miércoles, 28 de marzo de 2018

Ya no hay marcha atrás: autoritarismo o República

Luis M. Sáenz
Revista Trasversales número 43 marzo 2018

"A la vuelta de la esquina, un poco más allá de la Constitución está la anti-Constitución"

"(...) cuando la Constitución real y la escrita no concuerdan, cuando son diferentes, surge un conflicto irremediable; hay un malestar permanente; chocan las formas sociales y las fórmulas jurídicas. Es un período de falso constitucionalismo, peor aún que el mismo absolutismo. Ese es el caso presente de España. La Constitución ha sido negada por las leyes posteriores. La Constitución es abstracta. Lo concreto y lo temible, por lo tanto, es su negación: la Ley de Orden Público (...)  Las libertades democráticas pueden dejar de existir constitucionalmente"

Joaquín Maurín
Por descontado, soy antimonárquico, pues una vez justificada la extremista y arcaica idea de que la Jefatura del Estado puede ser propiedad privada de una sola familia ya quedan exentas de cuestionamiento todas las demás jerarquías presentes en una sociedad, a las que es más fácil encontrar pretextos por tener algunas facetas "funcionales". No obstante, no me gusta decirme "republicano" porque todo Estado, sea cual sea su forma, es una máquina de opresión sobre la mayoría de la sociedad; me siento socialista o libertario o demócrata en ciertos sentidos peculiares, pero "republicano" no.

Sin embargo, en determinadas circunstancias determinados términos pueden asumir un sentido específico que les hace decir más de lo indica el diccionario. Así, por ejemplo, República, bajo un sistema monárquico, puede representar no tanto una forma más de Estado sino el resumen de las aspiraciones sociales que han llevado a gran parte de la población a alzarse, al menos, contra los modos de dominar utilizados por quienes dominan, como por ejemplo ha ocurrido en Cataluña.

Lo que ha ocurrido ahora en Cataluña no había pasado -ni aún pasa- en otros lugares de España desde la formación del régimen de 1978. Y no había pasado porque el sistema de dominación de las élites giró durante un poco más de treinta años en torno a una especie de compromiso que daba estabilidad al régimen, un compromiso por el que la sociedad aceptaba los privilegios y el dominio de esas élites en la medida de que hubiese expectativa para la mayoría de la población de un lento avance en bienestar, derechos civiles y autogobierno de determinados territorios. El conflicto entre las élites y la gente común quedaba ocultado y apaciguado por un seudoconflicto ideológico y una alternancia entre "izquierdas" y "derechas" así como por logros efectivos de la presión social, como los alcanzados en cuanto a pensiones, sistema sanitario, acceso más amplio a la universidad, vivienda (pese a lo desastroso del modelo aplicado), derechos civiles, descentralización, etc.

Eso se ha acabado, en Cataluña y en España. Se ha acabado tanto que ya ni siquiera tiene sentido decir que seguimos en el régimen de 1978: en los últimos diez años se ha formado un nuevo régimen político, una nueva manera de dominar, socialmente caracterizada por el desmantelamiento de todo aquello que favorecía el bienestar y políticamente caracterizado por un presidencialismo coronado despótico y autoritario, así como una recentralización de España, no sólo a costa de las competencias autonómicas y sobre todo contra Cataluña, sino también contra la democracia local y la capacidad de acción política y social de los ayuntamientos

La conciencia de ese hecho alcanzada por gran parte de la población catalana ha sido el detonante de la formación, en los cinco años que han ido desde septiembre de 2012 hasta octubre de 2017, de un potente movimiento social republicano catalán. En el resto de España, sin embargo, aunque hay una gran indignación con el comportamiento de las élites políticas, todavía no ha cuajado una corriente social impugnadora de la manera de dominar de las élites en su conjunto; tal vez el mayor desafío en ese sentido está saliendo desde dentro del movimiento de las mujeres, como en parte también lo expresó parcialmente el 15M. Parte de ese "retraso" respecto a Cataluña se debe a que una parte de la "izquierda" actúa como pieza subalterna del nuevo régimen autoritario -en los mejores casos creyendo que están defendiendo un "régimen de 1978" que ya no existe-, y otra sigue empeñada en combatir a un "régimen de 1978" que ya no existe y al que una parte importante de la población añora con la esperanza de que aún pueda volver... lo que es comprensible pero no ocurrirá. Así que cierta izquierda parece un pelele o un barquito de juguete llevado de acá para allá por los vientos de los poderosos, hasta el punto escandaloso a que se ha llegado con su sumiso apoyo a la represión sobre el mayoritario movimiento republicano catalán, y otra izquierda, pese a que sus posturas son con frecuencia justas, oscila entre sus días gruñones, vocingleros, de gesto tenso y altanería, y aquellos otros en los que le da un ataque de "respetabilidad" al levantarse.

Por tanto, en España hay un camino por hacer, y sólo puede hacerse a través de nuevas oleadas de luchas sociales y de procesos de construcción popular, antes de que República pueda ser un resumen provisional de las aspiraciones sociales y una alternativa al actual modo de dominar quienes dominan, una alternativa que no significa el fin de la dominación pero sí podría significar un escenario de conflicto social y de institucionalidad más favorable a las clases populares y menos favorable a la oligarquía dominante.

Ahora bien, dicho esto para evitar ataques de "tricolorismo" que olviden que hoy por hoy hay que construir unidad de lucha y complicidad social en defensa de las pensiones, por el derecho a la vivienda, por los derechos laborales, por el derecho a la protesta, tampoco hay que mirar sólo al corto plazo: la reforma del régimen de 1978 ya no es alternativa, porque ya no estamos en el régimen de 1978; y la vuelta al régimen de 1978 tampoco es posible, pues se han destruido las bases consensuales y generacionales en que se basaba (apenas el 30% del censo electoral actual pudo votar la Constitución).

Para entender esto es necesario tomar nota de algo relevante: salvo algunas excepciones, las élites del poder y del dinero en España, esa "alta sociedad", todo ese entramado que "corta el bacalao" en la Casa Real, en el gobierno, en los parlamentos, en la judicatura y otras instituciones del Estado, en las universidades, en el mundo de los negocios, en las instituciones clericales, en el mundillo de la tecnocracia, en los grandes medios de comunicación,en las revistas, incluyendo sus franjas "presuntamente progresistas", ha hecho piña y ha entrado a "hacer política" directamente, no sólo ya a través del partido gobernante de turno. Y lo está haciendo desde opciones sutilmente o abiertamente reaccionarias, con excepciones como ya he dicho. Desde opciones fervorosamente partidarias de la desigualdad y de la jerarquía. Desde una apología de la "excelencia" que no es esfuerzo por mejorar la calidad de lo que hacemos, sino mera retórica para justificar los privilegios de los privilegiados, de cuya ineptitud e incompetencia profesional tenemos todos los días noticias. Desde un descarado odio a las y los pobres y a quienes no se someten. Esa es la "moderna" ideología de un partido del privilegio en remodelación, en el que ya se notan también los efectos del cambio generacional, capaz por ejemplo de dejar de lado algunos oscurantismos que estuvieron muy afianzados en el PP y jugar a lo "progre" en ciertos ámbitos, pero desde una lógica crecientemente cínica y mercenaria. No deberíamos menospreciar el papel de Ciudadanos en esto ni confundirnos al considerarle "enemigo pequeño" o potencial "aliado coyuntural". De hecho, Ciudadanos es quien mejor está jugando hoy la carta de la fragmentación popular, de enfrentar a las clases populares entre sí. Y lo está haciendo para sostener los aspectos claves de la trinidad que articula la teología del privilegio: Capital, Patriarcado, Estado.

