es posible sobre la base de agravios, desigualdades o imposiciones. Partidarios de una estrecha cooperación, no concebimos ningún proyecto que no se base en la libre adhesión. ¿Qué futuro tendría una República que mantuviese el odioso centralismo de la monarquía como cimiento entre las naciones peninsulares?

La “unidad de clase” que invoca a veces sin mucha convicción la vieja izquierda sólo puede forjarse a través de la lucha y la realización de las soluciones más radicalmente democráticas y audaces en el terreno nacional. Por poner el ejemplo de Catalunya, desde Revolta Global defendemos sin ambigüedad la perspectiva de una República Catalana: la realidad nacional del país y lo prolongado de la injusticia a que se ha visto sometido hacen insoslayable una salida basada en el pleno ejercicio de la soberanía democrática. A partir de ahí, cabe decir que ni somos independentistas, ni estigmatizamos o nos asusta la opción de la independencia. Nuestro objetivo estratégico –trazado de hecho por todo el desarrollo histórico anterior– es el de una federación ibérica de libre adhesión y el de una Europa de los pueblos, capaz de conjugar el pleno desarrollo de sus potencialidades culturales y nacionales con la cooperación, la solidaridad y el progreso colectivo. Incluso si la opción mayoritaria de la ciudadanía fuese la independencia –opción cuyo respeto cabría de todos modos exigir, pero a favor de la cual tampoco sería teóricamente descartable que, en determinadas circunstancias, pudiese inclinarse la izquierda anticapitalista–, se trataría muy probablemente de un episodio, de un avatar de importancia y duración imprevisibles, en el camino de la federación. Ya en su época, considerando esa eventualidad en el fragor de la guerra civil, Trotski era del parecer que resultaría decisivo en ese sentido el peso específico adquirido por la clase trabajadora en el seno de la nación catalana.

Añadamos que conviene huir de un cierto “jacobinismo” –muy extendido incluso en la extrema izquierda– que, cuando no puede negar la problemática nacional, la aborda como un engorroso vestigio del pasado o como una inevitable concesión a las veleidades culturales de la “pequeña burguesía”. Ni los sectores más plebeyos de la sociedad son ajenos al deseo de un florecimiento cultural, ni el progreso hacia una sociedad socialista se hará a través de la uniformidad, sino muy probablemente mediante estrategias de desarrollo de la diversidad, de tal modo que la plena eclosión de las potencialidades de todas las lenguas y culturas represente para las próximas generaciones la vía más segura hacia una civilización superior. Cabe decir también que es en ese sentido –y en modo alguno movidos por la evocación exaltada de gestas medievales, o por connivencia con pretensiones hegemónicas del nacionalismo catalán– que defendemos también la
perspectiva de una libre unión de los Països Catalans. Durante años, con habilidad y constancia, el centralismo español ha alimentado todo tipo de suspicacias y resentimientos entre las comunidades valenciana y balear hacia Catalunya. En realidad, se trata de la lucha por impedir un acercamiento que pudiera propiciar la temida eclosión de una potente construcción nacional. Inevitablemente, es división ha sido un vector fundamental del devastador avance del modelo neoliberal, de la irrefrenable urbanización de la costa levantina, de un desarrollo insostenible y depredador, generando enormes bolsas de parasitismo y corrupción social en torno a la especulación y propiciando envenenados conflictos por el agua. La defensa de la cultura y del territorio aparece así inseparable de la reivindicación nacional democrática. Yésta revela una vez más su potencial de subversión del sistema.

Concluyamos diciendo, sin embargo, que hoy en día nada pervierte tanto un justo tratamiento de la problemática nacional como la adaptación de la izquierda –incluida la izquierda “transformadora”– a las políticas liberales. Tal es el caso de las alianzas gubernamentales bajo hegemonía social-liberal, como el tripartito catalán. La experiencia desoladora de la reciente reforma estatutaria está repleta de enseñanzas y merecería un estudio monográfico. Baste apercibirse de la confusión y división que generan las fricciones entre dos gobiernos social-liberales –central y Generalitat– en torno a la financiación y los traspasos de competencias previstos por la nueva carta autonómica. Barcelona reclama, por ejemplo, el traspaso de la gestión de la red ferroviaria de cercanías. Pero resulta que el Parlament votó en su día la introducción de operadores privados en la explotación de la red… y eso hace que los sindicatos vean con recelo los traspasos, temiendo por el futuro de sus condiciones contractuales. El gobierno central, no menos favorable a las privatizaciones, pero poco decidido a implementar las concesiones que contempla el nuevo Estatut, se frota las manos ante tales contratiempos. Entre tanto, la izquierda “transformadora” tilda a los sindicatos ferroviarios de corporativistas e insensibles a las reivindicaciones catalanas. ¿Puede concebirse mayor despropósito? Otro tanto podríamos decir del traspaso de la gestión del aeropuerto del Prat, que la Generalitat reivindica con inusitada pasión junto a los sectores patronales que piafan de impaciencia por hacerse con ese jugoso negocio – tanto más provechoso cuanto más precarias sean las condiciones laborales del personal de tierra. Por no hablar del tema estrella: el sistema de financiación… Cualquier modelo que no emane de unas relaciones democráticas ha de ser por fuerza fuente de agravios. Pero si además el debate se sitúa entre dos gabinetes que apuestan por reducir impuestos a los más ricos y por las infraestructuras faraónicas, el conflicto –y su explotación demagógica– están garantizados de antemano.

