Mostrando entradas con la etiqueta racismo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta racismo. Mostrar todas las entradas

lunes, 25 de marzo de 2013

MELILLA - Un paradigma de inhumanas políticas migratorias

PATRICIA SIMÓN
Miércoles 20 de marzo de 2013

[La Asociación Pro Derechos Humanos d Andalucía (APDH) acaba de publicar el informe Derechos Humanos en la Frontera Sur 2013, cuyo PDF se puede encontrar al final de este artículo, y cuya lectura recomendamos vivamente. Este artículo sobre Melilla está incluido en el informe.]

El sábado 10 de marzo, un grupo de 52 hombres y mujeres eran engañados y deportados por el gobierno español a su país, República Democrática del Congo (RDC), tras sobrevivir a peligrosos viajes migratorios que habían comenzado incluso seis años atrás, cuando huyeron del territorio más pobre de África y de sus guerras. Habían sido objeto de una burla maquiavélica e ilegal del gobierno español.

Tras años de lucha por la supervivencia para llegar a suelo europeo, recalaron por fin en la Ciudad Autónoma de Melilla, donde el principal enemigo de los migrantes es el tiempo, la espera y la nada. Esta ciudad amurallada por una doble valla de siete metros de altura y parapetada por el mar, se convierte en una cárcel para las miles de personas que alcanzan este territorio pensando que será la antesala de la casilla de llegada. Sin embargo, una vez superada la valla metálica que circunda la ciudad de 12 kilómetros cuadrados, sólo les espera el Centro de Estancia Temporal para los Inmigrantes (CETI), un edificio en el que vivir durante meses hacinados -­con una capacidad para 450 personas, en 2012 llegó a albergar 800– comer tres veces al día y del que huir saltando las tapias cuando la Policía irrumpe para realizar redadas.

El resto, matar el tiempo: salir al descampado que lo rodea para estirar las piernas, respirar aire fresco y descansar la vista sobre un horizonte que se va difuminando según van pasando los meses y los años, con el existir como todo derecho, sin molestar, sin revelar con su sola presencia que Melilla mantiene anuladas a cientos de personas con la arbitrariedad de una política de extranjería que pendula entre las deportaciones a los países de origen y los traslados a la Península Ibérica dependiendo de las plazas disponibles en el CETI y los intereses de las relaciones internacionales.
Pero a veces, el miedo y el silencio se resquebrajan por el agotamiento. Y así fue como a principios del 2012, las mujeres y hombres congoleños -­ algunos de los cuales llevaban más de tres años en Melilla-­, decidieron dejar de ser invisibles y pedir su traslado a la Península a través de manifestaciones y huelgas de hambre ante la Delegación del Gobierno. Sabían que España no deportaba a la República Democrática del Congo (RDC) porque no existían acuerdos de repatriación y porque es de sobra conocido que es un país donde se violan los derechos humanos de la población civil. Finalmente, la Delegación del gobierno cedió ante las protestas y les comunicó que serían trasladados a Centros de Internamiento de Extranjeros (CIE) en la Península desde donde serían puestos en libertad tras agotar el plazo máximo legal de 60 días de encierro. Aquel fue un día de celebración y lágrimas de alivio. Se presentaron a la hora y lugar acordados para ser voluntariamente trasladados al CIE de Algeciras unos y otros al madrileño de Aluche.

Pocos días después, el sábado 10 de febrero, según nos contó telefónicamente una inmigrante boliviana detenida en Aluche, “fueron reunidos en los calabozos, se les ordenó que recogieran todas sus cosas, por lo que pensaron que iban a ser liberados. Pero empezaron a repartirles bocadillos y agua, y aquí cuando te van a soltar no te dan nada. Simplemente abren la puerta. Entonces sospechamos que iban a deportarlos”.