El partido del privilegio, y Ciudadanos lo hace mejor que nadie, quiere enfrentar a las claaes populares que van tirando con mucha estrechez (la "clase media" que gana ¡menos de mil euro!, dice Rivera) con las clases populares que no van tirando y no sacan ni para techo y comida.

El partido del privilegio, y Ciudadanos lo hace mejor que nadie, quiere rearmar ideológicamente a los hombres para que defendamos nuestros privilegios contra las mujeres; una de las facetas de esa política es su esfuerzo por atraerse a los hombres gays y debilitar las afinidades (relativas) que las cirscunstancias crearon con las lesbianas y el feminismo en general.

El partido del privilegio, y Ciudadanos lo hace mejor que nadie, quiere más Estado, mucho más Estado; lo que no quiere son los logros sociales que la sociedad consiguió imponer a los privilegiados y a su Estado, pero Estado, lo que se dice Estado, quiere que sea mucho y muy despótico. Menos personal sanitario, claro, pero más policía. Menos prestaciones sociales, pero más subvenciones y regalos fiscales a los más ricos; menos gasto en pensiones, pero más gasto militar. Menos equilibrio de poderes a través de la proliferación de focos de gobernanza y la división de competencias sobre la base del principio de subsidariedad (háganse las cosas allá donde puedan hacerse eficazmente con mayor cercanía a la gente) y más centralización en un poder estatal único. Y sí, nadie como Ciudadanos, mejor aún que el PP, para atizar el enfrentamiento entre Cataluña y el resto de territorios.

En esas estamos. Sin embargo, el nuevo régimen, precisamente por ser nuevo y por no haber logrado aplastar la resistencia social, no está consolidado, es un avión despegando pero que aún no ha elevado vuelo. Digamos que aún hay tiempo para cortarle el paso. No será fácil pero es posible.

De momento, aunque en realidad siempre es así, el motor social contra la degradación y la precarización en marcha sólo puede ser la propia sociedad, que retoma caminos de movilización, cuya indignación vuelve a alzarse tras el bajón que supuso la decepción política causada por la incapacidad de PSOE y Podemos para fraguar una alternativa, por razones diferentes. Para empezar, por pensar cada cual que la podría construir sin contar con la otra fuerza política, lo que da para mucha demagogia política y mucho "¡venceremos!" pero es totalmente irreal como sabe casi toda la sociedad menos algunos fans. Y, claro, no es ahora cuando va a poderse recuperar esa vía precisamente, con el PSOE apoyando descaradamente la represión sobre el movimiento republicano catalán, pese a los matices de Iceta.

Por eso, quienes tienen toda su mente puesta en las elecciones de 2019 se equivocan. La única manera de preparar esas elecciones, quien quiera prepararlas, es dar todo al presente, a las luchas sociales en marcha y a las que vendrán o deberían venir. Usando las instituciones para apoyar esa reconstrucción social y, allá donde se gobierne, mejorar la vida de la gente sin resignarse ante la "herencia recibida". En alianza entre quienes ya queremos otro régimen político, republicano, y quienes sólo quieren recuperar los logros perdidos desde 2008 hasta ahora. Pero sin callar que, en verdad, los logros sociales que nos han quitado y aquellos que ahora nos quieren quitar sólo podrán recuperarse o conservarse plenamente saliendo del actual régimen, porque el actual régimen es incompatible con un "pacto" del tipo del de 1978. Para empezar, porque las élites no quieren tal pacto en ningún caso, y también porque ya no hay partidos ni sindicatos que gocen de la suficiente confianza popular como para ocupar en tal pacto las sillas supuestamente reservadas a las clases subalternas. Digo esto con un margen de incertidumbre, porque algunos también decíamos hace más de 40 años que la salida del franquismo no podría hacerse a través de un proceso evolutivo y que se requiría una ruptura, confundiendo una aspiración justa con una certidumbre.

El camino no es llenar la calle de tricolores, sino que las llenemos las gentes por una y por mil reivindicaciones. Que no nos dejemos engañar y dividir. Que construyamos apoyo mutuo y unidad de acción en la diversidad. Pero creo que no habrá un nuevo 1978. Entonces, la salida del franquismo era inevitable y sólo podía ser a mejor; de hecho, el mismo franquismo de los últimos años, con ser nefasto y sanguinario, era menos malo que el de las primeras décadas; hoy, el régimen político ha evolucionado a peor, hoy hay menos libertad de expresión que en 1977, y las élites piensan que pueden empeorarlo aún bastante más en beneficio de sus privilegios. Por ello es altamente improbable que se pueda salir de este autoritarismo sin República.

República, para seguir luchando contra la oligarquía, que bajo ella seguirá dominando, pero se luchará en mejores condiciones. Autoritarismo o República, aunque no sea de forma inmediata. Lo que sí me parece que debe ser inmediato es tomar nota de que ya no se puede articular una política coherente sobre la única base de denunciar al PP y la herencia del franquismo, o condenar a la "derecha" sin más; todas las fracciones del privilegio se han amalgamado y avanzan en la misma dirección. Ya no es posible compatibilizar un moderado reformismo social con gritos de "viva el rey" o absteniéndose de criticar resoluciones judiciales que son criticables. Ni ignorando que la política de Rajoy, ciertas resoluciones de ciertos tribunales o ciertos discursos del rey pueden estar muy interrelacionados sin que necesariamente medie mandato ni prevaricación alguna, conciencia de hacer algo injusto, ya que el vínculo puede ser un universo mental común, un "espíritu de los tiempos" en la alta sociedad. Para darnos cuenta de ello basta que recordemos el convencimiento con el que las gentes "de izquierda" hemos hecho algunos disparates. Y darnos cuenta es importante, porque una política basada en simples conceptos de "casta" o de "corrupción" o de "superioridad moral" tiene poco alcance si no entendemos por qué las cosas son como son y por qué el sistema funciona como funciona. Por eso mismo, el cambio real no se producirá por un recambio en las élites políticas, sino a través de la construcción colectiva de un "espíritu de los tiempos" plural propio de la gente común, popular, siguiendo la tarea empezada por el 15M. República sin nostalgias. No serán unas u otras banderas las que conduzcan hacia ella, sino las luchas por la igualdad, las pensiones, por techo y comida, por la libertad. Y con República habrá que seguir luchando porque ningún Estado "representará" nunca los intereses de las clases populares ni la libertad plena para todas y todos.

sábado, 24 de marzo de 2018

Washington relanza la escalada nuclear


(Notas tomadas de LE MONDE diplomatique - marzo 2018)