En cualquier caso, parece indiscutible que la actualidad más inmediata como los problemas que se perfilan en el horizonte sbrayan la imperiosa necesidad para la izquierda de rearmar su discurso sobre la cuestión nacional. Están en juego su credibilidad y su futuro.

VIENTO SUR Número 100/Enero 2009

Lluis Rabell es militante de Revolta Global-Esquerra Anticapitalista.

miércoles, 11 de marzo de 2009

Silencio cómplice

Ninguna conciencia puede quedar indiferente ante esta masacre del Sionismo Israeli.

Boikot, Boikot, Boikot hasta acabar con el estado exterminador de Israel.

Palestina solidaridad, Palestina vencerá.


Erased-wiped off the map from CIES IMATGES on Vimeo.

Silencio cómplice
Rafa Redondo
ACORRALADOS, embargados, sin alimentos, sin luz ni agua potable, con un imparable balance de 830 muertos y más de 3.500 heridos (cuando esto escribo) los hospitales desbordados y sin posibilidad de ser atendidos debido a una cruel disposición del gobierno de Israel, que reproduce contra los palestinos el exterminio nazi que su mismo pueblo padeció. No respetan ni a la población civil, ni a las mujeres, ni a los bebés…

Resulta escalofriante la tibieza y el silencio cómplice de los gobiernos y organismos internacionales para parar este genocidio. Europa es un reino de mercaderes. Es más, el Consejo de Seguridad es incapaz (cuando esto escribo) de condenar incluso la violencia del ataque israelí a un edificio con pabellón de la ONU, que ha producido decenas de muertes, mientras Estados Unidos, pone el veto a toda propuesta condenatoria y su presidente electo, Obama, mira para otro lado arguyendo que él no declara mientras Bush sea presidente (pero sí lo hace sobre la crisis económica: le preocupa más su economía que la humanidad).

No es preciso ser marxista para constatar la lucha de clases entre ricos y pobres, ni estar ciego para ignorar que esto es una Democracia S.A., una globalizada orgarnización empresarial dominada por banqueros y petroleros, un gallinero donde zorras y gallinas son iguales ante la ley, un reino de la mentira que arma a los asesinos, como tan indecentemente lo hace la industria bélica española. ¡Qué extraño socialismo el tuyo, Zapatero!

Lector, si a un pueblo, por pequeño que fuere, otros pueblos lo consideran un desecho, la Humanidad es una puta pocilga. Lee bien, lector: un solo pueblo. Y si la vida de un niño otros hombres la consideran un despojo, la Humanidad es un puto muladar. Lee bien, lector: un solo niño. Hora es de despertar. Y de gritar, hasta desgañitarse…

martes, 10 de marzo de 2009

Elecciones vascas: Construir una nueva izquierda en clave anticapitalista y democrática, es el momento



"Una apreciación curiosa que he encontrado en la red sobre la elecciones Vascas"
Jerónimo.



Los resultados de las elecciones en el País Vasco, por encima de los recortes democráticos con la ilegalización de las candidaturas de la izquierda abertzale que ha condicionado el proceso y el resultado; y más allá del rifi-rafe institucional desatado por el PSE y el PNV para hacerse con el poder en el gobierno, nos dejan un mensaje claro: Un importante sector de la ciudadanía y las/os trabajadoras/es en especial, plantea que es necesario y posible construir otra nueva izquierda en clave anticapitalista y democráticamente radical. Para hacer frente a las penurias de la crisis que se nos viene encima, al abandono de las instituciones y los gobiernos de nuestros intereses y al recorte autoritario de las libertades democráticas.

Hemos asistido a las elecciones más antidemocráticas de la historia desde la transición. Se han excluido y privado de representación a 100.924 votantes. Sin embargo, los miembros de los partidos políticos institucionalizados se reincorporarán a sus escaños, sin escrúpulos, y se preparan para hacer un gobierno con políticas neoliberales, sea este del signo que sea. Mientras, minuto a minuto la crisis económica avanza despiadadamente (154.000 parados, con vistas de crecer sin parar) Por eso cualquier gobierno que salga de este Parlamento contara con un déficit democrático , ni defenderá los intereses de la mayoría social. Un amplio sector de nuestra sociedad ya lo sabíamos antes del 1 de marzo. Ni el gobierno de PNV, EA Y EBb habían velado por nuestros intereses, ni el cambio del PSE nos va a engañar, por que sabemos que su “cambio” no aporta nada a los de abajo.

Sin duda, la abstención ha sido la vencedora de estos comicios: un 34%, es decir 591.121 personas. Alcanzando cotas cercanas al 40% en los pueblos obreros como: Sestao 39,5%, Errenteria 42%, Barakaldo 37%, Tolosa 39%, Agurain 42%, Oiarzun 39%, Irún 38%,… especialmente grande ha sido en Guipúzcoa 36%. Son muchas las personas de izquierda que no nos sentimos representados por las actuales fuerzas políticas institucionalizadas. Las fuerzas que componían el anterior gobierno PNV, EA y EBb han perdido 62.629 votantes y al combinado de PSE, PP y UPD le han faltado 2.321 votos para poder repetir los resultados del 2005, el PSE viene perdiendo fuelle desde que Zapatero esta en el gobierno.