Según el relato de algunos de los expulsados, fueron reunidos en Barajas junto a los que trasladaron desde Algeciras. Entre ellos, algunos demandantes de asilo a los que se les había denegado. Sólo dos mujeres embarazadas se quedaron en España. La noticia llegaba a Melilla horas después, cuando algunos de ellos llamaron a sus compatriotas llorando para contarles que estaban en Kinshasa, capital de RDC, y que estaban siendo trasladados al Centro Penitenciario y de Reeducación de Kinshasa, donde hasta hace unos pocos años, morían diez personas al día por inanición y donde se encierran a los considerados opositores del régimen. El temor por sus vidas se extendía entre sus compatriotas en Melilla y en los activistas de la ONG Prodein, que siguió desde el principio el asunto.

domingo, 13 de marzo de 2011

Manifestación: "Contra el racismo y la xenofobia"



El próximo viernes celebraremos nuestra manifestación anual contra el racismo y la xenofobia. Redadas racistas, discriminaciones en los bares, inmobiliarias que no alquilan a inmigrantes, multas a prostitutas y manteros... Frente a estas realidades que se viven en nuestro entorno, queremos alzar la voz y defender unas ciudades sin fronteras. Unas ciudades en las que todas sus vecinas y vecinos sean reconocidos iguales en derechos y respetados en sus diferencias. Nos vemos en las calles. No dudéis en traer vuestras propias pancartas.

http://www.sosracismo.org/

domingo, 13 de junio de 2010

¿Necesitamos inmigrantes?


por June Fernández, * Integrante de SOS Racismo Bizkaia Deia.


EL anterior Gobierno vasco lanzó una campaña bajo el lema Gracias a la inmigración nuestro país avanza. Mostraba imágenes como la de una mujer latina cuidando de un anciano en silla de ruedas. La pretensión era loable: concienciar a la sociedad sobre la contribución que hacen las personas inmigrantes a nuestra economía y reconocer su papel en suplir algunas de nuestras carencias estructurales: como la falta de corresponsabilidad de los hombres respecto a las tareas domésticas y de cuidados, y la escasez de recursos públicos para atender dichas necesidades, lo cual explica la gran demanda de mujeres inmigrantes (manteniendo los tradicionales roles sexistas) en estos trabajos de limpieza y cuidados.

Sin embargo, muchas personas desconfiamos en su momento de esa campaña. Por una parte, resultaba injusto aplaudir el papel de la mujer cuidadora de la imagen, ya que puede que en realidad fuera arquitecta, bióloga, artista o periodista, y en cambio la Ley de Extranjería la abocaba a uno de los sectores más precarios, invisibles y menos reconocidos. Pero el principal problema era el mensaje de que había que aceptar la inmigración porque la necesitábamos para nuestro desarrollo económico, para disponer de mano de obra barata que cubriera los puestos de trabajo que en época de bonanza la gente autóctona no quería cubrir. Algunas nos preguntábamos entonces: ¿qué pasará con este mensaje cuando dejemos de necesitarlas? ¿Cómo convenceremos entonces a la población de que hay que seguir defendiendo la igualdad de derechos?

Efectivamente, llegó la crisis, y lo primero que hizo el Gobierno español fue anunciar un Plan de Retorno Voluntario para inmigrantes en paro y la reducción prácticamente a cero de las contrataciones en origen, dejando en la práctica como única vía de regularización la de demostrar el arraigo social, la que implica tener que vivir tres años de forma irregular, trabajando en la economía sumergida, con el consiguiente riesgo de explotación laboral.

El segundo paso fue iniciar una restrictiva reforma de la Ley de Extranjería que, en palabras del ministro Corbacho, adaptase el fenómeno migratorio a la nueva realidad económica. Es decir, desde que el Gobierno reconoció que estábamos en crisis, se dedicó a defender que la mano de obra extranjera ya no hacía falta, que las personas inmigrantes asentadas sobran, y asumió el principio xenófobo de prioridad nacional: "Los españoles primero".

Esa estrategia de utilizar la inmigración como cortina de humo para desviar la atención sobre las verdaderas causas y responsables de la crisis ha venido acompañada por una intensa campaña de desprestigio por parte de partidos políticos y medios de comunicación de derechas: criminalización de colectivos como los menores no acompañados, intentos por parte de ayuntamientos como el de Vic de no empadronar a inmigrantes sin papeles bajo la acusación de que acaparan los servicios públicos, reportajes de periódicos de gran tirada destacando el número de inmigrantes que cobran renta básica o ligando el fraude en el acceso a las ayudas con la inmigración, imágenes estigmatizantes de pisos patera...

En este tiempo, otras voces, en cambio, han esgrimido datos reales como que las personas inmigrantes aportan de media más en impuestos que lo que cobran en prestaciones, que la inmigración sigue siendo necesaria para sostener nuestro sistema de pensiones y rejuvenecer la sociedad… Estos argumentos son útiles para combatir prejuicios como los que presentan a la inmigración como una amenaza para el Estado del bienestar, pero no deben ser el centro del debate sobre la inmigración.