Por Michael Klare *

Durante cerca de medio siglo, desde la destrucción de Hiroshima, el 6 de agosto de 1945, hasta el hundimiento de la Unión Soviética, el 25 de diciembre de 1991, una parte importante de la población mundial vivió con el temor a una catástrofe nuclear. (…)

Sin embargo, desde hace algunos meses, el peligro nuclear parece haber regresado. Recientemente, las principales potencias poseedoras del arma atómica -Estados Unidos, Rusia y China- han emprendido un proceso de modernización de sus equipamientos, y Washington no vacila ya en contemplar su utilización. Es lo que revela el informe de la “evaluación de la postura nuclear” de Estados Unidos (Nuclear Posture Review, NPR) publicado por el Pentágono el 2 de febrero de 2018. (…)

(…) el nuevo NPR se muestra particularmente alarmista. Estados Unidos se enfrentaría a más amenazas que nunca, comenzando por la hostilidad y el belicismo de Rusia y China. (…)

(…) Obama el 5 de abril de 2009, (…) Presuponía que las relaciones entre grandes potencias podían mejorarse, que la perspectiva de una guerra nuclear se alejaba y que era posible reducir las reservas de armas con total seguridad. El informe publicado ocho años más tarde rechaza estas tres propuestas. (…)

Leyendo el informe casi se podría concluir que Estados Unidos sufre un retraso respecto de Rusia y China y que por lo tanto debe reforzar su Ejército. Ahora bien, en 2016, ocupaba, y de lejos, el primer puesto en el palmarés mundial de gastos militares. Con 611 000 millones de dólares, superaba la suma de los ocho países siguientes. (…)

POSTULADO DUDOSO

Todo el andamiaje del NPR descansa sobre una afirmación no demostrada: Rusia y China concederían un lugar creciente a lo nuclear en sus respectivas estrategias de defensa. (…)

(…) la doctrina militar de Moscú prevé efectivamente la utilización, en primer lugar, de las armas nucleares, pero solo en caso de un ataque contra el territorio ruso. (…)

Pero la NPR se apoya sobre este postulado dudoso para reclamar más “flexibilidad” en la politica de utilización de armas atómicas y más “diversidad” en la gama de sistemas de armamento. (…)


NUEVOS EQUIPAMIENTOS

El Congreso todavía debe asignar un presupuesto a todos estos programas y es posible que no se alcancen todos los objetivos del NPR. No obstante, la atmósfera antirusa que trastoca a la clase politica estadounidense hace enmudecer toda oposición a esta reactivación  de la carrera armamentística, como demuestra la aprobación casi unánime, por los parlamentarios de los dos partidos, de un aumento masivo del gasto militar en 2018. Los dirigentes rusos y chinos, entre otros, no dejarán de inspirarse en esta estrategia para reforzar sus propios arsenales, marcando así el principio de una nueva escalada nuclear.

sábado, 10 de marzo de 2018

Una huelga feminista internacional que haga frente al poder corporativo global

       Ha empezado una nueva fase de articulación feminista global
       que busca romper la fragmentación que nos ha impuesto
       el capitalismo y el neoliberalismo.
Jùlia Martí Comas, Paz con Dignidad–OMAL

Después de décadas de neoliberalismo, de ir perdiendo la capacidad de decidir sobre nuestras vidas mientras las grandes transnacionales acumulan más y más poder, vuelve a aparecer la necesidad de articular una respuesta global. Una vez más es el movimiento feminista quien da el paso, reapropiándose de la huelga para salir a las calles en diferentes partes del mundo.Esta convocatoria no parte de cero, sino que sigue la estela de la huelga feminista del pasado 8 de marzo, que sacó a millones de mujeres a la calle en más de 70 países. Y se hace eco del grito #NiUnaMenos de las compañeras argentinas, latinoamericanas e italianas; de la lucha de las mujeres polacas por el derecho al aborto; de la Women’s March contra la misoginia y el autoritarismo de Trump, o de las movilizaciones que tumbaron al ministro Gallardón.
Empieza así, como explica Montserrat Vila, una nueva fase de articulación feminista global que busca romper la fragmentación que nos ha impuesto el capitalismo y el neoliberalismo. Se trata de un paso más en la apuesta internacionalista del movimiento feminista, que desde las sufragistas hasta el feminismo de los años 70 y más recientemente la Marcha Mundial, siempre ha tenido un importante carácter internacional. Se abre la posibilidad, por fin, de una huelga que supere fronteras y que mire más allá de los marcos estatales. Una mirada global imprescindible, si queremos enfrentar el marco de competencia entre pueblos que nos impone el capitalismo. Frente a unas empresas transnacionales que operan con facilidad en una lógica global-local, no podemos seguir pretendiendo defender nuestros derechos solamente desde lo local, siempre amenazadas con la deslocalización, con la falta de competitividad o con la mercantilización de todo lo rentable para el capital.
Pero además de las fronteras territoriales, esta huelga feminista supera una frontera aún más importante, la de la supuesta división entre el ámbito productivo y el reproductivo. Las feministas sabemos desde hace tiempo que sin todos los trabajos reproductivos invisibilizados, este sistema no funciona. Por ello la necesidad de reapropiarse de la estrategia de la huelga para desbordarla, para ir más allá de la huelga laboral y visibilizar todos los trabajos que realizamos las mujeres. Una visibilización aún más urgente en el caso de las empleadas de hogar y de las mujeres migrantes, que conforman una cadena global de cuidados, dejando a sus familiares a cargo de otras mujeres en su país para venir a cuidar aquí. Todo para que las empresas, y el sistema en general, se puedan seguir beneficiando de un trabajo reproductivo por el que no pagan nada.
Recuperamos así una estrategia de lucha que ha sido clave en la conquista de derechos –en el ámbito laboral pero también en otros ámbitos como el derecho al aborto, que llevó a las mujeres polacas a la huelga para impedir que se restringiera más este derecho–. Y damos un paso más para incluir la huelga de cuidados, estudiantil y de consumo. Poniendo en práctica, de esta forma, la perspectiva interseccional, reconociendo y visibilizando que estamos atravesadas por desigualdades y precariedades que nos sitúan en lugares muy diversos frente al heteropatriarcado, el racismo, el trabajo asalariado y los cuidados. Otro elemento importante en la definición de esta huelga es el llamado a que las mujeres tomen el protagonismo, entendiendo la categoría mujer en un sentido amplio que supere el binarismo de género y reconozca la diversidad.
Además, la elección de la huelga como estrategia de lucha llega en un momento clave para el feminismo. Se trata de una forma de demostrar que las que movemos el mundo tenemos la capacidad de pararlo, que sin nuestros trabajos las cuentas de beneficios de las grandes empresas no seguirían creciendo. Por ello nos posiciona estratégicamente en un momento en el que toca combatir el rearme misógino, autoritario y conservador del capitalismo, pero también visibilizar los hilos de continuidad entre los discursos de las derechas populistas y los supuestos discursos feministas o igualitarios destinados a legitimar el neoliberalismo. Ya que, como afirma Nancy Fraser en las últimas décadas se ha configurado un “neoliberalismo progresista, amalgama de truncados ideales de emancipación y formas letales de financiarización”, que se ha servido para esconder las políticas neoliberales detrás de una imagen basada en los ideales de la diversidad y el empoderamiento.
Por tanto, podemos decir que tanto el neoliberalismo progresista y universalista como el populismo conservador, aunque se presenten como propuestas contrapuestas, profundizan la guerra del capital contra la vida. En un contexto de crisis sistémica y de rearticulación del proyecto hegemónico, en el que, como plantea Amaia Pérez, la violencia se sitúa en el centro de la disputa. Así vemos cómo no podemos aislar la lucha contra la violencia machista de la denuncia de un sistema que produce una ruptura del tejido social, una precarización de las vidas de las mujeres y una profundización del control sobre nuestros cuerpos. Además de tener en cuenta que en un contexto en el que se expande la “necropolítica”, es decir la gestión de la muerte y el miedo dentro del sistema capitalista global, los feminicidios se convierten en una pieza más de la expansión de la violencia patriarcal, como caldo de cultivo para la violencia corporativa.
Más concretamente vemos como frente a la crisis, las grandes corporaciones buscan nuevos nichos de negocio, a través de una intensificación de los procesos de mercantilización de la vida que conlleva enormes costes sociales y ecológicos. Al mismo tiempo, como explica Miriam García-Torres, el avance del poder corporativo también genera una “masculinización de las tomas de decisión, la conformación de estructuras laborales patriarcales, la responsabilidad feminizada de sostener la vida ante la ruptura de los ciclos de reproducción o la intensificación del control social de los cuerpos de las mujeres”; además de una masculinización de los territorios en los que se implantan y un reforzamiento de la masculinidad hegemónica.
Por todo ello el feminismo se convierte en un actor clave en la construcción de estrategias contrahegemónicas frente al poder corporativo global. Y la convocatoria de huelgas feministas internacionales es un paso fundamental y estratégico para poder seguir tejiendo redes de solidaridad internacional, que fortalezcan las resistencias y alternativas. Y que visibilicen las luchas de las mujeres que desde diferentes partes del mundo se están enfrentando al avance del poder corporativo, mientras ponen en marcha estrategias de defensa del territorio y la sostenibilidad de la vida.