El actual Parlamento vasco no tiene legitimidad democrática de partida como ya hemos planteado, porque excluye a 7 parlamentarios abertzales. Y ni la derecha social-liberal española del PSE, PP y UPD ha ganado en votos, ni ha conseguido derrotar las aspiraciones democráticas de esta sociedad. Ni el populismo nacionalista de derechas del PNV, EA y EBb ha sabido mantener su influencia social, por sus políticas procapitalistas. El fortalecimiento de los liderazgos respectivos del PNV y del PSE han sido en detrimento de su influencia social y la de sus socios políticos.
El PNV y el PSE, bien desde el gobierno o bien desde la oposición, han venido practicando las mismas políticas a favor de la banca y las patronales. Por eso puede que asistamos a un cambio de poltronas, pero no a un cambio de políticas. Nosotr@s sabemos que solo podremos esperar de ellos: el despido, el deterioro de las condiciones de vida, la represión y la calle para luchar.

Al mismo tiempo, la izquierda gobernantista , con su falso posibilismo como Ezker Batua ha fracasado. Su electorado les ha castigado y condenado a la mínima expresión. Solo un pequeño sector de militantes honestos se podrán rescatar, si están dispuestos a seguir peleando por una izquierda radicalmente democrática y anticapitalista.

Los problemas de las otras izquierdas nacionalistas son distintos. Los réditos cosechados por Aralar, tras el fracaso de EA y EB y del cansancio abertzale, a pesar de significar un gran avance no va a suponer un camino de rosas. Su dilema es: o recorrer el mismo camino de EB institucionalizándose, con el posibilismo y la gestión desde las instituciones, como parece anunciar su experiencia Navarra; o apostar por fortalecerse en las luchas sociales y políticas. Por su lado, la izquierda abertzale oficial, con firmeza soporta la represión del estado, pero sale tocada por la perdida de 50.000 votantes. Son ya bastantes los sectores que le apoyan, que con larga trayectoria de lucha política, no aguantan por más tiempo, la sempiterna promesa del cambio de estrategia, que nunca llega, de la utilización exclusiva de las vías políticas. Si no resuelven este dilema interno pronto, puede que aumente su retroceso.

Por último debemos tener en cuenta, que en la base de nuestra sociedad, son cada día más los sectores que se ven impulsados a organizarse y a luchar. Toda una generación de jóvenes comprometida en los movimientos y plataformas sociales, con y en las luchas; empieza a crear nuevas herramientas y respuestas políticas.

La profunda crisis capitalista que se nos hecha encima y nos somete a una situación difícil, a una dura pelea. Pero nos impone que debemos ir hacia la construcción de una izquierda anticapitalista amplia, que aúne el internacionalismo, el feminismo, el soberanismo y el ecologismo, que levante desde la base los principios de una nueva radicalidad alternativa y democrática al sistema capitalista y al estado. Que nos haga converger a los diversos grupos y colectivos hoy dispersos, a las nuevas luchadoras y luchadores, a la juventud, parados y trabajadores, a los diversos activismos de los movimientos sociales y políticos. Para con un trabajo humilde y paciente, desde la unidad de acción entre las diversas izquierdas disputar la hegemonía social y política a la derecha, en esta nueva época de grandes cambios.
Marcelino Fraile (Ezker Alternatiboa)

sábado, 7 de marzo de 2009

Gaza. Después de la masacre


Durante 23 días, Israel convirtió Gaza en una trampa mortal para un millón y medio de palestinos. El Ejército israelí sometió a la población a un duro castigo colectivo. Murieron casi 1.400 personas. Pocos días después de terminar el asedio, vetado para los periodistas, dos reporteros captaron la destrucción, el dolor y también el orgullo de un pueblo.


Juan Miguel Muñoz

El País, Madrid, 22-2-09

http://www.elpais.com/ <http://www.elpais.com/>


Taviado con salacot y uniforme, la antigua fotografía en blanco y negro muestra a un guardia que posa sonriente delante del cartel de Imperial Airways. Aterrizaba en aquellos tiempos del mandato británico el aeroplano Hanno en el aeropuerto de Gaza y las vías del ferrocarril cruzaban la plácida franja mediterránea. Trenes procedentes de Arabia atravesaban el territorio palestino y enlazaban, vía Damasco, con el Orient Express rumbo a Estambul y París. Corría 1935 en este pedazo de tierra codiciado durante milenios por faraones, reyes nabateos, monarcas fenicios, asirios, militares griegos, emperadores romanos y bizantinos, visires persas, cruzados, emperadores franceses, sultanes otomanos, reyes británicos, primeros ministros israelíes, presidentes egipcios… Ahora es un lugar desolador, salpicado de parajes lunares, de enormes cráteres cavados por las bombas, de cientos de edificios públicos derruidos. Y de gente deprimida –casi todos pobres, pocos ricos– que, sin embargo, se proclama dispuesta a resistir. Son orgullosos. No agacharán la cabeza, a pesar de que el territorio palestino es una ruina sometida por Israel a un asedio económico, militar y político que perdura ya tres años. Gaza regresa tras la guerra de 23 días, la más devastadora sufrida en décadas, al pasado. Pero no para que vuelvan a despegar aviones, ni zarpen barcos, ni los ferrocarriles emprendan la marcha hacia Occidente. Los adultos saben que eso difícilmente lo verán.


