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lunes, 17 de febrero de 2014

Mozal Legearen aurkako

La ley mordaza: una ley para acabar con la protesta.

Diferentes Organizaciones Sociales en Bizkaia nos sumamos a la campaña de movilización que en estas fechas se llevan a cabo en diferentes puntos del estado español en denuncia de las políticas legislativas que restringen libertades de la ciudadanía y, al mismo tiempo, criminalizan la protesta ciudadana y social.

En esta ocasión denunciamos las atroces reformas que se están tramitando: el Código Penal y la Ley para la Protección de la Seguridad Ciudadana (ley mordaza)."
Se busca empeorar la baja calidad de la democracia que padecemos. No solo no nos escuchan, quieren criminalizar la protesta.  Se trata de legitimar la represión recortando los derechos fundamentales de manifestación, reunión, opinión, información y huelga, lo que supone un estado de excepción permanente.
Esta Ley introduce, con la excusa de proteger la seguridad ciudadana, un mecanismo para que el Gobierno utilice de manera arbitraria las multas administrativas, con el fin de castigar aquellas opiniones y actos que al poder político y económico le parezcan inadecuadas, incorrectas, inaceptables o peligrosas, aunque esas opiniones no sean constitutivas de delito.

Es lo que se denomina represión de baja intensidad: se identifica a quienes protestan, en vez de cargar en su contra, y a posteriori se les envía una multa a casa con la intención de que tras varias multas al cabo del año, de varios cientos o miles de euros, se les quiten las ganas de manifestarse.  La policía no deja además de reservarse el derecho a hacer uso de la represión por cualquier otro medio incluyendo los más duros cuando lo considere necesario.
Las sanciones anunciadas por insultar a un policía irán de 1.000 a 30.000 €.  Por realizar un escrache, grabar a policías durante su actuación si se considera que compromete su trabajo o realizar concentraciones frente al Congreso podrán alcanzar 600.000 €.  Incluso podrán multarse supuestos que antes no eran sancionables como participar en concentraciones no comunicadas a Delegación de Gobierno.
Además la utilizan como excusa para reformar el Código Penal, donde se amplía la relación de delitos que apuntan a los repertorios de lucha utilizados por los movimientos sociales en los últimos años:  la paralización de desahucios, la ocupación de sucursales bancarias, las sentadas, la difusión de convocatorias por redes sociales, la solidaridad con las personas migrantes , etc.  Estas acciones podrán ser definidas como atentados contra la autoridad.
No debemos interpretar todos estos cambios como un mero endurecimiento más sino como un cambio cualitativo.  Solo como ejemplo, actualmente insultar a un policía se juzga en un juicio de faltas, con garantías procesales ante un juez, donde debe probarse que efectivamente ese insulto ha existido.  Sin embargo, una vez que se aprueben las reformas, las multas este tipo de faltas castigadas por procedimiento administrativo  deberán ser primero pagadas tras recibir la pertinente notificación.  La mera palabra del policía será suficiente como prueba de cargo, será Juez y parte.  Si además se quiere recurrir la sanción a posteriori en un juzgado habrá que pagar las nuevas tarifas de la Ley de Tasas Judiciales aprobada hace un año.  Se obstaculiza de esta forma la apelación a la justicia por lo que estamos en una situación "muy cercana" a la indefensión y la arbitrariedad.
Se trata de un cambio de régimen, de un intento de golpe de estado hacia un totalitarismo de nuevo cuño, una suerte de neofranquismo.

El 23 de Febrero te esperamos en la Plaza Moyúa de Bilbao a las 12:00 h.

NO TE CALLES,  A LA CALLE

Aralar, Berri Otxoak, Amnistía Internacional, Antikapitalistak, Asamblea Antifaxista Basauri, Bilgune Feminista, CGT-LKN Bizkaia, Economistas sin fronteras, Ecuador Etxea,  Ezker Anitza - IU, EQUO, ESK, Ezker Batua-Berdeak, Kakitzat,  Gazte Komunistak, Greenpeace, Hika Ateneo, Ikasle Ekintza, M15M Bizkaia, Mbolo Moy Doole (Nosomosdelito), PCE-EPK, P.A.H. Kaleratzerik Ez, Republicanos, Sagarrak Ekologista Taldea, SORTU, SOS Racismo Bizkaia. 


domingo, 27 de marzo de 2011

Manifestazioa

Gernikako Akordioa sustatzen dugun eragile politiko, sindikal eta sozialok Euskal Herriko jendarteari adierazi nahi diogu:

Espainiako Auzitegi Gorenak Sortu alderdi politikoa ez legeztatzeko hartu duen erabakiak euskal gizartearengan eragindako egonezinaren jabe gara. Azken batean, Sortu ez legeztatzeak espainiar Estatuak euskal herritarren oinarrizko eskubide zibil eta politiko guztiekiko duen begirune eskasa berriro agerian uzten du. Gure iritziz, bake eta normalizazio politiko agertoki baterantz bidean, giza eskubideak oinarri izanik, eskubide zibil eta politiko guztiekiko begirunea ezinbestekoa da.

Tamalez, Espainiako Auzitegi Gorenak hartutako erabakiak berriro ere espainar Estatuak heldutasun demokratiko eskasa erakutsi du. Gernikako Akordioa izenpetu dugun eragile guztion aburuz, espainiar Estatuak legalizazioak eta jarduera politiko guztien normalizazioa kontrapartida politikorik eskatu gabe eman behar ditu

Gauzak horrela, ez dugu zalantzarik erabaki berri honen bitartez espainiar Estatuak Euskal Herrian abian dagoen bake eta normalizazio prozesua zapuztu nahi duela. Gainera Auzitegi Gorenaren erabakia ez da, zoritxarrez, uharte bat ozeano zabalean, ezta gutxiago ere. Azken hilabeteetan Estatuak Euskal Herrian behin eta berriz oinarrizko eskubideen aurkako jarduera latzak kateatu egin ditu, hala antolakunde independentistetako kideen atxiloketak nola tortura kasu izugarriak.