Publicado en Pikara online Magazine

jueves, 9 de noviembre de 2017

Nuevas formas de violencias machistas

Teresa Mollá Castells

Los nuevos tiempos conllevan nuevas tecnologías y con ellas surgen nuevos lenguajes y nuevas formas de violencias machistas.

Como ya he dicho en numerosas ocasiones, los lenguajes no inclusivos (y los son casi todos) son el mejor aliado del patriarcado para mantener su sistema opresor.

Durante la adolescencia, y sin ninguna formación en educación emocional ni afectivo sexual, nuestros jóvenes tienden a confundir el deseo sexual con el amor. Y, como sabemos, no es lo mismo. Y de ese desconocimiento y/o confusión, potenciada por toda la parafernalia de películas Disney y demás, se alimenta la opresiva idea del amor romántico.

Una idea que esencialmente busca la renuncia de las chicas a su propia vida y a sus propias necesidades y deseos en aras a complacer los deseos de su chico. Y eso, además de generar una dependencia emocional que las puede anular, puede resultar incluso peligroso para ellas.

El primer síntoma es la negación de esa renuncia y/o dependencia por parte de ella ante alguna pregunta de las amigas o familiares. Su autoafirmación como igual dentro de la relación tóxica puede llevar implícito un terrible miedo a la perdida de quien la ha “elegido” para que este a su lado. Y, en demasiadas ocasiones, para mantenerse al lado de él, que le insiste que la quiere y que el amor es sexo, se cede a una relaciones quizás no deseadas, pero necesarias para que él no la abandone. Ese es el orden patriarcal. La satisfacción del deseo sexual a tres del chantaje emocional del amor romántico.

Y esto puede empeorar si en algún momento ha habido alguna grabación de video o fotos de carácter sexual puesto que se pueden utilizar para aumentar la intensidad de ese chantaje sobre la chica con la amenaza de divulgarlas. Así ella queda más atrapada dentro de esa relación tóxica. Y asó, también aumenta el orden poder-sumisión que busca el patriarcado, siempre ávido de un mayor poder y dominio sobre las mujeres.

La violencia machista estructural que ha supuesto el desmantelamiento de los recursos para la sensibilización y prevención de las violencias de género, así como el adoctrinamiento patriarcal que ha supuesto la implantación de la LOMCE, no ha hecho más que dar alas a estos nuevos modos de violencia contra las mujeres. Sin recursos económicos ni educativos adecuados, la prevención de estas violencias desde las aulas se complica bastante. Y si además le sumamos que la negación de que este tipo de violencias se produzca en las aulas por parte de casi toda la comunidad educativa, tendremos nuevos focos de preocupación por la falta de detección.

Nadie dijo que detectar las violencias machistas entre la población joven fuera fácil. Ni mucho menos que la salida a esa situación fuera un camino de rosas. Pero creo que no se está prestando la atención necesaria a estos primeros síntomas que tienden a darse entre nuestras chicas jóvenes en sus primeras relaciones.

Los micro machismos naturalizados en todos los ámbitos de la vida no ayudan en nada e insisto en que sin recursos no se pueden desmontar mitos, creencias, situaciones perversas, etc., para evitar nuevas situaciones de violencias machistas en nuestras mujeres jóvenes.

Con esto no quiero decir que todos los chicos jóvenes sean maltratadores  potenciales, pero sí que son víctimas potenciales todas las chicas jóvenes, puesto que es en ellas, en las mujeres en general en quien se ceba el patriarcado.

No basta con la voluntariedad de parte del personal docente por detectar e intervenir ante la más mínima sospecha. Las administraciones educativas deben intervenir haciendo prevención desde el minuto cero. Los pactos están muy bien como referentes políticos, pero se han de desarrollar para llevarlos a los terrenos de los patios de las escuelas, a las aulas de todo el sistema educativo. No podemos quedarnos sólo con las intenciones reflejadas en dicho pacto, porque entonces no avanzamos nada.

Como formadora de personal docente en esta materia me he encontrado de todo. Incluso con algún profesor hombre que incluso llegó a sugerir la justificación de dichas violencias en los patios como forma de socialización entre niñas y niños. Afortunadamente el resto del grupo y yo misma reaccionamos y le hicimos ver su error. Pero sigue habiendo una cierta resistencia de algunos profesores hombres hacia, por ejemplo, la definición que hace la Ley Orgánica 1/2004 sobre Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género que en su Preámbulo y en su primer párrafo afirma:

“La violencia de género no es un problema que afecte al ámbito privado. Al contrario, se manifiesta como el símbolo más brutal de la desigualdad existente en nuestra sociedad. Se trata de una violencia que se dirige sobre las mujeres por el hecho mismo de serlo, por ser consideradas, por sus agresores, carentes de los derechos mínimos de libertad, respeto y capacidad de decisión”

Si son capaces de tener resistencia a esta definición, y de afirmar que por qué solo se considera violencia de género cuando la ejerce un hombre sobre una mujer y no cuando la ejerce una mujer hacia un hombre, yo me pregunto si su función docente en valores como la igualdad, equidad, solidaridad, etc., ¿no queda sesgada?