En Gaza se respira destrucción y se reciben lecciones de una historia reciente moteada de acontecimientos apenas conocidos fuera de sus 367 kilómetros cuadrados. Para los dirigentes israelíes, esta guerra –desatada el 27 de diciembre con un bombardeo de cuarteles en cuyas paredes aún está incrustada la carne carbonizada de los agentes, y que causó casi 1.400 muertos, la gran mayoría civiles– tuvo su origen en el lanzamiento del primer cohete Kassam en 2001. Y siguió con la evacuación de los colonos judíos y militares de Gaza, en septiembre de 2005. No existe la historia. Los gazauis, sin embargo, rememoran otro relato que arranca en 1948, año de la fundación del Estado sionista. Cuentan, porque lo vivieron, matanzas en Gaza y Cisjordania en 1953, en 1955, en 1956, en 1967, en 1982, en 2002, en 2008… La narración que se repite machacona.


Sí se acordará Mohamed Sultana, de 57 años, quien yacía a finales de enero en el hospital Shifa minutos antes de ser enviado a su casa de Beit Lahia por falta de camas en la saturada planta del centro médico. Se escuchan gemidos de pacientes. Extraño era entrar en el Shifa y no oír el grito de un niño quemado. La pierna izquierda de Mohamed termina en un muñón cicatrizado. Perdió la extremidad durante la primera Intifada, hace más de dos décadas. “Acudí durante esta guerra al hospital Al Quds y lo bombardearon. Tras la explosión me encontré en la calle. Se me infectó una herida en la pierna derecha y me amputaron a la altura de la rodilla”. Fue cojo a que le trataran. Salió sin piernas.


Estos días en Gaza se ve más gente con muletas, más mutilados de lo habitual. “Verá usted”, tercia el familiar de un paciente, “cuando no existía la OLP nos mataban; después de su fundación, también; tras los acuerdos de Oslo en 1993, lo mismo. Ahora gobierna Hamás, y siguen matándonos. Y podría desaparecer Hamás, e Israel seguiría matándonos”.


Sobre los escombros en Yabalia de una de las 4.000 viviendas demolidas por la aviación y la artillería israelíes, el propietario sesentón, Anuar Abdalá, refugiado desde 1948, afirma: “Volvemos a las tiendas de campaña. No vivíamos en ellas desde 1953, cuando la Agencia de Naciones para los Refugiados (UNRWA) empezó a construir casas. Hay ahora 10 campos como éste en Gaza. Yo he vivido 30 años en Arabia Saudí, y regresé. Vamos a reconstruir todo lo que ve. Somos como la vegetación. Creceremos de nuevo. La época de la emigración se acabó. Aprendimos bien la lección”. Testimonios como el de Ahmed Jader se prodigan en cualquier rincón de la zona oriental limítrofe con Israel. “A mí me han tirado dos veces la casa. Y en esta guerra han derribado la de mis 12 hermanos y sobrinos. Alguno de ellos ha muerto. Pero pienso seguir aquí, aunque la destruyan diez veces más”, asegura, haciendo honor a la testarudez que distingue a los vecinos de Gaza. Juran, junto a las tiendas que florecen ahora en su tierra, que no claudicarán.


El jefe de UNRWA en Gaza, el irlandés John Ging, advertía a comienzos de febrero que decenas de miles de personas del millón y medio de habitantes de la franja han quedado a la intemperie. En varias zonas del noreste de Gaza, desde las que casi se podría saludar a los granjeros de los kibutzim israelíes, apenas quedan edificios en pie. Sobre los montículos de cemento y hierro pasan las jornadas los lugareños. Tratan de recuperar la antena parabólica, ropas, enseres o documentos en medio de una polvareda insalubre… La destrucción fue sistemática. Deliberada. “Haremos que retrocedan veinte años”, amenazaron algunos ministros del Gobierno de Ehud Olmert. Cumplieron.


La virulencia de los ataques masivos ha expandido la destrucción hasta límites desconocidos en Gaza. Treinta y cinco escuelas, 16 ministerios, hospitales, cientos de cuarteles y puestos policiales, 4.000 casas o edificios de viviendas, un millar de fábricas, la Facultad de Ingeniería de la Universidad Islámica… El Parlamento es, sin duda, el más transparente del mundo. Sólo queda el esqueleto del edificio, que habrá que derribar. Un montón de mezquitas han sido arrasadas. “Mira, mira”, señala un mocoso a un alminar desmochado en el campo de refugiados de Yabalia. Es uno de los pasatiempos de los niños cuando se topan con un extranjero. Una señal para el futuro: con sus amiguitos, bien pequeños, se van deprisa para no perderse el rezo del mediodía. ¿Y por qué esa destrucción si los combatientes palestinos esperaron a los soldados enemigos en el interior de las ciudades? Eyad Abu Hujeir, director de una ONG que promueve los derechos humanos, alberga pocas dudas: “El mensaje es muy claro. Quieren que la zona entre la frontera y las primeras viviendas de palestinos sea lo más extensa posible”. El Gobierno israelí exige para la tregua con Hamás un espacio libre en las inmediaciones de la frontera. No será sencillo.