¿Necesitamos la inmigración o ésta sobra? ¿Hay poca o mucha? Ésa no es la discusión que interesa a SOS Racismo. La cuestión es que la inmigración es un hecho, algo inherente al ser humano, que acostumbra a moverse para mejorar su vida. Claro está, en los últimos años, las desigualdades Norte-Sur y las facilidades para viajar que propicia la globalización han hecho que sean más que en otras épocas las personas que se han asentado en nuestro país. Repito: esas personas se han asentado. Ya no son extranjeras: son vascas. Viven aquí, trabajan o estudian aquí, se enamoran y forman una familia, disfrutan, sufren... Vivir esos movimientos con ansiedad, como "oleadas masivas" de inmigrantes que hay que controlar y frenar es una exageración que no contribuye más que a generar una alarma social del todo irracional que está minando la cohesión social.

El principal error de la política migratoria española es que sigue tratando la inmigración igual que en los años noventa: como un fenómeno puntual, extraordinario y pasajero. En estos quince años aproximadamente de leyes de extranjería, no se han desarrollado políticas públicas integrales y serias de gestión de la diversidad. Los gobiernos hablan de quienes llegan pero no de quienes se quedan. ¿Qué se ofrece a esos millones de personas que han elegido el Estado español como su lugar para desarrollarse como personas y que se sienten parte de nuestra sociedad porque lo son? Por ahora, desconfianza, restricción de sus derechos, invitaciones a que vuelvan a sus países (aunque ya se sientan tan de aquí o incluso más que de allá, que por eso ha fracasado el citado Plan de Retorno). A este paso, seguiremos el penoso ejemplo de Francia: seguir tratando como extranjeros a los hijos de hijas de quienes se asentaron en Euskadi hace décadas, alimentando así el racismo y la exclusión social.

Mientras el Gobierno vasco ficha a investigadores excelentes en el extranjero, la bióloga que migró para dar un impulso a su carrera se encuentra limpiando casas. A la que lleva velo no se le considera capaz de desarrollar su vocación porque está oprimida por el machismo islámico. Tanto el menor no acompañado que soñaba con estudiar Física en una universidad europea como el que migró para trabajar y ayudar así a su familia se encuentran aislados en un centro en el que, si tienen suerte, podrá apuntarse a algún cursillo de mecánica o carpintería y del que es probable que salgan sin papeles, sin dominar el castellano ni haber podido tejer una red social que les apoye en su emancipación.

En definitiva, ya vale de hablar de control de flujos, de quien falta o quien sobra. Hablemos de una vez de los recursos que tenemos, del "capital social y humano" (como está de moda llamarlo): las personas que viven en este país, al que quieren aportar conocimientos y riqueza, y se encuentran en cambio confinadas sin fecha de caducidad a la etiqueta opresora de "los otros".

El reto es gestionar la diversidad desde la óptica de la igualdad de derechos. Eso también será beneficioso en términos económicos, porque las personas a las que ahora no se reconoce como ciudadanas tienen mucho que aportar también a ese nivel, y porque la economía sumergida y la exclusión social nos lastran.

Pero esa no puede ser nuestra principal preocupación. Porque no queremos vivir en un país que prima el desarrollo económico sobre el desarrollo humano. Queremos vivir en unas ciudades sin fronteras (como reza la campaña estatal que apoyamos), en las que las personas sean libres e iguales en derechos y oportunidades, puedan desarrollarse y aportar sus saberes; ciudades en las que la diversidad sea fuente de riqueza y no de conflicto. Aparquemos el miedo y lo prejuicios, y preocupémonos por cómo hacer de esta sociedad un entorno respirable y justo, en el que se respete y reconozca a todas y cada una de las personas que viven en ella.