Afortunadamente estas situaciones son aisladas y el conjunto de la profesión docente está implicada no sólo en estos valores sino también en la detección y prevención de este tipo de violencia y de actitudes que se pueden dar entre el alumnado y de una forma u otra buscan soluciones. Pero no podemos dejarlo a su voluntariedad. Hemos de darles herramientas para proteger a las víctimas y para aislar a los maltratadores mostrando que esas conductas son reprochables desde cualquier punto de vista.

Y sobre todo hemos de dotar a las mujeres jóvenes de herramientas de autoprotección para saber decir NO a determinadas conductas, porque las nuevas (aunque algunas son ya muy viejas) formas que toma el patriarcado para ejercer la violencia contra las mujeres puede destruir no sólo su presente, sino también su futuro por las secuelas que estas situaciones acarrean.

Esperemos que los recursos para combatir estas violencias no tarden en llegar a las aulas y que nuestras mujeres jóvenes dejen de estar potencialmente expuestas a sufrir cualquier tipo de violencia machista en esa maravillosa y complicada etapa de la vida.

1 de octubre de 2017

miércoles, 8 de noviembre de 2017

MÁS “MUROS DE LA VERGÜENZA” EN EUROPA

Marisa Tercilla | Bilbao, a través de su superpuerto en Santurzi, tiene el dudoso honor de haber ingresado, en el grupo de ciudades fronterizas con vallas o muros que impiden la movilidad de las personas.

Un grupo de hombres jóvenes, llegó hace unos meses a Euskadi, concretamente se “instalaron” en Zierbena, pequeña localidad costera y pesquera junto a  Santurzi. Se cree y la plataforma Ongi Etorri Errefuxiatuak lo ha confirmado, proceden en buen número del desmantelado campo de Calais de triste recuerdo. Aunque alejados por muchos kilómetros de su ansiado destino, buscan los atraques del ferry para poder acceder a él. Su objetivo llegar a Gran Bretaña.

En el tiempo transcurrido han sufrido detenciones, “amagos” de repatriación, agresiones en las calles y rechazo de algunas comerciantes donde transcurre su día a día, que no les permiten ni de cargar sus móviles aunque gastan lo poco que tienen en sus establecimientos. Todo esto en una sociedad que se dice “no racista” y pretende ser más solidaria que su entorno. Hasta ahora, solo la Plataforma Ongi Etorri Errefuxituak les presta auxilio en lo posible.

Miembros de la plataforma con gran disposición y voluntad se han ido organizando para crear grupos de apoyo para tratar de cubrir sus necesidades: recogida ciudadana de tiendas, aislantes térmicos, prendas de vestir y calzado adecuados, algunas comidas calientes… El frio y la humedad que llegan imponen más retos. Ya no podrán asearse en las duchas al “aire libre” o podrán pero con riesgo de enfermar

Todas las personas tenemos derecho a unas condicionas mínimas de vida y dignidad y en esta “nuestra Euskadi orgullosa” de su renta de garantía de ingresos que aun “conservamos” aunque minorizada, las instituciones solo contemplan “proteger” las instalaciones portuarias. ¿A disposición de quien están? ¿Que influye en sus decisiones? ¿Ceden fácilmente a lobbys y grupos empresariales?

El invierno pasado un acto de desobediencia del bombero Ignacio Robles que  se negó a escoltar explosivos hasta el puerto para embarcarlos con destino a Arabia Saudita, nos dio a conocer que Santurzi está en el entramado mundial de la exportación de armas. Desde octubre de 2016, en el Puerto de Bilbao se han cargado más de 300 contenedores de explosivos con destino a Arabia Saudí.  Euskal Herria es territorio  productor de  armas. El Estado Español en el período 2012-2016 fue el séptimo exportador mundial.

Pues bien, en este contexto y en torno al nuevo muro de hormigón que, la Consejera de Desarrollo Económico y Competitividad del Gobierno Vasco, Arantxa Tapia, defiende que la construcción del muro en el “Puerto de Bilbao” se lleva a cabo “Por seguridad” aseverando al mismo tiempo que el Gobierno de Gasteiz garantiza los DDHH de todas la personas. En enero,  el lehendakari Urkullu nos sorprendía con este titular en prensa, “El lehendakari, Iñigo Urkullu, viajará el próximo jueves a Roma para profundizar en el conocimiento del modelo de ayuda a los refugiados de la Comunidad de San Egidio, conocido como “corredores humanitarios” de acogida e integración en Italia de refugiados”.

Poco después, Ajuriaenea hizo un llamamiento a todas las fuerzas políticas del arco parlamentario  y a la plataforma Ongi Etorri Errefuxiatuak, para acudir a una “foto unitaria” en pro de la acogida y de apoyo a las personas refugiadas. Foto porque eso fue, nada se hizo después, ninguna acción o política activa en favor de la acogida o integración de las personas refugiadas. Todos los partidos políticos acudieron, pero no la plataforma, porque así lo decidió en asamblea. No es que las personas allí integradas sean más listas que nadie… simplemente se impuso la inteligencia colectiva  y los años de lucha en lo social de muchas personas integrantes de la misma

Esta idea de Urkullu y Ajuriaenea también surgió después de un acto de desobediencia que llevaron dos activistas de la plataforma. Begoña y Mikelon se fueron a Grecia en sus vacaciones navideñas para intentar traerse a las refugiadas que pudieran y más lo necesitasen. Su acción  tuvo gran apoyo y repercusión en prensa y medios de comunicación. Se evidenció la nula voluntad de los partidos políticos para encontrar soluciones consensuadas a cualquier nivel para la mayor crisis migratoria  en sus diversas vertientes, del siglo XXI.

La Plataforma tiene como objetivo sensibilizar y concienciar a su entorno y exigir pasaje seguro para las personas que buscan refugio por las causas que sea. Porque la UE paga a la Turquía de Erdogán  3.000 millones de euros para que impida el acceso de refugiados a territorio europeo.  La misma UE a  la que se le concede un premio a la Concordia.

Aseguran que prentenden lograr todo eso y que no se conformaran con menos, el muro que  ahora levantan “no tapa nada” “no protege nada” solo los intereses de los más poderosos defensores del más feroz neoliberalismo.

Marisa Tercilla (@mirenkold) es activista en Ongi Etorri Errefuxiatuak Bizkaia y militante de Antikapitalistak.