Rohme Rohme es un fornido campesino que sabe leer y escribir. Poco más. “Ésta es una zona abierta donde no lucharon los milicianos. Es sencillo: Israel no quiere que vivamos aquí. Por eso querían aniquilarnos o expulsarnos hacia el oeste. De mi casa y la de mis seis hermanos, nada queda. En febrero del año pasado ya fue derribada una parte, pero ahora la han tirado abajo por completo. Los tanques también han arrasado mi campo de olivos y naranjos. Mire las huellas. Mi familia no es de Al Fatah ni de Hamás. Pero eso da igual. No nos iremos. ¿Adónde? Nos costará 60.000 euros levantar otra casa, es probable que la destrocen de nuevo, y la volveremos a reconstruir”, explica Rohme, que apunta con el dedo cada edificio aplanado a su alrededor: una fábrica de hormigón y de ladrillos, la de mármol, naves industriales, un almacén de chatarra –donde aún reposa el puente de mando del Chindallae, el pequeño barco que utilizaba Yasir Arafat, también bombardeado hace años–, la mezquita… En el hospital Al Wafa, también geriátrico, hubo suerte: sólo tiene un boquete de dos metros y docenas de impactos de proyectiles de menor calibre.


Al sur de Gaza, en Juzaa, al este de Jan Yunis, también a pocos cientos de metros de la frontera israelí, montones de viviendas fueron arrasadas. Los plásticos de los invernaderos, desplomados, y sobre la tierra no se deja de pisar tomates aún verdes. Las tuberías subterráneas para el riego emergen y se funden con las torretas eléctricas derribadas. En la vecina Beni Suahila, la clínica de fisioterapia es un amasijo de hierros y cemento. El recuento de destrozos llenaría páginas. A evaluar los daños se dedican los cientos de cooperantes que conducen sus vehículos hacia los barrios del este de la ciudad de Gaza (Zeitun y Sheyaieh), hacia Atrata (al norte de la franja), a Juzaa, a Mughraga (en el centro)… En la sureña Rafah, los túneles que conectan Gaza con Egipto, cordón umbilical para el contrabando de alimentos, ordenadores, vacas, queso, armamento y todo lo imaginable, fueron martilleados sin pausa. Los hombres que trabajan en los túneles enseñan los restos de misiles, algunos sin explotar. Ni uno disiente: “Pueden bombardearlos una y otra vez, y los volveremos a excavar. Es nuestro único medio de vida”, dice Abu Antar, que busca la boca de uno de los túneles en un enorme socavón. El jefe de la aviación israelí, Ido Nehustan, coincidió con el pronóstico: “Podemos bombardear hoy y los reconstruirán mañana”.


Reconstruir es ahora la palabra clave. Una tarea cifrada en 1.600 millones de euros que no está exenta de turbios manejos políticos. La aversión a la Autoridad Palestina y a su presidente, Mahmud Abbas, se torna desprecio en Gaza. Nidal es el nombre ficticio de un acaudalado empresario. “Nunca seré de Hamás. Es más, pertenecía a Al Fatah, pero abandoné”, explica como presentación. “No van a permitir a Hamás que lleve a cabo la reconstrucción. Eso está pactado entre Israel, Abbas y Egipto”. Emad al Baz, director del Registro de Empresas del Ministerio de Economía, esboza el panorama. “Hay 3.000 empresas en Gaza, y todas se paralizaron durante la guerra”, comenta en su despacho. “Tenemos unas 1.200 fábricas, la gran mayoría cerca de la frontera. El 80% han sido destruidas. Israel quería acabar con nuestra economía, y de paso que la gente se rebelara para derrocar al Gobierno. Nos amenazan con más bombardeos, pero nada peor nos pueden hacer ya. Aquí no hay temor a la muerte, y eso también tiene su valor”, dice el alto funcionario.



Si el odio a Israel se palpa, la indignación respecto a los países occidentales y varios de sus aliados árabes –Egipto y Jordania se llevan la palma– brota sin preguntar. Tres semanas después del alto el fuego –aunque los ataques aéreos a Gaza continuaron y el lanzamiento de algunos cohetes, también–, ni siquiera la ayuda humanitaria llegaba en la cantidad necesaria para aliviar el desastre. UNRWA, cuyos almacenes en su sede central de Gaza fueron totalmente calcinados, asegura que sólo recibe la mitad de lo necesario; el enviado de la Unión Europea, Marc Otte, apremia a Israel para que permita un flujo cuantioso a un territorio que calificó como “el infierno”. Los palestinos están hastiados de escuchar esta cantinela que tildan de hipócrita. “Necesitaremos al menos dos o tres años para reconstruir lo devastado, y eso suponiendo que las fronteras permanezcan abiertas. Todo son promesas de países extranjeros. Pero sabemos por experiencia que luego se incumplen. Los fondos que sí llegan son los que recaudamos de empresarios y asociaciones del mundo árabe y musulmán”, explica Al Baz, que se ufana de la resistencia ofrecida por las milicias y de que el Gobierno siga en pie.