Badakigu Euskal Herriko jendarteak bake eta normalizazio politiko agertokia nahi eta behar duena. Badakigu Euskal Herriko gehiengo politiko, sindikal eta sozialak eskaera honekin bat egiten duena. Hargatik, Gernikako Akordioarekin bat egin dugun eragileok espainiar Estatuak euskal jendartearen gainean etsipen zama astuna utzi nahi duela pentsatzen dugu.

Gernikako Akordioa sinatzen dugunok Euskal Herriko jendarteari gaurkoan ere prozesu honen motorea izan behar duela jakinarazi nahi diogu, berari eta bakarrik berari prozesu honetako protagonismo guztia baitagokio. Gure lana jendarte horren mesedean tresnak jartzea da, prozesuaren baitan dagokion protagonismoa har dezan tresnak eskaintzea, hain zuzen ere. Luze jotzen duen ibilbidea egiteko tresna berriak, tresna desberdinak eskaintzeko konpromisoa hartzen badugu ere, gaurkoan etsipen oro gaindituz bidea eginez segitzeko tresna zehatza jarri nahi dugu Euskal Herriko jendarte osoaren esku: apirilaren 2an, Bilbon La Casillatik arratsaldeko 5´30etan abiatuko den nazio manifestazioan parte hartzeko deia luzatzen diogu. “Euskal Herriarentzat normalizazioa. LEGALIZAZIOA ORAIN!” lelopean Bilboko kaleak legalizazioa eta jarduera politiko guztien normalizazioa nahi dituen gizarte oso baten bozgoragailuak izango dira.

Los agentes políticos, sindicales y sociales que suscribimos el Acuerdo de Gernika queremos hacerle saber a la sociedad vasca:

Nos hacemos eco del profundo malestar que ha generado en la sociedad vasca la decisión tomada por el Tribunal Supremo español para no legalizar a Sortu. Esta decisión demuestra el desprecio del Estado español por el respeto de los más elementales derechos civiles y políticos de la ciudadanía vasca. En nuestra opinión, tomando como base los derechos humanos, el respeto a los derechos civiles y políticos es imprescindible para avanzar ahcia un escenario de paz y normalización política.

Por desgracia, la decisión del Tribunal Supremo vuelve a mostrar la escasa madurez democrática del Estado español. En opinión de los agentes que firmamos el Acuerdo de Gernika, el Estado debe legalizar y normalizar toda actividad política sin exigir ningún tipo de contrapartida política a cambio.

No nos queda ninguna duda de que el Estado con esta nueva decisión ha pretendido hacer fracasar el proceso de paz y normalización plítica abierto en Euskal Herria. No obstante, esta decisión no es, por desgracia, una isla en el océano, ni mucho menos. En los últimos meses el Estado español no ha dejado de realizar acciones de sabotaje al proceso abierto, como las detenciones de militantes de organizaciones independentistas o las torturas que han sufrido muchas y muchos de ellos.

Sabemos que la sociedad vasca quiere un escenario de paz y normalización política. Nos consta que la mayoría social vasca quiere estar ahí. Por eso consideramos que el Estado pretende dejar una pesada carga de escepticismo y resignación sobre esa sociedad para convencerla de que su legítimo deseo es imposible.

Quienes firmamos el Acuerdo de Gernika le queremos hacer saber a la sociedad vasca que ella es el motor de este proceso, que el protagonismo del mismo sólo le corresponde al conjunto de ciudadanos y ciudadanas vascas. Nuestra función es tratar de ofrecer instrumentos a esa sociedad para que pueda hacer efectivo su protagonismo en este proceso. Nos comprometemos a esforzarnos por ampliar nuestra oferta de instrumentos para un camino que prevemos largo. Hoy venciendo toda resignación queremos seguir haciendo camino todas y todos juntos. Esa es nuestra fuerza. Por eso hacemos un llamamiento a toda la sociedad vasca para que participe en la manifestación nacional que el próximo 2 de abril a la 17´30h. partirá desde La Casilla en Bilbo. Las calles de Bilbo serán el altavoz de una mayoría social que bajo el lema “Euskal Herriarentzat normalizazioa. LEGALIZAZIOA ORAIN!” reclama pasos efectivos hacia la normalización de toda actividad política en Euskal Herria.

REVOLUCIÓN Y CONTRARREVOLUCIÓN EN LIBIA



UN DEBATE EN EL SENO DE LA IZQUIERDA
Javier Cordón; Marcelino Fraile y Jesús Jaén (Marzo 2011)

El sábado 19 de marzo, Naciones Unidas aprobaba la resolución 1973 donde se daba luz verde a la creación de una zona de exclusión aérea en Libia. A las 17 horas y 45 minutos aviones franceses bombardeaban objetivos militares de Gadafi. La intervención internacional era ya un hecho.

A las pocas horas se producían reacciones entre diferentes sectores de izquierda convocando concentraciones y manifestaciones contra la agresión imperialista. Hasta en el Congreso de los Diputados hemos vuelto a escuchar un “No a la Guerra” por parte de IU.

