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sábado, 6 de marzo de 2010

El velo (hiyab) de una mujer francesa de izquierdas



Tariq Alí / Counterpunch

Perdonad a un intruso y convencido ateísta como yo que, al leer los comentarios recientes de la prensa francesa con respecto a Ilhem Moussaid, la candidata del NPA (Nuevo Partido Anticapitalista) de Avignon, que lleva hiyab, tenga la impresión de que algo está podrido en la cultura política francesa. Asumamos que el debate es sincero. Una joven musulmana entra en el NPA. Obviamente está de acuerdo con su programa, que defiende el aborto, la contracepción, etc. esto es, el derecho a elegir de la mujer. Pero se le dice que a pesar de ello, no tiene el derecho a elegir lo que se pone en la cabeza. Es asombroso. No está en juego ningún mandato coránico. El libro dice: “Poner sus (de las mujeres) velos sobre sus pechos y no desplegar su belleza”, lo que puede ser interpretado de varias maneras, pero es manifiestamente ignorado por las mujeres egipcias que he visto en El Cairo y Karachi llevando velo y vistiendo apretados jeans y camisetas que contradicen el espíritu del mensaje coránico.

Lo que está en juego aquí son las tradiciones patriarcales, los hábitos culturales y la identidad, los cuales varían de generación en generación. Empujar a la gente hacia un gueto nunca ayuda.

Crecí en una familia comunista en Lahore. Mi madre nunca llevó velo. Fundó un grupo feminista en los años cincuenta que trabajaba con mujeres de clase obrera en el barrio más pobre de la ciudad. La mitad de ellas cubría sus cabezas en público, lo que no afectaba lo más mínimo a su activismo. Pueden contarse historias similares sobre mujeres en todas partes del mundo, musulmán y no musulmán. Las mujeres argelinas que lucharon en la Resistencia contra el colonialismo republicano francés lo hicieron como antiimperialistas. Algunas llevaban velo parcial, otras no, lo que no afectó a su manera de luchar o los métodos utilizados por los franceses para torturarlas. Quizás los torturadores debían haber sido más brutales con las veladas luchadoras por la libertad para ayudarlas a integrar mejor su progenie en la tradición republicana.

En 1968-9, los estudiantes, trabajadores, funcionarios y mujeres (prostitutas inclusive) pakistaníes lucharon durante tres meses contra la dictadura militar y ganaron: la única victoria de aquellos años. Los grupos religiosos apoyaron a los militares. Fueron aislados y vencidos, pero muchas de las estudiantes que lucharon con nosotros llevaban velo y cantaban consignas militantes contra el Jamaat-i-Islami. ¿Deberíamos haberles dicho que no podían participar si no se quitaban el velo de la cabeza? Personalmente lo habría preferido por razones puramente estéticas, pero no cambiaba para nada nuestra lucha.

El encono contra Ilhem y el NPA está completamente fuera de lugar. El estado real del mundo deja completamente inafectados a los defensores de la República: el millón de muertos de Irak, el sitio continuo de Gaza por Israel y Egipto, la matanza de inocentes en Afganistán, los ataques de los aviones no tripulados estadounidenses en Pakistán, la explotación brutal de Haití, etc. ¿Por qué es así?

Hace algunos años noté que las protestas francesas contra la guerra de Irak eran mudas comparadas con el resto de Europa Occidental. No acepto que fuera debido a la oposición de Chirac a la guerra (al fin y al cabo De Gaulle se había opuesto todavía más fuertemente a la guerra de Vietnam) sino a la islamofobia: una creciente intolerancia hacia los Otros en la sociedad francesa, reminiscente de la actitud hacia los judíos en el siglo 19 y principios del 20. El conformismo de este período explica la popularidad de Vichy durante los primeros años de la guerra.

Los islamófobos y los antisemitas tienen mucho en común. Se recalcan las diferencias de cultura o “de civilización” para sancionar a las comunidades inmigrantes en Europa. Las narraciones son múltiples. Es imposible una respuesta universal. Los inmigrantes y los países a los que emigran son diferentes entre sí. Tomemos para empezar los Estado Unidos. Se trata de un territorio poblado por inmigrantes, muchos de los cuales eran fundamentalistas protestantes, desde el siglo XVII, y que desde entonces ha dependido de la migraciones.

