El pasado 1 de abril se celebró en Madrid, en el Club de Amigos de la UNESCO (CAUM), el acto público de solidaridad con las revoluciones en el mundo árabe convocado por Izquierda Anticapitalista. Bajo el lema “Túnez, Egipto, Libia... Viva la revolución” contamos con la presencia del profesor libanés Gilbert Achcar, uno de los intelectuales de izquierdas más reputados internacionalmente por sus análisis sobre la región. Desgraciadamente no pudimos contar también con la aportación de la sindicalista y activista feminista tunecina, Wasila Ayachi, por problemas de visado.
El acto, al que acudieron decenas de personas, llenó la sala del CAUM hasta superar las 130 personas. Intervino en primer lugar para presentar el acto Miguel Urbán, en nombre de Izquierda Anticapitalista, que formó parte de la delegación que visitó Túnez hace unas semanas, reivindicando la actualidad del proceso revolucionario que se vive en aquél país y el ambiente, conciencia y organización que se están desarrollando. Una situación abierta, en la que las fuerzas de la izquierda están jugando un papel fundamental, a la hora de vincular las demandas democráticas a las reivindicaciones de transformación social.
Gilbert Achcar ofreció una rica exposición introductoria al tema, en la cual repasó el contexto histórico de la formación de los regímenes dictatoriales que han caído o están amenazados por el movimiento de masas en Túnez, Libia, Egipto, Yemen, Bahrein o Siria. En el caso de Túnez, un régimen apoyado en una mafia capitalista liderada por Ben Alí con el apoyo de Francia, que fue derribado en un país con un fuerte movimiento obrero organizado en la UGTT, donde las fuerzas armadas le abandonaron ante el empuje de las movilizaciones populares, precisando que es el país donde más se ha avanzado, como pone de manifiesto la conquista de las libertades democráticas y la construcción de espacios de autoorganización de la población, alternativos al Estado en crisis. Respecto a Egipto, la caída del sátrapa Mubarak (durante años bastión de EEUU en la zona) también es protagonizada por la organización de las masas y un contexto previo de fuertes huelgas obreras (en sectores como el textil) pero donde el poder sigue detentado por su fuente original: el Ejército; el movimiento sindical no es la principal fuerza de oposición al estar todavía en los inicios de su recomposición independiente, y el partido del poder sigue detentando capacidad política. Por otro lado, la principal organización opositora, los islamistas reaccionarios de los Hermanos Musulmanes, no han sido capaces de jugar un papel dirigente sino que se han visto obligados a acompañar el proceso. No obstante, los partidos laicos liberales o de izquierdas se encuentran con una fuerza muy débil aún y no han conseguido pasar a la ofensiva mientras la iniciativa, como se constató en el referéndum constitucional, la conserva el Ejército, apoyado tácticamente por los islamistas, que quiere acabar con la oleada huelguística desatada por los trabajadores egipcios que reivindican la mejora radical de sus condiciones sociales. En Libia presenciamos un levantamiento popular que ha sobrevenido en guerra civil, al atrincherarse un régimen corrupto y patrimonial que ha utilizado una represión feroz contra la población, mientras ésta se armaba y le hacía frente. El régimen de Gadafi, que durante años usó la renta petrolera para subsidiar y mantener bajo control a ciertas capas sociales, ha intentado aplastar a sangre y fuego un movimiento que de ser derrotado, supondría un grave punto de inflexión negativo para el proceso que vive el conjunto del mundo árabe.
El acto, al que acudieron decenas de personas, llenó la sala del CAUM hasta superar las 130 personas. Intervino en primer lugar para presentar el acto Miguel Urbán, en nombre de Izquierda Anticapitalista, que formó parte de la delegación que visitó Túnez hace unas semanas, reivindicando la actualidad del proceso revolucionario que se vive en aquél país y el ambiente, conciencia y organización que se están desarrollando. Una situación abierta, en la que las fuerzas de la izquierda están jugando un papel fundamental, a la hora de vincular las demandas democráticas a las reivindicaciones de transformación social.
Gilbert Achcar ofreció una rica exposición introductoria al tema, en la cual repasó el contexto histórico de la formación de los regímenes dictatoriales que han caído o están amenazados por el movimiento de masas en Túnez, Libia, Egipto, Yemen, Bahrein o Siria. En el caso de Túnez, un régimen apoyado en una mafia capitalista liderada por Ben Alí con el apoyo de Francia, que fue derribado en un país con un fuerte movimiento obrero organizado en la UGTT, donde las fuerzas armadas le abandonaron ante el empuje de las movilizaciones populares, precisando que es el país donde más se ha avanzado, como pone de manifiesto la conquista de las libertades democráticas y la construcción de espacios de autoorganización de la población, alternativos al Estado en crisis. Respecto a Egipto, la caída del sátrapa Mubarak (durante años bastión de EEUU en la zona) también es protagonizada por la organización de las masas y un contexto previo de fuertes huelgas obreras (en sectores como el textil) pero donde el poder sigue detentado por su fuente original: el Ejército; el movimiento sindical no es la principal fuerza de oposición al estar todavía en los inicios de su recomposición independiente, y el partido del poder sigue detentando capacidad política. Por otro lado, la principal organización opositora, los islamistas reaccionarios de los Hermanos Musulmanes, no han sido capaces de jugar un papel dirigente sino que se han visto obligados a acompañar el proceso. No obstante, los partidos laicos liberales o de izquierdas se encuentran con una fuerza muy débil aún y no han conseguido pasar a la ofensiva mientras la iniciativa, como se constató en el referéndum constitucional, la conserva el Ejército, apoyado tácticamente por los islamistas, que quiere acabar con la oleada huelguística desatada por los trabajadores egipcios que reivindican la mejora radical de sus condiciones sociales. En Libia presenciamos un levantamiento popular que ha sobrevenido en guerra civil, al atrincherarse un régimen corrupto y patrimonial que ha utilizado una represión feroz contra la población, mientras ésta se armaba y le hacía frente. El régimen de Gadafi, que durante años usó la renta petrolera para subsidiar y mantener bajo control a ciertas capas sociales, ha intentado aplastar a sangre y fuego un movimiento que de ser derrotado, supondría un grave punto de inflexión negativo para el proceso que vive el conjunto del mundo árabe.