Escribimos estas líneas para apoyar una revolución en curso. La del pueblo árabe contra las dinastías reaccionarias que han gobernado con mano de hierro a sus pueblos; y contra las potencias occidentales que se han beneficiado más que nadie de este tipo de regímenes. Apoyar la revolución árabe, ahora, es apoyar a los revolucionarios libios que se enfrentan a Gadafi.

No queremos tener deudas con nadie. Ni callar aquello que resulta tan obvio. Debería ser que la izquierda estuviera al lado de los oprimidos. Pero resulta que hay una izquierda en el mundo y aquí que se ha movilizado contra la intervención imperialista pero que ha silenciado, contemporizado o apoyado los crímenes de Gadafi.

Para ellos la guerra civil en Libia no empezó con la revolución popular el 17 de febrero sino con la intervención imperialista el 19 de marzo. ¿Hasta ese día qué había? ¿Eran virtuales o inexistentes los bombardeos de Gadafi sobre la población civil? ¿Por qué IU no exigió como lo hace también ahora el cese de la masacre? ¿Dónde estaba Gaspar Llamazares cuando los aviones del régimen bombardeaban Bengasi?

Mientras tanto, los verdaderos representantes de esa izquierda a nivel internacional, es decir Castro, Ortega y Chávez, marcaban la pauta a seguir. Según ellos Muamar, era un buen amigo, un antimperialista víctima de la contrarrevolución, de la CIA. Salvo matices tenían una postura común.

Nosotros tenemos una interpretación opuesta. El proceso revolucionario que se vive en Libia, forma parte de una oleada revolucionaria mucho más grande que abarca el Norte de África y Oriente Medio. Dicha oleada ha derribado ya a dos dictadores en Túnez y Egipto respectivamente. La revolución penetra en Yemen, Marruecos, Siria, Jordania y, por supuesto, Libia. No sabemos hasta donde alcanzará, pero por tomar una expresión que nos es querida y familiar, estamos ante un proceso de revolución permanente. Y, cómo no, una gran parte del pseudoestalinismo, se ha puesto, en el caso de Libia, en el bando opuesto.

Frente a ese, existe otro proceso, el de la contrarrevolución en todas sus variantes. Los autócratas amarrados al poder hacen uso de todos los medios represivos a su alcance (la máxima expresión hasta ahora ha sido Gadafi). Pero las democracias imperialistas (EEUU, Reino Unido, Francia, etc) no descansan. Es muchísimo lo que está en juego (económica y políticamente hablando) y para ello, están usando y van a usar todos los medios a su alcance. Ya sean de carácter diplomático, económico, político o militar.

El proceso de revolución y contrarrevolución está plagado de contradicciones, pensar que existe una línea de coherencia de todos los contendientes y en todos los momentos, sería algo así como afirmar que ya todo está escrito en el universo. Por eso, asistimos a la paradoja inusual de democracias imperialistas bombardeando a Gadafi; y éste a los rebeldes, mientras la diplomacia internacional no se cansa de decir que no quieren armar a los sublevados ni echar a Gadafi, sino favorecer un diálogo. La secretaria de Estado norteamericana, H. Clinton, ha señalado que hay indicios que Gadafi desea dialogar. Al mismo tiempo, se ha conocido que todos los gobiernos europeos –incluido el español- se negaron a darles armas a los rebeldes, mientras los regímenes de Argelia y Siria se las mandaban a Gadafi. Para descifrar las claves de la situación hay que huir de esquemas prefabricados y aplicar un análisis concreto de la realidad concreta.

domingo, 3 de octubre de 2010

Un nuevo camino a recorrer


Una multitud de ciudadanos vascos de ideologías diferentes (46.000 personas según el recuento de GARA) convirtió en éxito la movilización en favor de los derechos humanos, civiles y políticos.

La magnitud de esta manifestación nos indica la magnitud de la afrenta a la que se ve sometida nuestra sociedad.

La vía represiva, autoritaria del Estado español y de los Gobiernos de Zapatero y de Patxi-Ares-Basagoiti, del mismo modo, que la fatiga a la que nos somete ETA al negarse a retirarse del escenario político, encontró ayer su rechazo. Demostramos nuestra madurez social, una vez más, para lanzarnos a la calle por decenas de miles para luchar por la conquista de un nuevo escenario de libertades plenas. 

La mani de ayer reflejo el inmenso anhelo de las vascas y vascos por un escenario de Paz, para poder así avanzar sin intromisiones a la conquista de los derechos humanos, civiles y políticos tantas veces reprimidos y pisoteados en nuestro territorio.

Muy a pesar del silencio informativo al que nos someten los medios de desinformación y del sectarismo de los organizadores, que pretende ocultar nuestra presencia entre las fuerzas convocantes a la manifestación, un nutrido colectivo de varias decenas de ANTIKAPITALISTAK aportamos todo nuestro esfuerzo militante para el éxito de esta manifestación. Por eso, y con el mismo entusiasmo que hemos trabajado para esta manifestación, manifestamos nuestra plena voluntad y nuestra total aportación a la lucha para recorrer este CAMINO HACIA LA PAZ Y HACIA LA CONQUISTA DE LOS DERECHOS HUMANOS, CIVILES Y POLÍTICOS QUE TODAS Y TODOS REIVINDICAMOS.

Jerónimo.

sábado, 4 de julio de 2009

Un duro golpe contra las libertades y el pluralismo político

Ante las recientes sentencias del Tribunal de Estrasburgo


Las sentencias adoptadas por el Tribunal Europeo de Derechos Humanos en relación con la ilegalización de Batasuna y de listas de la izquierda abertzale por parte del poder judicial español son una lamentable demostración de que también esta Corte europea se adhiere a una interpretación cada vez más restrictiva de la Convención Europea de Derechos Humanos y, en particular, del ejercicio de los derechos de asociación, participación, representación y expresión, en nombre de la “lucha contra el terrorismo”.