En la mayor parte de Europa Occidental la primera gran ola de inmigrantes procedía de las antiguas colonias de los poderes europeos. En Gran Bretaña los inmigrantes procedían de las islas del Caribe y del sur de Asia, en Francia, del Magreb. Sin abandonar sus identidades se integraron de diferentes maneras y a distintos niveles. Los surasiáticos, campesinos principalmente y unos cuantos obreros, no fueron bien tratados por los sindicatos. A pesar de ello, los trabajadores surasiáticos lideraron algunas de las más memorables batallas por el sindicalismo.

Los hindúes especialmente, procedían de una cultura fuertemente politizada en la que el comunismo era fuerte y trajeron su experiencia a Gran Bretaña (como hoy en día los taxistas de Nueva York). Los pakistaníes estaban menos politizados y tendían a constituirse en redes que reflejaban lealtades de clan de sus pueblos o ciudades de origen. Los gobiernos británicos fomentaron la religión abogando por la llegada de los mulás, de manera que los inmigrantes pudieran ser mantenidos al margen de las corrientes raciales de la clase obrera durante los años 60 y 70.

En Francia, la integración fue forzada. Se enseñaba a los ciudadanos que todos tenían los mismos derechos, algo que claramente no era el caso. Son las necesidades materiales y el deseo de vivir mejor los que atizan la rabia, no las creencias espirituales. Durante la explosión de las banlieues en 2005, Sarkozy, entonces Ministro del Interior, habló de “salvajes”, tal como lo hicieron los ultras de las novelas de Stendhal. He señalado con frecuencia, para desesperación de incluso algunos izquierdistas, que los chicos que participaron en disturbios se habían integrado bien internalizando las mejores tradiciones francesas: 1789, 1793, 1848, 1871, 1968. Cuando la opresión se hizo insoportable los jóvenes hicieron barricadas y atacaron a la propiedad. La raíz de su ira eran las privaciones, no la falta de creencias.

¿Cuántos ciudadanos occidentales tienen una verdadera idea de lo que fue realmente la Ilustración? Sin duda alguna los filósofos franceses hicieron avanzar a la humanidad al no reconocer ningún tipo de autoridad externa, pero hubo un lado oscuro. Voltaire: “Los negros son inferiores a los europeos pero superiores a los monos”. Hume: “Los negros pueden desarrollar ciertos atributos de los seres humanos, de la misma manera que los loros consiguen articular unas pocas palabras”. Hay mucho más, en la misma vena, por parte de sus colegas. Es este aspecto de la Ilustración el que parece más en línea con algunos de los desvaríos islamofóbicos de las secciones de los medios de comunicación globales.

La sentencia de Marx de que “la religión es el opio del pueblo” se hizo famosa, pero la que sigue se ha olvidado. La religión es también “el respiro de la criatura oprimida”, lo que explica en parte el auge de la religiosidad en todas las comunidades desde el colapso del comunismo. Comparemos a los jóvenes Normaliens [alumnos de la École Normale Supérieur, Normale, uno de los centros académicos más prestigiosos de Francia. N. Red.] yendo actualmente en tropel a misa ante el horror de sus padres. Mis amigas del mundo musulmán se quejan amargamente de que sus hijas lleven el hiyab como protesta contra las normas familiares. Siempre ha sido así.


Traducción para www.sin permiso .info : Anna Maria Garriga

Fuente: http://www.sinpermiso.info/textos/index.php?id=3134

domingo, 21 de febrero de 2010

Feminista y... con velo



La incorporación de una joven musulmana con pañuelo en la lista electoral del Partido Anticapitalista siembra el desconcierto entre la sociedad francesa

ANTONIO JIMÉNEZ BARCA 21/02/2010 EL PAIS

Ahí está ella: sentada en la última fila, en una sala del Palacio de Justicia de Aviñón, con sus ropas claras y el pañuelo en la cabeza, mirando los mensajes del teléfono móvil, aburrida, como todos. Es Ilham Moussaïd, de 23 años, estudiante de gestión de empresas, una joven perfectamente desconocida en Francia hasta hace diez días y convertida ahora, de buenas a primeras, en una de las candidatas más polémicas a las próximas elecciones regionales, convocadas para marzo.