Precariedad: "organizar lo imposible"

La vía de empobrecimiento y precariedad en que estamos llama al apo­yo mutuo. Ahí están grupos vecinales por el derecho a la vivienda, contra la exclusión, huertos urbanos, despensas solidarias, centros autogestionados, grupos feministas, plataformas de Afectados por la Hipoteca o por Hepatitis C, o Yo sí Sanidad Universal y muchos otros nacidos antes o después del 15M. Un tejido social importante, aunque inconexo.
La amenaza de los despidos, la situación de muchas empresas y el desconcierto del sindicalismo organizado ante una marejada que no había previsto ni preparado causaron cierta "hibernación" en el ámbito laboral, aunque se han realizado experiencias valiosas en ciertas empresas y han surgido espacios sindicales que, partiendo de poco, han demostrado ser efectivos “desde abajo”, con democracia y dando alcance social a la acción sindical.
La precariedad y la inseguridad urgen al fortalecimiento del apoyo mutuo, con participación de la legión de personas en precario, pero son también máquinas de sufrimiento y desesperación que aíslan, que agotan fuerzas y tiempo, que enferman. Es una precariedad en la que están millones de personas: la población desempleada que sobrevive de prestaciones escasas o "chapuzas"; mayores sin más ingreso que la pensión no contributiva que no da para pagar un alquiler modesto; trabajadores temporales o a tiempo parcial; muchas familias unimarentales; quienes trabajan en sectores muy desregulados, hipermodernos ("economía colaborativa", "economía digital", "capitalismo de plataformas") o tradicionales (hostelería, limpieza), "en negro", como asalariados, como autónomos o trade (autónomos con un solo pagador) o en "emprendimientos" de auto-subempleo. Además, la precariedad es una espada que cuelga sobre el cuello de casi toda la población porque hoy es la norma del sistema, que tiende a anular toda seguridad y a generar condiciones materiales y simbólicas en las que nos sintamos impotentes e incapaces de unirnos.
Por si faltaba poco, empresas depredadoras e influyentes en las administraciones públicas instauran una competencia desleal que obliga a otras menos potentes a seguir el mismo camino o desaparecer. La lógica de la acumulación ininterrumpida de capital es despiadada, más cuando no se la limita políticamente, y destructora de ética social.
En este clima, puede pensarse que es imposible "organizarse desde la precariedad". Pero hay muchas experiencias de organización y encuentro en condiciones extremas de precariedad y dispersión, como las de CNT en el primer tercio del siglo XX organizando jornaleros andaluces o inquilinos pobres catalanes, o la IWW en Estados Unidos en la segunda década de ese siglo organizando a los trabajadores-golondrina agrícolas.
Hoy no existen, con tal capacidad, aquellas CNT o IWW, pero hay síntomas de emergencia de lucha y organización desde la precariedad. Indicios de que algo se mueve. Tal vez sean pequeñas oscilaciones que serán absorbidas o tal vez los primeros brotes de algo importante. Profetizar es estéril, pero regar y dar cuidado a esos brotes será útil.
En el ámbito laboral tradicional se viven luchas parciales defensivas con fuerte repercusión pública: espartan@s de Coca Cola o estibadores de toda España... Y ha saltado la liebre en sectores en los que parecía que la fragmentación y precariedad bloquearían la resistencia. Luchas que han tomado caminos no tradicionales: trabajadores de Eulen en El Prat, repartidores de Deliveroo implicados en una movilización europea o camareras de piso que nos animan a "organizar lo imposible". 
Empresas-Plataforma como Deliveroo o Uber rompen las relaciones laborales con la ficción de mediar entre demandantes de servicio y "autónomos" que ponen los "medios de producción" (bicicletas, motos, coches) -minimizando el capital fijo a invertir por esas empresas- y asumen los gastos asociados a ello, sin sueldo fijo y con ingresos que no dan para vivir y mantienen en la precariedad. Deliveroo no despide: te borra; y Uber llama socios a los conductores ocasionales. Otras ocasionan graves problemas sociales, pagando muy pocos impuestos; Airbnb, "mediadora" en alojamientos, favorece los irregulares que crean problemas de inseguridad y convivencia.
Pues bien, esos jóvenes en bicicleta con la caja verde de Deliveroo, en principio sin víncu­los y compitiendo por los encargos, han sido capaces de iniciar un pro­ceso de organización, de hacer asambleas y huelgas, de coordinarse entre diversas ciudades e incluso con ciclomensajeros de Alemania, Francia, Reino Unido, Suecia, ­Po­lonia, Italia y Bélgica, en torno a reivindicaciones como la retribución mínima por hora o el seguro de accidente. Quizá no crean en el sindicalismo, pero hacen nuevo sindicalismo. Lo que empezó en 2016 con huelgas en Inglaterra ha tomado dimensión transnacional. 
Las Kellys son camareras de piso y limpian las habitaciones de los hoteles. Se han organizado "desde abajo" en un sector precario e invisibilizado, muy mal retribuido y subvalorado. Los hoteles -con dignas excepciones- se desembarazan laboralmente de ellas me­diante empresas multiservicios que rebajan salarios y categoría profesional. Ellas, sa­liéndose de cauces tradicionales, han logrado un gran impacto social y están ya en va­rias ciudades. Interesantes y reveladores son los vínculos establecidos con trabajadoras de las residencias de Vizcaya, que llevan más de 300 días en huelga.

También hay experiencias de organización y lucha desde la precariedad social en torno al derecho a la vivienda, contra los desahucios sin alternativa habitacional y por una nueva legislación. Ahora están surgiendo sindicatos de inquilinos, al me­nos en Barcelona y Madrid, donde en los últimos 24 meses el alquiler por m2 ha subido un 38% y un 25%. Y hay experiencias de organización de personas desempleadas o sin techo, y de grupos contra la exclusión, con menos visibilidad pero que a veces ponen en un brete a gobernantes acostumbrados a actuar en la sombra y a mentir sin desmentidos ante la atonía de su "oposición". Queda mucho por hacer, con paciencia y persistencia. 
Sin embargo, el reto planteado no es sólo la auto-organización social desde la precariedad, que es vital, sino también la construcción popular de un tejido social muy inclusivo. El reto es romper el espinazo al proyecto que quiere abandonar a su suerte a un tercio de la población y neutralizar al resto de las clases populares en la resignación y el miedo, en el marco de una inseguridad generalizada.
Las problemáticas laborales y sociales se entrelazan, porque afectan a casi toda la población, como trabajadores y/o vecinos, figuras hoy indisociables; por ello, la defensa de la libertad y la igualdad tiende a tomar aspecto de sindicalismo social. Necesitamos tejer una alianza social muy amplia, sin esperar a que se tejan alianzas políticas, aunque bienvenidas sean éstas si se dan en un sentido positivo. 
Ese sindicalismo social incluyente es decisivo para acumular las fuerzas necesarias que derroten o detengan el plan oligárquico de consolidación de un régimen autoritario y sin compromisos sociales. Un puzzle complejo, con espacios de larga tradición y otros recientes, con puntos de vista y prácticas diferentes, pero eso no es debilidad, sino fuerza.
¿Podrán fortalecerse y expandirse esos espacios? ¿Podrán dar más amplia dimensión a su actividad vinculándola con otras similares? ¿Se podrá vincular la lucha contra la pobreza con la cuestión del empleo y la garantía de ingresos mínimos? ¿Se decidirán las organizaciones sindicales a crear secciones de acción barrial/municipal/social, dando cauces de actuación a sus afiliados sin empleo o con pocas posibilidades de intervención laboral? ¿La gente de los barrios y pueblos se comprometerá en la defensa del tejido productivo, de los empleos y de los servicios públicos de su zona? ¿En qué medida lograremos construir un "vínculo ético" y un compromiso de solidaridad en el sindicalismo social y dotarle de medios de expresión en un lenguaje riguroso pero claro y sencillo, sin "politiqueo"? 
Esas preguntas no son adivinanzas, son tareas.