En efecto, la caracterización por este Tribunal como “terroristas” de organizaciones que, pese a no ser responsables de haber cometido acciones armadas, realicen “actos y comportamientos” que puedan ser interpretados como “un compromiso con el terror y contra la coexistencia organizada en el marco de un Estado democrático” y una amenaza al “mantenimiento de la seguridad pública, la defensa del orden y la protección de los derechos del otro”, no sólo contribuye a dar cobertura a la Ley de Partidos y a las medidas adoptadas por los tribunales españoles sino que refuerza una concepción cada vez más restrictiva de la “democracia” y de la “seguridad”, convertida en instrumento para limitar cada vez más el pluralismo político y criminalizar el derecho al disenso a escala europea. Algunas de las formulaciones ambiguas utilizadas en estos fallos, como la que se refiere a un partido político que no respete “una o varias reglas de la democracia” para justificar su ilegalización, podrían ser motivo en el futuro para ilegalizar a otras organizaciones que cuestionen la “democracia” realmente existente, cada vez más oligárquica, autoritaria y corrupta.

Por todos esos motivos desde Izquierda Anticapitalista rechazamos rotundamente estas sentencias, nos reafirmamos en la exigencia de derogar la Ley de Partidos y consideramos necesario generar un amplio movimiento unitario en defensa de unos derechos y libertades básicas hoy amenazados y que fueron resultado de largas e intensas luchas por parte de los trabajadores y los pueblos de Europa.


Izquierda Anticapitalista

3 de julio de 2009



viernes, 26 de junio de 2009

POR UN 28J REIVINDICATIVO Y ANTICAPITALISTA. BORROKA GEHIAGO ETA KARROZA GUTXIAGO!




"Yo soy como soy y túeres como eres, construyamos un mundo donde yo pueda ser sin dejar de ser yo, donde tú puedas ser sin dejar de ser tú, y donde ni yo ni tu obliguemos al otro a ser como yo o como tú" Queer Ekintza


Ekainak 28: sexu askapenerako eguna. Bilbon, Donejakuen plazan, 12etan.
28 de junio: día de la liberación sexual. En Bilbao, Plaza de Santiago, a las 12:00

Porque no queremos recluirnos en barrios elitistas,clubs y discotecas gays, no queremos un barrio, queremos una ciudad, todas las ciudades, todos los pueblos, todo el planeta.

Porque no queremos el consumismo del euro rosa, ni ser asimiladas por esta sociedad patriarcal, heterosexista, homófoba, normativa, autoritaria y jerarquica.

Poeque estamos hartas de la tiranía de la estetica del cuerpo, de tener que ser guapas, delgadas, o musculadas, de que nos digan como vestirnos o cotarnos el pelo...

Porque queremos amar a quien y como nos de la gana, buscar nuestros propios erotismos libres de marcas sociales, liberarnos de las orientaciones sexuales normalizadas, sobrepasar los limites de lo masculino y lo femenino, de hombres y mujeres, de penes y vaginas.



Ante las amenazas contra Alfonso Sastre y el último atentado de ETA


Ni aullamos con los lobos, ni aceptamos tutelas

Declaración de Izquierda Anticapitalista

Como una jauría. Aún dolidos quizás porque el Tribunal Constitucional les enmendara la plana y no les dejase rizar el rizo de su antidemocrática ley de partidos ilegalizando la candidatura que encabezaba Alfonso Sastre en las recientes elecciones europeas (II-SP), he aquí que, al unísono, los grandes rotativos, los portavoces del PP, la españolísima Rosa Díez y la no menos patriótica portavoz del PSOE Leire Pajín se han lanzado a la yugular del dramaturgo tratándole de “matón” y acusándole de proferir amenazas terroristas por cuenta de ETA. Nada más lejos de la realidad.

El “cuerpo del delito”, el punto de partida de tan rabiosa campaña mediática, no es otro que un artículo donde Sastre se inquieta de las declaraciones de Iturgáiz (PP) acerca de la conveniencia de “gasear” a la izquierda abertzale y se reafirma en lo que para mucha gente resulta a estas alturas una verdad insoslayable: sólo a través del diálogo es concebible resolver el conflicto entre el Estado y Euskal Herria. Y, efectivamente, como dice también Sastre, mucho sufrimiento espera a la sociedad vasca si no se alcanza a emprender ese camino.


La vacuidad de las acusaciones y la grosera tergiversación de sus palabras son tales que la propia Fiscalía del Estado ha alertado sobre la inviabilidad de emprender medida legal alguna. Mejor que así fuera. Sin embargo, el griterío, desencadenado y amplificado a raíz del último atentado de ETA, no es baladí y rebasa el deseo de revancha sobre II. En realidad, explotando la emoción del momento, se pretende inocular desde ese singular “frente constitucional” una nueva idea envenenada en la conciencia de la ciudadanía: sostener que existe en el conflicto vasco un contencioso de naturaleza política sería una “tesis terrorista”; propugnar una salida negociada, supondría poco menos que un enaltecimiento de las acciones armadas.