Podrá Hamás negociar, practicar concesiones, pero no renunciará a la victoria que le otorgaron las urnas en 2006 y que le aupó al Gobierno tras una participación electoral a la que Israel dio el visto bueno. Pocos aventuraron el triunfo islamista, que propició el bloqueo que nunca dejó de agravarse. Durante la guerra, el Ejecutivo israelí prohibió incluso la entrada de periodistas extranjeros y diplomáticos en Gaza. Egipto se sumó a la censura. Sólo una vez concluida, pudo cruzarse por el paso egipcio de Rafah. Ya en el lado palestino, el pasaporte es estampado, por primera vez en varios años, con el sello palestino. Tramitaron el documento funcionarios del Gobierno islamista. No harán dejación de funciones. Nunca en los tres últimos años se han visto tantas banderas verdes ondeando. “Vamos a salir de la profundidad del bloqueo”, reza una pancarta firmada por Hamás colocada en una de las principales avenidas de la capital. Las enseñas del movimiento islamista cuelgan de miles de farolas. Porque para eso sirven las farolas, siempre apagadas. Hamás dice así a los ciudadanos de Gaza, partidarios y detractores: “Aquí estamos”. En las carreteras próximas a la frontera, ahora sin asfalto, también penden de los postes: un mensaje para Israel.


La desesperación se mezcla con un orgullo y una dignidad nunca ajenos a las arraigadas creencias religiosas. No se verán en medio de semejante miseria manos extendidas pidiendo limosna, un fenómeno impropio de Gaza, donde las redes eléctricas, de desagües y los sistemas de suministro de agua no son dignos de tal nombre. A lo sumo, los chavales, con frecuencia descalzos, casi siempre sucios, venden paquetes de chicles por un par de shekels (40 céntimos de euro). Una estampa habitual: hombres sentados en sillas de plástico a las puertas de sus casas o talleres. Carece de sentido contabilizar a los desempleados. Sería más sencillo contar las personas que trabajan. Hay gazauis que emigrarían, aunque sólo fuera hasta que capeara un temporal que amenaza siempre con nuevas réplicas. Aunque también, en plena contienda, cientos de personas cruzaron el paso de Rafah, entre Gaza y Egipto, para vivir la tragedia con sus familiares.


Hajed Abu Awad, de 24 años, vive en Bait Lahia, en una casa muy amplia y luminosa. “Iba a estudiar un máster en sanidad pública en la Universidad de Estocolmo. Tenía una beca para comenzar a mediados del año pasado y me dieron un visado para hacer una entrevista. Pero el Gobierno israelí me prohibió la salida”. Todo joven es sospechoso. “Podría haber cruzado por los túneles de Rafah, pero me habrían detenido en el aeropuerto de El Cairo. ¿Sabe? En los túneles no estampan los pasaportes”, sonríe. El visado expiró y el semestre de estudios ha terminado. Trabaja por unos 400 euros al mes en un hospital. “Estoy deprimido”, asegura Hajed. “La gente ha perdido la ambición por conseguir la paz y no piensa en el mañana. No hay esperanza en el futuro, no se puede ser optimista porque la situación no va a mejorar pronto. Vivimos al día. Pero nunca abandonaría Gaza. Sólo marcharía para estudiar, porque aquí, sin guerras, se podría vivir muy bien”.



En Gaza a menudo se adivina la filiación política de los hombres –entre las mujeres, de atuendo uniforme, es imposible– nada más ver su vestimenta, su peinado, su presencia, sus modos o su barba. Hajed no se amolda al patrón del fiel seguidor de Hamás. No lo es. “Creo”, asegura, “que si Hamás hubiera podido romper el bloqueo sin cohetes, lo habría intentado. Pero no se lo permitieron. El asedio comenzó inmediatamente después de vencer en las elecciones. ¿Qué podían hacer? Nos cercan, nos matan y nos exigen que nos quedemos quietos. No tenían alternativa”.


Ni había escapatoria de la ratonera durante una guerra de la que los civiles no pudieron huir. Los pobres, naturalmente, se llevaron el palo más duro. Pero nadie ha estado libre del cerco que ha convertido a Gaza en un gueto donde las colas para comprar gas o recibir alimentos de UNRWA son a menudo muy largas. Rashad Abed Rabbo es una de las víctimas del castigo colectivo israelí. A la luz de las velas tras el consabido apagón, o, mejor dicho, tras disfrutar de un par de horas de corriente, explica los avatares de un empresario próspero –sus dos hijos estudian en un colegio privado que cuesta 2.000 euros al año, una fortuna en la franja– que observa impotente el hundimiento irremisible de su negocio. “Me iba muy bien. Importaba productos desde Rusia y Turquía y los vendía también en Israel. Desde que Hamás ganó las elecciones no puedo importar casi nada. Tenemos prohibido comprar 270 artículos: herramientas de construcción, productos de limpieza, coches, recambios de automóviles, hierro, aluminio, cables, componentes eléctricos… Hasta vasos. Tengo contenedores de vasos en el puerto israelí de Ashdod bloqueados desde hace tres años. Los consideran artículos de lujo. Es ridículo. Ahora compro a empresas israelíes que antes eran mis clientes”.