domingo, 12 de julio de 2009

Lotsaren lotsaz





Joxe Iriarte, Bikila

Bortxakeria sexuala, edozein delarik bortxatua eta bortxatzailea, izugarrikeria bat da. Salagarria, guztiz gaitzesgarria eta kontra egin beharrekoa, ezbairik gabe. Horregatik joan nintzen, uztailaren 6ean (San Fermin bezperan) Oreretako emakume taldeak bortxaketa bat salatzeko deituriko elkarretaratzera. Askotariko jendea zegoen bertan. Baita ere arabiar talde bat, gehienak gazteak. Beraien ahotik jakin nuen bortxaketaren ustezko egilea gazte arabiar bat omen zenaren aitzakian, auzoko arabiar komunitateak (eta beraien denda eta meskitak) era desberdineko mehatxuak jasaten ari zela. Hori kontuan izanik, elkarretaratzea bukatuta, SOS Arrazakeriako lagun bat tarteko, mehatxuak jasan dituen Ondartxo auzoko arabiarren tabernara joan ginen zenbait lagun, arazoa bertatik bertara ezagutu asmoz. Baita ezagutzea lortu ere.

Hizketan ari ginela, auzotarrek osaturiko salaketa manifestazioa hurbildu zitzaigun eta aurrez aurre jarri. Benetan, egoera bitxia bezain gogorra. Gorrotoa zenbait manifestariren aurpegitan (batzuk ezagunak gainera, garai bateko herriko manifestazio eta asanbladetan parte hartutakoak, eta orain manifestazio xenofobo batean). Bai, manifestazio xenofobotzat jotzen dut, jarrerak eta oihuak oso esanguratsuak eta zoritxarrez oso garbiak zirelako: «Alde hemendik!», «Moroak kanpora!», eta gisakoak. Alegia, ezin da aitzakiarik jarri (holako kasuetan esaterik balego) «bortxatzaileen aurka» ari zirela esanez, zeren ustezko bortxatzailea jadanik atxilotuta baitzegoen, eta tabernan bilduta zeudenak (zer esanik ez meskitan) arazoan erantzukizunik ez zuten gazte eta zahar arabiarrak ziren... eta gu. Zertara zetozen, horrelakoetan erru eta erantzukizun kolektiboak badirela sinisten ez badugu behintzat…? Eta ez dirudi hala denik usu: esate baterako, duela urte bete Iruñako San Fermioetan bertako famili ezagun eta dirudun bateko semeak Irungo neska gazte bat bortxatu eta hil zuenean, inori ez zitzaion burutik pasa «Nafarrak kanpora!» edo «Dirudunak kanpora!» oihukatzea.

Denok kezkaz beterik geunden. Izuturik. Hori garbi utzi nahi dut. Kanpoko giroa ikusita, lagun marokoarrekin batera izua sentitua nuen taberna barruan. Haiekin batera mehatxatua ikusi nintzen herritar askorengandik.

Eta Ertzaintza agertu zen. Ni ez nago edozein manifestazio, eta beti, erregulatzearen alde; inprobisazioari, protesta eta salaketa egiteko bat-batekotasunari bidea eman behar zaio. Alabaina, gehienetan hain zorrotz jokatzen duen Ertzaintzak kasu horretan ez zion garrantzirik eman manifestazio hura baimenik gabekoa izateari. Mehatxu xenofoboak delitutzat jotzen dira, baina ez nuen ikusi inongo atxiloketarik, ezta ere nortasun agiri eskaerarik, edota ohikoak diren bideo filmaketarik. Aldiz, taberna barruan zeudenei, bai: ertzainek, bertan sartu eta gazte batzuei ohartarazi zieten ez ateratzeko kanpora istiluak sortzea! Amorruz erantzun nion ertzainari: «Jauna: hauek dira mehatxatuak daudenak, ez kanpokoak!».

Dena den, izua baino mingarriagoa egin zitzaidan egoerak eragindako auzo lotsa. Izan ere, beti harro egon naiz Errenteria-Oreretan jaio izanaz eta, batez ere, bere borroketan parte hartu izanaz. Herri errebeldea, injustiziaren aurkako borrokalariz betea, eta esate baterako, homofobiaren aurka egotea hain zaila zen garaietan puntan edo abangoardian izandako herria. Badakit distira duen guztia ez dela urrea, eta herri ezkertiarrean ere badaudela atzerakoiak eta era guztietako jendilajeak. Baina, Errenteriako Iztieta auzoan ikusi eta entzun dudana gurean gerta zitekeela esan balidate urte batzuk lehenago, ezingo nuen sinetsi. Bai. Etorkin arabiarrekiko (moroekiko, beraien hizkeran) erkide askok agertu duten jarrera oldarkor eta mehatxugile ikusita, euskalduna eta errenteriarra izateaz lotsatu egin nintzen. Nazka sentitu nuen.