Las reacciones oficiales tras la muerte del inspector de policía Eduardo Puelles revelan cuál es el verdadero sentido de la “condena” de que nos hablan. En realidad, no se trata del rechazo a los atentados de ETA – cosa que comparte buena parte del mundo abertzale -, sino de algo bien distinto. Tras años de consenso antiterrorista entre PP y PSOE, la palabra “condena” ha acabado convirtiéndose en un código de reconocimiento, en una especie de santo y seña. Quienes se reconocen en la “condena” son aquellos – y sólo aquellos – que aceptan repudiar a ETA desde la negación del conflicto político, desde el ocultamiento de la violencia del Estado contra Euskal Herria, desde el silencio ante las torturas policiales, la dispersión de los presos vascos o desapariciones como la de Jon Anza (que nos retrotrae a los tiempos del GAL, cuando Rubalcaba era portavoz del gobierno de Felipe González)… La “condena unánime” pone firmes ante la bandera de la monarquía, codo con codo, a la derecha más rancia y a la izquierda institucional. Y ante la evocación de un mítico “estado de derecho” - sin déficit democrático alguno - se cuadra incluso Izquierda Unida, presta a olvidar sus propias críticas hacia la ley de partidos cuando oye tocar a rebato.


Ese espíritu de consenso ha corroído la izquierda de este país hasta sus mismas entrañas, liquidando su independencia política. Por mucho que suponga ponerse a contracorriente de la presión mediática, nadie oirá a Izquierda Anticapitalista aullar con los lobos. Ni nuestro republicanismo es intermitente, ni un atentado pone entre paréntesis nuestra defensa incondicional del derecho de autodeterminación del pueblo vasco. Tanto si rechaza la violencia de ETA, tanto si la considera legítima como si prefiere callar, defendemos la existencia legal de la izquierda abertzale. Guardar silencio es un derecho. Por el contrario, exigir condenas verbales so pena de cárcel o ilegalización constituye una perversión de la democracia que amenaza ya las libertades civiles en el conjunto del Estado.


Pero, al tiempo que nos mantenemos firmes en esa postura junto al pueblo vasco, no ocultamos nuestra opinión ni tergiversamos acerca de ETA. La tradición militante en que se inspira IA siempre ha sido contraria a violencia de individuos o grupos que pretenden sustituir a un movimiento de emancipación social o nacional, erigiéndose en sus guías. Además, hace mucho tiempo ya que, en un contexto de aislamiento de las izquierdas radicales, ETA entró en una espiral de crispación sectaria que ha tornado sus acciones cada vez más odiosas y aventureras, facilitando así la deriva liberticida de los gobiernos de Madrid. Las elecciones europeas han puesto de relieve la dificultad de la izquierda abertzale para conectar siquiera con aquellos sectores militantes del conjunto del Estado que, hace unos años, veían en Batasuna una formación radical acreedora de solidaridad.


No se equivoca Otegi cuando dice que hay que apostar por un escenario de paz en que todas las opciones políticas (incluida la independencia) sean democráticamente realizables. Pero para avanzar hacia esa salida, es necesario romper el círculo vicioso de los atentados de ETA y la represión generalizada del Estado. Es necesario que las armas callen y que los movimientos sociales y ciudadanos ocupen plenamente la arena política. Sin hipotecas, chantajes, ni tutelas por parte de pretendidas vanguardias armadas. El lenguaje que habló la izquierda abertzale el pasado 21 de mayo, impulsando la primera huelga general contra la crisis y conjugando la reivindicación de derechos sociales y libertades, encontrará sin duda eco y comprensión entre la gente humilde y la juventud. Los coches bomba y los tiros en la nuca sólo pueden sembrar desconcierto y enturbiar legítimas aspiraciones nacionales con repulsivos rasgos de barbarie e inhumanidad. Desde IA trabajaremos para que se abran paso la unidad de lucha de la clase trabajadora y el derecho a decidir de los pueblos.



Izquierda Anticapitalista


25 de Junio de 2009

www.anticapitalistas.org



sábado, 28 de marzo de 2009

La historia no tiene fin, la sexualidad tampoco





“Este artículo se lo dedico a mis amigos Fernando y Angel, con todo mi amor. Desde que los conocí he tenido la fortuna de compartir una sensibilidad y un cariño exquisito. Con ellos, a cada encuentro, no paro de aprender a ser una mejor persona. Un besazo”

Marce


“El socialismo también se construye por una vida nueva, un amor nuevo más libre, más igual y más solidario; es además así como se hace más fuerte” Bruno Maia. VIENTO SUR.

La homofobia, la lesbofobia, la bifobia y la transfobia, a semejanza del patriarcado y de la discriminación de las mujeres, no surgen en el mundo con la aparición de la sociedad capitalista industrial: son previas a ella. Paralelamente, la homosexualidad y la transexualidad no son invenciones modernas en la historia humana. Estuvieron siempre presentes en nuestra realidad. Las grandes civilizaciones de la era pre-católica del Mediterráneo, Oriente Medio o Extremo Oriente vivían la sexualidad de forma tan distinta como la distancia que las separaba, desde historias de transexualidad pública en sociedades hindúes a túmulos egipcios con inscripciones de amor entre hombres.
La aparición de las primeras sociedades íntimamente conectadas al dominio judeocristiano marcan el inicio de una persecución sistemática a todo tipo de sexualidad no reproductora que dura hasta nuestros días. La homosexualidad, a través del poder religioso y del catolicismo, asume su primer gran papel histórico: el de pecado.
Más tarde, la austeridad de la Edad Media profundiza en esta persecución, al mismo tiempo que los conquistadores europeos en su expansión por el mundo afroamericano usan la “sodomía” como una de las justificaciones ideológicas para la conquista y “moralización” de otros pueblos. Muchos de estos países excoloniales, hoy independientes, aún tienen leyes contra la homosexualidad que fueron impuestas por los colonizadores: las ex colonias portuguesas del centro y del sur de África son un buen ejemplo.