Sin buscarlo y sin quererlo del todo, y sobre todo sin esperarlo, Ilham se ha vuelto el blanco de todas las críticas, el objeto de todos los debates sobre el papel de los inmigrantes y de los candidatos electorales, transformada en la personificación de la polémica algo esquizofrénica sobre la identidad nacional, la religión y el laicismo que desde hace meses (y años) polariza la vida política de Francia. Allí está, en la última fila de la sala, en los asientos del público, escuchando a medias al fiscal, mirando los mensajes del móvil.

El asunto es simple: Ilham figura en la cuarta posición de la lista política del Nuevo Partido Anticapitalista (NPA) por el departamento de Vaucluse (sureste de Francia). No tiene posibilidades de salir elegida, pero esa no es tanto la cuestión como que este partido es heredero de la vieja Liga Comunista Revolucionaria, de corte trotskista, comandado por el brioso y popular Olivier Besancenot, de profesión cartero, líder de la extrema izquierda, abonado a toda manifestación o protesta que se desarrolle en la calle. Así, Ilham se confiesa feminista, anticapitalista e internacionalista. Hasta ahí, bien. Pero se confiesa todo eso, y más, con el pañuelo musulmán en la cabeza. Por eso el revuelo, las críticas, los elogios, la perplejidad, en suma, de la sociedad francesa ante una candidata extremista adepta a una prenda demonizada que, para muchos -incluidas, claro, muchas asociaciones feministas-, simboliza la sumisión de la mujer respecto del hombre.

¿Cómo se come esto?

¿Quién es Ilham Moussaïd?

Nació en 1988 en Ajdir (Marruecos). A los tres años emigró a Aviñón con su familia. Es la más pequeña de siete hermanos, y la única de las cuatro chicas de su casa que lleva el pañuelo. Su padre es albañil. Su madre, ama de casa. Habla bereber y francés. Estudia en la Universidad gestión de empresas y cuando termine trabajará de contable. A los 18 años, casi al mismo tiempo, decidió colocarse el pañuelo y comenzó a trabajar en una asociación social de su barrio, Saint Chamand. Se especializó en ayudar a los niños en el colegio, a echarles una mano en los deberes, a programar y organizar salidas educativas para los alumnos de primaria. En estos cuatro años se ha convertido en un personaje querido y respetado en la periferia de su ciudad debido a su activismo militante. Le gustan los reportajes sobre Egipto, la historia, la música rap y la de Charles Aznavour. Es aparentemente tímida, muy amable, sonriente y, a juzgar por sus amigos, decidida.

A principios de 2009 dio un paso más y se adhirió al NPA: "Mi fe, en el fondo, se une a los principios del partido: el anticapitalismo o el internacionalismo son valores que, para mí, están en los dos sitios. Mi partido y el islam, según yo lo veo, son complementarios, muy complementarios", explica durante un descanso del juicio.

¿Pero no es todo un poco contradictorio?

-No. Yo soy feminista, es decir, estoy en contra de todo tipo de violencia y de opresión contra la mujer, defiendo la igualdad entre el hombre y la mujer. Pero no hay una sola manera de ser feminista o de defender a las mujeres. Yo no estoy oprimida por llevar el pañuelo. Sé que hay mujeres que piensan que taparse la cabeza es un símbolo de opresión. Pero repito: yo no lo estoy. En los años setenta, tal vez podría ser así. Pero no ahora. Se trata de una elección personal. ¿Por qué lo repiten constantemente? ¿No se esconde aquí una profunda islamofobia?