Revista Trasversales número 42, octubre 2017

jueves, 12 de octubre de 2017

De la Revolución de Octubre al ecocomunismo del siglo XXI


Löwy, Michael. Nació en Brasil en 1938, hijo de inmigrantes judíos vieneses. Se graduó en Ciencias Sociales en la Universidad de San Pablo en 1960, y se doctoró en la Sorbona, bajo la dirección de Lucien Goldmann, en 1964. Vive en París desde 1969. Es director de investigación emérito en el Centre National de la Recherche Scientifique (Centro Nacional de Investigación Científica); fue profesor en la École des Hautes Études en Sciences Sociales (Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales). Sus obras han sido publicadas en 24 idiomas. Entre sus libros más recientes se encuentran Redención y utopía. El judaísmo libertario en Europa central (1988); Rebelión y melancolía. El romanticismo como contracorriente de la modernidad (1992); Walter Benjamin: aviso de incendio (2001); Kafka, soñador insumiso (2004); Sociologías y religión. Aproximaciones insólitas (2009); Ediciones Herramienta y El Colectivo publicaron, en 2010, su libro La teoría de la revolución en el joven Marx. Es miembro del consejo editor de la Revista Herramienta, donde ha realizado numerosas contribuciones.
Michael Löwy**
 
La Revolución de Octubre 1917 ha abierto un horizonte emancipador que no se ha agotado, a pesar de las traiciones, las decepciones y, finalmente, la brutal restauración capitalista. Se puede aplicar a la Revolución Rusa lo que escribía Kant en 1798 (en “Las disputa de las facultades”)acerca de la Revolución Francesa:
 
Pues un fenómeno tal en la historia de los hombres ya no se olvida, pues ha revelado una disposición y una facultad para lo mejor en la naturaleza humana […]. Pero aun cuando no se hubiera alcanzado ahora la finalidad que se procuraba lograr en este acontecimiento, aun si la revolución o la reforma de la Constitución de un pueblo haya fracasado […] aquella profecía filosófica no pierde nada de su fuerza. Pues aquel acontecimiento es demasiado grande, está demasiado entretejido con el interés de la humanidad y, de acuerdo con su influencia, demasiado difundido por el mundo, en todas sus partes, como para que no emerja en el recuerdo de los pueblos, en cualquier ocasión con circunstancias propicias, y como para que no deba ser despertado con vistas a la repetición de intentos de este tipo (Kant, 1983: 361).
 
Los proyectos alternativos del siglo XXI no empiezan desde cero: pueden apoyarse en las grandes conquistas del Octubre Rojo. La Revolución Rusa nos enseña que, para cambiar la sociedad, es necesario romper con el capitalismo, establecer la propiedad colectiva de los grandes medios de producción y organizar la planificación de la actividad económica. Esto no quiere decir que no hayan existido límites, problemas y contradicciones, aun en los primeros tiempos heroicos del poder soviético. En su opúsculo La Revolución Rusa (1918), redactado en una prisión alemana, Rosa Luxemburg se solidarizaba con los bolcheviques “que han salvado el honor del socialismo internacional”, pero criticaba varias de sus decisiones y orientaciones practicas. Algunas de estas criticas –acerca de la cuestión nacional y de la distribucion de la tierra a los campesinos - son bastante discutibles, pero otras, en particular sobre la democracia y la libertad de expresión, son profundamente acertadas. Con profética intuición, Rosa Luxemburg previo que la supresión de la democracia y de las libertades en los soviets llevarían a la burocratización y la dictadura. El triunfo de la burocracia estalinista à partir del 1924 es la trágica confirmación de esta advertencia.

Los revolucionarios y comunistas del siglo XXI no pueden, entretanto, limitarse a retomar los grandes principios del Octubre del 1917 en una versión más democrática y libertaria. Problemas nuevos han surgido, no previstos ni por Lenin ni por Trotsky; ni siquiera por Rosa Luxemburg, a pesar de su sensibilidad naturalista. Entre estos problemas, imprevistos y imprevisibles en 1917-1923, la cuestión ecológica es quizás el más importante para una reformulación, en nuestra época, del programa revolucionario. Necesitamos de un proyecto comunista alternativo al capitalismo; pero este proyecto tiene que incluir, de forma central, la relación de las sociedades humanas con el medio ambiente, con la naturaleza. El marxismo revolucionario es un pensamiento y una praxis en proceso permanente de transformación, reformulación, desarrollo. Limitarse a repetir, de forma dogmática y mecánica, los escritos de Marx o Trotsky, o tratar de copiar las experiencias revolucionarias del pasado, es un callejón sin salida. El mismo Marx nos da una lección, al transformar profundamente sus concepciones acerca del Estado o del proceso histórico, en función de nuevas experiencias, como la Comuna de París del 1871.

La crisis ecológica generada por el sistema capitalista ha creado, en nuestra época, una situación nueva, que los revolucionarios tienen que tener en cuenta. La Hidra Capitalista, como dicen nuestros compañeros zapatistas, es el responsable directo de la mayor amenaza que ha conocido en su historia la humanidad: la destrucción de los equilibrios ecológicos y, en particular, el cambio climático, el calentamiento global. Se trata de un proceso nefasto que ya comenzó y que podrá llevar, en las próximas décadas, a una catástrofe sin precedente en la historia: aumento de la temperatura, desertificación de las tierras, desaparición del agua potable, incendios de los bosques, multiplicación de los huracanes, elevación del nivel del mar; hasta que Londres, Ámsterdam, Venecia, Shanghai, Río de Janeiro y las demás ciudades marítimas queden bajo el agua.

Como escribió Daniel Bensaïd, el veredicto ecológico en contra del capital es despiadado: “En relación con la regulaciones de la biosfera, la racionalidad parcial del mercado funciona al precio de una irracionalidad global creciente” (Bensaïd, 2000: 128 y ss.). Hay un conflicto irreductible entre la temporalidad ecológica y la temporalidad del mercado.

La raíz del mal es sistémica, la causa del desastre es el capital, con su dinámica de expansión al infinito, de productivismo y consumismo desenfrenados. Necesitamos, por ende, proyectos alternativos radicales, que vayan a la raíz del problema. Es decir, alternativas anticapitalistas, antisistémicas, que alcanzan el corazón maléfico de la Hidra.

El ecosocialismo –o ecocomunismo, según la terminología propuesta por Daniel Bensaïd– es una propuesta alternativa radical, que resulta de la convergencia entre la reflexión ecológica y la reflexión socialista (marxista). Su premisa fundamental es que la preservación de un ambiente natural favorable a la vida en el planeta es incompatible con la lógica expansiva y destructora del sistema capitalista. No es posible salvar los equilibrios ecológicos fundamentales del planeta sin atacar al sistema; no se puede separar la luchar por la defensa de la naturaleza del combate por la transformación de la sociedad. 