Estado, capitalismo y familia tradicional. Con la revolución industrial inglesa y su expansión por Europa, surge un nuevo protagonista en la historia: el proletariado industrial y urbano. Paralelamente, las ciudades se desarrollan a un ritmo alucinante, situando en la lista de preocupaciones del Estado burgués el conocimiento demográfico de sus habitantes. La urgencia de este conocimiento es la expresión de una necesidad básica del capitalismo: preservar la fuerza de trabajo, procurando controlarla y reproducirla de acuerdo con las exigencias de la nueva industria. El miedo de la clase dominante es el miedo a la emancipación social de la clase oprimida y en función de esa posible realidad, la burguesía va a recurrir a los más diversos medios de “fiscalización” que permitan prevenirla; lo hace a nivel político, de desarrollo personal y, claro está, de la sexualidad y la organización familiar. La unidad familiar tradicional, previa también a la era industrial, es apropiada por la clase explotadora dado que es un instrumento de control social y un obstáculo a la emancipación de los trabajadores.
Es también por este tiempo cuando surgen los primeros desarrollos de la medicina científica, con los avances en anatomía patológica de Charcot. Casi simultáneamente se crea una medicina de Estado (desarrollada inicialmente en Prusia), volcada en el conocimiento epidemiológico de las grandes poblaciones y con la intención de higienizar a las clases oprimidas y apartarlas de la clase dominante, por el peligro de “contaminación” (se crean los hospicios y los sanatorios y se desarrolla la técnica de la cuarentena). La medicina estatalizada sirve así, oportunamente, a un propósito básico de control: la salud pública permite que no se desperdicie la fuerza de trabajo, ofreciendo a los trabajadores cuidados básicos sanitarios que los mantengan físicamente aptos para el trabajo en las fábricas.
La burguesía encuentra así mecanismos para perpetuar la dependencia del individuo en relación con una estructura de familia que lo mantiene “controlado”. Lo hace, por una parte, a través de la división sexual del trabajo –el hombre desarrolla la fuerza física, mientras que a la mujer le está reservado un papel de organización doméstica y de reproductora de la fuerza de trabajo– hombres y mujeres se vuelven, en un primer análisis, interdependientes, pero el trabajo que es considerado productivo es aquel que es desempeñado por el hombre y que le confiere el papel central en las relaciones de producción, justificándose así la figura del jefe de familia; la mujer es, en último análisis, un complemento económico de la familia y dependiente de la figura patriarcal. Por otra parte el Estado reserva a la mujer el papel de “cuidadora” de los dependientes. La familia es responsable del sustento económico y emocional de los niños y de los ancianos, volviéndose estos últimos supervivientes de y por la familia. A este trabajo de cuidados, Marx lo llamó “plusvalía no reconocida” por representar fuerza de trabajo no remunerada y por desempeñar un papel fundamental en la economía: exime al Estado de esta función social y sobrecarga con los deberes familiares a la mujer dejando al hombre libre para el trabajo físico. Este tipo de economía informal asociada a la división sexual del trabajo vuelve a los individuos dependientes de la estructura familiar tradicional y hace imposible cualquier otra forma de organización social. Las relaciones de producción son mantenidas por la familia tradicional. Es ésta una de las formas en las que la burguesía controla materialmente a sus explotados.
Pero no sólo la superestructura de la sociedad capitalista se ocupó de complementar aquello que la infraestructura garantizaba: la ley consagra beneficios a las familias exclusivamente heterosexuales y procreadoras, los saberes y el conocimiento caracterizan a los individuos fuera de esta estructura como aberrantes, las fuerzas represivas criminalizan y persiguen y la medicina categoriza a estos individuos como “patológicos” y aseguran su “ desvío” como potencialmente tratable. En estas categoría se incluyen muchos individuos: prostitutas, estériles y homosexuales. La sicopatología gana en importancia en la medida en que va clasificando los “disturbios del foro sexual” como resultantes de la disfunción familiar: hombre y mujer asumen papeles específicos tanto social como sexualmente y el escapar de ellos supone pasar al dominio
de la enfermedad, de la “peste”. Los homosexuales son rechazados de la vida social, internados en asilos y perseguidos por las policías del Estado. La homosexualidad asume su segundo gran papel histórico: el de enfermedad.
El modo de producción capitalista es asegurado por la familia tradicional; la clase dominante se apropia, para defender esta unidad estructural, del patriarcado y del sexismo. La moral dominante es burguesa y los instrumentos de control social son múltiples y al servicio de esta necesidad.

El heterosexismo. Los primeros blancos de esta “moral sexual burguesa” son, naturalmente, las mujeres. La necesidad de regular su capacidad reproductiva y el papel masivo que desempeñan en la economía informal es un objetivo primordial de las sociedades capitalistas a través del refuerzo y de la continua readaptación de los valores patriarcales. Sin embargo, el desmoronamiento de los modos de vida tradicionales, de la dependencia económica de las grandes familias frente a las condiciones de vida del nuevo proletariado urbano, exigía igualmente la persecución moral de todas las identidades y vivencias que cuestionaran el patriarcado y la ideología de la familia tradicional, el carácter inevitable de la unión hombre-mujer y de la sexualidad como únicamente procreadora. El rechazo moral de las identidades homosexuales, junto con la totalidad de las normas y valores del patriarcado, es asumida como estructurante en las nuevas sociedades capitalistas: se convierten en ejes fundamentales de control social del nuevo proletariado.
El heterosexismo surge como complemento del patriarcado. Se constituye como norma cultural y sistema político que eleva la heterosexualidad y los modos de vida tradicionales al estatuto exclusivo de “naturales”, en oposición a los modelos “desviados”: la homosexualidad y las identidades y comportamientos de género que no se ajustan a la dualidad hombre-mujer y a la desigualdad reservada a esos dos papeles de género.
Los sentimientos homofóbicos, lesbofóbicos, bifóbicos, transfóbicos y, en general, el rechazo de todas las sexualidades contrarias a la primacía procreadora de la moral sexual burguesa son, de esta manera, no solo un reflejo cultural y universal de esta moral sino, casi globalmente, verdaderas políticas de Estado.