Rashad disponía de cinco furgonetas y 21 empleados. Hoy, cinco trabajadores y un vehículo. Sus ventas se han desplomado el 80%. Puede adquirir (a empresas israelíes, claro está) 22 productos que no pueden ir empaquetados. Sólo un par de veces al mes y un máximo de 30 toneladas, como el resto de los 400 comerciantes registrados. “El material debe verse a simple vista para su inspección: latas de conserva, papel higiénico, azúcar, leche, harina…”. No es este comerciante uno de esos milicianos imbuidos en el deber de una misión sagrada y prestos a afrontar la muerte. Nada de convertirse en un shahid (mártir). Admite ser un privilegiado en su entorno calamitoso. Y echa pestes de Israel, de la Autoridad Palestina y de Hamás. “Es un triángulo perverso. Israel, Hamás y la Autoridad Palestina manejan tres raquetas. Y nosotros, la gente, somos la pelota. En Gaza hay gran capacidad para soportar estas situaciones, y sabemos que habrá otro partido de tenis. No sé cuándo, pero lo jugarán”.


La guerra dejará una profunda marca en los gazauis. El psicólogo Fadel Abu Hein explica unas estadísticas reveladoras: el 62% de la población estuvo expuesta a las bombas de la aviación israelí y el 74% aguardaba la muerte en cualquier momento. Dormir era una odisea; los niños pequeños, que se negaban a acostarse separados de sus padres, se orinaban en la cama; la carencia de alimentos, agua y medicinas afectó a porcentajes enormes de los gazauis; la ansiedad se disparó; el 90% de los niños la padece… Pero lo más grave son los efectos venideros. “Las heridas físicas”, explica Abu Hein, “pueden curarse, pero los daños psicológicos duran para siempre. Muchos niños vieron cómo sus casas eran demolidas con sus familiares dentro”.


“En la primera Intifada, en 1987, el ministro de Defensa, Isaac Rabin, dijo que había que romper los brazos y piernas de los jóvenes manifestantes. Esa generación es la que ahora lanza cohetes y la que se convirtió en suicidas. Esta guerra ha forjado un ejército que tratará de destruir a Israel. No habrá espacio para la paz en sus mentes. Verá, los judíos sufrieron enormemente durante el Holocausto, y por ello todavía se sienten inseguros y son así de agresivos. Lo mismo sucederá con nuestros niños. Han visto cómo sacaban a sus padres de los escombros. ¿Qué futuro van a tener?”.


Almaza Samuni es una niña de 13 años con un porvenir más que sombrío. Es superviviente de una familia diezmada. Veintinueve muertos. En el barrio de Zeitun, en el este de la ciudad de Gaza, Almaza se sentaba al sol de finales de enero con su padre, Ibrahim, y alguno de sus hermanos heridos leves. Gallinas y pollos despanzurrados se mezclan entre los escombros, los parapetos de arena, y en los surcos dibujados por los tanques y blindados. Ibrahim –45 años, aunque aparenta muchos más– vio fallecer a su esposa y a cuatro de sus 10 hijos. Almaza dice: “He visto morir a mis hermanos. Uno salió a recoger leña y lo mataron. Nadie hace nada por nosotros. Así es nuestra vida”. Los cultivos de verduras de Ibrahim son un revoltijo. “No somos de Hamás. Aquí no había combatientes. No encontraron a nadie y mataron por venganza”.


Sólo en 2008, antes de la guerra, murieron 455 personas en Cisjordania y Gaza. Y recuerdan a los 10.000 encarcelados en Israel. Hablan del Guantánamo israelí. Porque el Ejército mantenía recluidas a finales del año pasado a 548 personas sin cargos. Lo llaman detención administrativa. Algunos han permanecido más de cuatro años entre rejas. Sin juicio. Dos adolescentes de Belén llevan ya varios meses presas. La expansión de las colonias judías, el expolio de tierras de propiedad privada y las detenciones de jóvenes en Cisjordania son parte de la vida cotidiana. “Para un occidental que no ha padecido la ocupación”, lamenta Hajed, el aspirante a becario en una Suecia que no le acogerá, “es muy difícil entender todo esto”.



domingo, 1 de marzo de 2009

Cada Mañana, cuando me levanto.




Cada Mañana, cuando me levanto,

un nuevo campo me rodea,

un nuevo camino se abre,

una nueva hoja brota de mi.


Cada día, un nuevo sentir,

un nuevo descubrir,

un nuevo encuentro,

un nuevo fin.


Cada instante, un nuevo universo,

duro y maravilloso,

dulce y extraño,

crea una nueva vía, por ti.


Por esa vida generosa,

que se funde entre el sol y la tierra,

por siempre.


Jerónimo F. C.