Halaz ere, larriena ez da nazka sentitzea edo zenbait herritarrekin lotsatua egotea. Gehien larritzen nauena horrelako gertaerek etorkizunari begira islatzen dutena edo adieraz dezaketena da. Alde batetik, logikoa iruditzen zait Errenteriako Iztieta bezalako auzotegietako bizilagun asko oso kezkaturik, are haserreturik egotea auzo horien gainbeherak sortu dituen arazoak (langabezia eta marjinazioa, seguritate eza, eta abar luzea) ikusita. Eta onuragarria iruditzen zait gainbehera horren aurka antolatzea eta protesta egitea. Baina, erroetara joz. Hori zen antzinako Errenterian egiten genuena: erroetara jo. Alegia gizarte kapitalistak sortzen dituen arazoak hausnartu, eta gizarte berri batean alde borrokatu. Erradikalak, ez erreakzionarioak.

Hor datza desberdintasuna. Izan ere, ikuspegi erradikalik ezean, arazoek sorrarazten dituzten erreakzioak guztiz atzerakoiak izan daitezke. Krisi garaiak oso aproposak izaten dira arazoak eztandarazteko. Arrazakeria da arazoei aurre egin beharrean ihes egiteko eta auzoa defendatzeko biderik okerrena. Europa osoan ikusi ditugu garai bateko auzo langile ezkertiarrak eskuin xenofoboaren gotorleku bihurtzen arrazakeriaren eskutik. Eskuinak, kapitalistek, faxistek, edota auzoetan sortzen diren demagogo populistek bultzaturik edo xaxaturik, arrazakeriak eta xenofobiak dena kiskal dezake. Ezkerra bera, etorkinekin batera, izanik kaltetuena, kiskaliena.

Defenda ditzagun auzoak krisitik! Aurre egin diezaiegun Iztieta bezalako auzoetan dauden arazo sozialei! Baina ez gaitezen eror arrazakeria merke bezain kaltegarrian. Oraindik garaiz gaude!.


MANIFESTACIÓN CONTRA LA REPRESIÓN SINDICAL



El pasado día 8 de julio a las 12:00, tal y como estaba previsto y siguiendo la convocatoria de CC.OO. de Euskadi, unos 200 delegados, afiliados y simpatizantes del sindicato se dieron cita en la plaza del Ayuntamiento de Erandio para manifestarse en contra de un abuso empresarial flagrante: el despido de un delegado de personal del sindicato, motivado por la denuncia que había hecho referente a la precaria situación laboral que padecían algunos de sus compañeros inmigrantes. Tanto el delegado como el sindicato están llevando a cabo una intensa pelea por la readmisión al puesto de trabajo.

Sasyma, empresa metalúrgica ubicada en la ribera de Erandio, junto al puente de Astrabudua, siempre se ha caracterizado por la represión de la libertad sindical y el ataque a aquellos trabajadores que han reivindicado sus derechos. En el caso que nos ocupa, trabajadores de origen rumano hacían jornadas de hasta 16 horas, a cambio de un salario base de 330 euros. Uno de los trabajadores sufrió una quemadura que incluso le llego a provocar una profunda herida en una pierna, impidiéndole la empresa cogerse la baja médica, presionándole con constantes amenazas de no pagarle.

Al grito de “Obrero despedido, patrón colgado”, “Sasyma, negrero, explotas al obrero”, “Despidorik ez”, y otras similares denunciando esta situación de explotación y exigiendo la readmisión del despedido, la manifestación se ha dirigido hacia los locales de la empresa por la carretera de la ría, donde se ha realizado una concentración de aproximadamente un cuarto de hora de duración, haciéndose oír las reivindicaciones que han motivado la marcha.

Casos como el de Sasyma se dan a diario en multitud de empresas, y anécdotas sin duda mucho más graves también. Hay que sacar todo esto a la luz pública, y denunciar a estos empresarios sin escrúpulos que no respetan ningún tipo de derecho laboral, y para los que el trabajador sólo tiene dos cometidos: trabajar y cerrar la boca. A por ellos.

¡SASYMA, NEGRERO, EXPLOTAS AL OBRERO!

DESPIDORIK EZ!