El combate al patriarcado y la lucha anticapitalista. No existe ninguna ideología o combate político que pretenda cambiar el orden capitalista del mundo, si no es capaz de combatir y destruir los cimientos que los sustentan. La lucha contra el patriarcado es indispensable para la construcción del socialismo: no hay socialismo sin igualdad entre hombres y mujeres.
Hemos analizado aquí de qué forma la relación entre los individuos y su sexualidad pueden depender de las relaciones de producción en una sociedad capitalista. Aún más, hemos señalado cómo el capitalismo instrumentaliza las relaciones entre los individuos para asegurar su modo de producción y la acumulación de plusvalías. Estratégicamente, combatir el modo de producción capitalista es despojar a la clase dominante de esos mismos instrumentos y es así como la lucha por el fin del sexismo y de la lesbigaytransfobia es una lucha anticapitalista.
Pero con esto no podemos concluir que la lucha de las y los trabajadores contra la explotación vaya a acabar con estos sistemas de dominación y con este modo de producción. Tal como hemos señalado en el primer apartado, sexismo y homofobia son previos al dominio de la burguesía, tienen raíces milenarias, forman parte del imaginario colectivo y de las culturas más antiguas de la humanidad. La lucha feminista y la lucha LGTB son combates culturales esenciales a la construcción socialista, pero no pueden subordinarse a ninguna prioridad: son parte de la lucha anticapitalista y no parientes menores de ésta.
Por otra parte, el feminismo y la lucha LGBT no son únicamente el combate por conquistas legales o la igualdad formal en el marco de los Estados capitalistas: son el cuestionamiento profundo de las relaciones entre hombres y mujeres y de la vida sexual de cada uno o cada una. Una estrategia revolucionaria no puede considerarse como tal si no revoluciona también ella los papeles de género que desempeñamos y si no cuestiona también lo que significan los conceptos de hombre y mujer en la vida cotidiana de los individuos, en sus relaciones y en sus afectos. El amor, la amistad, el sexo, el género y los papeles que desempeñamos en la sociedad están imbuidos de prácticas y símbolos de la dominación patriarcal: también luchamos contra estas “pequeñas cosas” de la vida cotidiana, que perpetúan esta dominación. El socialismo también se
construye por una vida nueva, un amor nuevo más libre, más igual y más solidario; es además así como se hace más fuerte.

La homofobia: sistema político y universal. La universalidad de la homofobia es hoy incuestionable: nueve países del mundo contemplan y aplican la pena de muerte para los “actos de sodomía”. Setenta y cinco países aplican penas que van desde el pago de multas hasta la, más frecuente, pena de prisión, incluyendo la prisión perpetua. Para gran parte de la población LGBT
mundial la represión es la realidad cotidiana, enfrentándose a la cárcel, a la tortura, la violación e, incluso, el asesinato. No obstante, en ningún país del mundo las identidades sexuales y de género fuera de la norma están libres de discriminación, incluso cuando no existe una persecución social y/o legal sistemática y en ninguno de ellos existe igualdad completa para la población LGBT. En éstos la homofobia se expresa en todas las esferas de la política, el trabajo, la familia, la educación y hasta en los aspectos más íntimos de la vida cotidiana.
Para millones de personas en todo el mundo, particularmente en los países dependientes, las relaciones entre personas del mismo sexo son vividas en los márgenes de la vida familiar, frecuentemente de forma clandestina o escondida tras la fachada de una boda heterosexual, de la que las mujeres son dependientes en términos de supervivencia. Paralelamente, millares de personas transgénero, no conformes con la norma binaria masculino-femenino, no pudiendo o no queriendo encajar dentro de la familia reconocida socialmente, son expulsados a los márgenes del mercado de trabajo más estigmatizado y de la vida social, mucho más expuestas al rechazo moral y a las expresiones más violentas de la discriminación.
Europa no es la excepción, a pesar de los recientes avances en la legislación de algunos países: jóvenes en edad escolar expulsados de casa, agresiones populares, policiales o de la extrema derecha, discriminación en el empleo, en el acceso al trabajo, en los centros de salud, negación de donación de sangre a los homosexuales masculinos, persecución escolar a parejas de jóvenes homosexuales, agresividad social generalizada ante la visibilidad cotidiana de afectos entre personas del mismo sexo o contra personas transgénero, discriminación en las decisiones judiciales relativas a la custodia de los hijos, en el acceso a la vivienda y en los préstamos para adquirirla, son apenas algunas de las más recientes situaciones que se han hecho públicas en el espacio europeo.