La economía vasca comienza a temblar

El llamado capitalismo popular nació, creció y murió. El capitalismo desregularizado nació, creció y nadie se atreve a prever cuál será su futuro. Las grandes potencias quieren cambiar las reglas de juego de los mercados financieros. La crisis, que tuvo su origen en las hipotecas tóxicas, se ha convertido en una bola que empieza a afectar a la economía real y nadie sabe hasta cuándo seguirá rodando. Los gobiernos han intervenido los mercados financieros y han inyectado ingentes cantidades de dinero. Los actores económicos (empresas, bancos y familias) esperan un cambio, pero mientras llega han perdido la confianza y restablecerla parece una misión casi imposible. Nadie se atreve a aventurar un plazo. Pensar que este panorama no va a afectar seriamente a la economía real, a las familias y empresas, es un sueño. Pensar que Euskadi puede escapar del descalabro mundial parece otro sueño. La economía vasca ya ha empezado a temblar. El sector que no sufre ya los embates directos se prepara por si llegan. El índice de confianza de los consumidores que elabora la Federación de Cajas de Ahorros Vasco-Navarras marca una tendencia a la baja.

La obra pública evitará el descalabro por la caída en la construcción de pisos

Hace poco más de seis meses pocos especialistas se atrevían a hacer un pronóstico de la crisis en Euskadi. La economía era equilibrada y el peso de la construcción no resultaba esencial. Entre los pocos que anticiparon en el País Vasco que la crisis tendría efectos directos en la economía real se halla Jesús Ferreiro, profesor de Economía Aplicada de la UPV. Ahora su principal obsesión es el acceso al crédito. Pese a la labor coordinada de gobiernos y bancos centrales, asegura que "los problemas de crédito se van a mantener varios trimestres". Este experto cree que cada vez se va a notar más el descenso del consumo y de la inversión y que la crisis se va a extender a la industria, especialmente a los bienes de consumo duraderos. "La gente va a dejar de consumir", pronostica.

Ferreiro no es el único experto que teme esa falta de dinero y los problemas que puede acarrear en el conjunto de la economía. Joseba Madariaga, profesor de Economía de la Universidad de Deusto y director del departamento de estudios de Caja Laboral, cree también que no se tocará suelo hasta que se resuelva la crisis financiera, de liquidez. A la falta de dinero en el mercado añade la sensación del consumidor de que es menos rico, al caer el precio de su vivienda y perder valor sus ahorros en Bolsa o en fondos ligados a esta.

La preocupación por la liquidez se repite entre los empresarios vascos. Eduardo Aretxaga, director de Asuntos Económicos de la patronal Confebask, considera muy claro que la crisis resulta "ya" industrial. Destaca que hay sectores relacionados con el consumo, como la automoción, que padecen directamente la crisis, pero cree que el grado en que afectará al resto dependerá de esos problemas de liquidez. Aretxaga confía en que las medidas tomadas a nivel global para inyectar liquidez al sistema "tengan sus efectos" y que la bajada de tipos ayude.

Los últimos datos de crecimiento económico que el Eustat difundió en septiembre muestran que la industria (un 1% de caída), la construcción (0,3% de bajada) y el sector primario (un 7% de descenso) caen con respecto al trimestre anterior. Sólo se salvan los servicios, con un alza del 1,2%. Lo peor está por llegar y todos los sectores se pueden ver afectados.

Escenario previsto

- Crecimiento. El Gobierno vasco prevé cerrar este año con un alza del PIB del 2,3%, que bajaría en 2009 al 1,5%.

- Desempleo. El Ejecutivo apunta para 2008 un 3,8% de paro y un 4,3% en 2009.

- Consumo. El privado crecerá un 1,4% y el público, un 4,9%. En 2009, subirán un 1% y un 4%, respectivamente.

El desempleo camina al alza

"Hacer previsiones es interesante, pero resulta inútil". La frase de Joseba Madariaga, profesor en Deusto y responsable del servicio de estudios de Caja Laboral, es la muestra clara de que nadie sabe qué pasará mañana. Cada previsión que se hace tiene que cambiarse después y, al final, sólo las realizan quienes están obligados a ello, los gobiernos. La mayoría de analistas considera que la lectura del Gobierno vasco, con un crecimiento previsto para este año del 2,3% y del 1,5% en 2009 resulta muy optimista. El Ejecutivo sostiene que el paro subirá el año entrante al 4,3% frente al 3,8% del presente ejercicio, todavía dentro del llamado paro técnico.

Su visión choca con la de los expertos. Jesús Ferreiro, profesor de Economía Aplicada de la UPV, opina que el "desempleo va a aumentar de forma significativa", y el mercado laboral no absorberá la nueva población activa. Este experto duda de que el sector público, con una tasa de temporalidad que supera el 35%, pueda mantener este empleo con menos recursos. No piensa tanto en el Gobierno como en la Administración local.

Aunque Madariaga quiere huir de las proyecciones, porque repetidamente se ven superadas por la realidad, también cree que el paro crecerá más. Este año lo sitúa en torno al 5,2%, tasa que se incrementará el año entrante.

Eduardo Aretxaga, director de Asuntos Económicos de la patronal Confebask, siente también la presión del desempleo. Sin embargo, hace otra lectura. La presión de una baja demografía, que durante años ha jugado en contra por la imposibilidad de cubrir la demanda de algunos empleos, puede ser el elemento que mantenga el paro a raya. Y se queda por ahora con que la afiliación a la Seguridad Social sube.