Existe hoy una corriente ecosocialista internacional que, en ocasión del Foro Social Mundial de Belem (enero de 2009), publicó una declaración sobre el cambio climático firmada por centenas de personas de decenas de países. Entre sus precursores se encuentran figuras como Manuel Sacristán (España), Raymond Williams (Inglaterra), André Gorz (Francia), James O’Connor (Estados Unidos); y entre sus representantes actuales están el coautor del Manifiesto ecosocialista internacional, Joel Kovel (Estados Unidos), el marxista ecológico John Bellamy Foster (Estados Unidos) , el indigenista peruano Hugo Blanco, la ecofeminista canadense Terisa Turner, el marxista belga Daniel Tanuro, y muchos otros.

El ecocomunismo se diferencia de dos modelos inoperantes: 1) la ecología conformista, que adapta sus propuestas al mercado y busca desarrollar un “capitalismo verde” –una ilusión nefasta o, en muchos casos, una mistificación–; 2) el así llamado “socialismo real” (la fallida URSS, China, etcétera), un caricatura burocrática del socialismo, basado en una imitación servil del aparato técnico capitalista, y en un productivismo antiecológico tan destructor de la naturaleza como su equivalente occidental.

Muchos ecologistas critican a Marx por considerarlo un productivista. Tal crítica nos parece completamente equivocada: al hacer la crítica del fetichismo de la mercancía, es justamente Marx quien coloca la crítica más radical a la lógica productivista del capitalismo, la idea de que la producción de más y más mercancías es el objeto fundamental de la economía y de la sociedad.

El objetivo del socialismo, explica Marx, no es producir una cantidad infinita de bienes, sino reducir la jornada de trabajo, dar al trabajador tiempo libre para participar de la vida política, estudiar, jugar, amar. Por lo tanto, Marx proporciona las armas para una crítica radical del productivismo y, ante todo, del productivismo capitalista. En el primer volumen del El capital, Marx explica cómo el capitalismo agota, no solo las fuerzas del trabajador, sino también las propias fuerzas de la tierra, agotando las riquezas naturales. Así, esa perspectiva, esa sensibilidad, están presentes en los escritos de Marx; sin embargo, no ha sido suficientemente desarrollada.

Es verdad, sin embargo, que muchos marxistas consideran que la tarea de una revolución es únicamente cambiar las relaciones de producción, que se han convertido en trabas para el desarrollo de las fuerzas productivas. Para los ecosocialistas, se necesita una visión mucho más radical y profunda de lo que debe ser una revolución socialista. Se trata de transformar, no solo las relaciones de producción y las de propiedad, sino la propia estructura de las fuerzas productivas, la estructura del aparato productivo. Hay que aplicar al aparato productivo la misma lógica que Marx pensaba para el aparato de Estado a partir de la experiencia de la Comuna de París, cuando dijo que los trabajadores no pueden apropiarse del aparato del Estado burgués y usarlo al servicio del proletariado; esto no es posible, porque el aparato del Estado burgués nunca va a estar al servicio de los trabajadores. Entonces, se trata de destruir ese aparato de Estado y crear otro tipo de poder.

Esa lógica tiene que ser aplicada también al aparato productivo: este tiene que ser, si no destruido, al menos sí radicalmente transformado. Este no puede ser simplemente apropiado por las clases subalternas y puesto a trabajar al servicio de estas, pues necesita ser transformado estructuralmente. A manera de ejemplo, el sistema productivo capitalista funciona sobre la base de fuentes de energía fósiles, responsables del calentamiento global –el carbón y el petróleo–, de modo que un proceso de transición al socialismo solo sería posible cuando tuviera lugar la sustitución de esas formas de energía por energías renovables, que son el agua, el viento y, sobre todo, la energía solar.

Por eso, el ecocomunismo implica una revolución del proceso de producción, de las fuentes energéticas. Es imposible separar la idea de comunismo, es decir, de una nueva sociedad, de la idea de nuevas fuentes de energía, en particular del sol; algunos ecocomunistas hablan del comunismo solar, pues entre el calor, la energía del sol y el comunismo habría una especie de afinidad electiva.

 Pero no basta tampoco con transformar el aparato productivo y los modelos de propiedad; es necesario transformar también el patrón de consumo, todo el modo de vida en torno al consumo, que es el patrón del capitalismo, basado en la producción masiva de objetos artificiales, inútiles, y peligrosos. Por eso se trata de crear un nuevo modo de consumo y un nuevo modo de vida, basado en la satisfacción de las verdaderas necesidades sociales, que es algo completamente diferente de las presuntas y falsas necesidades producidas artificialmente por la publicidad capitalista. De ello se desprende pensar la revolución ecosocialista como una revolución de la vida cotidiana, como una revolución por la abolición de la cultura del dinero impuesta por el capitalismo.

Es necesaria una reorganización del conjunto de modo de producción y de consumo, basada en criterios exteriores al mercado capitalista: las necesidades reales de la población y la defensa del equilibrio ecológico. Esto significa una economía de transición al socialismo, en la cual la propia población –y no las “leyes de mercado” o una oficina política autoritaria– decidan, en un proceso de planificación democrática, las prioridades y las inversiones.

 Esta transición conduciría, no solo a un nuevo modo de producción y a una sociedad más igualitaria, más solidaría y más democrática, sino también a un modo de vida alternativo,a una nueva civilización ecosocialista más allá del reino del dinero, de los hábitos de consumo artificialmente inducidos por la publicidad y de la producción al infinito de mercancías inútiles. El “Buen Vivir” de la tradición indígena de las Américas es una importante fuente de inspiración para esta alternativa.

 El ecocomunismo no es solo la perspectiva de una nueva civilización, de una civilización de la solidaridad –en el sentido profundo de la palabra: solidaridad entre los humanos, pero también con la naturaleza–; es también una estrategia de lucha, desde aquí y ahora. No se trata de esperar hasta el día en que el mundo se transforme, sino de comenzar desde ahora a luchar por esos objetivos. Los indígenas de América Latina, desde las comunidades andinas del Perú hasta las montanas de Chiapas, están en la primera línea de este combate en defensa de la Madre Tierra, de la Pachamama, en contra de la Hidra Capitalista.

Así, el ecosocialismo es una estrategia de convergencia de las luchas sociales y ambientales, de las luchas de clases y de las luchas ecológicas, de las luchas indígenas y de las luchas de mujeres, contra el enemigo común que son las multinacionales del petróleo o de la minería, el neoliberalismo, la Organización Mundial del Comercio (OMC), el Fondo Monetario Internacional (FMI), el imperialismo americano, el capital financiero globalizado. Estas son algunas de las cabezas de la Hidra, que es el enemigo común de los pueblos del mundo entero.

Llevar adelante este combate es el mejor homenaje que podemos rendir a los revolucionarios de Octubre 1917.
 
Bibliografía
 
Bensaïd, Daniel, Le sourire du spectre. Nouvel esprit du communisme. París: Michalon, 2000.
Kant, Immanuel, “Der Streit der Fakultäten”. En: –, Werke in sechs Bänden. Ed.de Wilhelm Weischedel. Darmstadt: WBG, 1983, vol. VI, pp. 265-393.