Neoliberalismo, dependencia y mercado rosa. Las conquistas sociales alcanzadas por el proletariado a lo largo siglo XX en Europa, que permitieron en muchos casos el fortalecimiento del Estado social, proporcionaron espacio para algunas de las emancipaciones sociales en el dominio familiar: el voto para las mujeres, el divorcio, la criminalización de la violencia doméstica,
entre otros. Pero la caída del llamado “bloque socialista” y el desarrollo desenfrenado del neoliberalismo van a confrontar a la clase explotada con una nueva realidad: la desestructuración del Estado Social va a devolver a las familias muchas de las responsabilidades económicas antes asumidas por el erario público: gastos como la salud, la educación, los cuidados a dependientes, etc... Esta realidad, conjugada con el no reconocimiento legal de otros tipos de familia u organización que no sea la célula del patriarcado, crea una dificultad creciente a la población LGBT: la emancipación de sus sexualidades no es posible mientras éstos sigan siendo dependientes de su familia original. Muchos jóvenes homosexuales, desempleados, estudiantes y precarios entre otros, esconden muchas veces su sexualidad por miedo a las represalias dentro de la propia familia de origen, de la que dependen económicamente. La “salida del armario” queda así reservada a individuos económicamente solventes. Esto representa una diferenciación brutal dentro de la comunidad LGBT: sólo quienes tienen empleo estable y posibilidades financieras medias o superiores pueden atreverse a asumirse públicamente, estando una gran mayoría de individuos LGBT escondidos dentro del “viejo armario”.
Por esta razón el neoliberalismo empezó a mirar hacia la comunidad LGBT pública, mayoritariamente constituida por hombres blancos de clase media alta como un nicho de mercado de inversiones prioritarias. El llamado “mercado rosa” representa en las grandes ciudades europeas y americanas la inversión de capital en la comercialización de bienes de consumo específicos para una comunidad económicamente poderosa. Los bares, las tiendas, barrios como Chueca en Madrid, Soho en Londres o Le Marais en París, representan guetos de inversión privada que ofrecen la oportunidad a una determinada élite económica y cultural (el hombre blanco de clase media) de una vida asumida públicamente, apartada y protegida relativamente de la violencia discriminatoria. Estos grandes centros urbanos ofrecen una especie de “liberación” a través del consumo. Pero estas realidades enmascaran, sobre todo, la cuestión de clase: la clase explotada no tiene acceso a los bienes de consumo, por tanto no tiene “derecho” a su liberación. El mercado crea dos tipos de ciudadanos LGBT: aquellos que integra por el consumo y todos los demás que no considera y que están expuestos a la discriminación diaria en el empleo, en la escuela, en la familia o que se esconden, muy al fondo del armario, para poder sobrevivir.
La lucha contra la discriminación tiene que ser hoy parte del mismo combate que se alza contra la precariedad, el desempleo, la privatización de la escuela o de los sistemas de salud. Porque la lucha por una vida más digna y con más derechos sociales para todos y todas es la que permite que todas y todos puedan disfrutar de su sexualidad, sin condicionamientos de orden económico.


Crisis, xenofobia y extrema derecha. El neoliberalismo atraviesa una de las crisis financiera más graves del último siglo. En los últimos diez años, más allá de la actual crisis financiera, el mundo occidental ha visto acentuarse una crisis social: el aumento del desempleo, la precariedad, la no sostenibilidad ecológica del modelo liberal, el aumento de la inmigración sin derechos proveedora de trabajo casi esclavo para los países europeos, dibujan el cuadro de esta creciente crisis. Ésta corresponde en muchos países europeos a la degradación de las condiciones de vida de las poblaciones sin que exista un resurgimiento del movimiento obrero o una alternativa de masas a la izquierda para responder al descontento generalizado. La aparición de los movimientos alterglobalizadores y del movimiento contra la guerra representó, en un determinado momento, una esperanza creíble, para luego ser escenario de desmotivaciones y abandonos. Todo este contexto es, históricamente, favorable a una cierta polarización de la sociedad en torno a campos políticos más “extremistas” y así vimos en los últimos años el resurgimiento de la extrema derecha organizada y violenta, donde muchos encontraron alguna respuesta para la crisis. En otros casos, incluso cuando la extrema derecha no crece, asistimos a la apropiación de alguno de sus ideales por los partidos liberales más a la derecha, como sucedió con la elección de Sarkozy en Francia. La xenofobia y el racismo aparecen en la escena política y en la sociedad de forma creciente, representando el deseo general de encontrar un “chivo expiatorio” para todos los problemas, siendo, en la mayor parte de los casos, los inmigrantes las primeras víctimas. Homo, bi y transexuales son muy frecuentemente víctimas de este contexto social, tal como observamos en los últimos años por los casos de asesinatos de ciudadanos transgénero (Gisberta en Portugal o Rosa Passos en Sevilla). La crisis genera desconfianza colectiva y quiebra lazos de solidaridad. La diferencia es sentida como amenaza y la sexualidad no heteronormalizada representa esa amenaza y esa desconfianza –la profundización de la crisis capitalista neoliberal genera racismo y les-bi-gay-transfobia, sobre todo en tiempos históricos en los cuales estas identidades están más visibles y, por tanto, más expuestas al rechazo colectivo.
Las luchas feministas y LGBT se presentan en este nuevo siglo en varios frentes: se encuentran en diversas redes de solidaridad y se confrontan con nuevas realidades. La lucha contra la precariedad, contra el racismo, por un mundo ecológicamente sostenible, entre otras, son luchas cada vez más aliadas del combate sexual y cada vez más necesarias para derribar la plaga explotadora de los hombres y las mujeres que es el capitalismo.
El neoliberalismo se fortaleció después de la caída del muro de Berlín y a partir de ahí se afirmó como ideología y modelo único. Pero a todos aquellos que proclamaron el fin de la historia en la década de los noventa respondemos hoy con su propia crisis pues ella representa su gran contradicción: la historia nunca tendrá fin mientras existan posibilidades de volver el mundo un lugar más justo y más solidario y mientras haya mujeres y hombres dispuestos a luchar por eso.

Bruno Maia es militante del Bloco de Esquerda www.bloco.org