Ilham decidió ingresar en el partido después de ver en televisión el bombardeo israelí sobre Gaza. Desde entonces cumple funciones de tesorera en su agrupación. En marzo de 2009 participó en una polémica manifestación en la estación ferroviaria de Aviñón, junto a un centenar de jóvenes, para protestar contra el "apartheid del pueblo palestino". El líder del grupo, acusado de enfrentarse a la policía y golpear de un rodillazo a un agente, Abdel Zahiri, de 31 años, se enfrentaba el miércoles de esta misma semana a una petición de pena de seis meses. Ése es el juicio al que asiste Ilham junto con sus compañeros.

Cuando termina la vista en la sede judicial, el líder Zahiri, de origen marroquí, con traje, camisa y gafitas de intelectual, sale a la calle e Ilham se encarga de llevarle en su coche al vestuario de un campo de fútbol que les sirve de sede de su asociación.

"Fue en noviembre cuando decidí presentarme como candidata", relata. "Un comité de 14 personas pensó que yo debía ir en la lista y acepté. Ya entonces hubo resistencia en el partido. Había gente que no estaba de acuerdo. Por el pañuelo, claro", añade.

Uno de los que no estaba de acuerdo era, precisamente, el cabecilla Abdel. Pero por otras razones: "Yo me imaginé que la presión iba a ser mucha, que iban a ir a por Ilham, pero sólo a nivel local. Jamás pensé que esto iba a llegar a lo que ha llegado".

Pero bastó con que el diario Le Figaro publicase que el NPA presentaba una candidata con velo para que todo se disparara. Hubo miembros del Gobierno de Nicolas Sarkozy que acusaron al NPA de simple provocador, de partido hipócrita, de formación desfasada con actitudes propias del siglo pasado, "como apoyar a Trotski". Hubo dirigentes socialistas que recomendaron a los miembros de esta formación de extrema izquierda releer a Marx. "Yo no sabía que llevar un pañuelo era signo de laicidad", ironizó el ex primer ministro socialista Laurent Fabius. Hubo políticos del centro que les pidieron que guardaran los signos religiosos en casa para no inflamar aún más la mecha de la identidad. Jean Marie Le Pen, presidente del ultraderechista Frente Nacional, eligió un chiste fácil y despreciativo para juzgar el hecho: "Me siento decepcionado con Besancenot. Un verdadero revolucionario habría presentado a una mujer con burka". Muchos politólogos se alzaban de hombros, incapaces de digerir el fenómeno.

La combativa Fadela Amara, secretaria de Estado para asuntos de los barrios periféricos, criticó sin ambages la candidatura. "Me extraña que un partido político que se dice laico y feminista lleve en sus listas a una mujer con un pañuelo. Ese pañuelo no es simplemente diez centímetros de tela sino el símbolo de un proyecto político de la opresión de las mujeres y de la confiscación de sus derechos. Esta estudiante forma parte de ese tipo de personas a las que he combatido siempre. Su manera de defender las libertades individuales simplemente me horripila". La asociación feminista Ni Putas Ni Sumisas, de la que Amara fue en su tiempo directora, fue más lejos: aseguró que denunciaría la candidatura por considerarla ilegal y contraria a los valores de la República Francesa.

El propio líder del Nuevo Partido Anticapitalista, Olivier Besancenot, que no conocía a Ilham y que ignoraba que en sus filas hubiera una mujer con el velo, se vio sorprendido por la magnitud de la polémica y, en un principio, desbordado por las propias críticas internas. La polémica le estalló a las seis de la mañana de un lunes, cuando un periodista le sorprendió preguntándole a bocajarro qué pensaba de una candidata del NPA que vestía "el burka". En el interior de su propia formación política se ha llegado a calificar al pañuelo de "instrumento de sumisión, incluso si Ilham no lo ve así, y no es la única que lo ve así".

Besancenot, que exige que nadie le dé lecciones de laicidad, ha respetado hasta ahora la elección del comité local de Aviñón: "Ni es un estandarte del NPA ni tenemos tampoco por qué ocultarla". Un periodista de radio con retranca le preguntó esta semana: "¿No era la religión el opio del pueblo?". Él se salió por la tangente: "Esos a los que he oído tanto estos días hablar de la laicidad han instrumentalizado a esta candidata para darse lustre en ese aspecto. En el caso de la UMP (el partido de Sarkozy) es insoportable".

Ilham lo dice a su manera, sonriendo, con su voz escasa pero terminante: "La religión es una cosa privada. Y la laicidad es la separación de la Iglesia y el Estado. Yo no represento ni a la mujer musulmana ni al islam. Yo represento en todo caso al Partido Anticapitalista y a las gentes de los barrios pobres de los que procedo". Recuerda que en otras épocas ha habido diputados en sotana y que jamás se les ha cuestionado.

En un principio, Ilham rehuyó a los periodistas. Pero después, tanto ella como Abdel consideraron que no debían esconderse, que su ejemplo puede servir a otros muchos. De hecho, en su comité hay cuatro chicas con pañuelo. De ahí que el rostro de Ilham, y su melena recogida en un moño y cubierta por su pañuelo blanco, comience a ser cada vez más conocido en Francia y en el extranjero. El miércoles concertó varias entrevistas con distintos periódicos británicos y con una cadena de televisión suiza.

No sólo ha encontrado oposición en la derecha y en la izquierda política. También en su propio barrio. "Hay jóvenes que me han acusado de ensuciar el islam", cuenta. Porque Ilham afirma, con la misma determinación con la que pide el transporte público gratuito y multas a las empresas que echan a trabajadores, que está a favor del aborto, de los derechos de los homosexuales y de las medidas contraceptivas. Junto con su inseparable Abdel, ha organizado reuniones pequeñas en pisos, en casas y en locales pequeños de su barrio, donde trata de hacerse conocer de cerca, cara a cara.

A la inevitable pregunta de si se siente francesa responde que sí, que no puede sentirse de otro modo. "Soy francesa porque hablo francés y vivo aquí. Pero también soy fiel a mis orígenes bereberes. Hay muchas maneras de entender la identidad". Abdel, su compañero de partido, aún es más claro: "Somos franceses porque ya no podemos ser otra cosa. Luchamos para que haya mejores escuelas, mejor servicio de correos, por un mundo mejor. Eso es ser francés".

El presidente del Consejo Francés para el Culto Musulmán, Mohamed Moussaoui, asegura que no es incompatible pertenecer a un partido de extrema izquierda y llevar el pañuelo musulmán. "Un ciudadano que se compromete con una opción política tiene derecho a tener convicciones religiosas. Tendrá que demostrar que representará a los ciudadanos de todas las confesiones. Por eso hay que elegirla por su competencia y no por llevar el pañuelo".

Besancenot recordó otra cosa en la famosa entrevista del opio del pueblo: "La apuesta del NPA es la de aglutinar a los obreros, a los trabajadores precarios y a los militantes de los barrios precarios, entre otros. Hay un cantante, Jamel Debbouze, que decía eso: 'El rostro de Francia está cambiando. Y extrañamente cada vez se parece más al mío".

Ilham también lo dice a su manera: "Se acusa al Nuevo Partido Anticapitalista de querer atraer a los jóvenes de los barrios. Es al revés. Los jóvenes de los barrios nos hemos ido a ese partido porque consideramos que es el que nos representa. Y los jóvenes de los barrios somos así".

Abdel refrenda: "Los viejos militantes de la Liga Comunista Revolucionaria son expertos en política, profesores de universidad de más de 50 años. Pero no saben lo que es un barrio de la periferia. Por eso no nos aceptan del todo, a nosotros, a los que vivimos ahí y hemos decidido movernos y luchar. Por eso se extrañan de cómo somos. Yo también soy creyente y musulmán. Pero activista. Y seremos más. Eso es lo que ha cambiado".

Ilham conduce en su coche a Abdel mientras concierta por teléfono una nueva entrevista para otra televisión extranjera. La chica anticapitalista del velo sigue acaparando el interés. Tal vez porque encarna un verdadero enigma: aún nadie sabe con certeza si simboliza lo más arcaico de una sociedad o algo nuevo y fuerte que es necesario asimilar.